jueves, 6 de junio de 2013

Ahora que no nos graba nadie (¡Astronauta!)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El sincero mini discurso que el político socialista Antonio Miguel Carmona le ha dirigido a algunos colegas militantes —que supongo que le preguntaron por su presencia habitual en los platós— ha dejado una frase para la posteridad política española: el "ahora que no nos graba nadie". Si ayer comentábamos el desastre del presidente Morsi en Egipto al no haber avisado a nadie (¿lo estaba él?) de que el Comité Nacional para la crisis de la presa etíope del Nilo —en el que se soltaron todo tipo de barbaridades— estaba siendo televisado en directo a toda la nación, al señor Carmona le ha pasado algo parecido, pero en plan descamisado y de barrio. En este caso no había más crisis que las suyas, la de los políticos que se pasean por los platos y que son enviados por las directivas de los partidos, porque, como bien dice, "hay que estar". Lo dice como Kennedy dijo lo de colocar un americano en la Luna, con convencimiento y espíritu de sacrificio. Hay que estar.

Hace mucho tiempo que los políticos van a los platos por mandato de sus partidos. La televisiones contratan a sus discutidores de trivialidades —los de los programas del corazón, los de los realities, etc.—, pero para la política prefieren traerse a los profesionales políticos de los medios, que no tienen pudor en defender lo indefendible, que suele ser lo suyo. A la gente "normal" o a los profesionales serios, que los hay, no les va esto de defender las meteduras de sus dirigentes, los errores de cálculo, las incongruencias ideológicas, etc. Y se montan las peleas de gallos televisivas; salen baratas y dan cierto caché.
Según el plan de Carmona, puedes ir a cualquier sitio a hablar de lo que sea —en este caso eran los ERE andaluces— porque la directiva te orienta con sus "guasaps" en los momentos difíciles, como un estudiante que no se supiera la respuesta de un examen y se lo soplaran desde fuera, o como a Tom Cruise en Mission: Impossible! Habrá que prohibir los móviles en los platós, como están prohibidos en los exámenes.


Él llama a esto estar "teledirigido", vamos, que es un "mandao", que no está allí ni por pasión ni por vicio, solo porque lo manda el Partido y a decir lo que piensan los jefes. Se explica ahora uno lo mal que llevan las independencias y la disidencia en la política. Salirse de los partidos o de la "main stream" (como se dice ahora) implica la salida de los platós o la reconversión a algún reality en donde lucha por la atención de la cámara y de los espectadores al otro lado mediante las artes seductoras que ha aprendido anteriormente.
El político habla de sí mismo como miembro de una especie de comando mediático, de "elegidos para la gloria" efímera. Y da un repaso de los que han "colocado" en cada cadena televisiva. Y, como señala en otra frase sublime, "el que tenga miedo a comunicarse con los ciudadanos, que se dedique al Corte y Confección". Espero que después de haber hablado de más, tenga un poco más, si no de miedo, sí al menos de prudencia antes de hablar. Al "Corte y confección", como dice él, te pueden mandar tanto por hablar poco como por hablar mucho.


Cuando Carmona se explayaba ante los que pensaba eran sus amigos, algún ladino tenía encendido su teléfono móvil o cualquier otro mini dispositivo grabador: sí, le estaban grabando. Le estaban grabando como se graba a Alaska y a Mario, como se graba a los de Gran Hermano, a los pseudo náufragos de la isla, a Belén... Sí, te estaban grabando porque siempre hay alguien grabando, Antonio Luis Carmona, ¿cómo no sabes tú ya eso? Al igual que hay que ir, hay que grabar. Hay que hacerlo porque no se sabe nunca cuándo el que tienes delante va a decir una estupidez, va a pisar un plátano, se atragantará con una aceituna o se le va a quedar abierta la bragueta. Es la regla número uno: hay que grabar.
La regla número uno del político mediático, en cambio, es "no pienses que los que tienes delante te sonríen porque son tus amigos". Te confías y pasa esto. Te alegras porque hay uno que no conoces en la reunión y piensas "Vaya, un nuevo afiliado. ¡Esto mejora!" y bajas la guardia. Te olvidas de que en la política no hay amigos, que igual que tú les sonríes a ellos, ellos te sonríen a ti. Y, claro, pasa lo que pasa.


Tampoco deja su discurso sincero —aunque fuera porque pensaba que no había cámaras— demasiado bien a los medios televisivos. Se han acostumbrado a llamar a los partidos para que les manden a alguien como el que pide un taxi o una pizza por teléfono. Y no debería ser así. No se trata de traer un par de políticos y ya está; se trata de que la gente pueda escuchar algo más que lo que los políticos tienen que decir, es decir, que debería ser al contrario: que los políticos se acostumbraran a escuchar a los demás, al resto de la sociedad, a los expertos en distintos sectores, a los afectados por sus decisiones. Deberíamos poder escuchar otras opiniones en vez de siempre a los mismos periodistas preguntando a los mismos políticos en diferentes cadenas, que es lo que ocurre y parte del origen de este problema.
Dice Carmona que no hay que preocuparse por lo que sale en los periódicos porque "lo que sale en los periódicos lo leen 133 personas". No sé de dónde saca ese número tan bonito Carmona. Lo que cuenta, en cambio, es la televisión, que la ven siete millones, afirma. Pues van a ser esos 133 y algunos más los que lean esto en el periódico que lo ha sacado, más las visitas en YouTube, que se suman todas. O sea 7.000.133. Se van a enterar. Hasta el momento (lo acabo de mirar) lleva 33.181 y acaba de empezar.
Como tratas, te tratan. Y no está la prensa para que le hagan desprecios lo políticos, tal como está el patio de ambos. En I'm not there (2007), esa extraña y hermosa película sobre la figura de Bob Dylan cuyo papel principal interpretan muchos actores distintos, cuando le toca a Cate Blanchet, al subir a un coche es preguntada por un periodista: «One word for your fans?, a lo que él/ella contesta: «Astronaut!» No sé si a Carmona le pedirán lo mismo ahora que ha desvelado su teoría de los medios.
Unos tanto y otros tan poco. Ya sabe lo que tiene que decir la próxima vez que le pidan que hable fuera del plató, su hábitat natural: ¡Astronauta! Siempre hay una cámara, siempre está grabando y siempre es de tu enemigo. Por si hay que recordarlo.



* "Carmona: 'Cuando hablo de los ERE en televisión estoy teledirigido por Griñán'" El Mundo 5/6/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/05/madrid/1370424058.html?a=9e41b5f8c2a427fed9faecbcb6b52a45&t=1370494647&numero=






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