lunes, 11 de abril de 2016

Eurocomodidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ver a un tipo como Wilders proclamando el fin de Europa tras el referéndum en Holanda es un motivo más para trabajar por ella. Los resultados del referéndum holandés son una satisfacción para quienes lo convocaron con la intención clara —ellos mismos lo dicen— de acabar con Europa más que el rechazo a Ucrania, que es el medio de hacerlo.
El País señala: «Con el escrutinio finalizado, el no logra el 61,1% de papeletas frente al 38,1% de síes, pero la participación (32,2%) apenas rebasa el límite necesario para validar la consulta.»* Con estos datos, el canto de Geert Wilders parece excesivo, pero ha conseguido lo que quería, los focos en el euroescepticismo.
Wilders y los suyos están en un combate permanente cuya objetivo es boicotear cualquier propuesta que salga de la Unión Europea y que pudiera dar la impresión de un funcionamiento satisfactorio.
Lo que se deduce de los hechos es que Europa necesita de mayor compromiso y empuje para su consolidación. ¿Por parte de quién? Evidentemente de los ciudadanos. El "euroescepticismo" tiene su fundamento más claro en el "eurodesconocimiento". Y es de esa situación de donde consiguen su fuerza los euroescépticos y antieuropeos. Apoyos, desde luego, no les faltan.


Padecemos la falta de líderes con una inteligencia comprometedora, capaz de expresar y explicar el proyecto europeo en el contexto de la Historia moderna, capaz de comprometer a los ciudadanos. Desde la percepción exterior, creada desde los espacios nacionales, el espacio europeo es una "otredad" no una "identidad". Esto tiene unas consecuencias, primero de categorización y después políticas, que condicionan las respuestas.
Muchos países han pasado de ver una Europa que ayuda a ver una Europa que perjudica o que ataca. En ambos casos no hay sentido de identidad. Europa es la otra. Este sentimiento ha sido manipulado por los políticos nacionales que lo han usado para convertirse en mediadores cuando les ha interesado y en defensores cuando las circunstancias lo han permitido. Esa actitud es suicida.
Lo que se ha transmitido es la idea de una Europa como un club de líderes nacionales al que se va a discutir y unas veces se gana y otras se pierde. De esta forma, el político usa Europa en su beneficio y la disputa local afecta a las posiciones sobre Europa provocando primero fricción y después distorsión.


Los grandes beneficiados —y el mejor ejemplo— son los personajes como Geert Wilders, Marie Le Pen, Nigel Farage, etc. a los que les basta con aprovechar este fondo de disputa para canalizar sus discursos contra Europa.
Antes del referéndum, el día 5, Euronews señalaba:

Los holandeses, traumatizados por el accidente del vuelo MH17 en julio de 2014, en principio nada tienen contra Ucrania, pues atribuyen la tragedia a las fuerzas prorrusas, por lo que se podría pensar que se inclinarían a decir “sí” al acuerdo entre Ucrania y la UE.
Pero eso, sin contar con una coalición ecléctica en la que está, por supuesto, la punta de lanza del populismo holandés, Geert Wilders, que ha recogido las 300.000 firmas necesarias para organizar un referéndum, incluso a posteriori.
El rechazo a Europa es el lema de la extrema derecha. Y Holanda ya lo hizo en otra ocasión. En 2005, bajo el impulso de eurófobos y euroescépticos, rechazaron por referéndum el proyecto de Constitución Europea, inmediatamente después de los franceses.
Once años después, el euroescepticismo vuelve a surgir alimentado por la crisis de los emigrantes, la drástica austeridad impuesta por el Gobierno, un crecimiento a la baja y la caída del poder adquisitivo.
Esta votación del miércoles trata de castigar a Europa, que podría salir debilitada por un nuevo golpe. Por no hablar de Ucrania…**


Nadie puede evitar que los grupos como los encabezados por Geert hagan lo que hacen. Lo peligroso es la evidencia de que nadie da la cara por Europa, por su idea, su unidad y sentido.
El referéndum no era "sobre" Europa, sino sobre el establecimiento de una acuerdo con Ucrania, algo que —recordemos— causó la intervención rusa cuando los ucranianos exigieron a su gobierno que lo firmara, como estaba comprometido. Pero Geert y los suyos tratan de dar esa interpretación porque en Gran Bretaña habrá pronto un referéndum que afectará a la unidad europea. Por ahora, además de Wilders, los más beneficiados son Putin y los prorrusos que pueden utilizar este resultado para hacer cundir el desánimo y aislar a Ucrania.
Las "causas" de los holandeses para votar "no" no parecen razonables ya que no tiene por objetivo, como bien nos dicen, afectar a Ucrania sino atacar a Europa. Si los holandeses que han votado "no" lo hubieran hecho como un bien, como una forma de protección a la Unión Europea, se podría entender. Pero las 300.000 firmas conseguidas por Wilders no tenían ese sentido y probablemente la mayoría de los votos emitidos tampoco.
Sencillamente, los que tenían que haberse movido no lo han hecho. Europa, además de luchar contra los eurófobos, contra los euroescépticos, debe hacerlo contra la eurocomodidad y el eurodesconocimiento.


¿Cómo transmitir a los europeos que lo son? ¿Cómo hacerles llegar que hay mucha gente interesada, dentro y fuera de Europa, en que dejen de serlo? Los debates sobre la moneda única llevaron a pensar que lo único que nos unía era la moneda. Y es cierto que ahí se paró la imaginación de nuestras autoridades nacionales. Pero Europa debe aspirar a ser algo más que una moneda única y una respuesta pactada para cada problema en el camino.
Europa carece de los recursos irracionales del nacionalismo, de la emocionalidad y de los mecanismos de diferenciación que caracterizan a las naciones. Por el contrario, Europa se debe construir cerebralmente, como "idea", y buscando mecanismos de integración, no de diferenciación. Los mecanismos de diferenciación son más fáciles de encontrar y usar porque es más sencillo acudir a los recelos y defensas que a la confianza y a la inteligencia. Sobre ellos se han construido todos los conflictos y guerras que nos han desangrado durante siglos.


Dejar la iniciativa a los euroescépticos es suicida. Dejarles las calles para hablar mal de Europa, para canalizar la frustración de los problemas del día a día contra Europa y sus instituciones es tremendamente peligroso. Hay que recuperar las calles y las instituciones para transmitir la idea de una Europa positiva, de cultura y solidaria. Hay que sobreponerse al pensamiento del mercado, el que caracteriza nuestro tiempo, y tratar de construir una identidad de la diferencia, un punto de equilibrio entre la idea nacional y la idea supranacional. No es fácil porque es desandar varios siglos de discursos de construcción del nacionalismo.
Esto no se hace solo. Los euroescépticos unen sus fuerzas porque saben lo que pueden ganar. Los europeos no lo hacen porque no saben lo que pueden perder.



* "El ‘no’ al acuerdo de la UE con Ucrania triunfa en la consulta holandesa" El País 7/04/2016 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/04/06/actualidad/1459963672_381245.html

** "El referéndum sobre Ucrania pone a prueba el europeísmo holandés" Euronews 5/4/2016  http://es.euronews.com/2016/04/05/el-referendum-sobre-ucrania-pone-a-prueba-el-europeismo-holandes/


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