viernes, 25 de mayo de 2018

Bonitas historias incompletas


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De la interesante entrevista con el intelectual, político y politólogo canadiense Michel Ignatieff en El País Semanal, realizada por Andrea Aguilar, me quedo con dos frases. La primera representa un principio importante: «La lección complicada de aprender es que el pasado nunca acaba. No termina, porque en algún momento se convierte en el campo de batalla en el que se pelea el presente.»
En estas semanas pasadas he tenido la ocasión de trabajar en el seminario con mis alumnos de doctorado el libro de Keith Jenkins "Repensar la Historia", que me pareció un buen texto con el que adentrarse en la crisis en que la Historia se encuentra como un metarrelato vertebrador de las sociedades. Como sucede en las Ciencias Sociales y en la Humanidades, la historicidad de los procesos echó por tierra las pretensiones esencialistas sobre las que se había construido el pensamiento occidental arrinconado eternidades, inmutabilidades y cualquier otra cosa que sirviera como punto de referencia estable. El "ser" humano pasaba a ser un "existente" arrojado a los ríos históricos del devenir, condicionado por su posición en ellos, flotando entre un pasado nebuloso reconstruido constantemente por su mirada, y un futuro cambiante, imaginario, hacia el que se siente engañosamente arrastrado como destino, pero resultado de su percepción del presente.
La idea de Ignatieff de que "el pasado nunca acaba" tiene mucho de esa idea expuesta. Lo que no acaba nunca es la pretensión de su escritura historiográfica, discurso en el presente y para el presente. De ahí que la respuesta de Jenkins a la pregunta "¿qué es la Historia?" sea una corrección: "¿para quién es la Historia?". Se introduce pues al destinatario, aquel que se interroga desde su propio presente. Así adquiere un sentido la frase de Ignatieff: hay que aprender que el pasado nunca acaba. No acaba nos dice porque es la batalla del presente. Hizo bien Jenkins en separar el pasado "lo ocurrido", del que solo quedan restos, del discurso historiográfico que lo recoge y da sentido, en permanente cambio e interpretación, espacio de diálogo y enfrentamientos, de disidencias o acuerdos. Ese "campo de batalla", como lo llama Michael Ignatieff, es precisamente el conflicto que se abre en las sociedades por la reescritura del pasado.

Keith Jenkins

Lo podemos apreciar en la España de hoy en la reescritura y reinterpretación de fenómenos como la "transición", el discurso secesionista, etc.  En Egipto, por ejemplo, lo podemos encontrar en la actual reescritura del periodo de Mubarak, la consideración de la "Primavera árabe" y la revolución del 25 de enero de 2011, la reescritura del "no-coup" de 2013 (el "golpe" que se quiere reescribir como "revolución"), etc.
Si el relato histórico es una construcción lógica y cronológica realizada reinterpretando los "restos" del pasado para crear el sentido justificador desde el presente de la escritura, es aquí donde se produce el conflicto por legitimar e imponer la validez de uno de ellos para que sea aceptado. Los mecanismos de Jenkins para que esa "historia-relato" sea la "Historia" son parecidos a los que señala Michel Foucault para mantener el "orden" de los discursos: de las instituciones a los libros de texto, pasando por el cine, la literatura, etc. que reafirman representando la "verdad" de esa historia o, si se prefiere, esa historia como "verdad".
Como habitantes del presente, hemos desplazado a los que ya son para nosotros parte de un pasado con el que no nos identificamos.  Hay sociedades en las que los discursos del pasado se imponen como dogma impidiendo la evolución. Así ocurre con los fundamentalistas que consideran que la historia es degradación respecto a una edad de oro. Lo que queda de ella son los textos que describen la perfección del momento pasado y, como contraste, la imperfección del presenta. Así ocurre cuando los textos se blindan como dogmas y se castiga, expulsa o elimina a quien duda de ellos. Así son las sociedades ancladas en los relatos del pasado. Así ha funcionado el Estado Islámico allí donde ha controlado el territorio. Son sociedades con guardianes violentos de la ortodoxia.

En las sociedades democráticas, es decir, en las basadas en el diálogo, es necesario un equilibrio en los discursos históricos: se hace necesario mantener un discurso estable que una y una plasticidad suficiente para poder reajustar la historia a nuestro presente. En ellas tampoco el pasado se agota; más bien está abierto a la exploración continua, a la reescritura crítica. La quiebra se produce cuando los relatos son incompatibles; surge así el cisma, la separación violenta de las comunidades interpretativas. Es el ser histórico de cada uno lo que queda sobre el tablero.
Introducimos aquí la segunda frase de Michael Ignatieff en la entrevista: «Nadie comprende en su totalidad lo que estamos viviendo. No le voy a contar una bonita historia que ate todos los cabos porque no creo que sea posible.» En su obra, Jenkins planteaba lo que sería el problema epistemológico (frente al ontológico): el conocimiento necesario para crear nuestra visión de un camino del pasado al presente siempre es insuficiente e imperfecto. No sabemos todo, quizá apenas nada. Es nuestra necesidad doble de racionalidad y relato (logos y mitos) lo que nos hace intentar encontrar coherencia explicativa en lo que asumimos como verdad. Como seres de deseo, racionalizamos aquello que justifica nuestras ambiciones, nuestra voluntad de convertir en verdad aceptada nuestros discursos explicativos.
Hay otros campos de las Ciencias que trabajan con experimentos y métodos empíricos de verificación. La Historia —como parte de la Ciencias Sociales— y las Humanidades trabajan sobre interpretaciones que llevan a la construcción de los relatos que dan cohesión al grupo, a la comunidad. En la medida en que la comunidad es estable y se produce una convivencia más o menos armónica, los relatos funcionan. Cuando surgen los conflictos, comienzan las discrepancias y las luchas por los grandes relatos, por convertirlos en la explicación global y centralizada de la que se derivarán otras en cadena.
La expresión de Ignatieff a su entrevistadora —"No le voy a contar una bonita historia que ate todos los cabos"— plantea de forma "amable" la cuestión. Podría hacerlo y plantear su historia como "el relato que ya no necesita más relatos", el final interpretativo. Esa es la aspiración totalitaria, cerrar la historia, es decir, tener la última palabra, la que condena a los demás al silencio sumiso. Ya no hay nada más que decir.
En la medida en que nuestras sociedades se han hecho más abiertas, comprendemos el sentido de apoderarse del significado, de la reescritura constante. No hay otra cosa en el fenómeno que vivimos de las "noticias falsas". Aquí se manifiesta en toda su dimensión la lucha por los relatos, ya que son estos los que nos mueven socialmente y políticamente. En las sociedades totalitarias, laicas o religiosas, hay un discurso único de cuya discrepancia surgen riesgos; en las democráticas, se corre el riesgo de grandes fracturas sociales que hagan imposible la convivencia.


En la Historia muchas cosas no son solo cuestión de "verdad" o "falsedad", sino de "aceptabilidad". Las sociedades antiguas vivían bajo el yugo de los mitos y de sus intérpretes. Nosotros hemos cambiado nuestros criterios y tenemos nuestros propios mitos, como el nacionalismo, las religiones, etc. que tienen sus propios relatos que compiten por hacerse con la centralidad social.
Nuestro mundo es y será un escenario permanente de conflictos. Ya tenemos una guerra abierta por la información que nos permite comprender el mecanismo en su plenitud. Se produce con una intensidad desconocida porque nunca habíamos tenido una cobertura global de la información. El fenómeno del "para quién" había tenido dimensión local. Pero la Historia misma nos muestra la ampliación tecnológica para la dispersión de los discursos. Desde la localidad oral hemos llegado, a través de los siglos, a la simultaneidad global, a la deslocalización de los discursos que se han vuelto "líquidos" en un mundo fáustico. Velocidad frente a profundidad, dispersión frente a concentración.
Me gustaría introducir aquí otras palabras de Michael Ignatieff, las últimas, describiendo el mundo en el que nos encontramos:

«Vivimos la mayor revolución tecnológica desde Gutenberg, tenemos la Biblioteca de Alejandría en nuestros bolsillos. Esta emancipación de la información es algo inédito y debería fortalecer la democracia, hacer a la gente más sabia y que nuestras conversaciones fueran más inteligentes, debería ser algo maravilloso. Pero lo que ha generado es una furia incandescente contra quienes tenían el monopolio del conocimiento, incluidas las universidades y la prensa. Hay quien dice: "Si tengo el conocimiento en mi teléfono, ¿por qué crees que tienes derecho a decirme lo que es verdad o correcto?". Parte de este cuestionamiento me parece bien, pero las universidades son absolutamente vitales como guardianas de la distinción entre rumores, paranoias, fantasías y noticias falsas.»*


Universidades y prensa forman parte de la producción de los discursos que dan sentido a la realidad. La idea de "monopolio del conocimiento" es relativa e histórica, producida por el devenir y la emancipación de las instituciones anteriores, cuyo monopolio era dogmático. La Ciencia se emancipa de las religiones, que detentaban los mecanismos dogmáticos que producían los discursos de sentido y explicaban la Historia. Todo estaba subordinado a ellos.
Las universidades suponen una forma de emancipación del conocimiento respecto al dogma centralizado. El conocimiento se fundamenta en principios provisionales y no dogmáticos, autocríticos y formando parte de un debate abierto en la comunidad.
La prensa supone la irrupción de la "opinión pública" frente a la más elitista "república de las letras". No es casual el efecto interactivo entre opinión pública y la emancipación política que surge al hilo ilustrado de las revoluciones. Por eso la libertad de prensa y expresión son garantías de la apertura del diálogo social frente al verticalismo dogmático que tiende a imponer silencio reverencial.
La armonía social se debería producir allí donde existe la libertad de dialogo, en donde el conocimiento surge de la crítica y es transferido a la sociedad que lo recibe para ampliar el debate y mejorar la cultura. Sin embargo, poco tiene que ver este planteamiento idílico con la "furia incandescente" de la que habla Ignatieff contra el conocimiento que fluye desde las instituciones que tienen la función de busca y construcción.
Hoy vivimos en el reino de la confusión sistemática, estrategia usada para subvertir el orden social. La duda sobre todo arrastra hacia el dogma como refugio.
El llamamiento de 600 rectores a hacer que las universidades regresen a su función producir personas pensantes y dejen de centrarse en la empleabilidad considerada como mera formación para el trabajo, un trabajo en el que cada vez es menos necesaria la inteligencia a la luz de los avances en la automatización y en la IA. El mundo sin pensamiento crítico es una mezcla extraña de fábrica y juego infantil impulsivo y caótico.
¿Cómo se para esta tendencia al caos y al enfrentamiento, está violencia que nos devuelve al dogma y al autoritarismo? La respuesta es muy compleja que es la forma actual de decir que lo desconocemos. Como en todo sistema, debemos trabajar en la estabilidad y no en lo contrario. Algunos predican la necesidad del caos para que de las cenizas surja un orden nuevo. Pero puede que de las cenizas no quede nada que surgir.


¿Se puede vivir sin verdades eternas? Quizá se trate de vivir con una combinación pragmática de conocimiento provisional y deseo de mejorarlo, es decir, valorando lo que sabemos a sabiendas de que pronto será insuficiente. Quizá no tengamos que buscar la eternidad, que pertenece a otros metarrelatos, y sea más importante pacificar nuestro presente.  Pero mucho me temo que no sea eso lo que tenemos por delante. La paradoja señalada por Ignatieff es que cuando más información tenemos, más divergencias se producen. Es la confusión de los discursos, el Babel informativo. No es el primero que lo nota. Eso nos responsabiliza más a las dos instituciones mencionadas: universidad (educación) y medios (opinión pública). Si pierden el rumbo, solo quedarán conflictos por delante.
Señalaba Ignatieff que es necesario que aprendamos a vivir en lo incompleto, en la renegociación constante con nuestro pasado desde la autocomprensión (en lo personal y en lo colectivo). No es fácil y es necesario. Vivir dentro de nuestro mundo complejo es cada día más difícil.
Quiero dedicar este post a Xin, a Yangyang y Shiruyu por sus atentas lecturas de Keith Jenkins que han servido para diálogos fructíferos en nuestros seminarios doctorales junto a otros compañeros. La universidad puede seguir siendo un espacio de debate intelectual, un espacio para dialogar y pensar constructivamente, donde nada está cerrado definitivamente y se puede seguir el camino de la investigación. Buscamos la claridad, poder explicar y explicarnos. Hablamos, hablamos y hablamos. Otros solo gritan y confunden.



* Entrevista Andrea Aguilar "Michael Ignatieff: “La unidad nacional está en permanente construcción” 15/05/2018 El país Semanal https://elpais.com/elpais/2018/05/15/eps/1526379724_688938.html?por=mosaico

jueves, 24 de mayo de 2018

La biblioteca familiar como defensa


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario estatal egipcio Ahram Online reproduce el artículo "Culture against terrorism", firmado por Mohamed Salmawy. El artículo había sido publicado en la también estatal Ahram Weekly. Salmawy es el presidente de la asociación de escritores egipcios, periodista, ha sido miembro de ministerios, profesor de lengua y literatura en la Universidad de El Cairo en el pasado, persona preocupada por la cultura, un intelectual. Fue editor del Ahram Weekly, donde apareció este artículo, y columnista frecuente en Ahram Online.
Lo que le trae esta vez a la escritura es una preocupación muy concreta que se manifiesta en una pregunta lanzada al gobierno: «Has the government has radically cut Ministry of Culture allocations in the budgetary bill that is now under review in the House of Representatives?» En un Egipto en crisis económica, los recortes presupuestarios en "cultura" puede parecer a muchos una salida fácil. Pero las preguntas de Salmawy son una crítica a una tendencia a ver en la cultura solo negocio y no el fundamento para poder amueblar las mentes dejadas al descubierto para la seducción totalitaria del fanatismo.
Mohamed Salmawy reconoce los sacrificios y esfuerzos realizados por las vías de la fuerza para conseguir la seguridad, pero considera que eso no es suficiente:

An MP told me that the allocation for the Family Library project has been slashed entirely. Is this true? Is this acceptable? I fear for the future if the House of Representatives approves the budget as it stands, because this would be an implicit declaration that the government has given up fighting terrorism, despite the enormous price that Egypt has paid in fighting terrorist crimes, a toll that was paid in the form of innocent lives lost, the disruption of revenues from tourism and the sources of people’s livelihoods, and the lack of security and sense of safety.
I had thought that, with the success we have achieved in driving back terrorism through military and security means, the time has come to address the ideological sources of terrorism in order to eliminate it entirely.*


Es difícil que hoy se pueda eliminar en su totalidad el fenómeno de terrorismo basado en el fanatismo religioso, cuyas raíces son complejas. Pero también es cierto que es necesario afrontarlo en terrenos más allá de la lucha armada. Cada terrorista caído es uno menos, sí, pero muerte es reciclada en "martirio", en "sacrificio" que marca el camino a otros. La verdadera lucha está en las mentes.
Salmawy considera inaceptable que se renuncie a la vía cultural mediante los recortes que el parlamento egipcio tiene previsto hacer. En el marco de las críticas que gobierno y parlamento afrontan, esta crítica desde los propios medios estatales y por una persona tan significativa dentro del mundo intelectual egipcio —cuyos silencios suelen ser tan clamorosos como sus halagos— supone un plante serio.
Tras hacer un canto patriótico a los sacrificios de la lucha armada contra el terrorismo, Salmawy pasa a lamentar la pérdida de apoyo a las otras armas, las intelectuales:

However, as important as these efforts are, they focus on the terrorist crimes and criminals, not on terrorism itself. Terrorism is the product of deviant ideas and attitudes planted in the minds and hearts of deluded youths who are recruited to commit those crimes.
Ideas cannot be fought by arms or by the law. Ideas are fought by ideas, by culture, literature and the arts. The weapons in this battle are not the gun or the bomb, but the book, the film and the piece of music.
These latter are the weapons that the government has ignored for decades, leaving the field open to ideologies of extremism, fanaticism and sectarianism.
I am amazed that we have let all these years go by, fighting the crimes of terrorism without acting on the need to draw up a comprehensive national plan to fight the terrorist phenomenon.
Such a plan would bring on board the ministries of culture, education, youth and sports, and social solidarity, and the Supreme Council for the Press and Media.
Their joint purpose would be to fight terrorist thought by reaching out to people’s minds, using the weapons of the book, the film and other cultural products to save them from the predations of the preachers of extremism, Salafism and delinquency.*

Al canto a las armas intelectuales —las ideas se combaten con ideas— se suma la crítica a la ignorancia de esto durante décadas. El crecimiento de las ideas fanáticas requiere de una acción que las combata en sus mismos términos. El gran error de los regímenes autoritarios es pensar que con la fuerza de las armas lo controlan todo. 
El origen de la Biblioteca Familiar está en los años del régimen de Hosni Mubarak. Poco después de la Revolución de enero de 2011, en plena Primavera árabe, Egypt Independent nos ofrecía información sobre la Biblioteca y lo que había supuesto:


The General Egyptian Book Organization last month appointed a committee of reputable writers and literati, headed by author Ibrahim al-Aslan, to reform a cultural project to promote reading, “Maktabet al-Osra” (Family Library).
Since its establishment in 1994, the Family Library has been under continuous scrutiny in the cultural field. A Culture Ministry project created under the leadership of former First Lady Suzanne Mubarak, it was meant to encourage reading among the public by re-printing a selection of classics and newer books at affordable prices.
"Despite its great potential, the project was meant to beautify the face of the Mubarak regime,” says Ahmed Zakaria al-Shalaq, a professor of modern history at Ain Shams University, who is a member of the new committee. “Our main aim now is to make ‘Maktabet al-Osra’ beneficial to all Egyptians."
One main criticism waged against the project was the ambiguous criteria upon which books were selected for republishing, with some making accusations of nepotism and favoritism of writers affiliated with the Mubarak regime. Printing an image of the former first lady on the back of every published book was also a cause for dissatisfaction with the project.**



De lo que se decía en agosto de 2011, poner la biblioteca al servicio de todos los egipcios, evitando convertirla en un mecanismo de propaganda del régimen, con la cara de la esposa de Mubarak impresa en cada ejemplar, y en una forma de promover a los amigos. Una biblioteca desde el estado requiere de un estado con amplias miras para no instrumentalizarla. Ahora, en cambio, se enfrenta a la extinción, como manifiesta Mohamed Salmawy en su escrito en Ahram Online. ¿No hay otra fórmula entre la extinción y la propaganda, una que permita a los egipcios acceder a lo mejor de la cultura universal?
Hace unos días puede ver un vídeo realizado por la publicación Cairo Scene, que nos presentaba a Omar Amin y su The Vanished Library. Amin recoge libros donados y les encuentra "hogar". Los destinos de los libros son la venta, el intercambio o la donación a orfanatos, colegios o institutos. Él recupera lo que corre riesgo de perderse. Tiene libros en muchos idiomas, reflejo de una clase ilustrada y cosmopolita del pasado que ahora se desprende de ellos. Los libros más valiosos, nos dice, están tras el cristal, son los feministas.


Otra iniciativa nos muestra bibliotecas en la calle, muebles conteniendo libros que pueden ser leídos por los que pasan. Es una forma, se señala, de enfrentarse a la subida de los precios de los libros. Los libros son muchos de importación y su precio se ha disparado. Todo está caro y los libros más.
En una de mis visitas a Egipto, alguien me contó que los grupos salafistas se dedicaban a retirar del mercado los libros que consideraban "peligrosos". Algunos se dedicaban a recorrer las librerías callejeras y las purgaban de los libros peligrosos. Omar Amin sabe que los libros son piezas apetecibles tanto para los que quieren leerlos como para los que no quieren que sean leídos. Ellos, los integristas, sí saben el papel importante de la lucha cultural; una victoria en este campo traerá los reclutas para la guerra terrorista. Todo empieza en la mente.
El problema de los regímenes autoritarios es que no saben ir más allá de la propaganda ni más allá de la fuerza. El fundamentalismo de las ideas se combate con libertad, una libertad que debe ser expresada. El problema es la de aquellos que consideran que la libertad es un vacío. Es entonces cuando se empieza a perder la batalla porque el fundamentalismo es claramente activo, descredita la libertad y no la respeta. Por eso es importante el compromiso activo de las personas que defienden las libertades. Y eso lleva a un problema grave a un régimen que usa la fuerza y la censura, por un lado, y tiene que combatir al fundamentalismo con las armas de la fuerza. Salmawy tiene razón, las ideas se combaten con ideas; pero hay que añadir que el fundamentalismo se combate con libertades. Y es ahí donde falla el régimen, que anula las voces críticas y busca un sistema monolítico.


Aquí, en este blog, hemos dado cuenta de intelectuales valiosos que anunciaban su retirada de la vida cultural, su autoexilio en el silencio. No querían ser tildados de traidores por decir que "no era esto", que el régimen de al-Sisi escogió la peor opción: repetir los errores de la era de Hosni Mubarak. Por ello no tiene nada de particular que no comprendan el valor de la cultura y recorten sus presupuestos en un proyecto esencial, la "biblioteca familiar".

Article 48 of the Egyptian Constitution states: “Culture is a right of every citizen that is guaranteed by the state. The state is committed to support it and provide all types of cultural materials to the various sectors of the population.”
This is the right that is key to fighting deviant thought which leads to terrorism.
Unfortunately, activating that right has always run up against a barrier of making books available to the recipient. This is why the Family Library project is so important.
It helped overcome the chief obstacle to the dissemination of the book and its literary, cultural and educational substance: the price.
For many years we had relied on a single instrument— the Cairo International Book Fair — to make books available to the public at affordable prices.
But thanks to the Family Library project, huge amounts of readers — numbering in the millions now — have gained access to the ideas of leading Egyptian and international writers and experts in all fields of knowledge.*

Solo la insensibilidad de los legisladores o del estado mismo puede no comprender la importancia de la idea. Poder colocar en las casas, en las familias, una colección de libros que mantengan alimentada la mente frente al vacío y lo defiendan de la penetración de las ideas violentas es muy importante y una inversión de futuro. No sé si esto es medible de alguna forma, pero el sentido común nos dice que en una mente ilustrada es más difícil que entren las ideas fanáticas.
Los libros son una parte; lo importante es que esas ideas se interioricen. Para combatir el fanatismo no vale crear otro de signo contrario, sino mentes críticas y autónomas. Eso es lo que hace recelar al poder. Creen que mentes críticas se volverán contra ellos. Y tienen razón, pero no lo harán bajo el manto del terrorismo, sino exigiendo libertades.
En Egipto, los poderes se han encargado de hacer ver que las libertades acaban en el caos y que solo la fuerza les puede defender. Así el poder refuerza su prestigio a través de la fuerza. Es un error que se acaba pagando.
Más allá de Egipto, las bibliotecas familiares están desapareciendo por muchos motivos pero con un solo resultado: el vacío de la ignorancia es aprovechado para la penetración de ideas que nos manipulan, que juegan con nuestra credulidad indefensa. Hoy es la batalla de la desinformación, de las fake news o de la forma que queramos llamar a los incitadores de la ignorancia. Nos necesitan ignorantes para poder manipularlos. La ignorancia es el futuro con el que muchos cuentan y que están creando en medio de un mundo lleno de fuentes de información que son despreciadas en favor de lo atractivo, de lo hábilmente diseñado para seducirnos.
La advertencia de Mohamed Salmawy sobre los recortes o la suspensión de proyecto de la "Biblioteca familiar" en Egipto debe ser tomada en serio:

If we abolish or cut back the Family Library project we will have abandoned one of our chief weapons in this battle against terrorism itself, a battle that we still need to win.
I appeal to all our lawmakers in the House of Representatives to take heed of the danger and to insist that the government safeguard the Family Library project and increase, rather than cut, its allocation in the budget.
This is the type of action we need to take if we are truly serious about fighting terrorism.*

El mensaje ha salido a través de Ahram Weekly y de Ahram Online, lo que indica que ambos medios le conceden importancia a la figura y al mensaje. Su defensa de la cultura, de los libros y la lectura, como formas de defenderse del mal del integrismo fundamentalista que acaba traduciendo sus ideas en muerte es importante porque muchos de los intelectuales no están dispuestos a decir cualquier cosa que les sitúe frente al régimen. Entre el silencio y el halago, Salmawy ha elegido una tercera vía, la crítica para dejar en evidencia a los que desprecian el papel de la cultura. Las ideas que salen habitualmente del parlamento egipcio no son precisamente un motivo de esperanza.


El siglo XXI es ya el siglo de la ignorancia, el de la falta de capacidad de enfrentarse a los problemas reales a través de las ideas por la irrupción masiva de la trivialidad, el gran enemigo del pensamiento. Hoy hay demasiadas cosas que nos llevan a ellas. Lo percibimos allí donde deberían producirse los debates. Ya no hay debate, solo grito o bostezo.
Esto hace que en los países en paz se busque el conflicto permanente y que en los que viven graves conflictos —como Egipto— la violencia sea constante. Tiene razón Salmawy: la raíz son las ideas y se combaten con ideas. En aquellas sociedades que desperdician sus espacios de diálogo porque han empezado a apoderarse de ellas la trivialidad, el vacío se llena con populismos, nacionalismos, integrismos, sectas, etc. Todo ello es resultado claro del vacío, de la incapacidad de traducir en actitudes y compromiso la defensa de nuestras libertades y logros. Solo desde la ignorancia es posible rechazar lo que construimos y dinamitarlo. Los favorecidos son los que tienen orden e ideas y siembran el desorden primero para cosechar después.
El ejemplo de Egipto es importante. Hay que defenderse frete a los partidarios del libro único o de ideas únicas. Para esos libros diversos ya no hay espacio, parece, en nuestros hogares. Sin ellos, sin sus palabras variadas, ricas, nos empobrecemos y pasamos a ser alimento de los carroñeros que niegan las libertades y necesitan de nuestros cadáveres intelectuales. Leer nos saca de nosotros mismos, de nuestras certezas, y nos ayuda a comprender mejor al regreso de nuestro viaje en la lectura. Hay que leer, leer de forma diversa, acercarse a lo desconocido para comprender mejor y comprendernos críticamente. En la variedad está la receta contra el adoctrinamiento.
Esperemos que el artículo de Mohamed Salmawy sirva de algo y la Biblioteca familiar pueda llegar a más hogares llevando energía renovada en las ideas, lejos del adoctrinamiento, de la propaganda y del amiguismo. Lo expresado sobre la Feria del Libro de El Cairo como único recurso da cuenta de la precariedad y del abandono de regiones enteras que han quedado fuera del alcance de la influencia de los libros. Se pagan así los años de censuras, de silencios, aprovechadas por los que no necesitan más que un libro y sus tácticas de seducción.


* Mohamed Salmawy "Culture against terrorism" Ahram Online 21/05/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/299893/Opinion/Culture-against-terrorism.aspx
** "Reforming Suzanne Mubarak’s Family Library" EgyptIndependent 11/08/2011 http://www.egyptindependent.com/reforming-suzanne-mubaraks-family-library/



miércoles, 23 de mayo de 2018

¿Por dónde cae el futuro? o el sol del poder


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Era previsible. Los intentos del régimen egipcio de crear un partido de apoyo al presidente y "crear" otro que hiciera de "oposición" para fingir un sistema bipartidista ya están dando quebraderos de cabeza. ¿Quién quiere ser "oposición" cuando hay un partido que va a ganar siempre? La pregunta habrá rondado por la cabeza de los diputados del parlamento egipcio al enterarse que ya podían todos estar del lado del poder, aspiración natural del político pragmático.
Comentamos en su momento el absurdo de crear la oposición desde arriba y pretender hacer creer que se trataba de una democracia. En realidad es el mismo procedimiento seguido en las recientes "elecciones" presidenciales: para tratar de evitar las acusaciones de farsa, se busca un opositor dócil que pase a la historia como oponente. Es el papel que le tocó jugar al bueno del señor Moussa Mostafa Moussa. Pero no es tan sencillo encontrar un partido de oposición que no se oponga.
Ahram Online nos cuenta ya los primeros efectos de esta estrategia con el titular "Free Egyptians Party faces mass resignations of MPs in latest internal crisis". En un sistema donde los golpes no son golpes, los candidatos a la presidencia no se oponen al presidente, etc. no tiene que extrañarnos que nadie quiera se oposición, papel que ha quedado reservado a un número muy pequeño de diputados, a los que se tiende a sacar del parlamento en cuanto que hay ocasión.
El artículo nos cuenta el golpe interno dado al partido liberal del millonario Sawiris (sí, el liberal con negocios en Corea del Norte) y la salida de sus diputados:

Half of the Free Egyptians Party's (FEP) Parliamentary bloc have resigned from the liberal party and joined Future of the Nation Party, news reports said on Tuesday, in the latest partisan reshuffle of Egypt's House of Representatives.
In statements to Shorouk Daily on Tuesday, MP Mohamed El-Masood, who resigned from FEP and joined Future of the Nation party, said half of the FEP parliamentary bloc had switched camps.
"FEP did not perform well in the past period; it should have built a popular base in the Egyptian street, but its current leadership did not care for that. There has also been no cooperation between the MPs in the House of the Representatives," El-Masood said.
El-Masood believes that Future of the Nation Party is working to widen its popular base in the Egyptian street.
Founded in April 2011 by Egyptian billionaire Naguib Sawiris as a secular liberal party, FEP won 65 seats in the parliamentary elections of 2015, achieving the greatest number of seats in the House of the Representatives.
Pro-government Future of the Nation Party, which was founded in 2015, comes in second after FEP with 53 seats.
"We [Future of the Nation Party] want to be the majority party in the upcoming parliament and participate in forming the government," El-Masood said.
El-Masood's statements come 24 hours after FEP leader Essam Khalil denied that the party is witnessing a mass migration of its MPs.*


Todo esto debe enmarcarse dentro de una política general cuyo objetivo era debilitar los partidos políticos en Egipto y construir un parlamento de apoyo fuerte al presidente (no digo al gobierno). "Apoyo" es un concepto excesivo, pues el poderoso no necesita que se le apoye, sino que se le siga. El poder en Egipto tiene cara, no es una idea u organización. Abdel Fattah al-Sisi no representa a un partido o una idea. Él mismo se identifica como un mediador entre el pueblo y el estado, dos entidades que no admiten división. Se es el pueblo o se está contra él; se está con el estado o en su contra. No hay matiz, por lo que el ser oposición implica ser enemigo del pueblo y del estado. Ofender al presidente o desafiarlo es desafiar al estado y al pueblo. Las recientes condenas a los militares que se presentaban a las elecciones presidenciales tenían entre sus acusaciones "intentar separar" al pueblo del Ejército.
Los parlamentarios que estaban en el partido liberal y laico de Sawiris huyen hacia un futuro mejor en el nuevo partido. No quieren quedarse en el lado "opositor" ni aunque sea de cartón piedra. Saben lo que significa ser el "malo de la película" y no están dispuestos.


La creación de un partido no es por una cuestión ideológica, sino por tener una base social, por un lado, y como señalan explícitamente tener voz en la formación de los gobiernos. Esto último muestra una aspiración a más poder. Los parlamentarios egipcios arremetieron contra el gobierno (no el presidente) responsabilizándolos de la baja participación, que era el verdadero reto. Esa batalla, la importante, se perdió.
El Partido del Futuro de la Nación quiere, pues, formar parte de los gobiernos y tener contacto con la calle. Este segundo aspecto tiene un sentido peculiar ya que la calle está altamente desideologizada. Al igual que Hosni Mubarak tenía su "partido oficial", esencial para el clientelismo, el régimen actual aspira a más de lo mismo, a un partido que el pueblo pueda tocar, al que se le puedan pedir cosas.
La creación de un partido de estas características abre la posibilidad de que se repitan las circunstancias de Mubarak, treinta años por delante. La enorme inversión en propaganda centrada en la imagen de al-Sisi en las presidenciales no se ha traducido en un aumento en la participación. Como analizamos, les preocupa la abstención y especialmente la importante cantidad de gente que fue a votar pero lo hizo en blanco o anuló su propio voto. El partido da la oportunidad de incorporarse a la estructura del poder a la gente y tener su propio poder local.


Cuando se produzcan las próximas elecciones parlamentarias, habrá una propuesta que esté del lado del poder y otros que quedarán fuera. Es lo que ha producido la reacción de escape del partido de Sawiris. Nadie quiere quedarse fuera sabiendo que les tocaría ser la oposición, lo que implica criticar al poder de vez en cuando, riesgo que no están dispuestos a asumir.
El multimillonario Sawiris se puede permitir el lujo de ser opositor de quien quiera, pero sus colegas no quieren jugar ese papel, por lo que el enfrentamiento interno se ha producido rápidamente. Unos niegan que se haya producido el éxodo masivo hacia el poder, mientras que otros afirman ya haber cogido las maletas y estar en camino. El diario señala para cerrar la información:

This is the latest internal crisis FEP has faced since the party spilt into two fronts -- one led by its founder Naguib Sawiris, the other by its current leader Khalil -- when the latter moved to change the party's bylaws and disband its board of trustees, which included Sawiris himself. 
Sawiris sued Khalil and presented official complaints to the party's committee accusing him of "leading a coup against the party's true bylaws." The legal battle has not yet been settled. 
Sawiris said via Twitter on Tuesday that he is "sad" about what is happening to the party.
"The best interest of Egypt lay in having a truly independent political party," the business tycoon added.*

Pero pocos de los que se meten en la política egipcia aspiran a ser independientes. Son muchos más los que buscan recompensas inmediatas y no ser objeto de difamaciones, de ataques por el aparato mediático del estado, etc. que suele ser el destino habitual de cualquiera que discrepe. Los ejemplos de Mohamed Anwar El-Sadat o los de cualquier otro que intentara decir lo que pensaba o veía son claros y aleccionadores.

Todos quieren estar del lado ganador. Por muy poderoso que sea Sawiris, nunca lo será tanto como la maquinaria del estado y quien esté frente a ella. A Sawiris ya le dinamitaron el partido hace tiempo escamoteándoselo. Ahora se va un paso más allá y abandonan el partido en busca de mejores perspectivas y aprovechando las ideas lanzadas sobre la unión de los grupos en uno solo. Se discute la viabilidad legal pues hay restricciones a los cambios de bando en el parlamento. Pero lo importante es la tendencia que se percibe.
Que los miembros de un partido más votado se pasen a otro menos votado puede parecer un despropósito. Y lo es. Solo se explica si hay una conciencia clara de dónde estará el poder. Con ideologías débiles y aspiraciones fuertes, los miembros van allí donde esperan mejores cosechas,
El régimen egipcio sigue su tendencia a concentrar el poder y a intentar aparentar diversidad donde no la hay. La farsa de las elecciones presidenciales se repetirá en las elecciones generales. La huida hacia el partido que se espera ganador es una señal del futuro.


* "Free Egyptians Party faces mass resignations of MPs in latest internal crisis" Ahram Online 22/05/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/299997/Egypt/Politics-/Free-Egyptians-Party-faces-mass-resignations-of-MP.aspx





martes, 22 de mayo de 2018

La universidad frustrada


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País nos trasladaba ayer lo que discutíamos ese mismo en la comida, lo que muchos hemos hablado otras veces en cafés o conversaciones informales, lo que hemos escrito en distintos medios, la frustración universitaria ante la deriva social que nos lleva desde hace décadas hacia un sistema doble, un concepto burocrático de eficiencia con un sistema de premios y castigos, por un lado, y una idea de formación que no contempla a las personas en su integridad sino solo desde la necesidad del sistema de producción.
Ya no somos institución de referencia para la sociedad, el lugar en el que se forma el pensamiento para dar lo mejor, para alcanzar los valores de la solidaridad y la responsabilidad social, para comprender el valor de la crítica como camino constante, sino que nos hemos convertido en una institución que se dedica a "competir", a hacer sus campañas promocionales como si fuese una empresa de bollería, a someterse a una burocracia vigilante que la tiene en constante tensión, favoreciendo principios selectivos dudosos, etc.
La Universidad comentábamos en esa comida un profesor jubilado y yo, ha dejado de preocuparse por ser referencia moral de la sociedad para asumir todos sus vicios y carencias. Apenas hay voces institucionales que desde la Universidad muestren que nuestro espacio es algo más allá que un centro de formación para el empleo y se convierta en el lugar en el que se aprende a pensar de forma doble, en un saber que transforme el mundo a través de la transformación de las mentes. Son los que han tecnologizado la institución —su función y funcionamiento— los que la han dejado sin defensas frente a un mundo exterior que se basa en la idea de beneficio en un sentido personal e institucional. No han entendido que la Universidad se basa en un ejercicio de generosidad, en un acto solidario de transmisión del conocimiento y de transformación de quienes pasan por ellas. Hoy languidecemos ante la apatía de los que llegan y  la indiferencia maquinal de quienes reciben, más preocupados por sus propios e inestables futuros que por el de todos. Este fenómeno no es exclusivo de nuestro país, pero adquiere aquí unos tintes intensos por la bajada de las defensas frente a un mundo indiferente a sus valores cuyas manifestaciones más claras de desprecio las hemos estado viendo estos días en los diversos escándalos relacionados con la política y la universidad. Como dijimos en su momento, más allá del caso personal, está lo que revela de desprecio a los valores universitarios, la reducción a una línea curricular.
Con el titular "Emprendedores críticos en la universidad", el diario recoge lo dicho por los rectores de la red internacional Universia, y cuya consecuencia se nos da de inmediato: "600 rectores reunidos desde este lunes por esta plataforma en Salamanca insisten en la necesidad de preservar los viejos valores humanistas de la universidad frente a la empleabilidad inmediata."*
La idea de los "viejos valores humanistas" es una coletilla para definir algo que no se sabe muy bien qué es. No creo que sea ese el camino, el de enfrentar lo viejo y lo nuevo. La universidad ha estado siempre abierta el debate y a los largo del siglo XIX ya tenemos debates sobre los problemas que se plantean. Esto ocurre porque era el centro de referencia intelectual, el lugar donde el pensamiento tenía espacio para desarrollarse. Ser universitario fue un privilegio durante mucho tiempo y por ello una responsabilidad. Hoy debería seguir siéndolo por más que se haya extendido como nunca antes. La extensión del conocimiento no tiene porqué traer una pérdida de los valores críticos y solidarios.
El artículo plantea el qué se debe enseñar:

“¿Qué conocimientos debemos dar a los alumnos?”, se preguntó en el encuentro Pam Fredman, presidenta de la Asociación Internacional de Universidades. En su opinión “la parte social y humanística del conocimiento se está perdiendo en la universidad y va a ser fundamental en el futuro para tener líderes fuertes”. Por ese motivo, Fredman es partidaria de combinar la formación online, “que es mera información”, con la presencial “para no perder las perspectivas éticas y humanísticas”.*


Ya el planteamiento de la cuestión revela que están confusas las ideas de lo viejo y lo nuevo. La llamada "formación online" no es una forma de apoyo a las tareas académicas, sino una sustitución de ellas con vistas a la ampliación del "negocio" educativo, forma en la que se percibe. Pero la educación presencial no significa que sea "humanística" o que tenga esos valores perdidos que ahora se reclaman.
La pérdida de los valores proviene de algo más complejo que es la transformación de las propias instituciones al hilo de una transformación de las propias instituciones que deberían amparar a las universidades y respetar su forma de trabajo. La pérdida proviene de muchas de las transformaciones políticas e institucionales que han reducido el papel de la universidad a esa mera formación laboral, a lo que se han referido como "empleabilidad". Esta idea es una perversión que se ha utilizado para justificar la reducción de las universidades al estatus de máquinas. Desde hace décadas contemplamos fenómenos reduccionistas mediante restricciones, valoraciones, recortes, etc. de las actividades universitarias. La mayor parte de ellas han quedado enterradas por el propio profesorado porque, como se suele decir, "no cuentan" para el currículum profesional, absolutamente dirigido por esta tipo de prácticas contables. Se acaba haciendo solo aquello que "puntúa". La reducción de la vida académica ha sido notable. Y ha tenido un efecto perverso: permitir el ascenso rápido de aquellas personas que aceptan estas fórmulas, por lo que ascienden y controlan la vida del resto, que se ve cada vez más reducida.
El efecto final es la domesticación de la universidad como institución (recuerden el "máster" famoso), la de su profesorado (que debe ser dócil si quiere promocionarse) y la conversión de las materias en golosinas a la carta para atraer a la "demanda". Se pierde así gran parte de la función de la universidad.
En el artículo se recogen posiciones críticas hacia todo esto, tanto en España como fuera de ella:
“La universidad se ha tecnologizado mucho. No podemos formar máquinas de producir sino de pensar”, se lamentó el rector Juan Carlos Henao de la Universidad de Externado (Colombia) en este simposio en la Universidad de Salamanca, que celebra sus 700 años. “Debemos de centrarnos en la educación para la incertidumbre, más que de la educación para la seguridad”.
En esta idea humanista profundizó el físico Pedro Miguel Echenique, exconsejero vasco de Educación: “Una universidad cuya misión sea solo la empleabilidad no está bien enfocada. Lo que no significa que no necesitemos especialistas. Entender es más importante que saber”. Echenique alabó los posgrados —“son fabricas de talento para la empresa, la política o la ciencia”—, pero criticó los “doctorados superespecializados porque no producen pensadores críticos”. Echenique alertó en otro sentido: “La universidad tiene que ser catalizadora de la innovación, pero no el taller barato de las empresas. El conocimiento es la clave de la nueva economía y cuanto más se usa, más hay”.*

Lo expresado en el párrafo define medianamente el problema en que nos movemos. La palabra "empleabilidad" aparece como uno de los males. Ayer mismo, tras la comida, debía explicar el sistema de nuestro doctorado a unos alumnos de posgrado. Una alumna me señaló que había perdido el interés por hacerlo cuando le habían dicho que hacerlo no suponía un "empleo" inmediato en la universidad. Mi respuesta fue el doctorado sirve para formar investigadores, que no es una especie de oposición. Lo que debía plantearse es si su vocación es la investigación o no. En caso de serlo, perseverar.


He tenido la experiencia contraria y gratificante de tener alumnos que durante los posgrados han manifestado haber descubierto el camino de la investigación. Son personas que disfrutan haciendo sus tesis porque lo esencial es que están cambiando sus formas de pensar para adecuarlas a la percepción de "problemas", a su organización adecuada para abordarlos, a la forma de argumentar para exponerlos, etc. Es decir han descubierto un campo que para ellos es esencial. Si son buenos investigadores, irán dando forma a su vida aquí o allí donde se valore. Han descubierto algo muy importante que nuestra educación ha abandonado: la alegría. No es una metáfora. La gran distinción de cualquier vocación, incluida la investigadora es esa capacidad de disfrutar aprendiendo que se extiende en la vida, más allá de las aulas, programas o cursos. Eso es lo que se debería extender socialmente.
En esa alegría —un importante valor humano—, en ese entusiasmo, es donde se centra el éxito de la educación, no en otros parámetros más egocéntricos. Los valores que conllevan son muchos: la cooperación, la solidaridad, la jerarquización de los problemas en función del interés social (y no por lo que financien), etc.
La frustración que se acumula en la universidad es la que provoca el propio sistema social y hace que se perciba esta como la puerta a los empleos, responsabilidad de los propios empresarios y de las políticas económicas de los países. La perversión del pensamiento ha hecho que muchos vean en la universidad el espacio en el que uno invierte tiempo y dinero para conseguir un empleo. La astucia de algunos responsabiliza de sus fracasos a las universidades diciendo que no piensan en el empleo, en lo que las empresas necesitan. Enorme falacia propia de una mentalidad egoísta.
Se recoge en el artículo:

Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, relató el lado dramático de formarse y no encontrar un empleo acorde a la preparación: “Nuestro estudio sobre las competencias de los adultos es muy contundente. Muestra la frustración de las personas, lo que les lleva a un rechazo de las instituciones creadas en los últimos 100 años, incluso a un rechazo de la democracia. Y ello produce fenómenos como el Brexit, el resultado electoral de Estados Unidos, que Holanda haya tardado siete meses en tener Gobierno o Alemania cinco meses. O la fragmentación en el voto que se ha visto en España”.*

Sin embargo, esa responsabilidad del desarrollo es competencia de las políticas económicas nacionales que deberían hacer crecer a los países en un sentido más profundo del sentido habitual. Crecer no es enriquecerse, sino mejorar. Esa mejora implica las transformaciones de los sectores y la creación de otros nuevos que permitan aprovechar nuestras fuerzas y no darles una maleta y abrirles la puerta. Los países que se plantean ese tipo de mejora y no se estancan en los mismos sectores mantienen una mejora notable en su crecimiento y también en su salud social. No basta con ir a lo seguro; hay que ser creativos realmente, innovadores realmente.
El texto se cierra con grandes palabras:

El físico Echenique recurrió a palabras del catedrático Francisco Tomás y Valiente, que fue profesor en Salamanca, y que ahondan en la reflexión humanista: “Hay que proclamar con orgullo que esta es la institución en la que desde hace siglos, en alguna más de siete, se piensa sin condiciones ni límites. Se aprende a dudar metódicamente. Se investigan saberes aparentemente inútiles sin los cuales no habría ni ciencia, ni cultura, ni vida, en realidad, humana. Una institución que solo ha sido grande cuando en ella se ha pensado con, desde y sobre la libertad”.*

Son palabras grandes, pero que hay que llevar a la práctica y defender más allá de un acto público. Hoy todo vuelve a ser igual. Ahondar en ellas implica muchas veces quedar al margen del río que arrastra la vida universitaria, con lo que se pierde capacidad de hacer. Las actividades más gratificantes y eficaces para desarrollar esos valores quedan normalmente fuera del sistema de puntuaciones al que se ha reducido la vida académica. Lo que no "puntúa" no vale, y lo que no vale desaparece. Hay muchas cosas que se hacían y que hoy no se hacen por este motivo, no hay dónde ponerla en el currículum que te hace ascender.
La universidad debe replantarse lo que debe ser. Lo malo es que lo que "debe ser" le viene impuesto desde fuera por los sistemas de "reconocimiento" y "financiación". Cualquier decisión al margen queda sancionada en la trayectoria personal o institucional. Nunca la universidad ha sido menos libre. Difícilmente podrá superarse si los objetivos le vienen dados desde fuera, desde la maquinaria exterior.


Quedan las labores individuales de alumnos, profesores y autoridades que se sitúan en aquellas zonas en las que creen más que aquellas otras en las que se les impone moverse o actuar aunque no crean en ellas.
Todo los países —el nuestro de forma urgente— necesitan cabezas bien amuebladas, con ideas claras y sentimiento crítico, alejadas de tópicos. Esto proviene de eso que llamamos "ciencias sociales" y "humanidades". Es ahí donde está el depósito de ideas y recursos que nos servirán para enfrentarnos a los retos constantes del futuro. Necesitamos que esa mentalidad, la del investigador —abierto, razonador, plástico, entusiasta—, se traslade hacia la sociedad, tanto por arriba como por abajo, tanto dirigentes como ciudadanos. Desgraciadamente por arriba y abajo tenemos demasiados fraudes y cada vez más trivialidad e ignorancia.
La universidad, bien reorientada, es más necesaria que nunca. Sin ideas renovadoras, los países languidecen y se estancan. Sin valorar la cultura en su sentido más amplio, se embrutecen y trivializan, son más fáciles de manipular. No es un conflicto entre tradición y modernidad, sino entre valores.  El humanismo que se reclama por los rectores es el que pone a la persona en el centro y con ella, la sociedad. La persona no es el individuo solitario lanzado a un mundo voraz. Es la confluencia entre un yo autónomo, crítico, y los demás, a los que se encuentra ligado solidariamente para su mejora; es la confluencia entre el pasado, la historia, y el futuro, hacia el que lleva lo mejor de lo producido anteriormente, que le servirá para transformar positivamente su entorno. 
Lo que se enseña hoy no es esto. Habrá que ver si la frustración mostrada por los 600 rectores se traduce en acciones para mejorar sus instituciones o si se limitan a llorar periódicamente su frustración.

* "Emprendedores críticos en la universidad" El País 21/05/2018 https://politica.elpais.com/politica/2018/05/21/actualidad/1526927950_300983.html

lunes, 21 de mayo de 2018

Las categorías y el orden del mundo


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las cuestiones más delicadas en muchos, pero especialmente en el del Periodismo, es la "categorización", es decir, el proceso que tiene como resultado la creación de unas "categorías" en las que se encuadran elementos que tienen suficientes aspectos en común. Las categorías son, pues, formas de inclusión (de lo que tiene algo en común) y de exclusión (separación de lo diferente). Un buen sistema de categorización permite, en el caso del que hablamos, encuadrar correctamente las noticias.
Las categorías no son fáciles de establecer en algo tan complejo como es la realidad. No tenemos dudas en situar la victoria de ayer de Rafael Nada en el Máster de Roma en la "categoría" o "sección" deportiva. Pero no todo admite una clasificación tan clara. Hay sucesos que no son fáciles de situar en una categoría. Cuando lo hacemos, estamos situando la noticia en una perspectiva determinada que revela nuestra forma de clasificar, es decir, en realidad de "ver el mundo" y sus conexiones. Clasificando aprendemos la nitidez de las relaciones es una operación mental que es el resultado de nuestra forma de ver. Esa forma de ver, en el medida que se crea para que los lectores pueden encontrar las noticias o, de otra forma, sepan qué tipo de noticias van a encontrar en la sección, ese esencialmente social o, si se prefiere "cultural". Clasificamos pensando en que los demás deben compartir esa forma de pensar.
Un ejemplo, la noticia que comentamos hace dos días sobre el compromiso firmado por científicos españoles para no participar en actos académicos en los que no hubiera representación de mujeres, fue clasificado por el diario El Mundo en Yo Dona y en la sección "Lyfestyle". Las dos noticias anteriores son "El príncipe Carlos será el encargado de acompañar a Meghan hasta el altar" y "Vídeo Ejercicio de 15 minutos para aclarar tu mente" y las dos posteriores "Verónica Blume y María León nos descubren la Barcelona más chic en bici" y "Esta semana, Verónica Blume en la portada de Yo Dona". No sé si "Lyfestyle" es lo más adecuado para la noticia, Yo, al menos, no la buscaría allí; pero es allí donde se encuentra.


Clasificar implica poner en marcha un sistema de valores y de conexiones. Es cierto que hay cuestiones que no son fáciles de clasificar, pero también es cierto que los errores clasificatorios tienen consecuencias: nos hacen percibir las relaciones o valoraciones del mundo de una forma sesgada o falsa. Puede parecer que lo importante es que aparezca la noticia, pero dónde la encontramos está marcando nuestra percepción valorativa.
Dejé de ir a una librería importante porque era frustrante que se mezclaran en un mismo estante los estudios sobre ciencia y los de pseudo-ciencia, los estudios sobre historia de las religiones con los escritos de los líderes de las sectas, los estudios de Psicología con los que prometían llevarte a otra dimensión, etc. No sé si era confusión o depresión lo que me producía. Quizá ambas cosas a la vez.
Una cosa es la lógica blanda, lo "fuzzy", y otra muy distinta unas clasificaciones que son en realidad la consagración de estereotipos sociales y reduccionistas. La forma de clasificar impone un orden lógico sobre la realidad, que es vista a través de él. Si lo que hacemos es clasificar a través de estereotipos, lo que estamos haciendo es reforzándolos y dándoles validez, obligando a movernos a través de ellos. Esto es especialmente importante en las cuestiones de género, raciales, xenófobas, etc. que se pueden ver transformadas en valores consagrados por la estructura de categorías.
La realidad es compleja y nosotros debemos elegir verla desde unos ángulos u otros. Pero debemos ser conscientes que esa elección tiene consecuencias al crear un determinado contexto para la propia noticia.


La clasificación de libros es un ejemplo claro. Irán a unos estantes u otros en función de nuestras decisiones. Podemos enviar "Moby Dick" a la sección de "libros infantiles y juveniles", lo que nos llevará a percibirlo de una manera u otra y pensemos que no es adecuado para nosotros.
Pensemos —otro ejemplo— en las categorías de edad con las que son clasificadas las películas. Implica tener en mente una idea de la película, pero también de cómo son las personas en cada tramo de edad. Lo que yo piense de los niños y niñas determinará si la película resulta adecuada para una edad u otra.
Constantemente estamos estableciendo categorías y clasificando la realidad a través de ellas. En la medida en que existen instituciones y agentes sociales que desempeñan esta tarea percibimos en el mundo clasificado, con límites, que son los que las propias categorías establecen.
Probablemente, uno de los campos más claros sea el del género. En este caso, la visión clasificatoria viene determinada por la visión patriarcal en la cultura. Comprendemos claramente aquí el valor de las grandes clasificaciones culturales, como pueda ser, por ejemplo, la exclusión de las mujeres de ciertas lecturas (o de la lectura en su totalidad).
La película Yentel comienza con la llegada de un carromato del librero al pueblo. Los libros de un lado son para hombres, los del lado opuesto para las mujeres. Los de las mujeres, como le dicen, a la joven aspirante a conocer el mundo, cuentan historias y tienen dibujos. Los del otro lado son los que hablan de Dios, cosa de hombres. Son muchas las culturas que tienen esas categorías.


Somos seres clasificadores porque es una forma de manejar el mundo frente a nosotros y a nosotros mismos. Por eso es importa tanto conocer el sistema clasificatorio y corregirlo, eliminar los prejuicios y estereotipos que determinan las clasificaciones o, como decíamos el otro día, la necesidad de incorporar otras miradas en la explicación y ordenación del mundo.
Más allá de la prensa, en donde es un ejercicio constante, afecta al conjunto de la cultura. La introducción de nuevas categorías o la modificación de las existentes suponen una variación en nuestra forma de ver el mundo y relacionarnos en él. Por eso, los errores y retrocesos son peligrosos. Implican cambios en la mentalidad. En el caso de los medios, la responsabilidad es grande porque ahora son una enorme maquinaria de clasificación y configuran nuestra percepción y valoración. La tentación estereotípica es grande por su comodidad. Por eso es importante que actúen en sentido contrario, mejorando el sistema.
La mejor forma de hacerlo es la revisión constante del sistema de clasificación, una revisión crítica, con miradas que aporten puntos de vista nuevos sobre el orden del mundo. Ampliar categorías para poder manejar su mayor diversidad y diferencias.