domingo, 21 de junio de 2015

Sobre las causas del radicalismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ahram Weekly publicó en su número de 18 de junio un interesante artículo titulado "Confronting the radicals", firmado por Iman Ragab, editor de Al-Badel —una publicación de Centro Al-Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos— y Youssef Wardani, investigador y doctorando de la Universidad de El Cairo en cuestiones de "juventud".
El fenómeno desencadenado con la aparición de Estado Islámico, la participación en la guerra de Siria, el reclutamiento de yihadistas en Occidente y la barbarie demostrada con sus métodos, entre otros factores, ha hecho que se intente comprender una cuestión de una enorme complejidad que tiene y tendrá repercusiones en el futuro. El artículo de Ahram Weekly intenta señalar algunos aspectos para hacer tomar conciencia del problema y, en especial, algo que hemos señalado aquí con frecuencia: considerar el terrorismo como una manifestación de un fenómeno más amplio, que es el de la radicalización, la fuente de donde sale la materia prima del terrorismo.
Señalan los autores en su presentación del texto:

Faced with the threat of various terror groups, including Ansar Beit Al-Maqdis (ABM) operating in Sinai, Egypt has given attention to both the question of radicalisation and the fight against terrorism. The two, radicalisation and terror, are often connected in the minds of policymakers and the public.
But unless we look deeper, into the causes and nature of radicalisation, we may not be able to understand the full significance and implications of this phenomenon. As such, we may find ourselves wasting our time in shortcuts that may not work.
It is therefore important to look into the way Egypt has handled both problems, and to suggest new methods of action based on the nature of both threats: terrorism and the mindset of radicalisation that allows it to go on.*


Aunque pueda haber discrepancias con aspectos puntuales que iremos matizando, la distinción inicial y la conexión entre ambos es un hecho meridianamente claro que solo la separación entre los análisis basados en la seguridad y los culturales ha hecho ignorar. Las interpretaciones basadas en la seguridad han hecho, incluso, valorar los peligros en términos propios y no tanto globales, de ahí el temor al "regreso" de los yihadistas, valorando esencialmente la seguridad propia. Hoy esa seguridad no existe porque nos encontramos ante un fenómeno de un orden distinto al que hay que aprender rápido cómo enfrentarse.
Si no se combate la radicalización, difícilmente se podrá combatir con eficacia el terrorismo. Se han acabado los tiempos de los grupos reducidos; el fenómeno es ahora distinto y tienen estrategias distintas, como acabar con los regímenes de varios países e implantar su propio estado. Y eso, no se debe ignorar, no es más que el principio. En el caso de que ese "estado" se implantara, sería tan monstruoso que la comunidad internacional no podría mirar hacia otro lado. Lleva la muerte y la destrucción en su interior, como demuestra cada día.

La radicalización que se debe estudiar no es únicamente la del yihadismo, sino también la que nosotros mismos padecemos, en países como Francia u Holanda, por poner dos ejemplos. El aumento del radicalismo en todo el mundo es un  hecho que adquiere distintas formas y necesitamos comprenderlo para intentar paliar sus efectos inmediatos y sobre todo a largo plazo. Hay, como bien dicen sus autores, que profundizar en las causas del radicalismo, especialmente ahora que las teorías que nos habían servido de explicación han quedado obsoletas ante la aparición de los nuevos fenómenos.
Desde la perspectiva egipcia, los autores establecen unos grandes apartados en los que analizar la radicalización:

GLOBAL ACTION: In its official statements, Egypt recognises the fact that terrorism is a global phenomenon, one that transcends national borders and is not confined to Arabs and Muslims alone. There is a growing realisation, in Egypt and elsewhere, that Western countries are just as responsible for the spread of radicalisation as Arabs and Muslims are.
It has been the custom, since the 9/11 attacks, to view Arab and Muslim countries as incubators for terror. Their lack of democracy, their poverty and various inequities, were blamed for the increased radicalisation among the young.
Then IS came onto the scene and suddenly standard wisdom was dealt a heavy blow. The enthusiasm with which Western-based youths greeted IS atrocities, and the rate at which this terror group was recruiting in Western societies, was an eye-opener.
Europe is more democratic than Arab and Muslim countries no one would argue that point. But it has failed just as miserably to stem the rise of radicalisation among its own expatriate communities.
According to the London-based International Centre for the Study of Radicalisation (ICSR), foreign fighters made up 20 per cent of IS’s total number of combatants in December 2014. Islamophobia is on the rise, and one can only wonder if it is the result or the cause of radicalisation among Europe’s Muslim communities.*

Europa está pagando la ceguera de las políticas desarrolladas tres el 11/S, especialmente los efectos de la doctrina de la seguridad norteamericana. ¿Es un factor determinante en la radicalización el aumento de la islamofobia en determinadas comunidades? Sin poder evaluarlo es evidente que el sentimiento de rechazo o criminalización conlleva un mecanismo de respuesta. Es un viejo principio de la psicología decir que uno se acaba comportando tal como los demás esperan que lo haga. La islamofobia, en el mejor de los casos, no ha ayudado nada a evitar la radicalización.

La islamofobia se produce por la simple "agenda" de los medios, es decir, mediante la selección de noticias negativas sobre unos países de los que solo se muestra su faceta negativa, que es la que tiene una parte de su población. Si además se aprovecha la islamofobia para hacer dar salida a la xenofobia alentada en muchos países de Europa, el cóctel se va armando. La proliferación de partidos nacionalistas ha hecho que crezca la xenofobia retroalimentando los sentimientos de rechazo. La alianza de partidos de ultraderecha en la elecciones europeas se rompió porque algunos no estaban dispuestos a cruzar más puentes y no deseaban ser catalogados junto a grupos cuya ideología era fascistoide. Las constante provocaciones inútiles —pero dañinas—tampoco son de ayuda; solo consiguen que el radical se reafirme en su sentimiento de acoso.
Europa ha fallado en otro aspecto importante que aquí hemos comentado en varias ocasiones. Ha dejado que las comunidades residentes aquí quedaran en manos de radicales que llegaban para evitar que se "occidentalizaran" demasiado y se perdiera su influencia sobre ellos. Muchas veces, lo que no se les dejaba hacer en sus países, lo hacían en las comunidades de emigrantes. Aquí se ha mirado para otra parte porque era "cosa de ellos" y se pensaba que no nos afectaría directamente. Muchos habían salido de sus países para poder realizar una vida distinta y se encontraron con una vigilancia o igual para controlarles la vida y evitar su deriva.
El segundo campo señalado por lo autores tiene que ver con las redes sociales:

CYBER-RADICALISM: In large part, radicalisation takes place on social media and in cyberspace, which has turned out to be a low-cost vehicle for spreading extremism ideas and planning terror operations.
Efforts were made by a number of countries to monitor radical activities on social media, but blocking Internet applications is not without consequences and it is difficult to bring all radical exchanges in the digital realm to a halt.*


Es indudable el papel en de las redes sociales. Y lo es porque ha cambiado las vidas de todos. Sería absurdo pensar que los radicales renunciarían a cualquier medio que favoreciera su expansión y control. Las redes son una atalaya privilegiada para observar el comportamiento y lanzar el cebo para atraer a aquellos que puedan ser reclutados con diferentes niveles de actuación. Cualquier que se maneje por las redes verá que son centros de atracción, vigilancia y reclutamiento. Su uso no difiere de aquellos que lo combaten, que los usan con los mismos fines. Las redes sociales jugaron un papel importantísimo en las revoluciones de Túnez y Egipto. Sin embargo, el empeño que hoy algunos países ponen en cortar las redes sociales o bloquearlas es muchas veces un excusa su propio control social.
En ocasiones, el control de las redes es buscado para detectar a los que se oponen a los gobiernos, no solo a los radicales del fundamentalismo. En esto Egipto tiene experiencia, ya que se han rastreado las redes en busca de personas que no están de acuerdo con las actuaciones del gobierno sin ser radicales, sino demócratas de distinta orientación o personas que defienden sus derechos individuales.
Hay que tener mucho cuidado en poder diferenciar lo que es la "lucha contra el terrorismo" y el radicalismo del que procede, de la simple oposición política, la que no usa la violencia y reclama un aumento de las libertades.
La tercera cuestión es de gran importancia:

VALUES OF CITIZENRY: Discussing the ways to combat terror, President Al-Sisi recently said that the values of “citizenry and the rule of the law” combined with “comprehensive development” are the best defence against “extremism and terror.”
To this one could add that Egypt will also need the right kind of institutional framework. So far, the country’s focus on radicalisation has been temporary and eclectic. Officials discuss radicalisation almost exclusively in connection with terror, overlooking the fact that radicalisation takes place in a much wider context, both socially and politically.
In fact, the best way to analyse and address radicalisation is to examine it independently from terror. To do that we have to begin by considering radicalisation as the source of many evils, of which terror is only one.*


Los autores señalan la necesidad de establecer unos valores de ciudadanía que son los que pueden hacer frente a los que en estos momentos los suplantan: los del extremismo religioso. No se puede profundizar en este aspecto sin conocer la lucha constante entre los valores ciudadanos y los valores religiosos. Es la lucha entre la idea de un estado laico, que defiende valores de pluralidad y que reconoce la pluralidad religiosa o su ausencia, y la interpretación que considera que los valores religiosos son los que constituyen la única realidad de la convivencia social, consideran aberrantes y delictivas cualquier desviación o negación de ellos y se consideran superiores a aquellos que no los compartan. Es ahí donde está la clave de esta cuestión, en la incapacidad de evolucionar hacia una sociedad abierta en lo religioso, en la que sea posible tener una dimensión individual sin sometimiento a las reglas inmutables que se consideran obligación de todos. Esta es la cuna real del radicalismo; de ahí, de esa intransigencia es de donde sale la condena del que se desvía y el recelo del mundo exterior, al que se ve como degenerado, pecaminoso y perverso, un mundo del que hay que aislarse.


Aquí la discusión con las acciones del gobierno egipcio actual son inevitables pues ha tomado un camino intermedio: un nacionalismo religioso y burocrático que le permita controlar el radicalismo, a la vez que cualquier otra forma de oposición. La estrategia egipcia se ampara en las concesiones a la Universidad de Al-Azhar, considerando que le puede servir para controlar a la población a través de las mezquitas. El derrocamiento de Morsi y los Hermanos Musulmanes no puede hacer ignorar que estos constituyeron un parlamento, junto a los salafistas, con un setenta por ciento de islamistas. La opción elegida no es hacer una sociedad más abierta, sino una sociedad más "uniforme" en lo religioso, que es controlado desde el estado. Sin embargo, los deseos de poder de los clérigos y sus niveles de transigencia o moderación no avanzan como se pensaba y han recurrido ya a la estigmatización de aquel que discrepa en su versión oficial de la religión, como es el caso reciente del predicador que cuestiono el origen histórico de ciertos hadices, sobre el que se lanzaron para que fuera condenado. En igual sentido las campañas contra homosexuales o ateos, equiparados a terroristas, por parte del gobierno y las autoridades religiosa y que, según ellos, buscan la destrucción de Egipto.


Esta discusión es esencial porque si se persigue a las personas liberales y a los demócratas obligándoles al silencio o al exilio, la materia prima que quedará para la construcción del país no será precisamente la idónea para acabar con el radicalismo. Sin embargo, es eso lo que se está haciendo, además de debilitar la política del país mediante la difuminación de los partidos políticos y haciéndolo girar todo en torno a la figura presidencial. Tampoco esto es bueno puesto que no es más que una desviación interesada hacia el caudillaje, que es lo contrario de la idea de "ciudadanía" que se recomienda. La fe ciega en la persona, revistiéndola de sueños premonitorios, es lo contrario de la idea de ciudadanía que es la fe en la igualdad de las persona y en el valor de las instituciones.
Por último los autores señalan la importancia de la coordinación y la participación internacional:

INTERNATIONAL FORUMS: So far, Egypt has not played the leading role one would have expected it to take in international discussions, academic or policy-oriented, on radicalisation. One reason for this is that most Egyptian academics and think tank experts are not giving enough thought to extremism as a phenomenon independent from terror, and much broader in its consequences.
[...]
According to the 2014 Think Tank Index, compiled by the University of Pennsylvania, Egypt has a total of 57 think tanks. Of these, none seems to be interested in discussing radicalisation unless in the context of political violence. And even then, the discussion usually focuses on the renewal of political discourse and excludes other forms of radicalism and prejudice.
Between 1979 and 2014, two dozen master’s and doctoral theses were written about the psychological and social impact of extremism and the economic and social conditions that boost fanaticism. But any valuable ideas produced by the research didn’t make it to the usual channels of the media or the corridors of officialdom.*


Una de las consecuencias de la política seguida es ignorar a la ciudadanía y a las instituciones de la sociedad civil. Esto ya ocurría con el régimen de Hosni Mubarak y se está repitiendo con Al-Sisi. Fue la sociedad civil la que salió a luchar contra el autoritarismo del régimen anterior, contra su ineficacia y corrupción. También eso es caldo de cultivo del radicalismo. Con todo, el radicalismo islamista aprovecha los fracasos de las políticas gubernamentales considerándolas pruebas de la falta de religiosidad de sus dirigentes. Como argumento le sirve perfectamente a los que quieren escucharlo.

Egipto se ve a sí mismo como el líder de la lucha contra el terrorismo. No es cierto. Es solo una forma de justificar una serie de acciones encadenadas para recuperar lo que la revolución les hizo perder. Por eso es la Revolución del 25 de enero la que se ve como la entrada de los radicales y terroristas que el régimen anterior había mantenido en su sitio. Esto es una gran falacia histórica. Fue la cadena de errores de los militares lo que llevó a Egipto a las manos de los Hermanos Musulmanes, tolerados desde Sadat para "evitar" males mayores y que fueron haciéndose con partes importantes de la sociedad en su estrategia de penetración.
La participación de Egipto en los foros internacionales tiene que ir acompañada de una regularización de su situación. El terrorismo no puede ser una justificación de lo que no la tiene. Hoy las cárceles están llenas. Una parte son islamistas; pero la otra no. No se puede combatir el terrorismo en una guerra sucia, haciendo desaparecer personas que aparecen semanas después en las cárceles o que no aparecen, con juicios masivos con condenas a muerte tras sesiones de un par de horas.
El hecho señalado de que los que piensen lo hagan en otras cosas y que los que piensen en radicalismo sean ignorados, como se señala, indica que el radicalismo ha sido ignorado o no ha sido visto como un problema. Ambas posibilidades son ciertas en alguna medida.



Como señalan los autores, el terrorismo es una de las múltiples caras de un problema más profundo. Es algo que hemos estados sosteniendo aquí desde hace mucho tiempo y que es muy evidente si se quiere ver. Requiere en primer lugar eliminar los prejuicios y las teorías obsoletas sobre el radicalismo. Solo con una comprensión amplia de las raíces complejas es posible intentar frenar algo más complejo que la vigilancia de los grupos. Estos grupos se forman desde una sociedades a las que se está dejando abandonadas en manos de autócratas, sin respaldo alguno.

De esto también es responsable Egipto que trata de evitar y persigue el apoyo que se pueda dar a la sociedad civil a través de ONG ante el recelo de que erosionen su protagonismo y autoridad. Mientras tanto, el radicalismo crece. Lo hace por todo el mundo. Lo hace a través de grupos como Boko Haram o el Estado Islámico que desafían nuestros conceptos históricos del terrorismo. El radicalismo también adquiere formas sonrientes hasta que consigue el poder, momento en el que todo cambia.
Estamos en una sociedad intercomunicada, saturada de información, que se abastece de lo que le llega a través de unos medios cada vez más radicalizados en su búsqueda de audiencias. La política se convierte en un enfrentamiento continuo que lleva igualmente a la radicalización. Los nacionalismos y la xenofobia y el racismo crecen como forma de intransigencia. La intransigencia religiosa es una forma que se resiste a aceptar el mundo y pretende imponer a los demás su visión cada vez más retrógrada y reducida del mundo. La intransigencia religiosa se retroalimenta con los contrarios, creando cruzadas y demás guerras que crean nuevas condiciones para el radicalismo como respuesta. Los grandes beneficiados de la islamofobia, lo hemos dicho con frecuencia, son los islamistas, que reciben sus frutos.
Sí, es importante reflexionar sobre las causas del aumento del radicalismo y sobre las estrategias para vencerlo. Estrategias, desde luego, que no incurran en los mismos males que pretenden erradicar. La alternativa al radicalismo no puede ser otro radicalismo, sino los valores de las libertades, de los Derechos Humanos.




* "Confronting the radicals" Ahram Weekly Issue No.1251, 18 June, 2015      16-06-2015 http://weekly.ahram.org.eg/News/12562/21/Confronting-the-radicals.aspx



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