martes, 1 de octubre de 2013

Una historia que contar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En unos días el Parlamento Europeo tendrá que decidir dónde va el Premio Sajárov, si a las manos de la joven pakistaní Malala Yousafzai o al filtrador norteamericano Edward Snowden. Malala parece tener más amplios apoyos en la valoración de sus méritos; los de Snowden, en cambio —según la noticia de Reuters—, se concentran en los Verdes y en la Izquierda Unitaria Europea. No es fácil juzgar dos cosas tan distintas. Hay otros candidatos con muchos méritos, desde luego, pero los bielorrusos no pueden "competir" con estas dos superestrellas cuyas causas y acciones han tenido repercusión mundial.
Vaya por delante mi admiración —ya manifestada en otros momentos— por Malala y su valor. Recaiga en quien recaiga el Premio a la Libertad de Conciencia lo hará en buenas manos.
Snowden es un personaje oscuro, como buen espía. Malala es, en cambio, una comunicadora nata, un líder con futuro; posee un dominio inusual del arte de la palabra, asentado en una pasmosa seguridad en sí misma. Quizá sea la seguridad de quien ha sobrevivido a un atentado, puede que sea el aplomo de quien ha mirado a la muerte de frente.


Malala ha conseguido grabar su nombre en el corazón de muchas personas; incluso Madonna se lo tatuó en la espalda, una de las vallas publicitarias más selectas del planeta.
Malala fue valiosa antes de su martirio, cuando se enfrentó a los talibanes desafiando sus prohibiciones. Lo fue en el momento de su ataque y ha continuado siéndolo tras el atentado. Si Snowden es la denuncia, Malala es la causa. La causa de Malala era anterior a su disparo. El atentado no fue más que la constatación de la importancia de sus razones y la eficacia de su ejemplo. Malala era un peligro para los talibanes, un desafío a su poder infame. Los disparos le dieron notoriedad, sí, pero fue la notoriedad de Malala la que provocó los disparos.


Si el Premio Sajárov a la Libertad de Conciencia busca —como todos los premios de este tipo— la ejemplaridad, Malala es el ejemplo total. No dudo de la conciencia de Snowden ni del valor de su acto, pero Malala ha conseguido esa universalidad del signo aceptado por todos. Podemos reconocer el valor de lo hecho por Snowden, pero nos identificamos con la niña que es tiroteada por defender el derecho a la educación de las mujeres a cualquier edad y en cualquier lugar del mundo.
Edward Snowden se ve en la situación actual acogido por unos y perseguido por otros, compartiendo el papel doble de héroe y traidor. Mientras la niña es esencial para el futuro de muchas otras en todo el mundo, el analista de la CIA sigue embrollado en un asunto rocambolesco, con terminales de aeropuerto, asilos políticos, jugarretas de Putin y frustraciones de Maduro y Correa rivalizando por el asilo mediático. Snowden tiene en contra la instrumentalización de su acción por algunos, su aprovechamiento.


Probablemente Snowden nos ha hecho un gran favor a todos. Sus filtraciones de datos sobre la forma de actuar de los Estados Unidos en el espionaje masivo y en el más selecto tienen grandes consecuencias en la escena internacional. Julian Assange criticó a la presidenta de Brasil por la ingratitud de haber negado el asilo político a Snowden después de que este hubiera dejado al descubierto el espionaje al que la mandataria estaba sometida. La negativa de Rousseff a ir a Estados Unidos hasta que le sean dadas explicaciones por este hecho se debe a las revelaciones del ex analista de la CIA.

Ambos han actuado desde sus conciencias. No sé si la vocación inicial de Snowden era el espionaje por patriotismo y tuvo su camino de Damasco al revelársele que lo que hacía no era un acto patriótico sino una vulneración de los derechos humanos de media humanidad. Sí sé, en cambio, que el compromiso inicial de Malala ha sido hacer llegar el derecho a la educación a todas la niñas que se ven obstaculizadas para ejercerlo. No creo que Snowden sea un traidor, pero sí que era un espía; con conciencia, pero espía; pudo acceder a lo que reveló precisamente porque lo era. Snowden descubrió que no tenía estómago para ser espía.
Quizá la grandeza de Snowden sea la del sacrificio de su vida futura, condenado a permanecer escondido, a ser vilipendiado oficialmente por su país que le considera un traidor que puso en peligro eso que se suele llamar a "seguridad nacional" y que es un flagrante abuso de la de los demás, condenados a la sospecha.
Cada vez que Malala recoge uno de los numerosos premios que le han sido concedidos, su presencia es un acto de reivindicación positiva de los Derechos de la niñas del mundo, menospreciados por la barbarie retrógrada que las condena a la oscuridad como vía a la sumisión. Cuantas más Malala haya, mejor.


El mundo, en cambio, sabe que no se puede permitir demasiados Snowden por la propia naturaleza hipócrita de las relaciones internacionales. Lo que el analista reveló no es el escándalo del espionaje en sí mismo, sino el escándalo más fino a los amigos y aliados, darnos a conocer que tras los apretones de manos y los abrazos cordiales, tras las visitas de cortesía, todos somos potenciales enemigos.
Todo premio concedido esconde una gran injusticia para alguien. Pero en este caso creo que si es Malala la agraciada, saldremos ganando "futuro". Esa niña, que acapara premios y honores internacionales, hace más con su sonrisa y sus palabras firmes reclamando libros y lápices como armas que muchos otros con grandes discursos.


En la misma noticia en que se nos hablaba del tatuaje de Madonna, Angelina Jolie, en su calidad de Enviada Especial del Comité de Naciones Unidas para los Refugiados, señaló que "todos somos Malala":

[...] la polifacética Jolie declaró que se sintió obligada a contar la historia de la joven paquistaní a sus hijos. “Tomemos esto como una lección de que la educación es un derecho humanos básico”, dijo. “Un derecho que no debe de ser negado a las hijas de Pakistán”.*

Sí, quizá la clave está ahí, en esa historia que obligadamente debemos contar. Esa es la esencia de la ejemplaridad, la necesidad que todos sentimos de contarlo. El segundo de los objetivos de la Fundación Malala es precisamente "Amplifying Voices of Educational Advocates to tell the stories of those who are fighting for their right to education". Es el poder de la historias que deben ser contadas, el valor del ejemplo.
"Todos somos Malala", como bien señaló Jolie, solo algunos pueden (o quieren) ser Snowden.




* "Madonna se desnuda por Malala" El País 17/10/2012  http://elpais.com/elpais/2012/10/17/gente/1350485914_567056.html





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