domingo, 27 de septiembre de 2015

Canto por una pared demolida

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los grafitis fueron una seña de identidad de la revolución egipcia del 25 de enero de 2011. De todas las muestras artísticas que la revolución trajo, las más universalmente reconocidas han sido las que quedaron como un periódico vivo en las pinturas callejeras. Más allá de las dificultades del idioma, las pinturas hacían llegar a todo el mundo los mensajes que reflejaban el sufrimiento, el respeto a los mártires y la voluntad de vivir en una sociedad democrática y creativa.
Los grafitis atrajeron la atención de todo el mundo por su lenguaje traductor de lo que ocurría en las calles y en las mentes de los que participaban en las revueltas callejeras. El fenómeno era captable en los mismos lugares en los que ocurrían los hechos y tenía la fuerza del arte, de la expresividad en los trazos en la descripción de la lucha. Los fotógrafos que fueron comprendieron rápidamente el fenómeno de los grafitis y los difundieron por los periódicos de todo el mundo, se les dedicaron artículos académicos que los analizaban desde la sociología a la semiótica y se escribieron libros ilustrados con estas muestras de deseos de libertad.

AñadirA mural depicting a poor child with angel wings and tears in his eyes. It reads "Glory to the unkowns."The child is a symbol for the anonymous martyrs who sacrificed their souls for the sake of the country. 
Egipto, tan preocupado siempre por sus antigüedades, no lo está tanto por el arte del presente, el de los que viven y padecen hoy en sus calles. Egypt Independent titulaba hace unos días: "Is revolutionary graffiti taking its last breath in Egypt?"* La cuestión se plantea después de la destrucción de uno de sus grafitis más significativos, situado en los muros de la Universidad Americana de El Cairo (AUC). Aunque la Universidad dice haberlo fotografiado y querer hacer una exposición más adelante, el hecho es que ha sido destruido.
El intento de borrar los restos de la revolución es constante desde hace mucho tiempo. Es un síntoma de la contradicción permanente en la que vive la sociedad egipcia desde que se produjo el levantamiento popular que dio lugar a la caída de Mubarak. Aquellos grafitis dieron cuenta de quiénes eran los que integraban cada bando, tanto en las luchas primeras contra el régimen de Mubarak como en la etapa posterior de dominio militar a través de Tantawi y la Junta Militar, la SCAF. El hecho sorprendente de que siempre estén los mismos, los militares, en el mismo sitio, en el poder, relevándose a sí mismos una y otra vez ante la desesperación de los que quieren un cambio real en Egipto, es la clave de todo lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo. Egipto es el reino de las apariencias en el que no hay apenas cambios.

The mural depicts Mohmed Mahmoud clashes between protesters and police forces. (Captured by Ammar Abo Bakr)

Tras señalar la importancia primera que tuvieron los grafitis en la revolución de 2011 y cómo sirvió de puerta a nuevas formas —performances, video-arte...— Egypt Independent apunta:

Decades-long suppressed emotions—referencing a sense of identity and belonging—intertwined with the aesthetics of vibrant colors and expressive art have sprung up across the country’s walls and buildings.
The walls surrounding Mohamed Mahmoud Street in downtown Cairo, also known as “The Revolution’s Wall”, have become an open-air art gallery embracing an unprecedented display of public and political emotions translated into striking murals by street artists.
The walls have become a symbol of resistence and bravery since brutal clashes broke out between protesters and police forces on the street in November 2011. 
The decision has raised a lot of questions among activists and freedom advocates as the government has spent considerable amounts of money to clear graffiti from walls across the country, particularly the murals on Mohamed Mahmoud, which were whitewashed several times over the past couple of years.  
The government’s attempts, however, went in vain. Street artists refused to surrender and continued to immortalize martyrs' faces and revive the 2011 uprising’s turning-point moments with their artistic creations.  
"They would tear down the whole street and even the entire city if they could," said novelist and activist Adhaf Souief, condemning the demolition on her Twitter account, adding that the government turns a blind eye to the profound importance of street art.*


La destrucción del mural, por muchos planes que se quieran señalar para la emblemática plaza de Tahrir, es un acto deliberado destrucción de la memoria colectiva. El papel del Ejército y la Policía entonces fue el que fue. El hecho de que años después los mismos egipcios que pedían un gobierno civil hayan abrazado fervorosamente un presidente militar y besen sus fotos no es compatible con su propia historia reciente. No creo que exista un caso similar al de la revolución egipcia, ni tan siquiera entre otros países que cambiaron con la Primavera árabe. En ninguno se ha dado un giro para volver a la situación inicial con el beneplácito de una parte de la población que ha descargado su ira sobre los que se levantaron contra un gobierno de treinta años de autoritarismo, desidia y corrupción. Los revolucionarios son acusados muchas veces de ser agentes extranjeros; muchos de ellos están encarcelados o han muerto por el simple hecho de haber reclamado la democracia que se pregona desde los despachos pero que no se cumple, por más que lo aseguren sus autoridades. Sobre eso hay consenso internacional y si no se denuncia más desde los gobiernos y se endurece la postura es por la inestabilidad de la zona.


Los grafitis son un recordatorio de la incongruencia, de cómo se desperdició una posibilidad por una serie de factores que se fueron encadenando hasta hacer imposible que se cumpliera el sueño de muchos: un Egipto moderno, más libre, tolerante, democrático y joven. Los que han regresado se ha ido, cargados de pesimismo por la ocasión desperdiciada, ya sean políticos que quisieron contribuir al desarrollo tras décadas de corrupción, científicos que quisieron contribuir a la mejora educativa y productiva del país, artistas que quisieron poner sus palabras o imágenes al servicio de un pueblo olvidado, del que solo se acuerdan con la retórica grandilocuente del nacionalismo.


Los grafitis muestran demasiada historia, demasiado claramente quiénes estaban a cada lado de la lucha cuando se trató de cortar una trayectoria que había desembocado en la corrupción generalizada y el abandono de los sectores clave en beneficio de una clase empresarial corrupta que iba vaciando las arcas del estado, al que usaba para sus negocios, de una administración corrupta e indiferente. Mientras, los islamistas se aprovechaban de esa desidia para extender su ignorancia camuflada de piedad por el país. La gente salió a las calles por algo. No fue un mal día, fue el ¡Basta ya! de muchos. Todo esto se quiere olvidar, tachar de muros, fotos y libros.
Egypt Independent recuerda en su información una noticia de la que dimos cuenta aquí, el secuestro en la frontera de libros sobre los mismos grafitis que ahora se derriban y borran con capas de cal y pintura. Ya no es suficiente confiscar los libros que contienen la memoria, ahora hay que derribar los muros. Quizá sea un ejercicio piadoso liberar a los mártires pintados de contemplar el espectáculo que pasa cada día ante ellos.



* "Is revolutionary graffiti taking its last breath in Egypt?" Egypt Independent 26/09/2015 http://www.egyptindependent.com//news/revolutionary-graffiti-taking-its-last-breath-egypt


This mural depicts 12-year-old Mariam Nabil, who was shot 13 times during the Virgin Mary Church clashes in Waraq, Giza. (Captured by Ammar Abo Bakr)

"Glory to the martyrs" accompained with drawings of the revolution's martyrs were drawn on Mohamed Mahmoud Street's walls.

"Beware that, when fighting monsters, you yourself do not become a monster." This quote, by Friedrich Nietzsche, was reproduced in July 2011 to mark the the battle of Abbassiya. Thousands of protesters marched from Tahrir Square to the Defense Ministry chanting against SCAF and reiterating the demands of the July sit-in. The march was soon attacked by civilians carrying white weapons and Molotov cocktails. 

he statement "Backwards" here indicates that the true direction of the political Islamists of the Muslim Brotherhood and Salafists is backwards. The mural depicts the Egyptian Salafist leader Abdel Moneim al-Shahat, created in September 2012. 





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