sábado, 5 de marzo de 2016

A dos o tres malas decisiones del desastre

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 
La campaña de primarias en los Estados Unidos está cargándose de dramatismo conforme lo que parece inevitable se acerca. Lo inevitable es la nominación de Donald Trump por el partido republicano. La sola posibilidad de una campaña electoral en la que una parte del país esté representada por Trump hace crujir los cimientos de las personas sensatas. Conforme la carrera avanza hacia la meta y se ve que ninguno de sus contrincantes han sabido hacer mella en su estrategia ni encontrar una que pudiera contrarrestarla, las alarmas saltan con más fuerza. Sobre todo porque queda una evidencia encima de la mesa: para superar a Trump sería necesario más radicalismo, promesas más apocalípticas, más espectáculo, más agresividad, más racismo. Trump, como hemos señalado repetidamente, ha pervertido las bases de la discusión y no han sabido entenderlo. Lo han alimentado cuando querían combatirlo.
Solo en este contexto es posible que pueda haber titulares impensables relacionados con una campaña electoral norteamericana: "Is this the end of the West as we know it?". El titular lo tenemos ahora en The Washington Post. Si los titulares reflejan el estado de la campaña, también estos han tenido que crecer en dramatismo desde que los primeros días en que Trump comenzó a criticar la heroicidad de John McCain en la guerra. Ya entonces dieron por muerto a Donald Trump. Y lleva muriéndose desde entonces.


Elegimos insensatos porque nos parecen razonables. Si partimos de este principio, la ventaja que Trump tiene no es tan descabellada. El mundo que estamos haciendo ya solo discrimina entre charlatanes y charlatanes peligrosos. Las elecciones no se hacen para elegir personas inteligentes porque será siempre una minoría inteligente la que sea capaz de convencer a un electorado inteligente con el que podrá entenderse. El problema es que las elecciones las ganan las mayorías y estas hacen un uso cada vez menor de la inteligencia. Las entrenamos para eso, para ser viscerales y reactivas.
Si se convierte la educación de calidad en cosa de élites porque es un gran negocio, como ocurre en los Estados Unidos y cada vez en más partes del mundo, ¿qué esperas? Si a esas élites que formas les enseñas que los demás son pardillos a los que puedes engañar y estafar con tu bien pagada educación, ¿qué esperas?
El artículo de The Washington Post lo firma su columnista internacional y directora del Global Transitions Program en el Legatum Institute de London, Anne Applebaum. En él señala lo siguiente:

Back in the 1950s, when the institutions were still new and shaky, I’m sure many people feared the Western alliance might never take off. Perhaps in the 1970s, the era of the Red Brigades and Vietnam, many more feared that the West would not survive. But in my adult life, I cannot remember a moment as dramatic as this: Right now, we are two or three bad elections away from the end of NATO, the end of the European Union and maybe the end of the liberal world order as we know it.
In the United States, we are faced with the real possibility of Republican Party presidential nominee Donald Trump, which means we have to take seriously the possibility of a President Trump. Hillary Clinton’s campaign might implode for any number of reasons, too obvious to rehash here; elections are funny things, and electorates are fickle. That means that next January we could have, in the White House, a man who is totally uninterested in what presidents Obama, Bush, Clinton, Reagan — as well as Johnson, Nixon and Truman — would all have called “our shared values.”
Trump has advocated torture, mass deportation, religious discrimination. He brags that he “would not care that much” whether Ukraine were admitted to NATO; he has no interest in NATO and its security guarantees. Of Europe, he has written that “their conflicts are not worth American lives. Pulling back from Europe would save this country millions of dollars annually.” In any case, he prefers the company of dictators to that of other democrats. “You can make deals with those people,” he said of Russia. “I would have a great relationship with [Vladimir] Putin.”*


El peligro de dos o tres malas elecciones, como señala Applebaum, es real. Y todo parece indicar que algunas tienen muchas probabilidades de materializarse. El terror a que esto ocurra no debe ser solo suyo. Se comparte allí donde la política se dice en otro tono, sin cámaras delante. Trump ha levantado a la vez todos los demonios (seguridad, racismo, economía...) y han saltado todas las alarmas habidas y por haber. ¿Qué pretende este tío?, se preguntan todos. Evidentemente: ganar. Hasta ahí lo entiende todo el mundo; la cuestión está en el día siguiente.

Appelbaum dice no recordar en toda su vida un momento tan dramático como el actual: el fin de la OTAN, el fin de la Unión Europea y el del mundo liberal. ¿Es una exageración? En absoluto. ¿Hay probabilidades de que ocurra? Más que antes, desde luego.
La mecha y la dinamita no son cosas separadas sino que forman parte de este mundo en el que puede saltar la chispa si además hay sequía. Trump no es el peligro. El peligro está en que existe una parte de la sociedad que le considera en serio como presidente de los Estados Unidos. Y lo aceptan sin plan oculto; porque dice lo que dice.
Applebaum recorre la Unión Europea y no estamos mucho mejor. A la salida de Gran Bretaña de la Unión mediante un referéndum se une el peligro de una Francia con Marine Le Pen al frente en las próximas elecciones. De España, mejor no hablar porque también estamos en la cola de las dos o tres decisiones para llegar al desastre.
Una Europa llena de antieuropeos y todos ellos amigos de Vladimir Putin, que se convierte en un referente de la acción. El detalle no es casual y parece que la presencia del humanitario Obama hubiera desencadenado en el mundo un deseo inagotable de parecerse a su antagonista: Vladimir Putin. El mundo saludó a Obama frente a Bush, pero muchos se están decantado por figuras autoritarias como la de Putin. Surgen por los cinco continentes y son aclamadas.


El panorama futuro, señalado por Applebaum, está francamente oscuro porque algunos tienen muchas probabilidades de salir adelante:

A year from now, France also holds a presidential election. One of the front-runners, Marine Le Pen of the National Front, has promised to leave both NATO and the E.U., to nationalize French companies and to restrict foreign investors. Like Trump, she foresees a special relationship with Russia, whose banks are funding her election campaign. French friends assure me that if she makes it to the final round, the center-left and center-right will band together, as they did two decades ago against her father. But elections are funny things, and electorates are fickle. What if Le Pen’s opponent suddenly falls victim to a scandal? What if another Islamic State attack jolts Paris?
By the time that happens, Britain may also be halfway out the door. In June, the British vote in a referendum to leave the E.U. Right now, the vote is too close to call — and if the “leave” vote prevails, then, as I’ve written, all bets are off.
Copycat referendums may follow in other E.U. countries too. Viktor Orban, the Hungarian prime minister, sometimes speaks of leaving the West in favor of a strategic alliance with Istanbul or Moscow.*


Un acontecimiento —una bomba antes de una elecciones, un atentado contra un candidato...— puede desbaratar una política de décadas haciendo que los votantes se decanten por soluciones radicales y demagógicas. ¿Qué ocurre en el Este y Centro de Europa? ¿No están cambiando hacia posturas más radicales? ¿Grecia, Hungría, Polonia, Finlandia...? ¿No lo estamos haciendo también nosotros? Más allá, Turquía y, más allá... la guerra. Y otra guerra más próxima: Ucrania.
La pregunta sobre si triunfarán en el mundo personas como Putin o personas como Obama no es capciosa ni busca el ingenio, sino plantear la evidencia de que el mundo se está llenando de personajes con visiones autoritarias del mundo, de personas que tienen una visión pragmática y cínica de la política, capaces de manipular los valores primarios (religión, nacionalismo, racismo...) para conseguir el poder y la influencia. El riesgo de conflictos aumenta con ellas. Se reivindica sin pudor a Hitler, a Stalin. ¿Por qué no?


El vacío intelectual en el que nos hallamos —un mundo estruendoso sin capacidad de escuchar atentamente los embarullados mensajes que nos llegan— hace que personajes como Trump tengan más probabilidades que las personas sensatas: el futuro es de los maleducados, intransigentes y autoritarios. Atraen a las minorías fragmentadas que ahora son capaces de unirse para conseguir que estos candidatos triunfen. Lo hacen vendiendo descontento e ira, que es lo que les permite conectar con el fondo social que se va depositando por la insatisfacción y la pobreza mental contemporáneas. Ahora hay medios para el lavado de cerebro colectivo. Las herramientas están ahí y se investiga para ello en think-tanks de todo el mundo, se financian proyectos en universidades de todo el mundo para saber cómo manipular a la gente. Hay dinero para hacerlo. Hasta los terroristas más retrógrados tienen sus expertos en guerras de información, es decir, para la manipulación.


Timothy Egan con un artículo titulado "The Beast is Us", publicado en The New York Times, después de calificarlo como "el hombre que va a destruir el partido de Lincoln" y hacer repaso de todo lo que se dice sobre el miedo y repulsa que desata Trump, cierra su texto así:

The German magazine Der Spiegel called Trump “the world’s most dangerous man.” The Germans know a thing or two about the topic. 
I would like to think our better angels always prevail. But there are also dark episodes, when the beast is loose, and what stares back at us from the mirror is something ugly and frightful. Now is one of those times.**


Hace tiempo que los ángeles están a otra cosa. Nos queda, eso sí, el espejo. Pero ¿quién cree ya en lo que cuentan? Si algo caracteriza a las sociedades ciegas es que les sobran los espejos.
Podemos creer que todo va bien, pero no es cierto. Y lo que es peor: las partes que iban bien y podían ayudar a ir mejor, están empezando a ir mal. Estamos a dos o tres malas decisiones del desastre, una palabra cada vez más repetida. Será por algo.



* "Is this the end of the West as we know it?" The Washington Post 4/03/2016 https://www.washingtonpost.com/opinions/donald-trump-and-the-end-of-nato/2016/03/04/e8c4b9ca-e146-11e5-8d98-4b3d9215ade1_story.html?hpid=hp_no-name_opinion-card-b%3Ahomepage%2Fstory
** Timothy Egan "The Beast Is Us" The New York Times 4/03/2016 http://www.nytimes.com/2016/03/04/opinion/campaign-stops/the-beast-is-us.html




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