viernes, 21 de septiembre de 2018

El argumento de la precisión

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En general, el término precisión se suele utilizar de forma positiva. Cuando se dice que algo es preciso, se entiende que es un valor. A una persona "precisa" se le entiende con más claridad que a una "imprecisa"; un reloj preciso es más valorado que uno que no lo es; en una ley, en un contrato, etc. valoramos la precisión para evitar problemas. La precisión se valora como una característica del lenguaje científico, del administrativo, del jurídico. Un reloj suficientemente preciso puede distinguir entre el paso del tiempo medido en la superficie de una mesa y en el suelo, según nos asegura el físico Carlo Rovelli en su "El orden del tiempo". La precisión es un objetivo científico, sí.
No deja de sorprenderme, en cambio, el argumento sobre la precisión dado por el gobierno español para justificar la venta de bombas "precisas" a Arabia Saudí. El diario El Mundo titulaba hace unos días: "El Gobierno: las bombas vendidas a Arabia Saudí "son de alta precisión y no se van a equivocar matando a yemeníes"". Estas era la información recogida en el diario:

La ministra portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, ha afirmado este viernes que las bombas que se han vendido a Arabia Saudí "son láser de alta precisión y si son de alta precisión no se van a equivocar matando a yemeníes". Así se ha pronunciado en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros cuando se le ha preguntado si el Gobierno puede garantizar que esas bombas no se usarán para matar civiles en Yemen y qué sucedería si se demostrase que ese ha sido el caso.
Sin embargo, también ha afirmado que en el contrato de venta "no hay especificación, naturalmente" sobre si se utilizarán en Yemen. "Pero por las características de los misiles láser no parece que vayan orientados a ese fin, eso es lo que considera el Gobierno", ha zanjado. No obstante, en los informes anuales sobre autorización de operaciones de venta de armas siempre figura, en lo relativo a Arabia Saudí, que "todas las licencias relativas a munición fueron acompañadas de certificados de último destino con estrictas cláusulas de no reexportación y uso fuera del territorio del país". Así figura también en el informe de autorizaciones de 2015, año en que se acordó esta venta, aunque esta operación no aparece desglosada. En la rueda de prensa, Celaá ha abundado el argumento de la "precisión" de las 400 bombas, como ya hizo este jueves el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, que confirmó que España, finalmente, venderá esas bombas a Arabia Saudí pese a que Defensa confirmó hace días su intención de no ejecutar esa venta.*


El problema parece darse en la contradicción existente entre las bombas precisas y los contratos imprecisos. En los western, en las películas bélicas sobre todo, aparece de vez en cuando ese personaje fatalista que suele decir que hay una bala que lleva su nombre. Este argumento suele usarse por el personaje para señalar que las otras balas, en cambio, llevarán escrito el de otras personas, lo que le da cierta tranquilidad a la hora de ser osado.
El hecho de que una bala lleve tu nombre tiende a ser un agente provocador del destino y el personaje en cuestión suele acabar con un agujero en zona mortal, abatido por esa bala que presuntamente lleva su nombre. Nadie espera ese tipo de precisión, de altísima precisión, cuando vende balas o bombas, pero sí unas ciertas garantías sobre cómo o contra quien se pueden utilizar, una argumento que no busca la precisión sino que actúa como tapadera moral de las vergüenzas que implican la venta de armas a otros.


Es llamativa la frase "certificados de último destino con estrictas cláusulas de no reexportación y uso fuera del territorio del país" ya que no son más que un subterfugio. Lo del "certificado de último destino" suena absurdo, mientras que "las cláusulas de no reexportación y uso fuera del territorio del país" suena francamente hipócrita. Y situar las ventas de bombas precisas entre el absurdo y la hipocresía es lo suficientemente preciso como para entender que el argumento determinante es el dinero, aunque para evitar tanta precisión, se disfrace con el argumento de los puestos de trabajo.
Que los trabajadores de unos astilleros se manifiesten a favor de la venta de bombas precisas a un país cuyo régimen no solo es retrógrado, sino deleznable por el uso altamente preciso de su visión wahabí del Corán, a la hora de cortar manos, lapidar, decapitar, ahorcar, etc. o de reprimir cualquier manifestación ligeramente desviada respecto a su visión del mundo, nos muestra también con precisión la evolución de nuestra forma de estar en el mundo.
Mientras que hay sectores a los que se les ha sometido a reconversión, como la minería, o se les considera insalubres y se desmontan, mientras se dejan de fabricar cosas porque son nocivas para la salud, algo que va de los motores diesel a los azucarados yogures, por citar solo casos últimos, a las bombas solo se les pide "alta precisión". 
Recordemos que el argumento de la precisión adquiere una formulación paralela a la de las bombas inteligentes, las que mandó lanzar Trump, regocijándose por lo "listas" que eran. El tuit de Trump, recogido por Vox, explicaba “Get ready Russia, because they will be coming, nice and new and ‘smart!’ You shouldn’t be partners with a Gas Killing Animal who kills his people and enjoys it!”** El otras veces ambiguo presidente de los Estados Unidos contraponía esas bombas "bonitas, nuevas y listas" (la versión militar de las "tres b", bueno, bonito y barato) a ese gas letal que mata de forma imprecisa a los niños, que fue la excusa utilizada.


La cuestión de la precisión no es más que otra excusa de un gobierno que se ve enfrentado a algo que todos los gobiernos anteriores (y de muchos otros países) han tenido que costear: vender armas al diablo. El verbo "costear" tiene dos sentidos; uno viene de costes, el otro de costas. El primero implica asumir los costes de algo; el segundo, eludir una situación, no ir de frente. Los dos sentidos son aplicables al caso y los dos pasarán factura.
El titular de El Confidencial "Andalucía se levanta en armas para defender la venta de corbetas a Arabia Saudí" me produce una cierta náusea sarteana, por usar un término fino:

El Gobierno andaluz montó en cólera días atrás cuando oyó que la ministra de Defensa, Margarita Robles, paraba la venta de 400 bombas de precisión a Arabia Saudí. Nadie les había informado previamente de esa decisión. También cundió el pánico en la plantilla de Navantia San Fernando, que, tras años muy negros en los astilleros gaditanos, recibió a principios de julio como una tabla de salvación la confirmación del contrato de cinco corbetas para la armada de Arabia Saudí.
El departamento de Margarita Robles confirmó punto por punto la información adelantada por la SER, el pasado lunes, sobre la paralización de la venta de 400 bombas de precisión para bombardear Yemen. Defensa anunció que devolvería los 9,2 millones de euros abonados por este material.***


Muy mal debe estar el mundo para salir de un pozo negro vendiendo bombas a un régimen como el saudí. Ha sido táctica de todos los dictadores, como Sadam o Gadafi, establecer sólidos lazos económicos con los países occidentales para acallar críticas y enterrar los principios mientras se firman contratos. Es una estrategia vieja: son los afectados, en este caso los de los astilleros, el gobierno andaluz, etc. los que se convierten en fervientes defensores indirectos de un régimen deleznable. Al fin y al cabo, defiende a quien les alimenta. Y al Reino le sobra el dinero para comprar voluntades.
Hace unos días dedicamos dos artículos elogiando la actitud canadiense de defender los derechos humanos enfrentándose a los casos de las activistas saudíes. La reacción fulminante del Reino, como les gusta ser considerados, les llevó a cerrar negocios y hasta sacar del país a estudiantes y enfermos hospitalizados. El gobierno canadiense señaló que si era un coste que debían pagar, lo pagarían porque no iban a renunciar a los principios.


Podemos reciclar una empresa, podemos buscar nuevos mercados..., pero no podemos devolver la vida a los muertos, a las víctimas de las bombas precisas. España le vendió bombas de racimo aceleradamente a Gadafi porque se cerraba el plazo acordado internacionalmente para prohibir su venta. Nada más impreciso que ese tipo de bombas. Pero Gadafi era lo suficientemente preciso para usarlas.
Que en Andalucía o en donde sea se manifiesten sin pudor en las calles o despachos en favor de la venta de bombas a Arabia Saudí por temor a que se arruinen otros negocios me parece un deterioro moral que me permite entender muchas de las cosas inexplicables que nos pasan. Es algo que se llama metafóricamente, el "clima", aludiendo a las condiciones generales para que se produzcan ciertas cosas. Explica que es el interés, el beneficio, la insolidaridad, etc. lo que nos mueve. Implica que nos duele el cuello de tanto mirar para otro lado, pero no nos duele el alma, perdida en algún momento preciso.
No sé si los saudíes se van a equivocar matando yemeníes, pero sí sé que el gobierno español se equivoca vendiéndoles bombas a los saudíes. El argumento de la "precisión" es tan insostenible como el otro también usado, que si no se las vendemos nosotros otros lo harán. 
Cuando lleguen los muertos por las precisas bombas españolas hablaremos.


* "El Gobierno: las bombas vendidas a Arabia Saudí "son de alta precisión y no se van a equivocar matando a yemeníes" El Mundo 14/09/2018 http://www.elmundo.es/espana/2018/09/14/5b9baf3b268e3e0d6c8b4575.html
** "Trump just tweeted that a strike on Syria is imminent" Vox 11/04/2018  https://www.vox.com/world/2018/4/11/17223606/syria-gas-attack-donald-trump-twitter
** "Andalucía se levanta en armas para defender la venta de corbetas a Arabia Saudí" El Confidencial 7/09/2018 https://www.elconfidencial.com/espana/andalucia/2018-09-07/andalucia-choque-gobierno-defender-venta-fragatas-arabia-saudi_1612558/





jueves, 20 de septiembre de 2018

El ente o ¡vaya nivelazo!

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras la prensa norteamericana se debate sobre el tamaño del pene del presidente Trump, por debajo de la media, según la experta en porno Stormy Daniels y la británica lo hace sobre las consecuencias del Brexit, la española lo sigue haciendo sobre la tesis de nuestros gobernantes.
Es sorprendente el gran salto adelante que ha dado la sociedad española, que ha pasado del comienzo de OT,  la expulsión de Cristiano o el tiempo del fin de semana, a debatir —¡vaya nivelazo!— sobre las tesis de los próceres que el destino nos ha dado.
La prensa, feliz. Cada periódico ha elegido su propio candidato a plagiario. Si tú escarbas allí, yo escarbo aquí. Que nadie se quede sin elegir cuál es la tesis más fraudulenta, cuál contiene más párrafos calcados y autores sin identificar en los textos. Se publican las tesis con mucho bombo y todos reclaman desde sus columnas la llegada de la verdad sacando el látigo para fustigar a tanto mercader en el templo sagrado de la ciencia.
Pero la cosa se está empezando a enredar con cada vuelta de tuerca. Verán. La hipótesis de que el presidente Sánchez había sacado su tesis de un libro en colaboración, se encuentra en expansión al descubrirse que el texto que ambos firmaban contiene, a su vez, el plagio de un discurso o lección impartido por un diplomático, que haciendo honor a su condición, ha preferido no mover el asunto. Dice que él no leyó nada, sino que llevo unos folios sobre los que improvisó en la Universidad de Don Camilo, recibiendo más tarde una transcripción de lo dicho por parte de la Universidad. El texto en cuestión acabó en la tesis de Sánchez y en el libro conjunto. 
Eso es lo que nos cuenta el diario El País en el artículo titulado "El libro de Pedro Sánchez y Carlos Ocaña copia párrafos de la conferencia de un diplomático"*. ¡Vaya! Pero no acaba aquí la cosa.


La empresa propietaria del sistema antiplagio denuncia a La Moncloa por el uso fraudulento de su sistema para evaluar las tesis y afirmar que no se ha plagiado nada. Aquí nos encontramos ante un notable problema de imagen. La empresa (hay un par en liza) que demuestre ser más eficaz detectando plagios y haciendo que rueden cabezas, se puede llevar el gato al agua de una sustanciosa tajada. ¿Qué universidad española se va a arriesgar a no defenderse contra el plagio comprando un buen sistema? Pero si el sistema se truca para que no lo detecte, se vuelve una publicidad negativa, por lo que la denuncia es obligada si se quieren mantener entre los servicios rentables. Si de La Moncloa salen diciendo que ellos han verificado con el programa de una determinada empresa el texto doctoral señalando que está "limpio" y las pruebas hechas a ojo (como ha hecho El País) muestran lo contrario, han hundido el invento, que queda desprestigiado.
Con buen criterio filológico en la reconstrucción de las copias, el diario El País ha encontrado la prueba por excelencia, la errata repetida, que para mayor belleza y elegancia es la palabra "ente", de amplia tradición filosófica. El vulgar "entre" de "entre un país y otro" se ve reproducido en el libro y en la tesis como "ente", una metedura de pata ontológica, la casa del ser chapucero.


El diario ABC nos habla de las exigencias de Rivera. Los que antes pedían que se publicara la tesis, ahora piden que se publique el informe antiplagio. En tres párrafos que harían temblar a Donald Trump, si este se hubiera presentado como doctor en algo, ABC señala:

Albert Rivera ha reclamado hoy a La Moncloa que publique el informe «antiplagio» con el que el Ejecutivo intentó el viernes dar carpetazo a la polémica por la tesis del presidente. Según el comunicado oficial de Moncloa, dos empresas especializadas rebajaban al 13% (Turniting) y al 0,96% (Plagscan) el nivel de coincidencia del contenido del trabajo universitario con otros textos. Sin embargo, esta última empresa ha denunciado que el Gobierno «manipuló» el resultado aplicando filtros específicos en su software para reducir el plagio, que llegaría al 21% y no al 0,96%.
El líder de Ciudadanos exige a Pedro Sánchez que dé la cara y acuda al Congreso para explicar todas las sombras de duda, incluida si su equipo de gobierno alteró la prueba antiplagio. En concreto, quiere que precise el contenido técnico del informe encargado por La Moncloa y distribuido a los medios, pero sin hacerlo público. «Queremos saber de dónde ha salido el conejo, de qué chistera», ha añadido.
«Todo apunta a que hay un fraude en la tesis. El señor Sánchez no se va a escapara de esta Cámara», ha asegurado insisitendo en que tratarán de forzar sus explicaciones en el Congreso. Ciudadanos apoyará la comparecencia en el Senado, solicitada hoy por el PP, aunque considera que esa Cámara, de carácter territorial, no es el lugar idóneo para que el presidente despeje dudas.**


¡Qué contundencia! ¡Qué firmeza! ¡Qué de erratas, por cierto! ¡Cómo sobrecoge lo del conejo y la chistera! ¡Cómo abruma lo del "todo apunta", lo de las "sombras", lo del "no se va a escapar de esta Cámara". aunque no sea la adecuada!
¡Por fin en España no se discute de tonterías, sino sobre hipótesis, refutaciones, falsaciones y paradigmas! No sabemos qué cámara es la adecuada para esto, pero seguro que se encuentra alguna.
¡Y Casado camino del Supremo, en el mejor sentido de la palabra!
La gresca ha quedado reducida a los líderes, Casado vs Sánchez vs Rivera, ¡una gran velada a tres bandas de jóvenes políticos! ¡Esto tiene más nivel que los escándalos de cama de Trump o la trama rusa! ¡Por fin la política se reivindica!


* "El libro de Pedro Sánchez y Carlos Ocaña copia párrafos de la conferencia de un diplomático" El País 18/09/2018 https://elpais.com/politica/2018/09/18/actualidad/1537257490_808244.html
** "Rivera pide a Moncloa que publique su informe «antiplagio» tras la denuncia de las empresas" ABC 19/09/2018 https://www.abc.es/espana/abci-rivera-pide-moncloa-publique-informe-antiplagio-tras-denuncia-empresas-201809191344_noticia.html




miércoles, 19 de septiembre de 2018

La burbuja o hablando del logos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Esta semana ha venida cargada de encuentros académicos con mis doctorandos, el contrapeso de tanto necio engalanado que hacen sus carreras y doctorados relámpago para después exhibir sus conocimientos.
Mis doctorandos vienen de lejos y sacan sus trabajos de investigación con mucha dedicación y sacrificio, suyo y de sus familias. Hoy formamos una gran familia que va de México a Colombia, de Dinamarca a China, de Egipto al Sahara, con centro en España, un lugar que han escogido para desarrollar su vida académica y que no siempre les trata con el respeto y amistad debidos a personas que teniendo el mundo para elegir prefirieron una lengua y espacio, los nuestros, en donde están aprendiendo a ver otras formas de ser. 
En estos días, tras el verano, nos hemos reunido a repasar lo hecho, ver cómo avanzamos en nuestras tesis, viajes compartidos en donde se trata de transmitir amor y rigor por la investigación, por el razonamiento, que disfruten de proponerse problemas que resolver y, de paso, mejorar un poco el mundo. Muchos trabajos se centrar en aspectos problemáticos, como la situación de las mujeres en diferentes partes del mundo, en los problemas de la incomprensión entre culturas en una época de renovados nacionalismos excluyentes y de xenofobia, en la fabricación de estereotipos, etc.
Ayer aprovechamos la hora de la comida para repasar artículos en proceso de producción y debatir sobre cómo Joseph Needham había usado la idea del "logos" occidental para contraponerlo a las ideas del taoísmo sobre la naturaleza. El logos nos llevó al laboratorio del Fausto goethiano, en donde el viejo mago ha comprendido que una vida no es suficiente para conocer los secretos del mundo, que se resiste. Pero Fausto sabe que hay algo importante: él sabe lo que apenas comprendemos frente a los que van por el mundo dándoselas de sabios, creyendo que saben algo. El sabio es el que sabe que no sabe. Los demás son ignorantes. Fausto se debate, lucha para intentar comprender el sentido de "logos", parte de la primera frase del primer libro bíblico, del génesis. ¡Toda una vida y todavía ahí! Una hermosa metáfora que contrasta con la pretenciosidad de los ignorantes que van de sabios, de expertos, de doctores por nuestros foros públicos.
Comprender los límites forma es la esencia de la sabiduría, saber hasta dónde se llega, cuáles son las fronteras del saber en su provisionalidad. ¡Hay tanta gente que va en sentido contrario! ¡Hay tanta vanidad del conocimiento! Quizá sea este el gran pecado académico, el de la vanidad, el de la pretenciosidad.



Leo esta noche en el diario El País la razonable sentencia que dice algo muy obvio: para valorar la calidad de un trabajo, hay que leerlo. Puede que a alguno le sorprenda esto, pero evitar tener que leerlos, se utilizan una serie de cifras mágicas llamada índice de impacto, entre otras, que evitan leer. De esta forma lo que se potencia es el gran negocio: el de las revistas de referencia en connivencia con distribuidoras, lo que les permite cobrar por publicar, traducir, etc. aprovechando la necesidad de mejorar el currículo de cada uno para prosperar en un sistema perverso en sus principios, basado más en la feroz competencia por conseguir publicar en determinadas revistas de cada campo, las que dan máximas puntuaciones. Hemos copiado —como me dijo una compañera, profesora en Estados Unidos— lo peor de los dos sistemas. El resultado es que quien asciende en muchos campos es el que es capaz de volcarse en unos mecanismos irracionales, que solo sirven para reforzar el poder de aquellos que conceden los puntos, los valuadores.
Dice la sentencia, recogida en el diario El País:

Amparo Sánchez, profesora de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Extremadura, recibió una nota muy baja en dos de los trabajos que presentó en 2014 al proceso de valoración de sus méritos investigadores —los famosos sexenios que dan acceso a mejoras salariales y a ciertas actividades dentro de los campus— porque se había publicado en “un medio [revista] inadecuado”; el tribunal evaluador ni siquiera se lo había leído. Se trata del sistema habitual para agilizar unos procesos masivos —los trabajos se califican simplemente por el prestigio internacional de la revista en la que fueron publicados—, pero Sánchez recurrió la decisión porque le parecía injusta, ya que defendía la calidad de esas dos investigaciones. Y, ahora, el Tribunal Supremo le ha dado la razón y obliga a los evaluadores a leer los trabajos para poder valorarlos, por lo menos, los que no están en los listados de revistas prestigiosas, que hasta ahora quedaban excluidos inmediatamente de alcanzar la máxima puntuación. Sánchez espera conseguir ahora el sexenio que le negaron entonces, cuenta. 
“Las investigaciones, las aportaciones presentadas por los interesados, no pueden dejar de examinarse solo por el hecho de que no se publicaran en las revistas o medios incluidos en los índices o listados identificados […]. Ni tampoco están excluidos por esa sola razón de la máxima valoración permitida […]. Dependerá de su contenido la evaluación que merezcan”, dice la sentencia de la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo firmada el pasado 12 de junio.*



No hay que ser un lince para comprender los efectos perversos de este sistema que renuncia a valorar lo que no está ya valorado en las publicaciones que conceden las máximas puntuaciones. Cómo llegan esas revistas a tener ese poder es precisamente donde se esconde la carta en la manga. Al final hay un sistema donde las revistas se vuelven importantes porque dan importancia a quien publica en ellas, haciendo desaparecer la diversidad necesaria en muchos campos, especialmente, en Ciencias Sociales y Humanidades, áreas muchos más abiertas y necesitadas de debates y no de reducciones. Las Universidades emprendieron gozosas podas de revistas "poco valoradas", con lo cual aumentaban el poder y la cotización en el mercado de los méritos del currículum.
Recuerdo mi estupefacción cuando una profesora española, contratada en una universidad norteamericana, me escribió preguntándome cuántos artículos había rechazado, como editor, el año en que acepté el suyo. No entraré en detalle de lo que le contesté, pero el fondo coincidía con lo que acaban de decir los tribunales: 1) un artículo es bueno si su contenido es bueno, no por el hecho de ser publicado en una revista de prestigio (circularidad del apoyo), y 2) para saber si es bueno hay que leerlo. Que rechace otros tampoco lo convierte en bueno, es solo superchería académica.
Lo hecho por los mecanismos de evaluación es justo lo contrario. Hemos pervertido el sistema mismo, centrándonos en lo superfluo y no en lo básico. Una universidad ha de ser ejemplar; ha de serlo en los valores que debemos proyectar a la sociedad en su paso por las aulas, una investigación para la mejora social, que participe en los debates abiertos y no puesta al servicio del egoísmo del que solo mira para sí y ve a los demás como competidores.
Nos hemos dejado contaminar por políticos y empresarios, que miran y la usan para su propio beneficio. Los mensajes que llegan desde muchos campos señalan a los mismos puntos: sin valores, la universidad no forma realmente. Se aprenden profesiones, pero no valores reales de honestidad; se la instrumentaliza para conseguir poder. El gran error es que no son las personas ni es el conocimiento lo que pasa a importar, sino el poder que se acumula y que sitúa en la cúspide a demasiados ambiciosos y mediocres.



Estos días asistimos a la demostración práctica de lo que es una universidad sin valores y sin valorarse ella misma. Hemos sustituido los valores por la "imagen" y pedimos como "productos" certificaciones de calidad; elaboramos listas, rankings, etc. Todo se hace por la apariencia y menos para poder cambiar las cosas en la calidad que importa. Demasiado mercadotecnia.
Me quedo con mi mundo, con los gratificantes debates con mis alumnos de doctorado, aprendiendo con ellos, compartiendo sus progresos cada día. Vale más eso que todas las tentaciones de poder que nos lanzan para obligarnos a combatir para sobrevivir en luchas absurdas. Pero también en la educación se puede poner la otra mejilla, no prestándose a la lucha, centrándote en lo que sabes que es valioso, los alumnos que realmente quieren aprender. Ahora se les ve como clientes. Terrible error.
La enseñanza es un acto generoso y solidario o no es nada. Generoso porque se comparte lo que se sabe, porque se invierte tiempo y energía en la formación del otro. Solidario porque es el grano de arena de la esperanza de una sociedad mejor. El sistema hoy es egoísta y poco fiable. No por los motivos interesados que algunos aducen, sino porque ha perdido su norte, convirtiéndose en un campo interesado en el que se huye de todo aquello que no produzca una línea en el currículo. La fiebre del currículo es la del conocimiento epidérmico, la de la ausencia de interés más allá de lo rentable.

Lo ocurrido estas semanas es la consecuencia lógica de la pérdida del rumbo. Las universidades, en vez de ser referente moral e intelectual, se han dejado arrastrar por aquello que debían corregir. Si la sociedad valora poco el conocimiento, la cultura, etc. arrastrados por esta zafiedad ambiental que se nos ofrece como referencia, menos valorará a los que trabajan para que esto no ocurra. Al final, es mejor dar lo que te exigen, por malo que sea, que tratar de cambiar las cosas. Muchos quieren destruir las aulas, convertir la enseñanza en un negocio al servicio de otros negocios, en mercancía pura. Y así nos va, con tanto gurú suelto, tanto evaluador furibundo, con tanto pragmático caza fondos.
La universidad queda atrapada entre dos tecnocracias: los que diseñan las formas de medición y los que evalúan aplicándolas. Son esas instituciones las que han fallado permitiendo el ascenso de mediocres gracias precisamente a esos mecanismos que acaban de dejar evidencia los jueces.
El problema no son los "filtros", como dicen. El problema son ya décadas de miseria y precariedad, de desinterés social por la educación en una sociedad que solo mira el beneficio, el peor de los climas posibles. Acalladas por los bajos presupuestos y recortes, hace mucho que las universidades no tienen voz, solo esperan las míseras migajas que los políticos dejan caer sobre ellas y que se cobran con creces.
En este clima, poder respirar un poco de aire fresco gracias a los minutos, horas que podemos dedicar a hablar, debatir, compartir... es una alegría vital a las que no se puede renunciar a riesgo de asfixiarnos. Son pequeñas burbujas de sosiego, en las que aparcamos todo y nos centramos en cosas que tienen importancia, puede que solo para nosotros, contra corriente. Pero estar una tarde hablando del logos o de cualquier otra cosa que salga, de las conexiones de una cultura y otra, etc. me justifica vocacionalmente, tras ya más de treinta años de diálogo, reconociendo cada día que sabemos poco, pero que tenemos ganas de aprender, de saber un poco más, la gran aventura, el viaje sin fin.
Doy gracias porque puedo cumplir mi vocación, la que me permite pensar y compartir. Y les doy especialmente las gracias a los que forman esta pequeña comunidad de personas que disfrutan aprendiendo. 

PD. Cuando cierro el texto, veo que me ha llegado un mensaje a través de mi cuenta de Facebook. Es de un nuevo doctor, de un estudiante chino que obtuvo su grado hace casi un año, dirigido por un compañero. Su mensaje es para darnos las gracias y se cierra con un "echo de menos los tiempos pasados en la Universidad". Él sí los ha vivido, por eso los valora. Han sido los años de esfuerzo y alegría de sentirse crecer. Quien no lo ha vivido, no lo puede saber.


* "La justicia obliga a leer los trabajos para acreditar los méritos de investigación en la Universidad" El País 18/08/2018 https://elpais.com/sociedad/2018/09/18/actualidad/1537270842_896963.html

martes, 18 de septiembre de 2018

La nueva normalidad egipcia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La complejidad de la situación egipcia hace que salten señales de preocupación por muchos de los agujeros del sistema. El gobierno sigue predicando sobre la normalidad y mejora, pero los indicadores no siempre apuntan a eso, a menos que se entienda por "normalidad" situaciones extremas.
Como parte de esta "nueva normalidad", por ejemplo, puede entenderse el titular de Ahram Online, "Egypt cancels treasury bonds auctions for the third time in a row". Hace unos días ya apuntamos a este dato negativo en el que los intereses que se piden para los bonos han causado malestar y malos modos a las autoridades egipcias, que ven complicada la financiación por esta vía, ya que los inversores no tienen la misma percepción optimista que ellos manifiestan. Los precios en el mercado de este tipo son formas de percepción del "riesgo" y, por lo que parece, los mercados —que no entienden mucho de propaganda— entienden que la situación contiene más del deseable. El gobierno se enfada con los mercados, lo que es una pérdida de tiempo. La explicación oficial, desde Ahram Online, es la siguiente:

The Ministry of Finance said when cancelling previous bond auctions this month that the required return rates "do reflect neither the good economic and financial performance nor improved credit ratings ... but were affected mainly by the risks associated with emerging markets".*


La versión, pues, es que los mercados no valoran a Egipto como deben porque están valorando a otros. Es una versión un tanto peregrina en su planteamiento, pero también forma parte de la nueva normalidad en lamentaciones. Según el discurso principal egipcio, todo es un malentendido y son siempre juzgados de forma errónea en cualquier campo del que se trate. La perfección egipcia es puesta en duda por malintencionados conspiradores o por gente ignorante que desconocen los logros del gobierno de al-Sisi y no valoran adecuadamente sus propuestas de futuro.
Parte de la "normalidad" egipcia es, por ejemplo, repetir que se hará todo lo posible, que no se escamotearán esfuerzos para desentrañar los entresijos del secuestro, muerte y tortura del estudiante italiano Giulio Regeni. No hay italiano que pase por El Cairo al que no se le repita esto, aunque no haya nada que los avale con hechos, sino más bien lo contrario, para desesperación de familia e investigadores.
Daily News Egypt no da cuenta de la visita de otro político italiano al que se ha recibido con esta especie de ritual de declaraciones entre los que piden información y los que dicen que hacen todo lo posible:

President Abdel Fattah Al-Sisi met on Monday Italy’s Chamber of Deputies Speaker Roberto Fico, where they discussed the latest developments in the case of the Cambridge student Giulio Regeni who was killed in 2016.
Al-Sisi asserted Egypt’s drive to reveal the truth and vowed to maintain full transparency when it comes to the investigations that are undergoing concerning the murder case. The president also promised that Egyptian prosecution will take all measures to facilitate the investigations and to enhance the cooperation with the Italian side.
According to a statement by the presidency, Fico praised Egypt’s efforts so far in the case, and mentioned that capturing the real perpetrators in the case will have a positive impact on the Italian public.**


Aburridos, los políticos italianos han tenido que conformarse con las maniobras retóricas egipcias del caso Regeni para no seguir en un bloque diplomático, con retirada de embajador incluido, como ya ocurrió. Han tenido que pasar por el aro egipcio de la aceptación de esta farsa en la que se bloquean las investigaciones, se dice no dar información sobre las llamadas policiales en la zona del secuestro por protección de la intimidad y derecho constitucionales (¡como si no se los saltaran todos los días!) o se borran casualmente las partes de los vídeos del metro de la estación donde se le vio por última vez entrar. Todo esto forma parte ya de la normalidad. Los políticos italianos hablan del "impacto positivo en la opinión pública italiana", como se señala en el texto, y los políticos egipcios ponen cara de estar haciendo un enorme esfuerzo para desvelar un caso que todo el mundo tiene suficientemente claro gracias a las diversas meteduras de pata y chapucerías acumuladas por las autoridades y la Policía.
Una vez superado el momento ritual de pedir más acción para aclarar el caso Regeni (camino ya de su tercer año) y jurar que se está en ello, las conversaciones pueden pasar a otros temas en los que poder ponerse de acuerdo. No siempre es fácil, pero se trata de conseguir una foto en la que el presidente y otras autoridades salgan sonriendo, lo que es interpretado como una forma de "normalidad" internacional respecto a la situación de régimen, recientemente condenado por los informes sobre derechos humanos, que las autoridades han, por supuesto, negado.
Otra parte importante de la normalidad egipcia es el cierre de medios o alejamiento de profesionales críticos. Egypt Independent nos trae la noticia de cada día respecto a los cierres de medios. Lo hace con el titular Egypt media authority defends suspension of LTC channel" y señala:

The Supreme Council for Media Regulation (SCMR) in Egypt stated on Monday that its decision to suspend satellite broadcasts of the Light TV Channel (LTC) for two weeks was implemented in accordance with law No. 180, on press and media regulation.
Its rationale for suspending the LTC included one program’s airing of the Zamalek Club chairman’s “unprofessional” statements, as well as another program’s “dissemination of gay slogans” and hosting of a homosexual guest.
SCMR Head Makram Mohamed Ahmed said in a statement that the decision conforms with the council’s professional standards, and that the channel’s temporary suspension would end on Tuesday morning.
The SCMR’s statement came after the Administrative Court of the State Council upheld the council’s decision, earlier this month, to suspend LTC broadcasts.
Ahmed stressed that the Council would continue to monitor any “professional irregularities” in media performance, and that it would meet any violations with “severe measures”.
The council’s decisions varied between a warning and suspension, Ahmed continued, including the temporary suspension of eight LTC programs, an investigation into its hosts and producers, a channel warning, and a fine of LE175,000.***


Todo muy profesional y acorde con el funcionamiento correcto de las instituciones. Lástima que la normalidad incluya la homofobia. Lo de Mansour, el presidente del club de Fútbol y diputado, viene dentro de su caída en desgracia y las acusaciones de que le están creando un "golpe de estado" dentro del club. Mortada Mansour es un polémico personaje en un entorno ya polémico. Es un auto invitado constante en estas páginas por derecho propio. La última que recogimos fue su postulación a la presidencia del gobierno en estas elecciones últimas. Por supuesto, se retiró antes de que fuera encarcelado o algo peor, como ocurrió con los que se querían presentar. Nos dejó una línea memorable de su programa para el caso de que llegara a la presidencia, el cierre de Facebook en Egipto. No necesitaba más programa. Ahora le están moviendo la silla del Club y se despacha a gusto por los canales televisivos.


Pero es la homofobia reinante la que le ha costado las medidas de castigo, del cierre a la multa, al canal Light TV Channel. También la homofobia es parte de la nueva normalidad. Se juntan aquí el cierre de medios y la homofobia con la que el régimen de al-Sisi quiere convencer a los egipcios de su "moralidad" frente a la "inmundicia" que llega de fuera. Porque la homosexualidad, como el ateísmo y el feminismo vienen de fuera, no son parte de la esencia del pueblo egipcio que los rechaza. Son males que Occidente les exporta para destruir su natural carácter. Los males les llegan por los medios, las redes sociales, etc. Ya lo advirtieron jeques y patriarcas, las redes sociales distraen de la oración y pervierten a todos.
La nueva normalidad es la nueva moralidad. Bajo al-Sisi, Egipto se ha convertido en un país bajo sospecha y bajo el microscopio atento de los puritanos, de los piadosos, de los amados por Dios y facultados para censurar, detener y eliminar a cualquiera que no siga las normas. La nueva moralidad se define a través de la mirada piadosa del presidente, que ya ha puesto a los egipcios contra la espada y la pared en sus gustos televisivos, y también de los muy profesionales jueces, comités, jeques y policías, brazos ejecutores de esta visión casta y pudorosa, beatífica de un  pueblo destinado a construir nuevas pirámides que asombren al mundo, pero de cuya situación los mercados, mal informados, recelan
Egipto, donde todo comenzó; donde todo termina sepultado por la normalidad.



* "Egypt cancels treasury bonds auctions for the third time in a row" Ahram Online 17/09/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/3/12/311735/Business/Economy/Egypt-cancels-treasury-bonds-auctions-for-the-thir.aspx
** "Al-Sisi asserts Egypt’s drive to reveal truth, full transparency in Regeni’s murder investigations" Daily News Egypt 17/09/2018 https://eklutdvotyzsri.dailynewssegypt.com/2018/09/17/al-sisi-asserts-egypts-drive-to-reveal-truth-full-transparency-in-regenis-murder-investigations/
*** "Egypt media authority defends suspension of LTC channel" Egypt Independent 17/09/2018 https://www.egyptindependent.com/egypt-media-authority-defends-suspension-of-ltc-channel/



lunes, 17 de septiembre de 2018

La guerra de los iletrados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La semana que dejamos afortunadamente atrás ha marcado un hito difícil de superar y, sobre todo, difícil de digerir. Las esperanzas de renovación de la vieja política por la nueva política se ha quedado como gozo en pozo. Las almas más inocentes han sido violentamente asaltadas por la evidencia más espantosa: la cera que arde apesta.
Ha sido una semana en la que no ha habido sentido al margen: hemos bajado la vista, nos hemos tapado las narices y no hemos dado crédito a lo que escuchábamos. Tampoco hemos sido capaces de digerirlo, por lo que ni el gusto se ha salvado de la contaminación sensorial de esta semana negra y apestosa, ruidosa y tóxica.
La guerra de másteres y tesis ha sido, es y será una demostración de que hemos perdido el rumbo social y político. Nosotros lo perdemos enganchados en estas grescas barriobajeras de acusaciones y ellos lo pierden mostrando unas prácticas que deberían avergonzar a más de uno. La palabra "entredicho" que unos y otros se arrojan nos mancha a todos.

Esta guerra es algo más que un rifirrafe entre malos estudiantes, gente que tiene poco apego al estudio y mucho más al disfrute de los títulos, que quedan bien enmarcados en despachos y oficinas, que quedan luminosos en las líneas curriculares con las que unos fustigan a los otros aparentando un conocimiento que no tienen.
Que personas con estas pretensiones lleguen tan alto, nos muestra el nivel al que han descendido la vida y clase políticas. Es difícil demostrar tan poco apego al conocimiento o a la universidad misma, que es a la que están hiriendo día tras día. Ya se lucha poco por el poder; esto es supervivencia en medio de una pecera a la que no se le cambia el agua, oscura, negra ya, de tanta desidia y mala baba.
Es la demostración palpable de que esta generación "tan preparada" ha descarrilado en la primera curva a la que se ha enfrentado por el punto más inesperado: su diseño artificial. Es la generación del currículum engordado porque así lo demandaba una sociedad de etiquetas y oropeles, de neones y fanfarrias espectaculares. Mucho ruido y pocas nueces. Puro teatro.
Los jóvenes políticos están siendo quemados en la hoguera según van llegando porque carecen de aquello que la generación anterior tenía, una experiencia de combate en las propias universidades. Muchos de ellos habían tenido sus confrontaciones en la Universidad en la época en que allí se daba mucha resistencia.


Cada día se leen artículos y titulares en los que se habla con enorme hipocresía y ligereza sobre "controles" académicos. Los periodistas llaman a las puertas de los profesores tratando que estos les expliquen cosas que no entienden sobre el funcionamiento de la vida universitaria, muchas cosas completamente normales, que les parecen insólitas solo por su desconocimiento. No nos engañemos, nadie busca la verdad. Se trata de echar leña al fuego, de mantenerlo vivo y escandaloso. Da igual el coste social, institucional.
Vivimos una política sin ideas; solo de gestos y titulares. Por atacarse, están haciendo daño a miles de personas que cumplen, alumnos y profesores, que realizan su trabajo con eficacia y honestidad. El intento de trasladar el desbarajuste de la política a la vida universitaria no es más que un intento de revolver el río para ganar algunos sus propias ventajas.

Ahora mismo hay un enorme malestar en las universidades, una gran crispación que está condicionando la vida académica sembrando el recelo y el nerviosismo en muchos terrenos.
No creo que esto se pare. Hay demasiados intereses en la política, y más allá de ella, en que haya un conflicto, en que se desprestigie a las instituciones y a las personas. La fiebre de mirar bajo a las alfombras esconde muchas intenciones y no será fácil parar a los elefantes en la cacharrería.
Todo esto son efectos colaterales de una larga crisis —moral y económica— que ha rebajado nuestros listones de exigencia y, sobre todo, de lo que es el sentido ético de las instituciones, de la política misma a las universidades. Todo es moneda de cambio, todo sirve de trueque para comprar prestigio o influencias. Todo es materia de conflicto. Al final la burbuja infame acaba estallando arrastrando al desprestigio a los culpables y poniendo bajo sospecha a los que tienen poca o ninguna culpa.
Enzarzados en sus peleas sin fin, cada vez más rastreras, acaban con todo lo que les rodea. Gustan de títulos académicos con en el franquismo gustaban de los títulos nobiliarios. Ahora no hay un Berlanga, ni tan siquiera un Ozores —Los graduados— que los retrate para dar ocasión a purgar con lágrimas tanta vergüenza.