viernes, 20 de noviembre de 2015

Gracias a Dios! o la necesidad del debate

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando unos hablan del "islam" como una totalidad uniforme, muchos se enfadan —con razón— porque el término les incluye, pero no se sienten responsables de lo que otros puedan hacer en su nombre. Las campañas "No en mi nombre" tratan de dejar clara esta circunstancia de rechazo. Pero también, es cierto, que uno tiene que acabar molestándose cuando tiene que estar todo el día especificando que los que dicen actuar en "mi" nombre no tienen permiso para hacerlo.
Cuando nos aproximamos, percibimos matices y grandes distancias; se comprenden claramente las diferencias y nos asombramos de que se produzca la peligrosa confusión. Yo me enfado también cuando se me incluye en una categoría como "occidental", mediante la cual se me hace responsable de lo que otros hacen y con lo que yo no quiero identificarme. Allí donde unos meten a todos dentro del "islam", otros lo hacen en "Occidente" como categoría contrapuesta. Son las trampas del lenguaje. Desde dentro usted no siente que tenga responsabilidad en lo que otros hacen, sin embargo, le guste o no, otros pueden responsabilizarle desde fuera metiéndole en el amplio saco de la generalidad.
Cuando un musulmán hace algo en el nombre del islam, extendemos la responsabilidad. De la misma manera, cuando un predicador loco quema una ejemplar del Corán en alguna localidad del los Estados Unidos, esto lo pagan directamente los "occidentales" que se puedan encontrar en su camino los que deciden que esa persona representa a la totalidad de la comunidad no islámica a la que se responsabiliza. Esto, como sabemos, no es una hipótesis sino algo que ha sucedido en diversas partes del mundo.


Aunque hayamos condenado personalmente este tipo de actitudes, es cierto que no nos hemos sentido en la necesidad de salir con un cartel diciendo "no en mi nombre", algo que muchos musulmanes están teniendo que hacer. Sí, en cambio, se ha mostrado directamente —algo que se olvida muchas veces— el rechazo hacia guerras que han tenido como víctimas los países musulmanes, ya fuera por una causa o por otra. Pero nos olvidamos de lo positivo con demasiada frecuencia.
La cuestión es más compleja por la propia lucha religiosa que se da en el interior del mundo musulmán entre diferentes grupos que se sienten en posesión de la interpretación "pura" de la religión.
El caricaturista egipcio Andeel ha puesto el dedo gráfico en la llaga cuando ha publicado hace un par de días la siguiente viñeta en Mada Masr:



Es difícil sintetizar de forma más clara parte del núcleo del problema visto desde la propia perspectiva. El texto gráfico muestra una galería de personajes con los que se quiere representar la diversidad de la realidad en su intento de "apropiación" del Corán. Cada personaje es un estereotipo —del clérigo al militar, de salafista a los jóvenes modernos— y todos dicen que su interpretación es la correcta. Lo importante es ese convencimiento de todos, pero creo que lo es más el acto de enunciación, es decir, el tener que afirmar constantemente que "mi" lectura es la correcta. Eso convierte la afirmación en una forma de autoridad, de la militar a la religiosa. Es el poder del discurso como justificación de la acción. Reivindicándome como intérprete, me reivindico como autoridad.
Ahram Online publica hoy un artículo de la periodista Amira Howeidy, una de las editoras fundadoras, con el título "Debating Islam after Paris". El artículo comienza con esa cuestión del encuadramiento de las acciones terroristas:

It isn’t the first time Muslims have had to explain, in the aftermath of a terrorist attack in a western city, that Islam is not a religion of violence. After attacks in Paris, claimed by ISIS, which killed at least 129 on Friday evening, Islamist parties across the Middle East and Muslim groups in Europe and the United States were quick to condemn the assault. They denounced them as “a violation” of the principles of Islam and “far from religion”.
In a column published on the Al-Arabiya English website Egypt’s Mufti, Shawki Allam, argued: “None of these extremists have been educated in Islam in genuine centres of Islamic learning.” Instead, they subscribe to “distorted and misguided” interpretations of Islam which have no basis in traditional Islamic doctrine.
The assailants may have changed since the 1980’s when Islamist militants in Egypt expanded their argument with the government to include the murder of tourists, policemen and officials.
While Islamist militant groups have continued to grow, developing their tactics, discourse and cross-border targets in the name of Islam, the counter discourse, from both Muslim governments and scholars, has remained largely the same, whether applied to Al-Gamaa Al-Islamiya and Jihad in Egypt and Al-Qaeda in Afghanistan or, almost three decades later, to ISIS in Syria and Iraq.
This counter discourse, typified by Allam’s argument, focuses on denying any link between Islam and terrorism committed in its name.
Not that there haven’t been attempts to articulate more nuanced arguments refuting ISIS's discourse and its laboured citing of Islamic scriptures to justify violence.**


Si unimos los dos textos, el gráfico y el artículo citado, tenemos un mapa complejo de la situación, que es la reivindicación de la ortodoxia y el rechazo del otro dentro de las fronteras de lo que podríamos denominar las comunidades interpretativas, que es lo que trata de representar Andeel con su viñeta gráfica. Cada uno de esos intérpretes afirma su lectura del Corán y niegan la ajena. Todos se reivindican como los verdaderos musulmanes. Allí donde unos se ven como "mártires", otros los ven como simples "terroristas" enloquecidos; y allí donde unos se ven como lectores correctos de la doctrina, otros los ven como corruptos distorsionadores de un mensaje que traicionan.
Esto, como sabemos, no es nuevo. En el cristianismo ocurrió con los cismas, primero de las iglesias oriental y occidental y posteriormente con el protestantismo, que a su vez se dividió en diferentes tendencias. Todos, sin embargo, se reivindican como portadores del mensaje verdadero. Afortunadamente, lo que hemos dejado de hacer es matarnos o matar en su nombre o en la discusión. Cada uno tiene la libertad de elección o de abandonarlas todas.


Negar que el terrorismo del estado Islámico tenga algo que ver con la religión es absurdo, tanto como decir que no tuvo nada que ver el cristianismo con la Inquisición o con barbaridades durante la evangelización de América. No se trata, pues, de lo que yo crea, sino de lo que cree el que comete en su nombre los crímenes. ¿Que está equivocado? Por supuesto. Pero con esa reivindicación de pureza de su lectura hace daño a los que no la comparten o la rechazan expresamente, que se ven obligados a justificarse para que no se les meta en el mismo saco.
Señala la periodista egipcia de Ahram Online:

Frustrations within Muslim communities, where a shift in the counter discourse seems to be taking place, are running high. After the Paris attacks an increasing number of Muslim voices are saying the argument that Islam is innocent of violence is not only ineffective but fails to address the bigger problem.
“Stop saying Islam has nothing to do with this. And stop saying imperialist wars have nothing to do with this,” said Dyab Abou Jahjah, a Lebanese-Belgian political commentator and leader of Movement X, an organisation which fights racial discrimination in Belgium.
ISIS’s version of Islam, he wrote on his Twitter account, is an “offshoot of Wahabism” which originated in Saudi Arabia. “Mainstream Islamic theology is still archaic” regarding violence, he added.
In an article published in the London-based Al-Araby Al-Jadeed under the title “Is Islam Innocent of Them?” Bilal Fadl, a prominent Egyptian columnist and satirist, called for a critique of the discourse of Muslim clerics who wouldn’t commit violence themselves but share IS’s extremist views when it comes to exterminating “the other”.
“Are mainstream contemporary interpretations of Islam on the popular and official level really innocent?” he asked.
The question becomes ever more difficult to avoid in the wake of each terrorist attack, wrote Fadl. And it is now being posed by Muslims who are “rebelling” against their faith as a result of the actions of extremists and terrorists.
“This phenomenon can’t be ignored and it’s not enough to shout or spit at them on talk shows.”
The debate is antagonising Muslims who, critical of the mainstream discourse on Islam, refuse the conclusions it suggests. “Any narrative that claims Islam is a religion which provokes such acts of violence, ultimately strips Muslims of any agency. It leaves them with no choice but to follow,” says Ibrahim El-Houdaiby, a researcher on Islamist groups and political philosophy.
“As a faithful Muslim this discourse points the finger of accusation directly at me.”
Equally provocative, El-Houdaiby argues, is the narrative of religious institutions, neo-clerics and “defenders of Islam” who endlessly repeat that terrorist attacks do not represent the real Islam.
It is problematic, says El-Houdaiby, because these institutions are affiliated with authoritarian regimes which produce civil violence and hatred, but never denounce them.
“They will speak up when it’s about Islam’s image in the ‘civilised’ west but only whisper when such attacks take place in Lebanon or Ankara, for example,"El-Houdaiby said.**


Lo que señala Amira Howeidy es la necesidad de abrir auténticos debates para poder actuar en los dos frentes, que están profundamente vinculados. En primer lugar la construcción de las defensas internas que eviten que se produzca un flujo interior hacia las posturas o lecturas más extremistas dentro del mundo islámico. En este sentido, los propios medios árabes van dando casos de cómo se produce ese desplazamiento y los investigadores explican también el papel del ciertos países en la financiación de versiones radicales del islam, como es el wahabismo o el salafismo. Todos los investigadores saben y reconocen el papel que los petrodólares han tenido en el radicalismo desde la década de los 70. También saben que esas instituciones líderes, como señala Amira Howeidy, han fallado estrepitosamente en la defensa de las sociedades antes sus dictadores, a los que nunca se han enfrentado, enseñando muchas veces la aceptación y obediencia, llegando a la justificación.


Cuando ese discurso se renueve en los debates internos será más sencillo para todos poder poner las cosas en su sitio y no sentirse acusado permanentemente por cada acción de la que no nos sentimos responsables, unos y otros. Pero es el debate interno el que es necesario primero para resolver los conflictos que han llevado durante muchos años a esta situación.
Por eso el final del artículo de Howeidy es muy claro:

That the counter narrative is still viewed as the responsibility of religious institutions like Al-Azhar compounds the problem.
“The target audience doesn’t want any connections with authority because they see authority as the problem,” says Hellyer. The fact that religious institutions are more than ever associated with the state gives them no credibility with those who want to blow themselves up and don’t want to listen to Al-Azhar."
The only way to confront this is for governments to lift their grip on religious institutions, he added.
“If you want counter narratives to be successful you need to give religious scholars independence, and be able to expect that they will sometimes call you out for abuses. Why would this target audience listen to a guy constantly declaring how evil ISIS is but who doesn’t say a thing about abuses committed by dictatorships in the region?”**


Se abre así el problema a otras dimensiones externas en las que se entremezclan los radicalismos religiosos, el autoritarismo de las dictaduras en la zona y el imperialismo de las potencias extranjeras. De estos tres factores (más los que se quieran añadir: pobreza, desigualdad, educación...), reforzándose unos con otros surge el problema.
La necesidad de encontrar discursos que frenen el radicalismo religioso es importante en todos los niveles, pero quiénes sean los agentes legitimados para este discurso es una cuestión complicada porque se han estado excluyendo las voces de los reformistas que han tratado de establecer debates. Se les ha rechazado por que se les consideraba peligrosos desde la perspectiva política y de la religiosa, que a muchos les ha interesado manipular y confundir. Creo que eso es parte de lo que Howeidy quiere señalar.
El mundo musulmán no solo necesita discursos que alejen de la radicalidad y contra discursos defensivos, sino que necesita aceptar en su seno debates mucho más amplios que no deben verse más que como una apertura social, una avanzar de la historia por la evolución de los países. Es difícil intentar mantener la olla a presión de la sociedad con la política (ausencia de democracia) y la religión (exceso de dogmatismo) en punto de ebullición. Es eso lo que ha favorecido la aparición del extremismo. Como consecuencia, unos se han desvinculado de la religión (como se señala en el artículo) y otros se han vinculado al radicalismo, como podemos apreciar. Es lo que ocurre cuando se produce la parálisis y no se encuentran salidas.



* Andeel, Mada Masr "Thank God!" 17/11/2015 http://www.madamasr.com/cartoon/cartoon-thank-god

** "Debating Islam after Paris" Ahram Online 19/11/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/1/169042/Egypt/Debating-Islam-after-Paris.aspx



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