jueves, 17 de marzo de 2016

El Gran Demagogo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando las democracias pasaron a ser democracias realmente, es decir, cuando el voto llegó a todos los ciudadanos y no solo a unos pocos privilegiados que se consideraban dueños del destino de los países porque poseían la tierra, pronto surgieron las advertencias de lo fácil que era manipular a la gente. La democracia es un sistema ideado con una serie de defensas y medidas preventivas para evitar que un loco pueda contagiar al número suficiente de personas y mandar al traste a todo el sistema. Como sabemos, esta posibilidad se ha dado en algunos momentos de la Historia; en ellos los locos han enloquecido al pueblo o un pueblo enloquecido ha elegido a un loco para ponerse al frente. Para unos el pueblo siempre tiene "razón", diga lo que diga, mientras que, para otros, se equivoca precisamente porque es fácil de seducir y porque no identifica con claridad a aquellos que pueden ser su perdición. Respuestas hay para todos los gustos.
Donald Trump es un peligro universal. La sola posibilidad de que pueda ser elegido ya deja el mundo en una situación en la que, en el mejor de los casos, habrá que preguntarse qué está pasando en el planeta para que la gente vea como deseable a un tipejo como Trump. Sin duda, hay una involución de algún tipo.
Es cierto que las primarias republicanas son solo representativas de una parte del electorado norteamericano. Pero también es cierto que hasta el momento no había habido unos candidatos tan penosos y un elegido tan nocivo para el mundo y para los propios Estados Unidos que se pudiera presentar como un salvador, como un mesías de la "nueva América".


Son bastantes los artículos en la prensa norteamericana que recuerdan las advertencias de los Padres Fundadores sobre la llegada de una especie de "anticristo" de la democracia, el "antipresidente". En The Huffington Post, ya en septiembre, Cody Cain se recreaba en las prevenciones que los "padres" tenían sobre la llegada del "antipresidente", del "Gran Demagogo" y cómo fueron diseñando el sistema para evitar sorpresas de este tipo. Tras señalar que, en su conservadurismo, a muchos padres les habría preocupado más Bernard Sanders y sus propuestas, Cain se dirige al verdadero problema, Trump:

Mr. Trump, on the other hand, is exactly what the founding fathers were worried about.
Mr. Trump is a giant megalomaniac who fails to articulate any coherent political policies, but instead generates popular support by appealing to less sophisticated people based upon nothing more than his bombastic personality and the superficiality of being a celebrity and super rich. While serious-minded people instantly recognize the nonsense in what Mr. Trump says, Mr. Trump is nonetheless able to build support by appealing to those who are less educated.
Founding father Alexander Hamilton expressed concern about "demagogues" as candidates, and founding father Elbridge Gerry declared that "demagogues are the great pests of our government, and have occasioned most of our distresses." The definition of a "demagogue" fits Mr. Trump to a T: A candidate who seeks support by "appealing to popular desires and prejudices rather than by using rational argument."
Yep, that's Mr. Trump all right.
This type of candidate is exactly the sort of danger that the founding fathers feared. They were worried about voters going berserk and electing a candidate with great superficial appeal but who entirely lacks the substance to be president.*


La demagogia es el gran peligro, sí, pero ¿no lo estamos rondando demasiado a menudo? Trump no es un ser inesperado; más bien se trata de la consolidación de lo indeseable. El éxito de Trump es el de las técnicas de comunicación y su correcto manejo al servicio de una mala causa. Cada vez más los comentaristas se han ido centrando en su equipo y entorno de trabajo. Trump es peligroso porque es un demagogo, megalómano y populista. Pero su mayor peligro es el que confirma que haya llegado hasta donde está llegando: cuenta con el apoyo de mucha gente. ¿La suficiente para ganar? Probablemente no, pero sí la suficiente como para preocuparse seriamente ante el tipo de personas que están creciendo en la democracia más poderosa del mundo.
Con información de Reuters, Ahram Online recoge sus declaraciones sobre lo que podría ocurrir si, como muchos señalan, del Partido Republicano lo defenestrara eliminándole de la competencia por la presidencia y eligiendo a otro:

In an interview with CNN on Wednesday, Trump said if he got a large number of delegates yet was denied the nomination: "I don't think you can say that we don't get it automatically. I think you'd have riots. I think you'd have riots. I'm representing many, many millions of people."
Party leaders are appalled at the real estate developer and reality TV personality's incendiary rhetoric and believe his policy positions are out of step with core Republican sentiment, such as his vow to deport 11 million illegal immigrants, temporarily ban Muslims from the United States and build a wall along the border with Mexico.
Trump told MSNBC's "Morning Joe" show on Wednesday that he mostly consults himself on foreign policy issues. "I'm speaking with myself, number one, because I have a very good brain," he said. "I know what I'm doing ... my primary consultant is myself, and I have a good instinct for this stuff."**


El peculiar sistema norteamericano hace posible que el partido rechace al elegido en la primera fase. La respuesta de Trump es la amenaza con las revueltas sociales. De nuevo, no hay que infravalorar la capacidad de Trump, como se ha hecho otras veces ya, para arrastrar a la gente.
Las respuestas a por qué Trump está presente en la vida política norteamericana pueden no gustar, pero hay que buscarlas. En muchos sentidos, Trump es el anti-Obama. Ha canalizado el odio racial de muchos norteamericanos blancos contra un presidente afroamericano. Su liberalismo social ha sido atacado ferozmente y aprovechado igualmente por Trump.
Trump es el resultado de la materialización de los demonios republicanos, de las exacerbadas y prejuiciosas reacciones contra Obama. Las paranoias conspiratorias (Obama es un musulmán, el juego de palabras Obama-Osama, Obama no ha nacido en los Estados Unidos —Trump recogió esto también— contra Barack Obama han sido constantes por parte de los republicanos que ha desatado la idea de la desobediencia a un presidente que atenta contra los valores cristianos, blancos de América. Son los integristas del cinturón bíblico, los que consideran a Obama como un agente del diablo, con sus leyes del matrimonio del mismo sexo, la sanidad, su actitud contra las armas, etc. Durante ocho años, el calentamiento ha sido grande, la tensión palpable y sin medida. Las redes sociales han servido de vehículo de esa guerra de intransigencia. Han creado una auténtica resistencia.


Donald Trump ha surgido en este momento porque ha sabido recoger el descontento de todos esos grupos a los que es posible acoger bajo un discurso genérico y común (el ambiguo "hacer a América grande") a los que creen que se ha tocado fondo con Obama. Su discurso es agresivo, defensivo, provocador y alentador de todos los miedos primarios que viven en un sector de la población, el sector "colonialista", aquellos que ven a los otros como invasores, atacantes de los principios sagrados de la república. Trump ha logrado dar el salto del integrismo encerrado al populismo comunicativo posible en la aldea global. Trump ha seleccionado a su público mediante sus discursos radicales y ha construido su posibilidad de existir hasta convencer a los demás de que existía, de que no se iba a disolver en la nada. Y ahí está.
Frente a su eslogan de una "América grande", la estrategia de Trump es hacerla "pequeña", provinciana, primero. Surge así ese sentimiento de rechazo de todo aquello que se considera invasivo, cuyo miedo se redirige hacia aquellos a los que se odia. Todos los comentaristas han señalado ese "odio" que divide América en la "época de Trump". Trump ha seguido la estrategia del odio, que es triunfadora porque hace que se odie también al propio Trump, error estratégico que lleva a que sus admiradores empaticen más con él y se produzca un enfrentamiento mayor con los otros, es decir, un refuerzo del vínculo como compromiso defensivo. Pocas cosas unen más que el odio; Trump lo aprovecha.


La campaña de Trump está perfectamente diseñada. Se hecho sabiendo lo que se hacía desde el principio. Ahora la presión es sobre los republicanos, a los que se ha mostrado como débiles, incapaces de enfrentarse a los demócratas. Por eso los republicanos temen el efecto Trump, porque aunque lo paren saben que él se presenta como la superación del Partido Republicano, no como su éxito. Trump es Trump. Ahora la amenaza son las revueltas callejeras si se le roba la nominación.
Si consigue ser el candidato ante la presión de la gente y de los que están de acuerdo con él dentro del Partido, que desbancarían a los actuales, su estrategia cambiará para conseguir más votos de los que ha conseguido hasta ahora. Si hay ocasión, pronto entrará la segunda fase, con un Trump que se afianza, pero que llamará a toda América a planear esa grandeza tratando de convencer a todos (y al resto del mundo) de que sus propuestas son razonables. Será un Trump de doble cara, conciliadora e exacerbada, ambas llevadas al extremo según las circunstancias. 
Habrá quien le crea.



* "The Founding Fathers Would Deplore Donald Trump" The Huffington Post 14/09/2015 http://www.huffingtonpost.com/cody-cain/the-founding-fathers-woul_1_b_8130850.html
** "Trump predicts riots if denied Republican presidential nomination" Ahram Online 16/03/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/9/193117/World/International/Trump-predicts-riots-if-denied-Republican-presiden.aspx



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