viernes, 14 de diciembre de 2018

Dolor de cuello o todo tiene un límite

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Quizá algunos definieran la diplomacia como el arte de mirar para otro lado. Los límites son los que el cuello pueda tener en ese continuo esquivar la visión de aquello que no nos gusta mirar. ¡Mientras el cuello aguante!, pensarán algunos. Parece que el cuello, en este caso, ha dicho ¡basta! El caso no es otro, claro está, que las relaciones entre los Estados Unidos y su (nuestro) complicado socio Arabia Saudí.
La complejidad de las relaciones internacionales obliga a que una potencia como los Estados Unidos tenga al frente a alguien con una comprensión del mundo mejor que la que actualmente posee. Pero tener a una persona que cree saberlo todo o (peor) que cree poder controlarlo todo y que se ve a sí mismo como "el gran arreglador" porque todos los demás lo han hecho mal en la historia es un enorme problema.
Esto tiene unos límites y la imagen de Trump en la Danza de la Espada con los saudís se percibe cada vez como más sombría, más siniestra, menos presentable. Hay que recordar su mensaje principal, tan bien recibido: haced lo que queráis, no vengo a dar lecciones. Hoy se puede apreciar el horror causado en la creciente irritación mundial hacia los países que entendieron el mensaje como una patente de corso para continuar la represión indignándose cuando alguien mostraba rechazo de sus actos y maneras. Las altaneras formas de los saudís convirtiendo en "asunto interno" un asesinato de estado, planeado desde las más altas instancias, y ejecutado como si se tratara de operarios de una compañía de alcantarillado ha conseguido hacer insostenible la postura norteamericana tal como se derivaba del mensaje de su presidente. Ningún país puede aceptar ser cómplice o encubridor de criminales a sabiendas del descaro de la operación. Y si lo hace sabe que quedará marcado. Eso es más grave si lo hace la primera potencia mundial, que presume del liderazgo y de ser la encarnación de las libertades. Los norteamericanos sensibles (a otros le parece muy bien) ya no les queda estómago para tanta demostración de las políticas de Trump: racismo, negacionismo del cambio climático, trato a la inmigración, negocios nada claros de la presidencia, la intervención rusa, la guerra de Yemen, el proteccionismo que les enfrenta con medio mundo y casi todos sus aliados, etc. Pero nada hace más daño que lo que hace un aliado bajo tu sombra protectora.


The New Times recoge hoy mismo en sus noticias principales el varapalo dado por el senado al presidente a través de los saudís:

WASHINGTON — The Senate voted on Thursday to end American military assistance for Saudi Arabia’s war in Yemen in the strongest show of bipartisan defiance against President Trump’s defense of the kingdom over the killing of a dissident journalist.
The 56-to-41 vote was a rare move by the Senate to limit presidential war powers and sent a potent message of disapproval for a nearly four-year conflict that has killed thousands of civilians and brought famine to Yemen. Moments later, senators unanimously approved a separate resolution to hold Crown Prince Mohammed bin Salman of Saudi Arabia personally responsible for the death of the journalist, Jamal Khashoggi.
Together, the votes were an extraordinary break with Mr. Trump, who has refused to condemn the prince and dismissed United States intelligence agencies’ conclusions that the heir to the Saudi throne directed the grisly killing.
While the House will not take up the measure by the end of the year, the day’s votes signal that Congress will take on Mr. Trump’s support of Saudi Arabia when Democrats take control of the House next month.
The action indicated a growing sense of urgency among lawmakers in both parties to punish Saudi Arabia for Mr. Khashoggi’s death, and to question a tradition of Washington averting its gaze from the kingdom’s human rights abuses in the interest of preserving a strategically important relationship.*



La medida, como bien se señala en el artículo, es algo más que un golpe a los saudís; es sobre todo un golpe a la presidencia de los Estados Unidos en un momento en el que se juntan los rechazos por lo que va saliendo de los antiguos asesores en sus declaraciones pactadas con los fiscales para eludir condenas mayores. El retrato del presidente Trump que sale de todo esto no es el más agradable de contemplar por cualquier ciudadano norteamericano con un mínimo de sentido de la decencia o de la presencia que debe tener un Comandante en Jefe, un líder de la democracia.
Hay mucho trabajo por delante, en las próximas décadas, para tratar de explicarse el ascenso de Trump al poder, cómo fue capaz de seducir a votantes y a políticos expertos, como venció la resistencia hasta convertirse en el inquilino de la Avenida Pensilvania.
En la Historia es difícil encontrar los momentos reales en los que las cosas se tuercen o dónde se encuentran los orígenes, que son casi siempre convencionales  y con función de explicar lo que de otra manera nos parece perdido en la noche de los tiempos. Saber cuándo los Estados Unidos se encontraron en manos de los saudís y no al contrario como algunos pretenden o pudieran pensar es complejo.
La situación actual, que es lo que el senado ha tratado de cortar, es la dependencia norteamericana de los saudís. Por paradójico que pueda parecer, entiendo que son los saudís los que arrastran a los norteamericanos y no al contrario. Mientras el liderazgo de los Estados Unidos se pierde ante el rechazo internacional por sus medidas unilaterales, Arabia Saudí ha logrado ampliar su poder en la zona y que dependan de ella los países que, como Egipto, se encuentran en una enorme crisis económica. Son los saudís los que están controlando lo que ocurre en Oriente Medio, los que plantean sus propios conflictos y los que arrastran, por ejemplo, contra Irán —su rival— a los Estados Unidos, que presiona y amenaza a la comunidad internacional. El senado no quiere verse involucrado en sus turbias maniobras.
Pero las medidas contra el armamento vendido a los saudís para seguir masacrando Yemen son muy distintas al reconocimiento de la participación como decisor de la figura del príncipe heredero Mohamed Bin Salman. Este aspecto es determinante del presente, condicionando las relaciones, pero lo es más del futuro de la relaciones y del país mismo.


Los planes de Arabia Saudí eran una gigantesca operación de maquillaje de uno de los regímenes más retrógrados del mundo, una peligrosa combinación de dogmatismo y dinero. Durante décadas, Arabia Saudí ha sido el foco del radicalismo cuya finalidad no era otra que protegerse del exterior con su propia versión rígida del islam. La protección no es en sí del dogma islámico, sino al contrario: es el dogma el que protege a la monarquía de un país prefabricado cuyo nombre es el de casa reinante, la de Saud.
El esplendor de la Casa no es debido que otra cosa que a la necesidad mundial del petróleo, de tener un aliado que impida otra guerra de precios con los límites de la OPEP actuando políticamente. Pero los tiempos han cambiado. El futuro, si Trump no lo impide, va hacia un mundo de menor dependencia de los combustibles fósiles, carbón y petróleo, altamente contaminantes. Como prevención de esta pérdida de influencia del petróleo que les ha servido hasta el momento para aumentar su peso político y estar protegidos frente a las revoluciones (iraní y la Primavera Árabe) o al mero cambio, Arabia Saudí decide mostrar una cara moderna a través de pequeñas pinceladas que las mujeres puedan conducir, que se abran salas de cine y poco más) que son amplificadas mundialmente y presentadas como "cambio", mientras se sigue produciendo una brutal represión de cualquier intento de democratización o apertura real. Arabia Saudí, además, le cubre las espaldas a Israel mientras que Israel le cubre las espaldas a la monarquía reprimiendo a los que son su enemigos más organizados, los islamistas políticos, los Hermanos Musulmanes y sus franquicias. Si hay un régimen antipático en el mundo musulmán son los saudís. Su soberbia y forma de tratar a los parias de los países vecinos o que llegan desde otros lugares del mundo islámico les ha llevado condenas por la forma próxima a la esclavitud que practican, ya que los inmigrantes carecen de derechos prácticamente. Tampoco su política sexual de ir comprando niñas por el vecindario, los  llamados "matrimonios de verano", le ha traído muchas simpatías. En nuestra Costa del Sol, en Marbella, se podría dar también información sobre las correrías de quien tiene dinero del petróleo o el tráfico de armas.


Al señalar el senado norteamericano al príncipe heredero Bin Salman como responsable del secuestro, tortura, asesinato y desmembramiento del periodista afincado en los Estados Unidos Jamal Khashoggi, han complicado la sucesión en un mundo en el que la sucesión lo es todo, ya que es la forma de regular la vida y las intrigas en un mundo oscuro. La condena es una piedra lanzada al centro del lago. Marca las relaciones con los saudís y marca su futuro. Cortar la venta de armas es un  gesto claro, pero llamar asesino al heredero de un país, socio prioritario de los Estados Unidos, tiene otro tipo de consecuencias aquí y allí.
Las consecuencias norteamericanas son importantes porque muestran la debilidad creciente de Trump, más en el caso de una persona que se considera metafísicamente invencible y por encima de los dioses del Olimpo, que palidecen a su lado. Si el año 2018 ha sido malo para Trump, el 2019 puede ser inolvidable, pues puede estallar todo en cualquier momento. Cualquier cosa se puede convertir en una cerrilla sobre el barril destapado de gasolina que hoy es la Casa Blanca. Negocios, sexo, Rusia... se podrían hacer apuestas sobre qué arrastrará a Trump a la apoteosis —literalmente— de su gran show en la presidencia. Con una pérdida cada vez mayor de confianza de los republicanos, se trata de que se llegue al punto crítico, es decir, aquel en el que se obtenga más beneficio condenándolo que protegiéndolo.


Esto es más que una crisis. Las posibilidades de juzgar a Mohamed Bin Salman limpiando la imagen son nulas. Arabia Saudí pasaría a otro nivel y lo que demuestra el asesinato de Jamal Khashoggi es precisamente la permanencia de lo peor del régimen como proyecto de futuro, es decir, cambio cero.
Volvemos a traer lo que nadie quiere traer a primer plano: el secuestro, tortura y asesinato del joven italiano Giulio Regeni en Egipto. Desde el principio del caso Khashoggi mantuvimos la idea del paralelismo. En el caso de Regeni, es la Unión Europea e Italia los que deben mantener el tipo democrático y no, como algunos pretenden, mirar hacia otro lado y seguir negándolo.
En un mundo global, interconectado y de alianzas hay que tener mucho cuidado con quién sientas a tu mesa. Establecer alianzas con dictaduras sin respeto por los derechos humanos, que solo buscan perpetuarse a sus élites en el poder, aunque usen discursos patrióticos, religiosos o ambos, no es un buen negocio.


Si los países que creen en los derechos humanos empiezan a pensar que eso de la democracia es una mera tradición como en otros es cortar cabezas, manos o cuerpos enteros a base de sierra mientras se escucha música, que se puede bombardear, matar de hambre a pueblos enteros, gasear y matar niños, violar mujeres, ante la indiferencia de unos y el aplauso de los socios (de nuevo, cómo queda Egipto ofreciéndose como segunda patria al príncipe Mohamed Bin Salman), el mundo irá a mucho peor.
La vergüenza de la elección entre "la paz y el pan" debería reescribirse como entre "la justicia y el negocio", este último es el que permite comprar el pan a unos y los dos platos y postre incluido a otros. Los masacrados ya no comen pan ni les da nadie a elegir, obviamente.
The New York Times recoge en su artículo el verdadero alcance de lo que los senadores han decidido con su voto:

Mr. Sanders called it the first time Congress had used the law to make clear “that the constitutional responsibility for making war rests with the United States Congress, not the White House.”
“Today, we tell the despotic regime in Saudi Arabia that we will not be part of their military adventurism,” he said.
Seven Republican senators joined Democrats to pass the resolution: Mr. Lee, Susan Collins of Maine, Steve Daines of Montana, Jeff Flake of Arizona, Jerry Moran of Kansas, Rand Paul of Kentucky and Todd Young of Indiana.

La guerra no la hace Trump. La historia la escribirá bajo la responsabilidad del pueblo de los Estados Unidos, que es quien lo ha llevado a la Casa Blanca. Los senadores están obligados a recordárselo al presidente. La segunda parte es calificar como "aventurismo militar" las acciones de un "aliado" que se hace con armas norteamericanas. El que vende las armas se hace responsable de lo que el receptor hace con ellas. La teoría de que yo vendo armas y tú haces lo que quieras con ellas vale como argumento de la Asociación Nacional del Rifle y el lobby de las armas, pero no para las relaciones internacionales.
Los siete senadores republicanos que se han unido al voto en contra de seguir dando armas a los saudís para que hagan lo que hace con ellas o la forma en que tienen de tratar a sus críticos, citados por el diario, han querido dejar bien claro que no se sumarán con su voto a una causa injusta. Probablemente no se habrán alegrado tanto con anterioridad de que su nombre aparezca en el periódico. Es una forma de liberación y compromiso personal, un rechazo a ser cómplices de oscuros intereses, oscuros negocios y oscuras guerras. Es una forma de intentar mantener un poco de dignidad, un poco de limpieza.
El titular de The Washington Post, el diario en el que escribía Jamal Khashoggi hasta su asesinato, lo resume con claridad. Hay un límite para mirar hacia otro lado. 




* "Senate Votes to End Aid for Yemen Fight Over Khashoggi Killing and Saudis’ War Aims" The New York Times 13/12/2018 https://www.nytimes.com/2018/12/13/us/politics/yemen-saudi-war-pompeo-mattis.html

jueves, 13 de diciembre de 2018

Contar la historia de nuestro tiempo y sus riesgos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras los políticos preguntan a los directivos de Google por qué al escribir la palabra "idiota" surgen las imágenes de Donald Trump, la revista Time ha nombrado "Personas del Año" a una serie de profesionales de la información cuyas preguntas a los políticos no suelen ser tan obvias (recuérdese el caso reciente de Jim Acosta, periodista de CNN, expulsado por Trump de la Casa Blanca), cuyas historias contadas entrañan riesgos para su propia seguridad, o cuyo compromiso con la libertad de expresión e información les lleva a la tumba (como el caso del periodista saudí Jamal Khashoggi, entre los galardonados).
Ser periodista se ha convertido en una profesión cada día más arriesgada. Lo es porque las luchas del mundo ya no son solo las que se dan en los campos de batalla, sino porque hoy las batallas se dan sobre todo en las mentes y por las mentes como efecto precisamente de la conversión del mundo en un espacio mediático, en un ecosistema informativo que desea ser controlado, en el que no molesta bombardear Yemen o que se asesine a quien lo denuncia sino que parezca tu rostro al buscar "idiota" o que se difunda un meme con orejas de Mickey Mouse (como ocurrió con el presidente egipcio, al-Sisi).
La PressGazzette (Fighting for Jounalism es su lema) celebra así el reconocimiento honorífico de personas del año a los periodistas:

Under the heading “The Guardians and the War on Truth” Time has released four separate covers (see below). Gracing them are:
Slain Saudi journalist Jamal Khashoggi
Jailed Reuters reporters Wa Lone and Kyaw Soe Oo
Persecuted editor Maria Ressa
Journalists at the Capital Gazette where five were killed in a gun attack
Time editor-in-chief Edward Felsenthal said they were “representative of a broader fight by countless others around the world… who risk all to tell the story of our time”.
The magazine said: “For taking great risks in pursuit of greater truths, for the imperfect but essential quest for facts, for speaking up and for speaking out, the Guardians… are Time’s Person of the Year.”*


Es casi una norma que cuando los periodistas son premiados es porque el periodismo se ve atacado, como ocurre en estos momentos en todo el mundo. Como señalábamos, la información se hace más importante en un mundo que se construye con informaciones. Las voces críticas se ven como obstáculos frente a los planes de colonización informativa de las mentes.
El gran problema al que nos enfrentamos es que cada vez se hace más evidente asimetría de la lucha entre lo que los profesionales de la información consideran que debe ser contado y las versiones oficiales de la "realidad". Lo que Time ha llamado "la historia de nuestro tiempo", señalando que es compromiso del periodista contarla, es un escenario conflictivo, la descripción, la escritura misma, se ha convertido en un ejercicio arriesgado.
La realidad no es algo que se describe, sino algo que se crea mediante la escritura. Ese principio posmoderno sobre el valor del discurso, esa precedencia del texto que genera su propia realidad tras él, es el escenario de la lucha. Gran parte de la discusión sobre el discurso historiográfico —la Historia como hecho, la Historia como discurso sobre los hechos— queda ampliada al comprender que los hechos mismos son construcciones discursivas, descripciones. Que lo acontecido desaparece, quedando su huella.
Por supuesto, ocurren cosas, hechos. Pero es el discurso donde quedan configurados, toman forma, son interpretados, convertidos en parte de series históricas", comparado, contrastados, difundidos reinterpretados, etc., toda una serie de operaciones retóricas que convierten el acto de informar en parte de esa batalla por algo que se llama "verdad", "realidad" o términos que los cierran como textos.
El escándalo de los trumponianos y similares es que no ven esto como un problema, sino como una ventaja. El gran escándalo es ver cómo a la reflexión sobre los hechos y su conversión en discurso responden con la fabricación de los hechos calificándolos como "alternativos" y lo centran en la llamada "voluntad de verdad", es decir, la capacidad de imponer una versión como verdadera, como de referencia en un universo de posibilidades.
Así, la lucha enmarañada por intentar una aproximación a lo acontecido, siempre esquivo, los partidarios de las aguas turbias responden con más agitación, favoreciendo la confusión. Ese es el sentido de las "fake news", que siempre han existido, pero que ahora con la capacidad de reproducción más allá de lo institucional pueden manipular las mentes hasta niveles insospechados.


Euronews acaba de introducir en una de sus piezas informativas sobre el atentado de Estrasburgo —escuchada hace unos minutos— la idea atribuida a los "teóricos de la conspiración" de que este habría sido un hecho producido para contener el movimiento de los "chalecos amarillos" en Francia y evitar su "contagio" por Europa. La elevación del nivel de seguridad ante los atentados frenaría las manifestaciones. Sorprende que se acoja dentro de la propia noticia un "rumor" sin fundamento o explicación. Su única justificación para difundirlo (sin crítica alguna) es que lo dicen los "teóricos de la conspiración". ¿Quiénes son? ¿Por qué lo dicen, cuál es su objetivo? Pero nada de esto se analiza, solo se deja caer como un hecho más.
Así se teje una maraña de confusiones en la que lo que sabemos se mezcla con lo que se rumorea interesadamente. No se trata de una investigación sobre las "cloacas", simplemente un rumor fabricado con un fin. Hace unos días veíamos cómo la prensa egipcia decía que eran los Hermanos Musulmanes los que estaban tras el movimiento de los chalecos amarillos. Igualmente, la manipulación informativa, al servicio del régimen era obvia. Los fines pueden ser distintos, pero los procedimientos son los mismos. Se trata de dirigir la opinión, de provocar la acción de respuesta en un sentido y otro.


Hoy la guerra se da en las noticias. Por ello el papel de los periodistas honestos y meticulosos preguntando se ve como una forma peligrosa de  actuación. La expulsión de Acosta de la Casa Blanca es un  ejemplo de lo molestas que pueden llegar a ser las preguntas para quien carece de respuestas.
Lo que la revista Time ha premiado o reconocido es el valor y el riesgo que supone contar una realidad esquiva, "líquida", "fuzzy", como la queramos llamar, en la que no solo la palabra es cuestionada sino los son las formas aparentemente más estables de discurso, como los audiovisuales. Hoy podemos ver imágenes retocadas, vídeos falsificados, como hizo la propia Casa Blanca manipulando la grabación de las imágenes de Jim Acosta con la joven que le retiraba el micrófono.


La labor el periodista es vivir entre mentiras y tratar de destilar un poco de verdad, no renunciar a ser una fuente de fiabilidad para aquellos que navegan cada día en este oscuro y picado mar de la información. Si ya es complicado determinar los hechos, lo es todavía más luchar con los discursos que los describen con ánimo de manipular o enfrentarse a los que nos dan las versiones oficiales con la pretensión de que sean la última palabra, la que cierre la serie, la que selle el pacto entre lo ocurrido y lo contado.
Si hay una profesión con una línea fina, muy fina de demarcación entre lo heroico y la traición es la periodística. Hay que elegir pronto entre enfrentarse a lo que se nos propone sin fundamento y lo que honestamente pensamos o ser meros voceros de los que ofrecen la versión final de la historia cuidadosamente empaquetada.
Time ha reconocido la labor de los primeros, la de aquellos que se enfrentan con la escritura, con la palabra, con la imagen... a un mundo confuso en el que tratan de poner un poco de luz para hacerlo inteligible. Están en cárceles, exiliados o muertos... por contar la historia de nuestro tiempo.


* "Time honours oppressed ournalists including Jamal Khashoggi and jailed Reuters duo with Person of the Year title" PressGazette 11/12/2018 https://pressgazette.co.uk/time-honours-oppressed-journalists-including-jamal-khashoggi-and-jailed-reuters-duo-with-person-of-the-year-title/

miércoles, 12 de diciembre de 2018

¿Quién teme a los símbolos?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cerrábamos el texto de ayer con la noticia de que el gobierno egipcio estaba poniendo dificultades para la adquisición de los chalecos amarillos reflectantes que se han convertido en símbolo de las protestas en Francia. Las noticias acababan de salir cuando las recogimos y hoy ya es posible encontrar en la prensa egipcia reacciones a algo que se da como un hecho.
Recordemos algo obvio: los chalecos amarillos son los que obligatoriamente deben llevar los conductores en su equipamiento para poder ser vistos si deben parar sus coches por algún problema. En la página de la Dirección General de Tráfico, dependiente del Ministerio del Interior, en la sección "Equipamiento obligatorio en el vehículo", leemos: « El uso de un chaleco reflectante de alta visibilidad es obligatorio cuando se salga del vehículo y se ocupe la calzada o el arcén de las vías interurbanas.» El chaleco, pues, no es un elemento extraordinario sino, por el contrario, algo que todo conductor debe llevar para el caso de que las circunstancias lo requieran.
Una parte importante de las acciones del movimiento de protesta se han dado en las carreteras, con cortes, y calles, por lo que el uso del chaleco debió ser una medida de seguridad para ser vistos en la distancia. Desconozco que fue antes si el huevo o la gallina, pero me parece más lógico que alguien, viendo tanto chaleco, lo convirtiera en "uniforme" estableciendo una asociación entre protesta y uniformidad de los protestantes. Una vez establecida esta conexión, el resto se da solo.

El movimiento queda etiquetado —el de los "chalecos amarillos"— y pasa a convertirse en un símbolo de la lucha. El "problema" es que el proceso de crecimiento simbólico no se limita a un tipo de actos, sino que el símbolo puede ser ascendido en el plano abstracto al de la "protesta" y trascender las fronteras francesas. Allí donde haya chalecos amarillos se entiende que se está protestando contra algo, de forma especial contra lo que se considera una injusticia, abandono de los gobiernos, empobrecimiento, etc.
El chaleco amarillo, en su inicio, es conceptualmente lo contrario del "camuflaje", que ordinariamente se usa para los uniformes de combate, en donde no ser visto es importante. Por el contrario, en la protesta urbana se trata de ser visto lo más posible, pues la protesta conlleva la búsqueda del contagio, la extensión como una forma de acción, ya que es transformada en "mensaje" que acabará circulando en busca de apoyos. Este efecto se amplifica inmediatamente a través del fenómeno de las redes sociales. Hoy la "acción" implica la "actuación"; se hace/acción y se representa/actuación. Hay que darle la razón a Jean Baudrillard.
Desde esta perspectiva, la lógica de que no se vendan chalecos o se teman las consecuencias de hacerlo en Egipto es comprensible desde el propio gobierno. Los franceses han dado el símbolo, el chaleco, y después cada uno lo llena de contenido local. El chaleco es "glocal"; significa global, actúa local. Es el signo de los tiempos mediáticos.


El gobierno egipcio, como comentábamos ayer, ha usado los disturbios franceses para convencer a los egipcios que los Hermanos Musulmanes estaban detrás de ellos. Probablemente es absurdo, pero—con la lógica de Baudrillard sobre la precedencia del simulacro—, los Hermanos lo han negado, pero ha dicho apoyar al movimiento de protesta. Indudablemente les importa un bledo lo que ocurra en Francia, pero no ocurre lo mismo con lo que pueda ocurrir en Egipto, que les permitirá apuntarse un tanto si las protestas se producen con los chalecos.
Los egipcios, que ven acercarse la fecha del aniversario de la revolución, pueden salir a la calle con los chalecos a protestar por las subidas de la energía y de prácticamente todo, pues no creo que haya quedado nada sin ser arrastrado por la inflación galopante.


Egyptian Streets recoge los problemas de encontrar (y de tener) chalecos amarillos, algo que te puede traer un serio disgusto, pues convierte en sospechosa la posesión de algo que todo conductor debe tener en su coche, lo que no deja de ser una paradoja absurda.
Los intentos de hacerse con un chaleco son contados por los periodistas:

The AP journalist tried to buy the yellow vests from 12 different safety equipment stores in Downtown Cairo. However, six said that they no longer sell the vests, two refused to sell the available product for no reason and four said that they were told not to sell the vests by authorities.
One seller told AP that “they seem not to want anyone to do what they are doing in France.” Another seller said that authorities came to the store and forbade them from selling the yellow vests and when questioned, the policemen said that they were following orders.
These restrictions on the sales of the yellow vests will remain until the end of January security, officials emphasized. The police authorities gathered industrial safety product importers and wholesale retailer earlier this week to brief them on the new guidelines.
BBC Arabic reported that Egyptian activists and lawyers announced the arrest of Egyptian lawyer Mohammed Ramadan on Monday after posting on Facebook ridiculing reports that shop owners were barred from selling yellow vests to citizens.
According to Ramadan’s lawyer Abdul Rahman Al-Gohari, Ramadan was arrested on a street in the coastal city of Alexandria and authorities say he was possessed five yellow vests.
Egyptian lawyer Mahienour El-Massry said “Mohammed Ramadan is in the prosecution and the investigation is yet to start but it appears to be because of the yellow vest. This is what the police officer that arrested him said. We are still awaiting to see what the prosecution will charge him with.”*



Efectivamente, de qué se puede acusar a alguien que mantiene lo obligatorio. El gobierno egipcio entraría en otro absurdo al detener gente por "un suponer". Pero no sería la primera vez, ni creo que les importe mucho. Con ello aumentará el descontento ante la arbitrariedad de sus métodos y acusaciones.
Todas las campañas de las que hemos estado dando cuenta estos días sobre los peligros del contagio francés de Egipto, todas las explicaciones, no han hecho otra cosa que convencer a los egipcios que la protesta tiene su sentido ante el sinsentido de lo que se ha establecido como paralelismo. Hay tanto miedo de que ocurra que al final ocurrirá. Cuando ocurra (no hace falta ser profeta), el gobierno egipcio dirá que ha hecho lo que hacen gobiernos democráticos para defender la legalidad, solo que las consecuencias pueden ser trágicas dado el nivel de respuesta de cada país.
El caso de los chalecos amarillos es una demostración de cómo se produce el tejido simbólico y de cómo las acciones poco inteligentes acaban creando lo indeseado, provocándolo. Por lo pronto, la represión para evitar que ocurra traerá más represión y más indignación. Habrán conseguido que quien tenga un chaleco sea considerado "medio terrorista", manifestándose la otra mitad el día que se lo pongan.


Muchos egipcios extremarán en este periodo el cuidado de sus coches para no tener que ponerse el chaleco amarillo, que llevan también muchos ciclistas de forma obligatoria para ser vistos en la distancia. Pero las miradas son las que cambian.
Aquí no hay seguridad vial, sino simplemente seguridad pura y dura. El amarillo, por otro lado, ya tenía las connotaciones que los Hermanos le daban en sus protestas con los cuatro dedos, signo de la oposición al derrocamiento de Morsi. Vuelve, por tanto, el amarillo a la escena egipcia. Esperemos que se calmen las cosas (no es fácil) o que los miedos egipcios no traigan histeria de seguridad, posibilidad creciente, por lo que el caos puede estar asegurado.
La lucha se dará entre los que dicen quejarse por la situación económica y los que dicen que usan la situación económica para quejarse. Ya ocurrió con la revolución de 2011. Unos movieron el árbol y otros recogieron las nueces. A veces no se trata de hacer, sino de dejar que el otro se equivoque en el momento apropiado. Y hay algunos que no dejan pasar la ocasión de hacerlo. Los Hermanos, si la gente protesta, dirán que ellos están del lado del que sufre y pide justicia. Lo harán desde casa contemplando las manifestaciones, como dicen que han hecho apoyando a los que se manifestaban en Francia por la subida del carburante. Se lo han puesto fácil.
Los egipcios de a pie, en cambio, lo tienen cada día más difícil. Es el eterno dilema: si protestan, son terroristas; si se aguantan, se ven como tontos. Hace tiempo que no ven más salidas a esa forma polarizada de ver el mundo. Unos se aprovechan de sus protestas y otros de su silencio.
Los símbolos no necesitan de un gran aparato, solo una fuerte ligazón emocional. Cada acto que se produce, cada momento de sufrimiento, carga el símbolo dotándolo de más fuerza. Cada persona detenida en Egipto por tener un chaleco amarillo es la confirmación de la arbitrariedad. Cada historia que se cuente de conspiraciones, aumentará la indignación de los que se saben meros sufridores.
Un modesto chaleco amarillo se vuelve cada día más excepcional.


* "Egypt Restricts the Sale of Yellow Vests Suspecting that Egyptians Might Copy the French" Egyptian Street 11/12/2018 https://egyptianstreets.com/2018/12/11/egypt-bans-the-sales-of-yellow-vests-suspecting-that-egyptians-might-copy-the-french/




martes, 11 de diciembre de 2018

Lecturas egipcias de los chalecos amarillos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Daily News Egypt tiene la costumbre de realizar una breve cala entre los artículos de interés publicados por la prensa egipcia destacando los temas que se presentan cada día. En unas líneas nos recoge la visión de los artículos de opinión en diversos medios, lo que permite comprobar en ocasiones la formación de ciertas tendencias o la ocurrencia de temas comunes con enfoques diversos, según haya mayor o menor disparidad entre las opiniones.
En ocasiones se nos muestra un amplio abanico de temas y opiniones en los medios, pero en otras la coincidencia puede marcar líneas en las interpretaciones sobre lo que ocurre en el mundo. Este es el caso del resumen de artículos cuyo título sintético es "Op-ed review: Yellow Vest movement denounced, writers adopt conspiracy theory".*
La percepción que desde la prensa de Egipto se tiene de los movimientos callejeros franceses de protesta está condicionada por el fantasma de la Primavera Árabe. Este hecho ha quedado como una referencia que necesita estar constantemente reinterpretada pues supuso la mayor manifestación de protesta social contra los regímenes vigentes en el momento.
El fenómeno que se observa es el de la lectura interesada, la interpretación ajustada a esa presencia "fantasmal" de la que no se puede prescindir por temor a que vuelva a salir de su enterramiento oficial. Las interpretaciones siguen echando tierra sobre la tumba de la revuelta que arrastró a la gente contra el "club de los dictadores" existente en el momento. Por más que se intente convencer a la gente de lo que fue la Primavera, hay un hecho innegable, su fuerza, el ímpetu que se llevó por delante a los dirigentes de entonces con consecuencias diversas en cada caso.


El artículo recoge las interpretaciones sobre lo ocurrido en Francia en estos días de protesta del movimiento de los "chalecos amarillos". Ya comentamos hace unos días otro artículo aparecido en el estatal Ahram Online en el que, tras la exposición de lo que ocurría, se finalizaba con una advertencia a lo que sucede cuando se desatiende la precaria situación económica del pueblo.
La primera parte del resumen de prensa muestra las lecturas egipcias de los periódicos privados Al-Masry Al-Youm y Al-Shorouk, con ciertos aspectos comunes:

In the privately-owned Al-Masry Al-Youm, Abdul Moneim Saeed lamented the violence and damages resulting from the “French Spring” as he described it. In a comparison he drew between the Yellow Vest protests in Paris against fuel taxes and mass demonstrations against former president Hosni Mubarak in Egypt back in 2011, Saeed argued that both movements, like other “springs” throughout history elsewhere, had no leadership, goals, or political vision. He added that he expects France to overcome these turbulent weeks but as a result, young protesters, or “saboteurs” to become isolated and drawn to terrorist groups while the right wing, seeking law and order, takes over.
As for Emad El-Din Hussein, editor-in-chief of the private Al-Shorouk newspaper, he focused on why French President Emmanuel Macron backed off despite initially stating there would be no compromises? Was his submission to protesters’ demands a mistake? Hussein argued that unlike previous French rail strikes which infolded over summer, a majority of the people supported recent demands, raising the bar even higher. Hussein’s concern seemed to be the spread of such demonstrations to more countries, especially as social media gave the events an international dimension.*


Como puede apreciarse, las dos interpretaciones lo hacen en esa clave de "Primavera francesa", preguntándose por la efectividad de las respuestas dadas desde el gobierno de Macron y por los efectos de la extensión de los conflictos a través de las redes sociales. Este último aspecto es otra de las preocupaciones egipcias, que ven en las redes un foco de peligro por el contagio que suponen en cada caso.
La interpretación en los dos medios privados parte de la analogía entre ambos conflictos como económicos, más que políticos. Se introduce así otra idea recurrente: mientras se mantengan los niveles de "bienestar" controlados, la politización será mínima. La distinción entre lo económico y lo político sirve para justificar la falta de derechos democráticos y el clima de represión, manteniéndose el mensaje global de que lo que preocupa a los pueblos es su bienestar económico más que las cuestiones políticas. Se mantiene así la idea de un autoritarismo aceptable mientras se mantengan controladas las cuestiones económicas. De hecho, la palabra "politización" se suele entender como una crítica en beneficio de una idea de objetivos nacionales compartidos bajo el mando de la presidencia. Lo político, viene a decirse, es "división" y la división trae conflictos e inestabilidad, alejando al pueblo del bienestar. Se olvida, obviamente, que el pueblo francés no renuncia en nada a la política y que no la considera una carga sino una parte de su vida e identidad.
En esto se muestra la preocupación egipcia por el deterioro de la situación económica o, si se prefiere, más concretamente, por la caída sobre el pueblo de las medidas de recortes de subsidios y subidas de precios, algo que el pueblo egipcio padece tras unos años de inflación galopante (ahora del 17%, como un dato bajo), devaluación brutal de la moneda y subidas del precio de la energía. En esta circunstancia, se plantea si las concesiones de Macron no son un error, una muestra de debilidad y, algo peor, una incitación a las protestas fuera de sus fronteras. Si la gente ve que sus gobiernos ceden a las presiones, la idea de la inevitabilidad fracasa.


La idea de que los "jóvenes" participantes en las protestas pueden acabar derivando hacia el terrorismo es una idea desconectada de la realidad francesa, una interpretación desde la perspectiva egipcia en donde la radicalización lleva hacia el terrorismo islamista. Aquí se fuerza en exceso la lectura local de los hechos de Francia ya que por violentos que hayan resultado ser las manifestaciones no conllevan una radicalización religiosa que se confunda con el terrorismo, que es otra cuestión que tiene que ver poco con la subida de los carburantes.
El movimiento de los "chalecos verdes" no es definido como un "movimiento juvenil", pero sí lo fue en gran medida la "Primavera Árabe", en donde se hablaba directamente de los "jóvenes" y sus reivindicaciones políticas, sociales y económicas de futuro. De nuevo se fuerza la interpretación de los hechos para extender la comparación.
En la segunda parte del resumen de prensa, Daily News Egypt se centra en los artículos publicados en los diarios privados Al-Youm Al-Sabea y Al-Watan, junto al estatal  Al-Akhbar, que añaden otro componente interpretativo egipcio, las teorías de la conspiración internacionales:

Karim Abdul Salam from Al-Youm Al-Sabea private newspaper opinionated that the protests are not spontaneous reactions to the government’s decisions, suggesting as proof that violence has not ended when the government backed off. Thus, Abdul Salam suggested that those movements are supported by outside states and entities, as happened in Egypt before, he argued.
From a similar approach, Atef Zidan highlighted in his piece for state-owned daily Al-Akhbar how US President Donald Trump seemed to rejoice about the violent incidents, which in his opinion shows how US interests and conspiracy do not care about the destruction of states and bloodshed among peoples, just as with the Arab Spring. To him, the EU is threatened by destruction and division as US intelligence bodies continue to conspire. He added that France is now having a taste of such American medicine, which Egypt was able to overcome during the “so-called Arab Spring.”
Finally, Saeed Al-Lawendy opinionated in the private Al-Watan newspaper that the violence shows that protesters took advantage of the backup of both the extreme right wing and left, in addition to US meddling as a punishment for Macron who suggested Europe should have its own army.

Las tres interpretaciones sirven en este caso para transmitir y reforzar la idea de que existen esas conspiraciones internacionales que, sostienen, se padecieron en Egipto en la Primavera de 2011. Por sorprendente que parezca para quien no esté acostumbrado, se sigue alimentando la teoría de que la Primavera fue una conspiración contra el mundo árabe alentada desde los Estados Unidos respaldando a los Hermanos Musulmanes, que serían utilizados para su destrucción.
Estas teorías conspiratorias contra el mundo árabe en general y Egipto en particular son el pan de cada día, la columna vertebral de la manipulación que sirve para justificar las reacciones de los que sostenían a los dictadores y a sus regímenes autoritarios y a los que ahora se muestra como paradigmas de estabilidad e independencia. Esto es una constante en los medios egipcios que juegan con el miedo a ser objeto de esas conspiraciones destructivas, mostrando sus efectos en países vecinos como Libia y Siria. Esa línea interpretativa es uno de los principales filtros de análisis de la situación internacional y nacional.


La idea de que el movimiento de los "chalecos amarillos" ha sido creado por los Estados Unidos como "venganza" contra Macron por alentar la existencia de un ejército europeo es tener en poco la idea que mueve a la sociedad francesa. Es, de nuevo, una forma interpretativa que justifica lo que hay en función de hipótesis que ayudan a creer que todo es conspiración y que cualquier reacción ciudadana es el resultado de maniobras oscuras, de intentos de destruir el mundo árabe, el islam o a las familias egipcias, según toque el día.
De lo mismo han sido acusados los jóvenes activistas egipcios, convertidos en "traidores", en "agentes enemigos"; de lo mismo son acusadas quienes reclaman los derechos de las mujeres, pues el feminismo es otra conspiración para destruir el mundo islámico y su santa división de funciones masculinas y femeninas, ir contra el orden divino; etc.

Que Trump haga declaraciones a través de sus tuit zahiriendo a Macron no implica una conspiración norteamericana contra Francia, simplemente muestra que Trump es un bocazas, algo que necesita mucha más explicación y todo el mundo entiende.
En días anteriores, otros medios han jugado con la idea de que las protestas de Francia están organizadas por los Hermanos Musulmanes, lo que supone la culminación lógica del delirio egipcio, de la manipulación informativa, ante la que cualquier otra idea queda en ridículo. Es una forma de mantener a los egipcios quietos, dentro de su burbuja informativa y política.
La síntesis de los artículos de opinión que Daily News Egypt nos trae muestra claramente las líneas sobre las que se trabaja en los medios para evitar los "contagios" políticos de los hechos exteriores. La politización que se advierte choca, en cambio, con la petición egipcia de que no se "politice" el caso de la crisis abierta por el asesinato del periodista disidente saudí Jamal Khashoggi o la crisis reabierta con Italia por el caso del doctorando Giulio Regeni, otro crimen político.
Las lecturas egipcias de la crisis francesa de los "chalecos amarillos" son, en el fondo, una lectura de su propia crisis y la falta de valor para enfrentarla directamente. La cuidadosa sintonía interpretativa de los medios muestra el efecto unificador que el triple trazado institucional para el control de los medios tiene. El mensaje lanzado es el peligro de mimetizar la crisis francesa como una alternativa factible. El presidente al-Sisi ya advirtió hace unos meses de que las vías de las protestas no llevarían a ningún puerto y no se tolerarían. Por si acaso, los medios redundan en la idea de lo peligroso que es dejarse manipular desde el exterior. La idea egipcia es el sacrificio abnegado mientras el cuerpo aguante.
Un dato final, The National informa hoy mismo de la paralización en Egipto de la venta de los chalecos amarillos, interpretándolo como una medida de seguridad ante el contagio de lo que ocurre en Francia a poco más de un mes del aniversario del 25 de enero. Otros medios se van haciendo eco de lo mismo. El diario señala:


Egyptian authorities have quietly introduced restrictions on the sale of yellow reflective vests, fearing opponents might attempt to copy French protestors during next month's anniversary of the 2011 popular uprising that toppled autocrat Hosni Mubarak.
Security officials and retailers said industrial safety equipment dealers have been instructed not to sell yellow vests to walk-in buyers and to restrict business to wholesale sales to verified companies, but only after securing police permission. They were told offenders would be punished, the officials said without elaborating.
Six retailers in a Cairo downtown area where industrial safety stores are concentrated said they were no longer selling yellow vests. Two declined to sell them, giving no explanation, but the remaining four told The Associated Press they were told not to by police.
"They seem not to want anyone to do what they are doing in France," said one retailer. "The police came here a few days back and told us to stop selling them. When we asked why, they said they were acting on instructions," said another. Both spoke on condition of anonymity for fear of reprisals.
Security officials said the restrictions would remain in force until the end of January. They said industrial safety product importers and wholesale merchants were summoned to a meeting with senior police officers in Cairo this week and informed of the rules.**


Las medidas muestran el temor del contagio. Este solo tiene sentido en la situación de malestar creciente por la situación económica y política del país. La propaganda no permite llegar a final de mes y probablemente solo traiga más irritación. El pueblo egipcio, al que se despolitiza, no puede en cambio ignorar su propia crisis ni llevarla con la sonrisa patriótica que se le pide.
No sabemos si la campaña mediática hablando de conspiraciones extranjeras servirá para frenar el malestar, pero pronto habrá ocasión para comprobarlo.


* "Op-ed review: Yellow Vest movement denounced, writers adopt conspiracy theory" Daily News Egypt 0/12/2018 https://eklutdvotyzsri.dailynewssegypt.com/2018/12/09/op-ed-review-yellow-vest-movement-denounced-writers-adopt-conspiracy-theory/
** "Egypt restricts sales of reflective yellow vests to prevent protest" The National - AP 11/12/2018 https://www.thenational.ae/world/mena/egypt-restricts-sales-of-reflective-yellow-vests-to-prevent-protests-1.801352


lunes, 10 de diciembre de 2018

Maravillosas visiones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No hay doctrina más manipuladora que el nacionalismo. Lo es principalmente porque la mayor parte de sus argumentos son de carácter emocional y se intensifican por la vía más fácil, la del miedo. No hay que confundir el nacionalismo como doctrina con el patriotismo, ni este con el exceso del patrioterismo, en el que cae de la misma forma, por el exceso emocional.
En el nacionalismo convergen una serie de ideas y estereotipos propios y ajenos, es decir, sobre lo que uno es y sobre lo que son los demás, que van mucho más allá de lo que es el compromiso con la ciudadanía y el futuro del propio país en el que se vive.
A lo que estamos asistiendo es al crecimiento del sentimiento nacionalista cuyos efectos son los del refuerzo de una identidad dura que se basa las más de las veces en la negación de los demás, en la superioridad respectos a los otros amparada en la posesión de algún tipo de don, cualidad o verdad que los demás no poseen y que define al grupo.
El crecimiento se está produciendo por todo el mundo y no augura nada bueno. Una perspectiva mediana de la historia de los últimos doscientos años no muestra que no es nada bueno, que solo ha llevado a enfrentamientos y conflictos de todo orden.
Las doctrinas nacionalistas suelen ser máquinas de traducción, poseen  la capacidad de reinterpretar las situaciones y los hechos para tejer una narrativa que les refuerce. Normalmente, se justifica su existencia ante las amenazas, reales o imaginarias, del propio grupo que tiende a situarse en el centro, desplazando a la periferia a todos los demás. En ese centro se sitúa su propia interpretación y descripción además de las consideraciones de los otros como agentes de desvío.


El nacionalismo llama al nacionalismo. Es un efecto llamada que mimetiza el exitoso mensaje. El ejemplo más claro lo tenemos en España, donde el secesionismo nacionalista catalán ha ayudado a crear un movimiento nacionalista como VOX, que a su vez ejerce presión sobre el resto de las fuerzas políticas forzándoles a redefinir sus propios discursos. Los datos de composición de los votantes de VOX en Andalucía nos muestran la variedad de las procedencias y la preocupación central: el secesionismo y la inmigración, ambas vistas amenazas reales contra España.
El diario El País nos da cuenta del renacer en las calles del UKIP, cuyos seguidores han salido a reclamar el Brexit duro, uno que dé una lección clara a una Europa manejada por los alemanes:

"¡Que maravillosa visión de Bretaña!", ha jaleado Robinson a sus miles de seguidores desde el estrado dispuesto en Westminster, bajo los cánticos de "¿Qué queremos? Brexit. ¿Cuándo lo queremos? ¡Ahora!". Alguno de los asistentes se ha dejado fotografiar sonriente con una soga de ahorcado.
El castigo, según él, que merecen los políticos que han traicionado a Reino Unido.*


El mundo se vuelve polarizado, ellos y nosotros, nosotros y ellos. Se vuelve a la pureza de las naciones, a sus distancias higiénicas para no mezclarse con aquellos que la contaminan. Los partidarios del Brexit ya tienen las calles... y a los culpables, a los traidores que han sacado al Reino Unido de su destino para llevarlo a la sumisión a los poderes foráneos, a una Europa. Lo isleño —lo aislado— vuelve a tomar forma emocional en un mundo al que se le puede dar la vuelta en poco más de 24 horas.
En el caso de VOX sorprenden algunos aspectos que se han añadido al pack básico del nacionalismo. Me ha llamado la atención en especial el ataque a las llamadas "leyes ideológicas", en una divertida construcción de juristas de cafetería. Hay que dividir también las leyes separando las que a uno le gustan, que son principios eternos, de aquellas que otros hacen, merecedoras de trituradoras de papel.
Especialmente duros con las leyes "feministas", una concesión a la idea de que los varones representan lo mejor de la patria, caballeros delicados en continua admiración del eterno femenino a cuyos pies se rinden con piropo inspirado. La rabia furibunda contra el feminismo, es decir, contra la igualdad de género choca con una visión tradicionalista de la familia en la que cada uno tiene su función en ámbitos distintos.


Todo aquello que se aleje de esa España caballerosa y caballeresca, depósito de virtudes amenazadas desde fuera por las modernidades se entremezcla con la idea de que todo te lo están robando. La idea la ha llevado Donald Trump al extremo, junto con Reino Unido. No en vano, Nigel Farage, el líder del UKIP, fue de los primeros en ser recibido por Trump en su Torre de Nueva York. No hay que desestimar el poder de esta idea, cuyo correlato es el proteccionismo.
En un mundo en el que el trabajo se ha convertido en un bien escaso y cada vez peor pagado, no es de extrañar que sean los dos extremos, los que buscan primer empleo y los jubilados los que se sientan más atraídos por la idea del proteccionismo que el nacionalismo les ofrece. En ambos casos es el miedo el factor esencial. Es el miedo a ser explotado toda tu vida y el miedo a que te roben tus pensiones al final de ella. Con ambos miedos se juega.
El nacionalismo necesita, además, crear una imagen de "reconquista". Ha sido esta la palabra que más han destacado los medios españoles en los discursos de VOX. Indudablemente, los discursos nacionalistas juegan de forma burda con los dobles sentidos y las ambigüedades semánticas. Se ha calcado, además, la idea de "volver a hacer" grande al país, sin precisar si hay que volver a conquistar América o algún otro momento especial de la Historia en el que se sientan especialmente a gusto.


No ha tardado mucho en aparecer en España el nacionalismo ultraderechista renovado. En un mundo de confusas ideologías —si es que pueden ser llamadas todavía así—, el nacionalismo ofrece un discurso claro y directo. Tiene una mitificación de lo propio y unos enemigos de carne y hueso contra los que dirigir el mensaje. Estos son el cambio climático, el feminismo igualitario, la inmigración, los homosexuales, etc. Todos se fundamentan en una idea tradicionalista de religión, familia y patria, llevadas al extremo. Lo vemos en Rusia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos... y ahora en España.
Las cosas no surgen solas. Hay que ser críticos para evitar seguir dando razones que una vez puestas en marcha avanzan con paso firme ante las luchas de los otros, que se responsabilizan mutuamente. En cada país tendrá sus causas, pero hay algunas comunes. El discurso del miedo y la agresión tiene atractivo porque tiene mucho que ver con la desprotección que se ha ido produciendo en el tiempo, por una creciente desigualdad sin freno, y un concepto conflictivo retórico de la política que ha minado la confianza en las instituciones democráticas.


Podemos echarle la culpa a muchas cosas por la aparición del nacionalismo, pero deberíamos revisar nuestras propias conductas antes de que sea demasiado tarde. Este mundo trivial e implacable, pragmático y desconsiderado que llevamos tiempo creando tiene como resultado unas doctrinas emocionales que dan respuestas simples y promesas sin fin, que plantan cara a los fantasmas, como los desafiantes Salvini a los gigantes inhumanos, como los Farage y compañía.
No hemos comprendido todavía que el mundo ha cambiado y que se conquista cada día, que los discursos verticales han caído en descrédito o en el vacío, y que son las fuerzas horizontales las que dan las victorias conectando a través del agravio. Son las clases políticas las que han sembrado el desánimo convirtiéndose en distantes figuras manejadas por sus directores de comunicación alejándose de las gentes y sus problemas reales. 
Todas las advertencias que llegaron desde 2010 en adelante, como resultado de una crisis económica que el mundo vio como un gigantesco engaño de banqueros y políticos que acabaría pagando el pueblo. Las teorías sobre la conspiración han hecho el resto. Han abierto el camino a los salvadores.


Ha fallado el liderazgo comprometido, demostrar que aquello no se volvería a permitir y que se trabajaría por un mundo mejor y más solidario. Pero se desaprovechó la ocasión y ahora lo padecen muchos países, en sus calles de nuevo tomadas por movimientos que reivindican lo que se les niega con razón o sin ella. La violencia empieza a ser una forma aceptada de actuación política. Ya no incomoda tanto.
El mundo, como los cuadros, debe verse con cierta distancia para que ejerza su efecto. Y el efecto de lo que vemos ahora mismo es desolador. Asistimos al desmantelamiento de las instituciones internacionales que garantizan la paz y un orden mundial más solidario. Asistimos a la violencia cotidiana más allá de las guerras y al sufrimiento causado por luchas egoístas por el poder y el dominio regional, como ocurre en Siria o Yemen. Asistimos al espectáculo bochornoso de la creciente xenofobia y el racismo, a ver sentados en los banquillos del mundo a dirigentes y ex dirigentes corruptos que han estado al frente de instituciones y países durante años o décadas.
De todo esto se alimentan los grupos que prometen la espada de fuego. Y arrasan con todo lo que pueden para acelerar el desmoronamiento de las instituciones creadas en décadas para volver a las raíces con las que se alimentaron los conflictos durante siglos. En vez de arriesgarnos por construir un futuro con imaginación, nos dirigimos a pasados cuyos desastres son conocidos. El sentimentalismo nacionalista no trae ideas, solo ambiciones y frustraciones cuando no se cumple. 
Es necesario volver a redefinir la idea de patriotismo. Deberían comenzar por dar ejemplo aquellos que convierten los países en escenario de enfrentamiento continuo y los que viven del sensacionalismo que provoca el choque. Cada vez son más necesarias voces mesuradas y no voces estridentes. Es la única forma de evitar el avance del cangrejo. Pero mucho me temo que es difícil encontrarlas. El sistema ha hecho todo lo que ha podido para enterrarlas.


* "Miles de ultraderechistas exigen que Reino Unido salga ya de la UE" El País 9/12/2018 https://elpais.com/internacional/2018/12/09/actualidad/1544369205_661692.html