martes, 18 de octubre de 2016

La negación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras el artículo más leído en estos momentos en el T Magazine de The New York Times lleva por título " To the First Lady, With Love", en el que cuatro personalidades del mundo de la cultura y del activismo social declaran su admiración y agradecimiento a Michelle Obama por su labor desde la Casa Blanca, nos encontramos con otros titulares tan directos como el del columnista Charles M. Blow, "Donald Trump, the Worst of America". El abismo entre ambos personajes y lo que representan es tal que los periódicos parecen reflejar dos planetas distintos. El drama es para los Estados Unidos, cuya división es ya imposible ocultar.
El trabajo soterrado de subversión de la realidad hasta hacerla increíble y aceptable va ganando terreno en las sociedades democráticas. Mientras las dictaduras socavan la realidad con la propaganda sobre sus líderes y resultados haciendo vivir en una mentira oficial, las democracias sufren los ataques de la paranoia conspirativa promovida por aquellos que la subvierten para sus fines. En un mundo en el que todo queda en el aire, la angustia creada por los líderes negativos es calmada por los antídotos de sus palabras. Asentadores de la duda y de la negación, acaban transmitiendo una negatividad que afecta al sistema y a su credibilidad.


El editorial de The New York Times critica el vergonzoso silencio del partido republicano sobre las paranoicas acusaciones de Donald Trump sobre el amaño de las elecciones, acusaciones gravísimas que afectan a la totalidad del sistema, a la democracia misma. Con el titular "Shameful Silence on Donald Trump’s Lies About Vote-Rigging", los editorialistas del periódico señalan:

It may be too late for the Republican Party to save itself from the rolling disaster of Donald Trump, but the party’s top leaders still have the duty to speak out and help save the country from his reckless rhetoric. The most frightening example is Mr. Trump’s frenzied claim that the presidential election is being “rigged” against him — a claim he has ramped up as his chances of winning the presidency have gone down.
Instead of disavowing this absurdity outright, Republican leaders sit by in spineless silence. Mitch McConnell, the Senate majority leader, and Paul Ryan, the speaker of the House, are the two most powerful Republicans in the country and should be willing to put the national interest above their own. Both know full well that there is no “rigging,” and yet between them they have managed one tepid response to Mr. Trump’s outrageous accusations: “Our democracy relies on confidence in election results,” Mr. Ryan’s spokeswoman said, “and the speaker is fully confident the states will carry out this election with integrity.”*


No sé si servirán de algo estas apelaciones a la responsabilidad. Trump ha llevado a los republicanos hasta un terreno pantanoso en el que mantener la estabilidad es imposible. La política destructiva de la negación sacude al partido, le guste o no, ya que es quien le respalda, quien le presenta como candidato, como posible presidente de un país, el más poderoso del mundo. La sola escritura de esto hace crujir cualquier sentido de la realidad. Pero esos crujidos se llevan escuchando desde el principio y solo algunos republicanos han tenido la honestidad de decir que no pueden respaldar a Donald Trump como candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Los demás, como señala el editorial, se hacen responsables con su vergonzoso silencio de haber llevado hasta el límite del peligro el desastre. Si Trump fuera elegido, su responsabilidad ante lo que ocurra no tendrá límite. Pero, ¿por qué no es posible parar a Trump? ¿Por qué no consiguieron frenarle con otros candidatos "profesionales" y experimentados en las primarias republicanas?
La explicación la hemos ido construyendo en el tiempo, día a día, ante los hechos y palabras de un candidato que crea sus propias reglas. Trump juega en otro nivel de realidad, un plano que asusta a quienes tienen un mínimo de sentido sobre los que les rodea. Trump, en cambio, vive su propia fantasía hacia la que atrae a los otros. Unos se resisten horrorizados; son los que consiguen mantener el sentido de la realidad. Pero están otros, esos votantes sobre los que se preguntan los analistas y articulistas, que viven en una realidad fantasiosa similar. Dudan del mundo, dudan de lo que hay y lo sustituyen por una realidad explicada por personas como Trump.


Ese mundo fantasioso es perverso y solo adquiere coherencia a manos de esos "conductores" que lo explican desde la paranoia arrastrando a los creyentes. Estos acaban siendo inmunes a los razonamientos, a los hechos, a los datos y acaban creyendo exclusivamente en lo que les ofrecen los líderes a los que se adhieren. La pregunta sobre cómo es posible que tanta gente crea lo que Trump dice o hagan suyos sus perversos razonamientos es cada vez más frecuente porque resulta incompatible con los estándares de credibilidad. The Washington Post titula "When the facts don’t matter, how can democracy survive?", una pregunta urgente sobre el sentido de lo político en un mundo de mentiras y fantasías, de negaciones, en el que los hechos son ignorados o negados:

Why do voters continue to buy this nonsense?
Yes, there are certainly times when experts and number-crunchers get things wrong; and yes, there is a fundamental numeracy deficit in this country.
But this anti-intellectual, ignore-the-data attitude mostly owes its growth to a careless, conspiracy-theorizing league of (mostly) conservative politicians and pundits. They elevated themselves by sowing distrust in traditional institutions and sources of authority, from the media to civil servants to scientists. They presented themselves as the sole truth-tellers, system de-riggers and messianic statistics unskewers, while maintaining that everyone else was feeding the public lies.
Today, some of these same message-bearers are the victims of their own success. The most prominent right-wing media outlet, Fox News, has been attacked by even more right-wing media outlets for supposedly conspiring against Trump. Fox News’s own polls, for example, stand accused of pro-Clinton skewing.
And many of the politicians who rose to power on their anti-establishment, anti-politician, anti-government, anti-evidence bona fides now find themselves in the cross-hairs of an even more anti-all-those-things outsider candidate.**


En efecto, esto tiene sus consecuencias políticas. La ignorancia de la realidad de los hechos acaba generando ese mundo fantasioso y conspiratorio. Debemos prepararnos ante este tipo de demagogia. Ningún sistema democrático está a salvo de esta paranoia que hace dudar o negar directamente todo aquello que me desagrada, todo lo que no me gusta.
La existencia de un ecosistema mediático de presión constante sobre las personas puede modificar su sentido de la realidad y hacer que efectivamente el mundo comience a verse conforme a esos parámetros paranoicos. Cada vez hay más sectores que funcionan como sectas, es decir, se encierran sobre sí mismos y rechazan todo aquello del mundo que entre en contradicción con su propia visión. Nos alejamos de los modelos dialogantes, que exigen a las personas un ejercicio crítico de sí mismos y de los demás, para adentrarnos en modelos cerrados que se alimentan de su propia paranoia. Hoy tenemos fuentes constantes para hacerlo ya que el sistema de mercado nos da lo que necesitamos aunque sea abono para nuestra locura.


Las consecuencias de esto son malas ahora, pero serán terribles ya que actúan sobre un mundo cada vez más carente de recursos para defenderse, cada vez más influido desde el exterior y que se repliega sobre sí mismo. El comportamiento sectario será cada vez más frecuente porque es rentable cuando se piensa la política en términos de poder y no de servicio. Cualquier cosa vale en un planteamiento cuyo fin es el poder; los que conciben la política como un servicio a la comunidad, en cambio, se mueven tratando de no dañar al sistema sabedores del desastre que esto implica.


El largo listado de las extravagancias de Trump, sus insinuaciones, sus negaciones de la verdad, etc. son aceptables para un número inusualmente alto de personas. No es un loco en los márgenes, sino un loco que lucha por conquistar el centro, el lugar de la atención, para expandir su locura y arrastrar a todos.
El riesgo que esto supone es enorme. En efecto, ¿qué tipo de democracia puede darse en un mundo en el que se duda de la realidad de los hechos que pueden ser verificados y se creen, en cambio, las mentiras más burdas sobre conspiraciones, fraudes, etc.? La democracia es cada vez menos racional y más pasional; más sectaria y menos dialogante. 
No es bueno que el deseo transforme la realidad haciéndola irreconocible. 



* Editorial "Shameful Silence on Donald Trump’s Lies About Vote-Rigging" The New York Times 17/10/2016 http://www.nytimes.com/2016/10/18/opinion/shameful-silence-on-donald-trumps-lies-about-vote-rigging.html

** "When the facts don’t matter, how can democracy survive?" The Washington Post 17/10/2016 https://www.washingtonpost.com/opinions/when-the-facts-dont-matter-how-can-democracy-survive/2016/10/17/560ff302-94a5-11e6-9b7c-57290af48a49_story.html?hpid=hp_no-name_opinion-card-f%3Ahomepage%2Fstory&utm_term=.e67bab405e16



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