viernes, 19 de octubre de 2018

La última columna o la importancia del caso Khashoggi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las cuestiones más complicadas en nuestro mundo actual es poder calcular los efectos de algo. Nuestra limitada conciencia de la causalidad se ve perdida en un universo que tiende al desequilibrio por acciones en apariencia pequeñas, pero cuyas repercusiones pasan a ser enormes. El asesinato de Jamal Khashoggi en el consulado saudí será uno de esos casos que pueden servir para trazar eso que se llama erróneamente un "efecto dominó" y que se parece más bien a una piedra lanzada al centro de un lago ya que se expande hacia todas partes.
De vez en cuando nos sorprenden con esas medidas demostraciones realizadas con miles de fichas que vemos cómo van cayendo en prefecta conexión, una tras otra. El caso Khashoggi carece de esa previsión del contacto ficha a ficha y puede tener consecuencias que, evidentemente, sobrepasan los cálculos de aquellos que cometieron el crimen que todo el mundo da ya por hecho y del que cada vez trascienden más detalles escabrosos.
Hasta el momento, a Arabia Saudí se le ha permitido todo por tres factores; 1) sus supuestas acciones frente al terrorismo; 2) su capacidad de provocar una crisis económica mundial por manipular los precios del petróleo mediante el control de la producción; y 3) sus inversiones multimillonarias por todo el mundo, una especie de salvoconducto.


En cuanto al primer factor, hay que definir qué es "saudí" y qué no lo "es", ya que el Reino es una de las fuentes principales de integrismo religioso. No es casual que Bin Laden fuera saudí, al igual que la mayoría de los integrantes del comando del 11 de septiembre. El wahabismo saudí ha sido durante décadas el principal promotor del radicalismo religioso a golpe de millones de los petrodólares, el dinero conseguido por el regalo del subsuelo, y repartido generosamente para financiar grupos que surgían en su seno. Otros grupos se formaron en distintos países por la radicalización de los que habían ido a trabajar allí desde otros lugares, especialmente en los años 70, que fue cuando se gestaron estos grupos, alimentados por las crisis con Israel y después redirigidas hacia quien les apoyaba, los países occidentales. Si todos los caminos lleva a Roma, la mayoría de los caminos llevan al origen de un conflicto que no se ha resuelto y cuya intensidad alimenta el radicalismo que se transforma en ideologías terroristas alimentadas por frustraciones y versículos incendiarios que muchos interpretan de forma radical cuando les interesa.
este primer factor es el que hay que medir a la luz de la historia, de los conflictos acumulados desde las cruzadas en adelante, de la formación de las ideologías fundamentalistas dando lugar a los grupos que surgieron al hilo del colonialismo, como ocurrió con los Hermanos Musulmanes, creados en Egipto, como respuesta de base religiosa al colonialismo británico. Los Hermanos y sus franquicias internacionales tomaron nueva fuerza cuando erróneamente se les consideró una alternativa más civilizada a lo que representaban las organizaciones wahabitas o salafistas, más cercanas al Reino. Nasser y demás militares manejaron a los Hermanos y los utilizaron como base social de apoyo, hasta que emprendieron un camino socializante que entraba en conflicto con ellos, pasando a una compleja historia de encarcelamientos y atentados. Hoy los islamistas políticos son perseguidos por los saudíes y por el gobierno egipcio. Su llegada al poder en Egipto por las urnas sembró las alarmas en un mundo de poderes fácticos y de poco espacio para la voluntad popular, algo que es manifiestamente incompatible con la ideología teocrática que practican. No hay voluntad democrática en ninguno de ellos, porque todos se consideran portadores de la voluntad de Dios, que es más rentable.


El gran conflicto sigue siendo las relaciones con un Israel que echa gasolina al fuego, apostando cada vez más por el radicalismo expansionista y justiciero de carretera que practica, desplazando del poder a muchas personas que han intentado alcanzar acuerdo justos que permitan para un estado de guerra continuo.
El caso Khashoggi es un punto con conexiones históricas en todas direcciones: Turquía, Estados Unidos, Arabia Saudí, como primer nivel, pero después con otros niveles en los que se manifiestan los efectos, Rusia, Irán, Qatar, Egipto, Siria, Yemen; y hasta terceros niveles que tejen un cada vez más complicado escenario.
Todo lo que se manifiesta en esos niveles, causa nuevos temblores en el resto, haciendo que los hilos que los entrelazan se tensen hasta el límite. La propia figura de Jamal Khashoggi es un centro de atracción de muchos otros. En él convergen no solo sus acciones propias, sino que es centro de los hilos de su propia familia, que les unen y separan de los distintos grupos dentro de la inmensa familia real saudí, un campo de batalla continuo, un equilibrio brutal que evita el caos en determinados momentos.
Algunos medios han resaltado los intentos de atraer al periodista mediante ofertas a la órbita real, pero se resistió, pues sus empeños iban más allá de las campañas promocionales puestas en marcha por el poder saudí.
El diario El País reproduce el último artículo que dejó escrito Khashoggi para su medio, The Washington Post, que le había ofrecido un puesto para difundir algo que hoy sabemos que prácticamente no existe:; una voz libre para los árabes. Y es ese precisamente el contenido de su columna.
En ella comienza constatando que según los informes internacionales, el único país del que se puede decir que tiene libertad de prensa es Túnez. Parcialmente, otros tres, y el resto no tienen más que la posibilidad de convertirse en ecos de sus gobiernos o ser cerrados, censurados o bloqueados. Conocemos bien esta situación a través del caso egipcio que tratamos con frecuencia.
A continuación, Khashoggi realiza un contundente análisis de la situación informativa y libertades en los países árabes:

El mundo árabe se llenó de esperanza durante la primavera de 2011. Periodistas, académicos y la población estaban llenos de ilusión por una sociedad árabe libre en sus respectivos países. Esperaban emanciparse de la hegemonía de sus Gobiernos y de la constante censura e intervención en la información. Las expectativas se rompieron pronto; esas sociedades volvieron a su antiguo statu quo o se enfrentaron a condiciones incluso más duras que antes.
Mi querido amigo el prominente escritor saudí Saleh al-Shehi escribió una de las columnas más famosas jamás publicadas por la prensa saudí. Desafortunadamente, hoy en día cumple una condena de cinco años de prisión por supuestos comentarios contra el establishment saudí. El Gobierno egipcio se incautó de toda la tirada del periódico Al-Masry Al-Youm, sin provocar ninguna protesta ni reacción de sus colegas. Estas acciones ya no conllevan el rechazo de la comunidad internacional. Como mucho, desencadenan una condena rápidamente seguida del silencio.
Como consecuencia de ello, a los Gobiernos árabes se les ha dado carta blanca para seguir silenciando a los medios de comunicación a un ritmo cada vez más rápido. Hubo una época en la que los periodistas pensaban que Internet liberaría la información de la censura y el control que se ejercía sobre los medios impresos. Pero estos Gobiernos, cuya propia existencia depende del control de la información, han bloqueado agresivamente Internet, y también han detenido a periodistas locales y presionado a los anunciantes para reducir los ingresos de determinadas publicaciones.
Todavía quedan algunos oasis que siguen encarnando el espíritu de la Primavera árabe. El Gobierno de Qatar sigue apoyando la cobertura de noticias internacionales, al contrario que sus vecinos, que se esfuerzan por mantener el control de la información para defender el “antiguo orden árabe”. Incluso en Túnez y en Kuwait, donde se considera que la prensa es al menos "parcialmente libre", los medios de comunicación se centran en temas locales, pero no en temas que afectan al conjunto del mundo árabe, y son reacios a proporcionar una plataforma para los periodistas de Arabia Saudí, Egipto y Yemen. Incluso Líbano, la joya de la corona del mundo árabe en lo que se refiere a la libertad de prensa, ha caído víctima de la polarización y de la influencia del proiraní Hezbolá.
El mundo árabe se enfrenta a su propia versión del telón de acero, impuesta no por actores externos, sino por fuerzas internas que luchan por el poder. Durante la Guerra Fría, Radio Free Europe, que se convirtió con el paso de los años en una institución fundamental, desempeñó un importante papel a la hora de alentar y mantener las esperanzas de libertad. Los árabes necesitan algo parecido. En 1967, The New York Times y The Post adquirieron conjuntamente el periódico The International Herald Tribune, que se convirtió en una plataforma para voces de todo el mundo.
Mi periódico, The Washington Post, ha tomado la iniciativa de traducir muchos de mis artículos y publicarlos en árabe. Le estoy agradecido por ello. Los árabes tienen que leer en su propio idioma para poder entender y hablar de los distintos aspectos y complicaciones de la democracia en EE UU y en Occidente. Si un egipcio lee un artículo que revela el coste real de un proyecto de construcción en Washington, podría entender mejor las consecuencias de proyectos parecidos en su comunidad.
El mundo árabe necesita una versión moderna de los antiguos medios de comunicación transnacionales para que los ciudadanos se puedan informar sobre acontecimientos mundiales. Y lo que es más importante, tenemos que proporcionar una plataforma a las voces árabes. Sufrimos pobreza, una mala gestión y una educación deficiente. Mediante la creación de un foro internacional independiente, protegido de la influencia de Gobiernos nacionalistas que difunden el odio a través de la propaganda, la gente normal y corriente del mundo árabe podría abordar los problemas estructurales a los que se enfrentan sus sociedades.*


El análisis es acertado y revela con claridad la causa de su propio asesinato. Él mismo se hizo el diagnóstico y el crimen, en la práctica. validó la teoría. Está claro que no se iba a permitir una voz que denunciara y animara a crear un frente informativo para contrarrestar el efecto paralizante del poder y los medios gubernamentales. ¿Tenía Jamal Khashoggi en mente la posible creación de un periódico árabe internacional que se dedicara a dar voz a los silenciados, encerrados o desaparecidos? Las ideas expuestas en su última columna periodísticas muestran que al menos era un carencia de la que era consciente. El principio del último párrafo así lo indica.
Como figura prominente, Jamal Khashoggi estaría bajo vigilancia y no es difícil pensar que quienes ordenaron su muerte supieran de sus planes perfectamente. Puede que en fechas próximas se aclare si este pudo ser el detonante de su asesinato. Las columnas en The Washington Post eran denuncias, pero proponer la creación de un nuevo medio internacional en árabe para ofrecer amparo a las voces disidentes es algo más que una columna. Y puede que alguien decidiera que sus efectos no podían ser admitidos. 
El canto a la oportunidad malograda de la Primavera Árabe es también una llamada a un nuevo intento de cambiar lo que no cambió. Y eso es percibido también como un peligro, como una incitación a hacerlo de nuevo. No se lo iban a tolerar.


El segundo y el tercer factor son de carácter económico. El segundo, la capacidad de frenar críticas y sanciones a golpe de aumento del precio del petróleo, lo hemos visto ya, lo que añade una complejidad mayor al caso en términos de interacciones entre los agentes, que pasan a ser todos los países, sus industrias, etc. ya que la energía es un elemento cuyas pequeñas variaciones tienen unos enormes efectos en el conjunto. Recortar la producción ya es una amenaza que ha tenido sus efectos en la subida del petróleo. Es un sector clave con consecuencias en todos los demás sectores.
El tercero es el que vimos practicar hace unos días contra Canadá cuando osó interesarse por el destino de las activistas saudís y canadiense. La retirada de empresas, de estudiantes y hasta de los enfermos en los hospitales, entre otras medidas, fue inmediata. La amenaza se dejó clara: nadie se mete en lo que se hace en el Reino.
Las respuestas al caso Khashoggi no se han dejado de producir con las anulaciones de la participación en el llamado "Davos saudí", una reunión en la que se tejen los negocios internacionales. El espectro de Khashoggi está demasiado presente como para ir a intercambiar sonrisas y abrazos con los que han ordenado su muerte según se va concretando el círculo sobre el príncipe que maneja el poder en el Reino.


La complejidad de las interacciones producidas por las conexiones tiene un factor que ya señalamos como importante: el efecto sobre la política norteamericana. Hasta Vladimir Putin ha aprovechado para decir que los Estados Unidos de Trump tienen responsabilidad en lo ocurrido. Trump va a pagar caro su danza del sable en Arabia Saudí y la foto sonriente sobre la esfera del mundo con el rey Salman y el presidente egipcio, Abdel-Fattah al-Sisi, otro buen amigo tanto de Trump como del monarca saudí, a quien le regalo dos islas, creando su propio conflicto. Egipto es un país sobre el que también habrá consecuencia, siendo la mayor evidencia de ello la práctica desaparición de las noticias sobre Khashoggi, al que se le consideraba próximo a las tesis del islam político. El artículo de Khashoggi cita varias veces a Egipto y a los secuestros de periódicos. La consideración de Qatar como un espacio de información "libre" le convierte automáticamente en un "peligroso terrorista" a los ojos del gobierno egipcio quien, junto al saudí y dos países más —como ya contamos aquí—, convirtieron a ese país en pro iraní y un estado enemigo al romperse el pacto de no injerencia.
A este pacto alude el propio Khashoggi cuando señala que nadie se atreve a ofrecer espacio a los periodistas o intelectuales disidentes en sus países porque los gobiernos y monarquía autoritarias lo consideran como una agresión y actúan en consecuencia. Casos de estos se han producido con frecuencia. De ahí la necesidad, señalaba el periodista asesinado, de crear un medio internacional en árabe para romper el bloqueo del miedo o del pacto, que impide informar sobre lo que realmente ocurre en los países controlados por estos gobiernos y familias.


La amenaza de las inversiones contra los países que interfieran, ya se vio con Canadá, pero el caso no admite indiferencia porque son pocos los gobiernos que quieren verse mezclados con un régimen de estas características. Aquí ya no se puede hablar, como Trump, de no decirle a la gente cómo se tiene que gobernar, sino de recordarles que secuestrar, torturar, asesinar y descuartizar está muy feo. Egipto consiguió acallar a medias el caso del estudiante italiano Giulio Regeni, secuestrado, torturado y asesinado, pero la notoriedad de Khashoggi es mucho mayor. Las esperanzas de la familia Regeni se desvanecieron con Salvini (y ese otro señor que dicen que es el presidente) en el gobierno italiano.
Lo ocurrido con Khashoggi es una muestra de cómo funcionan habitualmente la mayoría de estos regímenes. Lo nuevo del caso es la osadía de hacerlo en un consulado y a una persona muy conocida, con poder de comunicación y comprometiendo a diversos países. Si Khashoggi hubiera desaparecido dentro del Reino tendríamos explicaciones sencillas como atracos, atropellos, malas compañías, etc., como se intentó con Giulio Regeni. Pero se ha hecho en Turquía, con un gobierno en conflicto con los Estados Unidos, y por un firme aliado de Donald Trump.


Los hechos son solo una parte frente a sus efectos, que son también hechos. Nada está aislado, nada ocurre en el vacío. Todo pasa en un extraño espacio de ideas, recuerdos de lo ocurrido en ocasiones anteriores, y miedo a lo que pueda ocurrir. Todo ello forma parte de un presente sensible, no mecánico. El crimen ha sido brutal, según lo que sabemos. Ha sido el resultado de una decisión en la que han confluido muchas otras situaciones, donde se ha sopesado el pasado, presente y futuro. Demasiado para cualquier humano. La ilusión del control absoluto sobre lo que ocurre es eso, una ilusión.
Si el otro día decíamos que se trataba de establecer un discurso tranquilizante para evitar los daños Hoy nadie puede frenar con discursos o silencios lo que se va sabiendo. Y eso tiene unos efectos dentro y fuera del Reino. Difícilmente va a recibir nadie al príncipe sucesor en el momento en que el Reino ha ido buscando campañas de relaciones públicas sobre su modernización. Nadie se acordará del carnet de conducir de las mujeres o de las salas de cine en el Reino. Solo del crimen de estado.
La última columna de Jamal Khashoggi es importante si sirve para que se lea en todo el mundo la triste realizad de la situación de los países árabes, atrapados por las dictaduras que le controlan ante la indiferencia o la complicidad de muchos países que se centran en las relaciones económicas. Los saudíes compran cada día su presencia en el mundo a golpe de talonario y de amenazas sobre el petróleo. Su grado de desafío a cualquiera que les moleste va creciendo gracias a la protección de países o políticos irresponsables, como ha ocurrido con un Donald Trump que prácticamente les dejó las manos libres y que ahora se encuentra acorralado por las consecuencias domésticas del caso.
Esa columna debe ser leída ciudadosamente. Y no se debe olvidar la idea de un proyecto informativo real para el mundo árabe, lejos de la propaganda, la censura y el silencio. Hoy, como señaló, viven en una burbuja. El caso Khashoggi, por ejemplo, ha desaparecido de la prensa egipcia mientras que es portada en todo el mundo. Es solo un ejemplo de porqué necesitan la libertad de prensa y expresión que Khashoggi reclamaba.


* Jamal Khashoggi "Lo que más necesita el mundo árabe es libertad de expresión" El País (trad. The Washington Post) 19/10/2018 https://elpais.com/internacional/2018/10/18/actualidad/1539898831_395109.html





jueves, 18 de octubre de 2018

Una filosofía de ida y vuelta

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Dos sorpresas: que la Filosofía regrese con fuerza y que el diario El País lo considere noticia de cabecera abriendo su edición digital. Digo esto último sin ninguna ironía, aunque marcado todavía por la frase de Jardiel Poncela, "¡gran verdad, aunque lo diga el periódico!", escuchada ayer en nuestra revisión cinéfila de los miércoles de "Un marido de ida y vuelta", comedia estrenada en la escena madrileña a pocos días del término de nuestra guerra civil y retomada por el director Luis Lucia en 1957.
El regreso de la Filosofía a los planes de estudio españoles ha sido por unanimidad, nos dice el diario, algo que es casi un imposible y un impensable en este país que no se pone de acuerdo en nada, incluido su ser mismo.
A pesar de este bizantinismo patrio, de nuestras disputas constantes, es motivo de alegría que, pesa a no ponernos de acuerdo en nada, lo hayamos hecho con la Filosofía, lo que me deja en la duda de si se ha aprobado porque todos estaban de acuerdo o simplemente porque no le importaba a nadie. Sin embargo, lo que salga en el BOE va a misa aunque no se sea creyente. Es lo importante.
Nos recuerda El País el triste destino filosófico de la asignatura:

La Filosofía salió muy mal parada en la reforma del currículo que estableció la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa), más conocida como ley Wert, que se aprobó en 2013. En esta ley se mantuvo como troncal la materia de Filosofía de 1º de bachillerato, pero se eliminó el carácter troncal de la Historia de la Filosofía de 2º de bachillerato y de Ética de 4º de la ESO.*


Una corrección: no es la Filosofía la que salió "mal parada" sino las mentes de nuestros alumnos, ya de por sí bastantes castigadas por el ruido ambiente y la mediocridad que nos rodea en todo.
La necesidad de la Filosofía es la necesidad de pensar, algo que entre tanto protocolo y "aquí para pensar estoy yo" en que vivimos no es fácil. Me preocupa que, como ha ocurrido con casi todas las Humanidades, se ponga por delante a los alumnos pero tras esto se den las disputas de siempre por repartirse los horarios. La necesidad de pensar, de enseñar a pensar, de hacer pensar... es de una urgencia extraordinaria, de una necesidad agobiante. Se constata cada día en las calles, en el transporte público, en las aulas...

Hace unos años una profesora amiga de un país árabe me pidió que fuera a hablar a sus alumnos de la carrera de Filología Hispánica. "¡No quieren pensar!", me decía angustiada. "Cuando les pido que me interpreten un texto me piden que yo les diga lo que tienen que decir", así solo tenían que repetirlo, no asumían riesgos de equivocarse. Podemos decir que esa situación, aunque pudiera haber motivaciones diferentes, la estamos viviendo hoy de forma constante. Unos no quieren pensar y otros no quieren que pienses.
Es lo normal en un sistema que ha asumido que unos piensan y otros sirven, que se ha organizado para no tener que pensar, ejercicio que se reserva para el propio beneficio a la hora de emprender, bonito concepto que representa nuestra inmersión gozosa en el mundo de los negocios, más limpios o más turbios. La necesidad de la Ética es algo más que rellenar huecos escolares o colocar licenciados. La necesitamos no como asignatura sino como principio rector de nuestras decisiones en los ámbitos de la vida, las que nos afectan y las que afecta a otros. Pero el egoísmo imperante, formulado de forma elegante por nuestros teóricos del mercado o del mercadillo, sustitución del "gran teatro". Pero hasta Adam Smith, muy citado y muy poco leído, entendía que la actividad estaba encaminada al bien general, era un moralista, algo que se olvida.
Comparto lo expresado a continuación:

Focalizar la formación en el desarrollo de las habilidades para ser competente en el mercado laboral es parte del problema, según Javier Sánchez, portavoz de Podemos en el Congreso. “El desarrollo de la personalidad es clave, y ese planteamiento lo compartimos con el PSOE y con el ministerio”, zanja.*

La cuestión es de una obviedad tal que ha tardado años en llegar a nuestra clase política que, gracias a esa unanimidad, finalmente ha hecho caso a los que clamaban por la deficiente situación, el perverso enfoque educativo de nuestro sistema, este nocivo "laboralismo" deformador de la educación y, por ende, de las personas. El enfoque laboral, además, se ha convertido en un gigantesco tinglado creando un sistema laboral infame, provisional y precario, explotador de esos jóvenes a los que promete todo, aplaude incansable... y luego explota hasta la vergüenza. Precisamente el causante de este enfoque reduccionista de la persona y su formación es el miedo al vacío laboral. Ese miedo se ha convertido en un gigantesco negocio que ha permitido vender educación continuada a los que no consiguen trabajos decentes (en términos de sueldo), mientras que los sueldos se siguen cotizando a la baja y con brechas de delito entre lo que cobran unos y el espejismo de sueldo que cobran otros, cuando cobran, claro.
Pensar, sí, es una necesidad para construir un futuro decente y no de chiringuitos. Nuestra clase política, empresarial y educativa es responsable de este desastre de formación que ha convertido las aulas en mero lugar de paso hacia un destino oscuro. Las crisis económicas han sido las excusas para ocultar la penosa carencia de ideas para el país, de proyectos ilusionantes. Dedicamos demasiado tiempo a demostrar que no estamos de acuerdo, base de la política actual. Necesitamos la voluntad de país, de crear una comunidad que comparta futuro, metas hacia la que dirigirse. Hace falta que salga alguien y diga, como Kennedy, queremos llegar a la Luna. Y se llegue. Porque la Luna nos las venden todos los días varias veces. Es la Luna de Calígula, por citar a Camus, y no la de Neil Armstrong, de la que conmemoraremos pronto los 50 años.
Nosotros, como conjunto, tuvimos un día la ilusión de ir a Europa, y llegamos. Fue duro, pero llegamos. Lo hemos olvidado. Y ese sueño nos cambió, para bien y para mal, porque lo olvidamos pronto. La ilusión de lo común se nos ha perdido por este malsano individualismo que deriva en egoísmo e insolidaridad, de falta de diálogo y capacidad de entenderse.
Dice el filósofo Emilio Lledó al conocer la noticia:

"¡Qué alegría, qué alegría, no me lo puedo creer! ¡Con lo que he luchado yo porque cambiase!", se felicita el ensayista Emilio Lledó al conocer la noticia. "Ojalá sea ya realidad. Lo que ha pasado estos años ha sido un disparate", opina. "La filosofía no es eso de andar por las nubes, no, no, la filosofía es una conciencia crítica en el seno de la historia. Es lo que ha sido siempre", precisa el autor de Sobre la educación. "Porque los grandes filósofos no eran unos señores que estaban especulando por el aire, eran gente que miraba la vida, que miraba la sociedad, la naturaleza, el comportamiento de los seres humanos. Y luego crearon la sociedad comunicativa, pensaron que había que reflexionar sobre lo que pasaba, sobre el bien, la justicia, la verdad….", resume la disciplina. Y concluye: "por eso es necesario que la filosofía se convierta para los chicos en una mirada y una reflexión crítica sobre el mundo o la palabra".


¡Gran verdad, aunque la cuente el periódico!, por seguir citando a Jardiel. Lo que se dice aquí de los filósofos se debería decir de los políticos, de los empresarios, de los educadores. Hace años irritaba a mis compañeros de departamento cuando decía que todas las asignaturas deberían enseñar a pensar y variar en sus bibliografías. No era un simple frase, sino la fe que te mantiene enseñando, que no es otra que la de mejorar a las personas que llegan hasta ti en su periodo de formación. Se trata de transmitir entusiasmo, amor por lo que se enseña, y desde ahí sembrar las ideas de compromiso, de solidaridad con los que no saben y pueden mejorar vida y pensamiento. Mejorar la vida ha quedado reducido a ganar más, pero es otra cosa.
La Filosofía es la que reúne temas que están repartidos por todos nuestros saberes porque, efectivamente, trata de la vida y de cómo la vemos, sobre cuáles son los valores que estructuran nuestras sociedades y formas de  ver el mundo. Se trata de hacer ver la centralidad del pensamiento como orden y la necesidad de hacerlo críticamente para evitar los dogmas y poder mejorar.

Tengo mis dudas sobre si la enseñanza de la Historia de la Filosofía permitirá hacer esto y transformar el conocimiento en práctica y reflexión vital. Necesitamos personas conscientes, pues no se trata de tener ideas brillantes, sino de desautomatizar lo posible nuestras vidas, de reflexionar sobre ellas para tener un mayor control y comprensión de lo que hacemos y somos. No se trata de conocimiento, como insiste nuestro sistema educativo, se trata de encarnación, de hacer vivo al ser humano, es decir, hacerlo sensible al mundo, a los otros.
Es el gran pecado de las Humanidades, convertir en Historia o en normas. Se trata de "formar" de hacernos sensibles a las ideas, de abrir el gusto estético, etc. para darnos una vida más plena, más propia. La educación como mera acumulación o repetición no tiene ningún sentido.
Hoy, además, esa Filosofía se debe abrir al mundo, a otras formas de pensamiento. Debe mostrar que es algo que sigue evolucionando, transformándose, viva. Convertirla en museo es hacerla morir gloriosamente.
Tenemos una Filosofía de ida y vuelta. Pero en la comedia de Jardiel el regreso era como fantasma, un "espectro", divertido, pero espectro. Esperemos que el regreso de la Filosofía no sea el del fantasma que recorra nuestras aulas, sino el de la luz que nos saque de rutinas y oscuridades, de dogmas y automatismos. Lo necesitamos. A alguno le saldrán agujetas, pero es un esfuerzo necesario. Por ahora es solo un gesto, un gesto político de acuerdo. No echemos las campañillas al vuelo. Ahora hay que entender lo que ha querido decir Lledó para evitar que la Filosofía se convierta en otra rutina fantasmal.



* "El Congreso pide por unanimidad que la Filosofía vuelva a ser obligatoria en los institutos" El País 17/10/2018 https://elpais.com/sociedad/2018/10/17/actualidad/1539790211_552468.html



miércoles, 17 de octubre de 2018

Aquí no ha pasado nada (por ahora)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La pregunta saltó tras la conferencia de la inauguración del Máster a cargo del periodista Diego Carcedo, presidente de la Asociación de Periodistas Europeos, y veterano de nuestra Televisión en distintas corresponsalías. La pregunta le venía de otro periodista, Alfonso Bauluz, miembro de Periodistas sin Fronteras, y profesor del Máster: ¿qué hace que Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan coincidan en la defensa de la Prensa? No era fácil dar una explicación sobre estos dos personajes, sobradamente conocidos por sus manifestaciones (Trump) y acciones (Erdogan) contra la prensa, convertidos ahora en personas que exigen una explicación sobre la desaparición dentro del consulado en Ankara de Jamal Khashoggi, el disidente y crítico periodista saudí, enrolado en The Washington Post.
Creo que para llegar a una respuesta a esta pregunta compleja hay que ver el fondo sobre el que se desarrolla los hechos: el conflicto entre Estados Unidos y Turquía, una guerra económica feroz que ha debilitado la divisa turca y dañado su situación, complicando por ello la situación de Erdogan, que como Trump, presume de ser imbatible.

Diego Carcedo
Dos personas en conflicto permanente con la prensa, ¿se alían ahora para defender a un periodista? Es más bien un combate de zorros viejos tratando de poner al frente de un conflicto que puede debilitar al otro. Evidentemente, ninguno de los dos ha modifica su posición, pero sí han modificado sus discursos, que es la forma de exteriorizar el conflicto entre ambos. Mientras Erdogan aprovecha la situación para atacar a Arabia Saudí y comprometiendo a quienes les apoyan, es decir, a Donald Trump y los Estados Unidos, Trump se sale por la tangente dejando a Arabia Saudí en solitario con las explicaciones y después ya veremos.
Como dijimos en el texto del otro día sobre el caso, lo relevante aquí es el fichaje de Khashoggi por parte de The Washington Post, lo que le permitía desde una posición muy relevante criticar las políticas de Arabia Saudí y, con ello, el apoyo de Trump. El periódico había ficha a una figura relevante contra Trump al criticar las políticas del Reino.


Ayer mismo, la CNN ya consideraba que lo ocurrido podía considerarse como una consecuencia de la actitud indiferente ante los derechos humanos por parte de Trump en su visita a Oriente Medio, donde les dejó claro que los aliados no deberían esperan críticas ente los ataques a sus enemigos. Es lo que dijo respecto a Egipto y Arabia Saudí y en ambos países se ha producido un recrudecimiento de las campañas contra los críticos y disidentes.
Ninguno de los dos estaba defendiendo a la prensa o a los periodistas. Trump se limitaba a hacer un ejercicio de cintura esquivando el órdago y la rabia de Erdogan al ver que alguien que estaba bajo su protección ha sido torturado, asesinado, descuartizado y hecho desaparecer dentro del consulado.
El caso parece tan evidente que ha excitado la imaginación de Trump al comprobar que su compromiso inicial se puede volver contra él. El diario El País resume su versión sobre lo ocurrido:

Trump dice el domingo 14 de octubre que lo ocurrido con Khashoggi es "asqueroso" y promete un "severo castigo" a Arabia Saudí si se confirman las sospechas de asesinato de Khashoggi. El lunes, y tras una conversación telefónica con el rey Salmán en la que este le asegura no saber nada del tema, el presidente norteamericano sugiere que los responsables pueden ser "asesinos" que actúan por cuenta propia.*


La imaginación del presidente norteamericano supera cualquier previsión. Mientras la prensa de medio mundo dice que Arabia Saudí "sopesa" la posibilidad de hacerse responsable de la muerte de Khashoggi, Trump considera factible que 15 desconocidos tomen la decisión de volar desde Arabia Saudí poco antes del la entrada del periodista en el consulado, se abalancen sobre él, le torturen y se le vaya la mano. Estos irían por libre, según la versión Trump.
Es sorprendente el juego semántico que se practica con el verbo "sopesar". Se suele usar en términos jurídicos cuando una persona "sopesa" declararse culpable de algo para obtener una pena menor en un trato mejor que le hayan propuesto. Entonces hay algo que "sopesar", pero en este caso es casi un sarcasmo.
La reacción de Trump diciendo que exigiría explicaciones en este feo asunto a Arabia Saudí es una respuesta obligada tras la liberación del pastor norteamericano Andrew Bruson, detenido en Turquía y acusado de terrorismo y de apoyo al predicador Gülen, al que Erdogan acusa de estar tras el intento de golpe de estado.


Erdogan le devuelve el golpe a Trump a través de Arabia Saudí. La reacción de Trump es primero salir en defensa del periodista saudí, evitando directamente el golpe, y posteriormente preparar la defensa de los saudíes a través de un gesto absurdo, el viaje del secretario de Estado, Mike Pompeo, que The Washington Post recoge así:

The secretary of state was all smiles, his hand outstretched, as he approached the crown prince.
“We are strong and old allies,” Mohammed told Pompeo before reporters were ushered out. “We face our challenges together — the past, the day of, tomorrow.”
Pompeo replied with enthusiasm: “Absolutely.”
Throughout the day, Pompeo’s aides offered no response to media reports that the Saudis may be prepared to change their story and acknowledge that Khashoggi is dead. They have insisted that he left the consulate with the document he sought and that they have no idea what happened to him.
In Istanbul, it was unclear what possible clues or leads the Turkish forensics team found.
Hours before the team arrived, journalists photographed a cleaning crew entering the consulate with buckets, mops and what appeared to be cleaning solution. When investigators entered the building, they said they smelled chemicals, according to two officials in contact with the investigators.**


¡Extraña forma de mostrar disgusto o malestar con Arabia Saudí! Un régimen de este tipo puede, sin problema alguno, hacer que aparezcan culpables mañana mismo, si así lo desea. El rey Salman ha dicho que él no sabe nada, algo que podemos creer o no, lo que es irrelevante. Pero 15 personas no vuelan hasta Turquía a encontrar a una persona que ha pedido hora en el consulado para que le den unos papeles y poder casarse.
Sorprende el fondo de cinismo con el que se maneja esta situación por las partes. Sorprende que estén a la luz los hechos y que lo que se discuta sea la forma de arreglar los discursos para que sea "satisfactorio". La idea final es que se trata de un "saudí" secuestrado y muerto en "su" consulado y llevado probablemente de regreso a Arabia Saudí. Es lo que el Reino llama un "asunto interno" y amenaza con desparpajo a cualquier que interfiera en esta como en otras desapariciones, arrestos o ejecuciones. Este caso tiene todas las características de otros repartidos. Aquí se unen y se realizan en pocos minutos, que es lo que tardaron en deshacerse de él.


La hipótesis blanda del Reino es que el interrogatorio fue un poco duro y se les fue la mano. Eso ya lo hemos visto (extraoficialmente) en el caso egipcio de Giulio Regeni y todavía estamos esperando una explicación oficial. Regeni apareció muerto en una cuneta, con signos de tortura. Después se les adjudicó las muertes a unos delincuentes muertos a tiros por la Policía. No se lo creyó nadie, pero queda para los discursos oficiales. Caso resuelto y se acabó.
El problema aquí es que hay demasiados conflictos y llueve sobre mojado. El mejor posicionado es Erdogan, que se lamenta doblemente de que se le haya ido un amigo y en su propia casa. Más débil Trump, quien tiene que dar la cara ante los dos, Arabia Saudí (aliado) y Turquía (aliado enemistado). Los saudíes, por su parte, tendrán más o menos complicaciones en función del grado de conocimiento de las autoridades y de quiénes sean aquellos quince artistas del interrogatorio y de la desaparición.


Con la arrogancia de los saudíes y sabiendo como los valora casi todo el mundo, es probable que esta crisis dure más de lo pensado, pues se usará contra Trump, comprometiendo a los republicanos, que se enfrentan en unos días a unas complicadas elecciones intermedias. El hecho de que Khashoggi estuviera vinculado ya a The Washington Post asegura una cobertura que no podrá ser ignorada ni silenciada. A ella se suma otros prominentes periódicos y cadenas de noticias que tienen a Trump bajo escrutinio continuo.
Finalmente, la pelota tendrá que rodar en Arabia Saudí si la campaña sigue. Cada vez más se le complica la situación al rey Salman si todos los dedos van señalando al delfín del Reino. Combinado con las luchas internas que caracterizan a esa peculiar monarquía, el suceso producirá reacciones y pondrá a prueba la capacidad de resistencia  de unos y estabilidad del conjunto.  Arabia Saudí, que quería que nadie entrara en sus "asuntos internos", se ve expuesta de nuevo a las presiones internacionales en forma de boicoteos, indagaciones y condenas. Canadá tenía razón, si empiezas aceptando unas cosas, ¿quién sabe el sapo que tendrás que tragar en la siguiente ocasión?
Para tranquilidad de los periodistas, pues, ni Trump ni Erdogan, ni mucho menos los saudíes, se han vuelto favorables a la prensa. Solo se pasan la pelota para no sufrir desgaste por este tipo de situaciones (Trump) o para meter el dedo en el ojo (Erdogan) a los antiguos aliados y hoy fraternales enemigos. No va a ser fácil mantener esto callado. Por su parte, los saudíes quieren seguir pensando que es cosa suya... y aquí no ha pasado nada. Por ahora, claro. 
Surge, finalmente, la ironía desgraciada de la justificación de las bombas precisas, del pan en vez de la paz, y demás lindezas que algunos se gastan. 



* "Las claves de la desaparición de Khashoggi: una sierra, 15 saudíes y un dudoso registro" El País 16/10/2018 https://elpais.com/internacional/2018/10/16/actualidad/1539680827_619039.html
** "Saudi crown prince vows wider probes into Khashoggi case but still denies knowledge of journalist’s fate, Trump says" The Washington Post 16/10/2018 https://www.washingtonpost.com/world/pompeo-arrives-in-riyadh-for-talks-on-saudi-journalists-fate/2018/10/16/8e1bcb54-d0d5-11e8-a4db-184311d27129_story.html 


martes, 16 de octubre de 2018

Alarma democrática

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La presencia de un llamativo titular en el diario El País, "La democracia, en peligro", podría hacernos pensar que se trata de algún mensaje exagerado, apocalíptico o forma de reclamo para quedarse después, como es frecuente, en poca cosa o en casi nada. Sin embargo, no es este el caso. Otra cosa es que seamos capaces de evaluar las situaciones existentes para llegar a esa conclusión.
La falta de visión de conjunto, el desinterés por comprender los orígenes y causas de las cosas y, especialmente, el sentido confiado en que nada cambiará ocurra lo que ocurra, hará parecer a muchos un mensaje alarmista. No creo que lo sea. Aquí hemos tratado desde hace tiempo muchos de los síntomas que muestran que algo está pasando en la forma de percibir la política y las formas en que nos manifestamos.


Hace tiempo que se trata de la crisis política interpretándola como una crisis de legitimación, como crisis de la representación, como crisis de las instituciones, etc. Son un sinnúmero de crisis ya que la realidad no es tan clara como el papel en que se describe.
No explica el editorialista del diario El País:

El avance electoral de la ultraderecha en Brasil, que el próximo día 28 podría traducirse en la elección de Jair Bolsonaro como presidente de la República, ha venido a confirmar la extensión y la profundidad de los riesgos que se ciernen sobre la democracia parlamentaria en todo el mundo. Las amenazas no proceden de un extremo ideológico o de otro, sino que ambos parecen de acuerdo en deslegitimar el sistema político en su camino hacia el poder, al tiempo que se sirven de los derechos y libertades que el propio sistema les reconoce. América Latina no es la única región donde el fenómeno está alcanzando estaciones de difícil retorno, en países como Venezuela, Bolivia o Nicaragua; también en Europa las opciones extremistas de todo signo están pasando de condicionar la agenda política desde los márgenes del sistema, según había venido sucediendo hasta ahora, a instalarse sólidamente en su interior, gracias a un apoyo electoral cada vez más amplio. Entretanto, Donald Trump aspira a ganarse la lealtad de las fuerzas que cuestionan los regímenes de libertades, Vladímir Putin maniobra cada vez más abiertamente a través de ellas para destruirlos y China persevera en un modelo propio.*


Como mero recuento de las situaciones ya es bastante inquietante. Pero las noticias circunstanciales que acompañan estos avances hacia el autoritarismo se complican cuando se da cuenta de lo ocurrido en Alemania, los inicios de Vox aquí o la noticia de que en Hungría se ha aprobado una ley que permitirá multar y encarcelar a los sin techo por vivir en la calle que es uno de esos síntomas que no fallan pues revelan una forma de entender la vida un tanto autoritaria: no se solucionan problemas, solo se ocultan. 

Este barrer la pobreza como se barre la basura es un indicador de que la sensibilidad social hacia los problemas ha descarrilado y que los gobiernos acogen este tipo de situaciones como normalidad inquietante. En Egipto, por el ejemplo, un ministro se ha enfadado porque los pobres van a la capital cuando deberían quedarse en sus localidades. Es un mismo síntoma.
Sorprendentemente esta pérdida de la sensibilidad social es un resultado de la perversión de la propia forma de malentender la democracia, interpretada como la forma en que lo mío se impone a lo tuyo. Desgraciadamente, la larga crisis económica y sus antecedentes nos han dejado una forma de ver la política, la democracia especialmente, como una mera herramienta para conseguir lo que se quiere o lo que se ofrece.
La democracia es algo más que ganar. Es sobre todo un ejercicio de responsabilidad y solidaridad con el conjunto. La democracia puede ser partidista, pero no puede ser sectaria, es decir, de unos contra otros porque se acaba perdiendo el rumbo y perdemos todos con ello. En España estamos bastante aquejado de este problema, quizá porque nuestra democracia es joven, aunque lo mismo ocurre en otras más viejas, que se han disparado hacia el egoísmo, como ha ocurrido en los Estados Unidos con Trump. Su triunfo se ha entendido como una liberación de instintos reprimidos, pues solo así se explica la explosión del racismo y la insolidaridad, la caza fronteriza de inmigrantes, etc.  formas claramente anti democráticas.


Sí, la democracia no se encuentra en buen estado. Más bien se encuentra en un lamentable estado de abandono por parte de los propios políticos y del su público, convirtiéndola en lo que no debe ser, un circo romano. Los Estados Unidos son un ejemplo de este mal, pero también lo son en aquellos países que han perdido las referencias y usan los poderes para recortar las libertades.
Las libertades son importantes, pero tan importante como ellas es su uso. Y es ahí donde fallamos estrepitosamente. Una democracia que usa de forma insolidaria su libertades no sobrevive a sí misma. Por eso el que ejerce mal el poder, abre brechas y no hace que los ciudadanos tengan un mayor sentido de la comunidad solidaria, está causando un grave deterioro.
La democracia es ejemplar o no lo es. Es el viejo problema de la libertad y el mal. Si elegimos el mal, seremos malvados libres, que es mucho con lo que nos encontramos hoy en día cuando parlamentos de todo el mundo suman sus votos para alcanzar mezquindades, maldades o irracionalidades entre aplausos y abrazos, que no se entiende muy bien a qué vienen, pues cada victoria de este tipo en una derrota del conjunto. No les importa mucho, es cierto, pues esto es solo encubrimiento del autoritarismo.


Hay que preocuparse por las libertades propias y ajenas y hay que ser solidarios con todos; hay que hacer el bien lo que se pueda. Un estado que vende bombas porque son precisas o que dice que entre la paz y el pan, se queda con el pan, no tiene un futuro brillante, sino solo un ejercicio constante de cinismo.
No solo está en peligro la democracia allí donde no se practica, sino también allí donde no se la respeta en su fondo. Esa falta de respeto va calando y se llega así a la segunda y más peligrosa falta, el abandono, el desinterés, que es lo que ha acabado ocurriendo allí donde las viejas promesas remozadas llegan a captar la atención de las gentes. La vuelta de los fascismos disfrazados una vez más de patriotismo es un grave síntoma de perversión política, pero sobre todo de la falta de ilusión por los valores democráticos.
El desencanto de muchos se produce porque habían creído que la democracia era como una carta a los Reyes Magos. No es el caso. No hay nada en ella que no surja y se alimente de otra cosa que de nuestro esfuerzo. Es una concepción muy pobre la de una democracia solo de resultados y no de valores.
Por eso crecen los que prometen mundos nuevos que saben a rancio. El desconocimiento de la Historia y la falta de sentido de futuro alienta movimientos y tendencias, enfoques desviados, que prenden en situaciones críticas.


Son demasiados casos y ejemplos del deterioro de la democracia y sus valores. Y es cada vez mayor el descaro de aquellos países que no solo no la respetan sino que se burlan de ella como una debilidad. Son demasiado líderes presumiendo de su fuerza, de su ausencia de respeto por los valores democráticos que son los del diálogo, el respeto y un sentido solidario de la comunidad, no solo nacional sino internacional.
Un comentarista de la CNN recordaba ayer algo que aquí hemos resaltado varias veces: el viaje de Donald Trump a Arabia Saudí proclamando que no iba allí a impartir lecciones de moralidad ni conferencias diciéndole a la gente cómo debía actuar. Los resultados los tenemos hoy en los titulares. Solo Canadá se ha atrevido a decirle a los saudíes que ellos valoran más los principios que el dinero que invierten en los países para acallarlos, incluido el nuestro.
El ejemplo dado por los Estados Unidos, el mal ejemplo, ha prendido allí donde se copian las formas y maneras de su presidente, la prepotencia y el egoísmo del nuevo proteccionismo. Aquella manifestación de que no importan los principios democráticos ha sido asumida por otros países que siente que ya no deben fingir que viven conforme a las normas y valores democráticos, sino exterminar a sus opositores dentro y fuera. La alarma por las muertes de periodistas en todo el mundo, especialmente en países en los que no se habían dado, se debe apuntar también en el haber de quien desprecia a la prensa y la llama la "enemiga del pueblo".


¿Alarmismo? No lo creo. Más bien debería llevarnos a una serie reflexión sobre cómo se aprovechan de nuestros errores e indiferencia aquellos que quieren acabar con la democracia. El editorial termina hablando de grandes palabras que han servido como identidad de la democracia. Creo que sería más eficaz pedir pequeños actos y grandes gestos que representen que anteponemos los valores comunes a los egoísmos particulares.
Mecanizando la democracia se le hace un flaco favor. Pasar de vez en cuando por las urnas no es democracia, tan solo una parte de ella. Partidos, instituciones, ciudadanos, medios, etc. deben reflexionar sobre lo que es y representa la democracia. Las alarmas están muy bien, pero es mejor no llegar a ellas y que mantenerla viva con ejemplaridad, ilusión y compromiso.



* Editorial "La democracia, en peligro" El País 15/10/2018 https://elpais.com/elpais/2018/10/14/opinion/1539530782_976260.html



lunes, 15 de octubre de 2018

Los incomprendidos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los artículos del profesor Tewfick Aclimandos en el diario estatal egipcio Ahram Online (previamente publicado en el no menos estatal Al-Ahram Weekly) siempre muestran algún punto de interés respecto a la comprensión del país. Tiende más a los análisis y evaluaciones de conjunto, con los riesgos y aciertos que esto conlleva en los resultados. Las más de las veces se mueve a lo largo de la delicada línea de tratar de comprender (y hacer comprender) un país de tanta complejidad como es Egipto. En ocasiones, hemos comentado algunos de sus artículos, manifestando al respecto un acuerdo o desacuerdo mayor o menor.
Esta vez el profesor Aclimandos nos trae un texto, titulado "The discourse on Egypt", en el que trata de asentar algunas ideas características de la forma de percibir los egipcios su propia situación.
Empieza el autor, como es habitual en el país y en el propio medio, con el principio general de la incomprensión, es decir, la creencia asentada en que nadie entiende la situación egipcia, que nadie entiende sus posturas y acciones. Después de citar algunas palabras en este sentido, el autor señala:

My colleagues did not understand why many of our Western colleagues “persistently underestimate the risk of civil war,” and they did not understand how “post-modern” societies such as those in Europe could seriously “think extremism does not pose a threat to women and minorities”.
They did not understand why many European analysts and scholars could spend so much time studying “stupid thinkers” belonging to the Islamist camp.
“These thinkers simply eructate, belching out high-sounding nonsense, and the European academics say this is deep and beautiful logic.” A few Egyptian colleagues think the European discourse is the legitimisation of an ongoing plot.*



Las palabras que Aclimandos recoge son parte de la letanía oficial de quejas del régimen egipcio. ¿Por qué no nos entienden? La afirmación parte de una presunción: ¿y si realmente se comprendiera de forma clara el fenómeno egipcio, que no sería tan complicado de entender como a muchos les gustaría? Pero es casi ofensivo decir que se entiende lo que ocurre en Egipto. Porque a los egipcios, en el fondo, les encanta su propia complejidad, por más que esta esté más en su imaginación que en otro sitio.
Forma parte del discurso egipcio, pues, la incomprensión. Son tan especiales que nadie puede entender su propio drama histórico, entre cuyas acciones se incluye la defensa del mundo, aunque este no lo sepa. Tales afirmaciones pueden ser leídas en cualquier intervención del presidente al-Sisi como parte del papel histórico del país y de las catastróficas desdichas que ocurrirían de no mantener la vigilancia.
¿Se siente fascinado Occidente por los pensadores islamistas? No lo creo. Pero lo que sí es una evidencia es la desaparición de los intelectuales egipcios, agotada la generación que tenía algo que decir y, sobre todo, harta de tener que justificar con palabras o silencios el autoritarismo represivo de sus propios dirigentes. Eso es mucho más grave.


La causa es sencilla y repetida. Los pensadores islamistas publican. Los pensadores egipcios no islamistas callan por temor a ser críticos y a jugarse sus puestos acomodados en la academia, sus cargos en la administración, etc. o se limitan a callarse para mayor comodidad.
Hoy Egipto es un espacio polarizado entre el silencio precavido, que ha arrasado con magníficos periodistas, excelentes escritores, innovadores artistas, etc., y los aduladores y propagandístas sin vergüenza ni límites, que luchan por hacer favores comunicativos al régimen, que solo quiere escuchar loas. Si alguien tiene algún mensaje que dar, mejor que lo guarde.
El propio Aclimandos reconoce que la investigación sobre el país está financiada por el estado, por lo que solo sale aquello que interesa que salga. A ello le dedicamos hace tiempo una larga entrada del blog, señalando el silenciamiento de la investigación social. Si hay alguien se conoce poco, son los egipcios, que reciben su imagen de un espejo pulido que embellece cuanto se le coloca delante.



Tewfick Aclimandos señala sobre esta circunstancia de la falta de auto conocimiento:

Study should lead the researcher to modify these, if only because a subject seldom yields the answers one expects. But modifying views requires time and an agile mind.
There needs to be a willingness to reconsider assumptions and the social and academic context that allows this to take place. Moreover, any modification should not be seen as a threat to the researcher’s own discourse on himself. It should be seen as a way of bettering it.
These considerations are incomplete, but I prefer to switch to another issue. Any young person, Egyptian or foreign, who studies Egyptian society after finishing his formal education has many reasons to be shocked.
Relations between those in power and those in subordinate positions often look like master/slave relationships, for example. The work ethic is not our strongest virtue.
Relations between women and men are often despicable. The crude differences between rich and poor can be heartbreaking. Worse, fewer and fewer people can climb the social ladder. Despite talk to the contrary, there are low and not so low levels of violence. Political behaviour is often grotesque.
A young scholar then has a choice: he either thinks that this is appalling and that the country needs a revolution, or he recognises the strangeness all about him while seeing that it seems to work. His task then becomes how to understand it and how and why it reproduces itself.*

La distancia, en efecto, entre los discursos oficiales egipcios y la propia realidad es difícil de afrontar para aquel que despierta del letargo. Aquellos artistas que tratan a través de la literatura o del cine, de dar una visión crítica son acusados de ser enemigos de Egipto. Desde el poder se les anima a abandonar los temas  que se consideran oscuros. Hasta un inocente chiste sobre las aguas del Nilo puede hacer dar con tus huesos en la cárcel, como a la cantante Sherine; o desahogarte ante el acoso sexual en las redes sociales, o que un hombre te abofetee en pleno centro comercial puede hacer que los medios se vuelvan contra ti porque pones en evidencia un insólito y bien cultivado machismo que va de los miembros del parlamento, que piden la ablación sumisa, a los acosadores callejeros. Hablar de lo negativo es peligroso y te aleja de las prebendas. Mejor adentrarse en lo insustancial.


Los argumentos del miedo han prosperado de forma inquietante para justificar una realidad social cada vez más injusta, como se ha señalado en el artículo, y no favorecer ningún cambio. Miedo a una guerra civil, miedo a la desaparición del estado. Ambos miedos se combinan para tener que aceptar la represión, las desapariciones, la violencia... Sirven para justificar una justicia interesada en sostener al poder y defender a los torturadores.
Pensar que todos los que no aceptan esto son "islamistas" es una de las falacias más infames que se han podido realizar. E infame ha sido el régimen Egipto con todos aquellos que dieron sus vidas en la calles intentando cambiar un régimen que no solo no ha cambiado sino que se ha fortalecido en su intransigencia y autoritarismo, añadiendo las gotas piadosas que han acrecentado los movimientos contra las mujeres o contra los cristianos en las zonas en las que el sectarismo no se considera problema, sino parte de la realidad. Las denuncias de todos estos grupos son constantes y por ello acusados de conspiradores o desagradecidos.
Las palabras hace unos días del presidente diciendo que el 25 de enero de 2011 se usó una medicina equivocada para un diagnóstico equivocado es una infamia contra los que se levantaron contra los abusos de la policía en un régimen autoritario.


El discurso egipcio es hoy más oficialista que nunca, más afecto al poder que nunca y más alejado de la realidad que nunca. Solo las ayudas de los Estados Unidos de Trump y de la Arabia Saudí mantienen en pie a un régimen que no admite espejos, solo espejismos.
La realidad es la de un régimen que lleva décadas en el poder, sostenido por las familias tradicionales de jueces, policías, militares, profesores universitarios, empresarios, periodistas, etc. una élite que sabe que su propia subsistencia pasa por resistir, por convencer al pueblo que tanto Dios como la Historia quiere que ellos estén ahí hasta el final de los tiempos. Si los islamistas son un problema, uno mucho mayor es el inmovilismo. Los primeros son la excusa para el segundo. Es mejor una política de enfrentamiento constante que un intento real de transformar la sociedad egipcia.


Es la triste realidad del discurso oficial egipcio, que tras décadas de revolución nominal la situación social haya creado todas esas barreras a las que se refiere Tewfick Aclimandos en su escrito. Son barreras sociales, elevadas por la intransigencia y la falta de interés en modernizar una sociedad olvidad en muchos puntos de su geografía o, como dice Aclimandos, demasiado cairota en sus punto de vista.
El discurso egipcio es un lamento porque se escucha o lee a los miembros de la Hermandad y no a ellos. ¡Excusas! Es que ese discurso que esperamos escuchar está silenciado por la realidad militar egipcia: no hay más voz que la que sale de los cuarteles, no hay más que el aplauso y la fanfarria. La crítica no existe y, por ello, el discurso oficial egipcio carece de interés alguno. Es oficialista, victimista y juega a demasiadas bazas, todo ello camuflado bajo los clarines de un nacionalismo ajado.


El régimen ha renunciado a cualquier discurso que no sea el halago. Eso fuera no funciona. No creo que haya muchas simpatías por el discurso de los islamistas en occidente. Pero tampoco hay ningún interés por la pobreza de un discurso que se basa en el control de los ciudadanos, en la intimidación de todos aquellos que desde fuera puedan ser divergentes en sus opiniones. Ni siquiera en África se ve con buenos ojos un discurso despectivo, basada en la "superioridad" egipcia. Recordemos el incidente ocurrido en mayo de 2016, en la reunión africana de Naciones Unidas, que tuvo que ser silenciado.


El egipcio tiende a callar cuando discrepa y a elevar mucho la voz en el halago. Son los hábitos de décadas viviendo bajo regímenes que solo han buscado la obediencia y justificarse en la necesidad de defenderse de un mundo que no les entiende.
Hay muchos jóvenes, mucha gente con muchas cosas que decir sobre cómo ven el futuro de un Egipto del que no quieren verse excluidos. Pero estos se van o se condenan al silencio en su propio país, siendo cada vez más vigilados. Ya hay acuerdo casi general en que el régimen de Al-Sisi supera al de Mubarak en represión. De nuevo la excusa del terrorismo y la posibilidad de una guerra civil. Pero la detención de críticos, de personas de base demócrata, no tiene nada que ver con estas excusas. Son estas "confusiones" las que ni occidente ni nadie entiende.
No es fácil para ningún pueblo hacer examen de conciencia, pero no es este el caso. Se trata más bien de un discurso construido desde arriba con la intención de hacer perdurar el poder y el control social. Convencidos de que nadie les entiende, están en cambio sumergidos en el error de su propia autopercepción, distorsionada por la manipulación constante.
Cada vez la imagen egipcia es más irreal y así lo reflejan sus discursos oficiales, en constante choque con una realidad que no se desea afrontar. Una vida larga en una burbuja es complicada y te acaba distanciando del mundo.

Fotografía del detenido Shawkan

* Tewfick Aclimandos "The discourse on Egypt" Ahram Online 13/10/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/313155/Opinion/The-discourse-on-Egypt.aspx