lunes, 22 de junio de 2015

Banderas de odio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé si se practica en algún otro sitio, pero al asesino de Charleston le llevaron ante una cámara de vídeo y una pantalla que le enfrentaba a las familias de algunos de los que había matado en su criminal acción para que ardiera el Sur en una guerra racial. En la sala, solo pudimos escuchar la desgarrada voz de la hija de uno de los fallecidos por los disparos: ¡Que Dios te perdone! ¡Yo te perdono!". Es difícil mantener el ánimo en una situación así. Lo decía con la mano en un corazón destrozado y dando ejemplo de lo que aquellas personas hacían en la iglesia de Charleston. Se curaba así de la tentación del odio, que era la que la igualaría con el que había cometido el crimen. ¡Es difícil comprender que alguien con 21 años haya podido albergar tanto odio dentro de sí! ¡Es difícil ponerse en la piel de alguien que mata a sangre fría a las personas cuya única culpa es el color de su piel!
La polémica por la bandera del Sur, es un debate profundo en los Estados Unidos y tiene que ver con esa condición reivindicativa que sigue vigente en una parte de la sociedad norteamericana. El racismo no es exclusivo del Sur, pero sí es el Sur quien lo ha mitificado envuelto en una serie de gestos y cuyas manifestaciones estallan en ocasiones como la matanza de Charleston. El rechazo a la bandera de todos es el rechazo a la convivencia. La bandera de Coumbia es la barrera que se levanta anclando en el pasado a quienes la reivindican anacrónicamente. No es el Sur; es un determinado Sur.


Pareciera que la elección de Barack Obama hubiese cerrado definitivamente el pasado, pero parece ser que no ha sido así. El debate sobre las armas, como dijimos, pronto ha dejado paso al debate sobre el odio que el racismo genera en una sociedad que alcanza altas cotas de liberalismo y generosidad pero que mantiene abiertas simas retrógradas fundamentalistas. Estados Unidos es un país de contrastes fruto de su propia libertad, pero hay debates que corren el riesgo de perder y que les hipotecarán el futuro creando mucho dolor.
Como ocurre siempre con el fondo de los fundamentalistas, se extiende sobre la población de forma entrañable, mezclando la tradición con lo reaccionario, algo que confunden demasiado a menudo. Sus discursos van calando en las crisis y hacen brotar la xenofobia o el racismo aprovechando esos momentos en los que la gente se pregunta por qué ocurren ciertas cosas. Ellos tienen listas sus explicaciones y se van extendiendo camufladas de normalidad.

La polémica por la bandera en Carolina del Sur o de la posibilidad de incluirla en las matrículas de los coches, como se había llevado a los tribunales, es algo más que una cuestión de símbolos. La bandera lleva allí desde 1962, es decir, desde la época de los estallidos de los conflictos por los derechos civiles, es decir, las reivindicaciones de la población afroamericana que viajaba, como decía la vieja canción, en la parte trasera del autobús, como signo de la segregación. La cuestión de la bandera está sirviendo para que tomen posiciones los candidatos a sus respectivas nominaciones para ambos partidos. Parte de los republicanos no ven necesario retirarla; otros, como Mitt Romney ha dicho que la bandera debe ser retirada. También lo ha hecho Jeb Bush; en 2001 la retiró de Florida, en donde había estado desde 1976. The Washington Post señala en un artículo dedicado a las reacciones de los candidatos:

Romney's comments repeating his longtime position came in the wake of a shooting that left nine people dead Wednesday night at a historic black church in Charleston, S.C. Authorities were working on Saturday to determine whether the man accused of killing the nine African Americans attending a church Bible study was the author of a racist manifesto targeting blacks, Jews and Hispanics that was found on a Web site as part of an ongoing investigation.
In the wake of the shootings, critics have denounced South Carolina leaders for failing to lower to half staff a Confederate flag flying on State Capitol grounds -- and for its placement near the Capitol at all. The flag has flown atop or next to the Capitol in Columbia, S.C., since 1962. It was removed from atop the Capitol dome in 2000 and now flies at a Civil War memorial next to the Capitol.
On Saturday, Romney took to Twitter to call the flag "a symbol of racial hatred" and said it should be removed as a tribute to the victims of the shooting.*


Lo que no murió con la Guerra Civil, tampoco murió con las grandes marchas de los sesenta. Solo murió Martin Luther King. Simplemente se esperan tiempos mejores para poder volver a plantear la idea de la "supremacía blanca" cuando ves que te comen terreno, y alguien tiene que enseñarles
Las críticas a las autoridades de Carolina son importantes porque muestran un círculo vicioso que solo se rompe en aplicación y defensa de los principios. Los que no han retirado esa bandera es porque saben que detrás de ella hay mucha gente, muchos votantes que no les perdonarán retirarla. De esta forma se mantiene vivo, alimentándose con símbolos y muerte, ese espíritu que va contra la Historia. Para ellos el espíritu del Sur no murió. Y en ese espíritu anida el odio, el revanchismo y la discriminación, los buenos tiempos del Sur. Se hace ondear las banderas y se cantan los viejos himnos. Unos los disfrutan, otros miran para otro lado y otros los padecen en carne propia.


Los candidatos a la presidencia miran con lupa sus donaciones. Hay cantidades que provienen de los grupos en favor de la "supremacía blanca" y no quieren que les pase factura durante la campaña presidencial. The New York Times lo ha recogido en su edición de hoy.
Es interesante el manifiesto que el asesino había colgado en sus páginas virtuales porque ayuda a reconstruir el proceso en su mente. The Washington Post recoge:

The manifesto unearthed Saturday states that “the event that truly awakened me was the Trayvon Martin case,” which, a friend of Roof’s said Saturday, is a theme he has spoken of before. Martin, an unarmed black high school student, was fatally shot in 2012 by George Zimmerman in a racially charged case in Florida. Zimmerman, a neighborhood watch volunteer who said he acted in self-defense, was found not guilty of second-degree murder.
But the vast majority of the rant, which displays some unusually sophisticated language if all of it was written by Roof, a ninth-grade dropout, reveals a deep hatred of minorities — particularly blacks — and a strong belief in racist stereotypes.
“Negroes have lower Iqs, lower impulse control, and higher testosterone levels in generals,” the manifesto declares. “These three things alone are a recipe for violent behavior.”
It observes that “if we could somehow destroy the jewish identity, then they wouldn’t cause much of a problem” and that there are “good hispanics and bad hispanics,” many of whom, it says, “are White.”
“But they are still our enemies,” the section on Hispanics concludes.**


Hay que dejar claro que las otras "razas" son degeneradas y enemigas, rivales que intentan derrocar a la "raza" blanca de su puesto en el orden de la creación. El racismo norteamericano —no es el único— está teñido de referencias religiosas dentro del extraño mundo de sus interpretaciones y usos. Negros, judíos e hispanos son las amenazas a la supremacía.
La referencia al caso de Trayvon Martin —el famoso caso de la "capuchas"— es interesante porque nos muestra el efecto que estos sucesos tienen en la mente de aquellos que los reciben con predisposición. Las ambigüedades de aquel caso en el que un "vigilante" sospechó del joven afreamericano porque llevaba "capucha" y esto llevó a su muerte, dejaron en evidencia ya lo que después no ha hecho sino confirmarse: la oleada de casos en los que jóvenes afroamericanos mueren por la brutalidad policial o por la mirada recelosa de cualquier vigilante que se constituya en salvador del barrio frente a los delincuentes, categoría en la que entran todos los tipos que no sean blancos.


Son demasiados casos en muy poco tiempo y son demasiadas evidencias de que el sistema no funciona como debiera, ni el policial ni el judicial, en la mayoría de los casos. Los documentos aportados por algunos testigos en casos en los que se ha disparado sobre personas indefensas son demasiado claros como para pensar que el virus del racismo no está extendiéndose de forma incontrolada.
La bandera del Sur sigue desafiando desde 1962 en Carolina a los que aspiran a una igualdad de derechos y trato. La foto patética del asesino con la bandera y un arma en la mano es el retrato de una parte enferma de la sociedad, nostálgica de una de las mayores vergüenzas que la Humanidad ha vivido, indigna de una sociedad avanzada. Para mantenerla viva tiene a su disposición diversa literatura pseudocientífica en la que se establece la superioridad de los blancos. A la única persona superior que he visto es a la hija de una de las víctimas otorgándole su perdón y rogando por su alma, en la que cree. Esa es la verdadera superioridad, la moral.



* "Mitt Romney’s opposition to Confederate flag puts GOP’s current presidential candidates on the spot" The Washington Post 20/06/2015 http://www.washingtonpost.com/blogs/post-politics/wp/2015/06/20/how-mitt-romneys-opposition-to-confederate-flag-just-put-the-current-gop-presidential-candidates-on-the-spot/?tid=pm_politics_pop_b

* "Dylann Roof’s racist manifesto: ‘I have no choice’" The Washington Post 20/06/2015 http://www.washingtonpost.com/national/health-science/authorities-investigate-whether-racist-manifesto-was-written-by-sc-gunman/2015/06/20/f0bd3052-1762-11e5-9ddc-e3353542100c_story.html?hpid=z1





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