miércoles, 27 de julio de 2016

Cordura es cordura

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Terminando de escribir ayer, me llegó la noticia a través del teléfono del atentado en Francia con la muerte cruel y cobarde del párroco jubilado de Saint-Etienne-du-Rouvray, el padre Jacques Hamel, de 84 años. Una nueva ocasión para el dolor, si es que se calma en algún momento. También lo es para usar la cordura y no dejarse arrastrar por lo que es una clara incitación al odio buscando una espiral incontenible que produzca reacciones irreversibles.
El odio demostrado por los dos terroristas no iba destinado a volar una central eléctrica o un aeropuerto. Lo concretaron en la garganta de un anciano que daba misa en la mañana de un pueblo a cuatro o cinco personas más que asistían para reconciliarse con el mundo y probablemente rogar por él. 
El odio de esas dos personas es selectivo. El resultado del atentado de Niza dio el extraño reparto de un gran número de musulmanes —un tercio de las víctimas— que celebraban también el catorce de julio junto a los demás, sin que nadie les preguntara cuál era su fe porque realmente no le importaba a nadie. Disfrutaban, como todos, de los fuegos artificiales junto al mar.


Esta vez, dentro de esa iglesia, a las 9'25 de la mañana, el destino que encarnan no cometería ese error estadístico de llevarse por delante a musulmanes con la embestida aleatroia de un camión.
Pese a los intentos absurdos de establecer que la violencia no es "religiosa", los hechos cada día demuestran lo contrario. Frente a millones de musulmanes que viven su fe sin demasiados problemas de convivencia con los demás, existen unos cuantos millones que sí tienen ese problema, por llamarlo de algún modo. El islam que les enseñan y aprenden implica la violencia y esta es transmitida en forma de obsesión enfermiza contra Occidente o, si se prefiere y desde su perspectiva, contra los infieles.
Occidente ha superado a través de sucesivas reformas e interminables guerras de religión durante siglos, gracias a un periodo de ilustración que implicó la tolerancia religiosa y su dirección hacia el ámbito privado y personal. Se protege la libertad de culto y el derecho a no compartir ninguna creencia. En el mundo islámico no ha ocurrido esto por su propia estructura y organización. 


Hemos hablado estos días del "antiamericanismo" de Oriente Medio, fácilmente transformable en "anti occidentalismo" y mediante una pirueta en "guerra santa" contra los "infieles". Por eso resulta provocador el asesinato en el interior de la iglesia como parte de una escalada para arrastrarnos hacia planteamientos, guerra de religiones, que no son los nuestros. Hace mucho que se abandonó, afortunadamente, el concepto de "guerra santa". La religión es para la paz o no es.
Solo el mal reparto de las noticias sobre el mundo permite ignorar que, por citar solo a Egipto, la muerte del párroco de Saint-Etienne-du-Rouvray tiene su equivalente estos días en el recrudecimiento de la violencia sectaria —ataques contra cristianos— en el país. 
Aquí hemos dado cuenta de algunos de ellos en la zona de Minya especialmente. Las excusas tradicionales de ataques por relaciones entre hombres y mujeres han dejado espacio a otras excusas más absurdas. Ahram Online nos informaba hace unos días del ataque a dos curas coptos y sus familias. Otros ataques se han producido:

A Coptic Orthodox cleric in Egypt's Minya governorate has said a sectarian attack in a village there on Sunday killed one person and wounded three others.
Bishop Makarious of Minya said in a brief statement Sunday that the families of two priests in the Tahna El-Jabal village were attacked by assailants wielding knives and batons, killing a 27-year-old man and injuring three others, including a woman.
The cleric did not elaborate on the reasons behind the violence, but local media reports suggest the fighting resulted from an argument between Muslim and Christian children over priority to pass through the street.*


Como puede observarse, pocas veces las excusas para la violencia han sido tan absurdas, revelando lo que es un conflicto profundo en el que los radicales siguen avanzando: el aumento del enfrentamiento religioso.
Dimos cuenta aquí —y causó gran escándalo en Egipto— del ataque en Minya a la casa de una familia cristiana y el obligar a pasear desnuda por las calles del pueblos, insultada y humillada, a una mujer de más de sesenta años en la que se pagó la ira del grupo. Las autoridades coptas se negaron a la mediación habitual, que suele acabar siempre con un trágala. Querían llevar el caso a los tribunales. Con gran escándalo, todos los detenidos están ya en la calle.
No es solo un problema del Estado Islámico. Es el resultado de décadas de juegos en los que las tramas oscuras de dictadores, sectores ultraconservadores y radicales han jugado impunemente diseminando una visión de la religión violenta y que buscaba establecer la identidad musulmana en el enfrentamiento con los "infieles". Es la mentalidad de la que han salido los radicales que hoy matan y destruyen en nombre de la religión, por más que no guste a muchos verlo.
No hay una religión, sino formas de abordar los textos e interpretarlos, de actuar desde ellos. Desgraciadamente, el juego político religioso ha sancionado siempre a los reformistas, considerándolos herejes, y solo ha crecido por el lado del radicalismo, con grupos que rivalizan en el purismo del mensaje coránico. Eso es lo que ha crecido en los últimos cincuenta años.
Los responsables de este radicalismo son los que desde las instituciones han acabado con la crítica a golpe de demanda judicial alentada por islamistas y resultas por jueces ultraconservadores, de atentados contra los díscolos y de persecuciones sin piedad contra escritores, artistas, etc., convirtiendo en una verdadera heroicidad decir lo que muchos millones de creyentes musulmanes piensan: que la violencia es injustificable por más que se puedan encontrar citas diciendo lo contrario.


Lo que se ha sembrado y ahora se cosecha es el juego maquiavélico con el terror usándolo como moneda para conseguir favores, como coartada para la represión, etc. Lo que se paga es la corrupción y la desidia de las clases ilustradas que dejaron de tener cualquier compromiso con las reformas y se dejaron seducir por los cantos del poder y una vida más fácil. Lo que se recoge ahora es la influencia del dinero del petróleo que ha servido para sanear las arcas deprimidas en vez emplearse en el desarrollo y modernización de los países.
Ese el caldo de cultivo del que ha salido esta marea integrista y violenta que ha encontrado sus teóricos y sus pragmáticos tras sucesivos intentos de articularse. Occidente es responsable también a través de sus políticas miopes, desde el apoyo a los islamistas políticos que se presentaban como una modernidad post Edward Said, al apoyo a países de políticas radicales y arcas millonarias que han hecho juegos dobles y triples sonriendo a unos y financiando a otros.
Ahora es difícil frenar lo que es un flujo incontrolado con el sello del Estado Islámico pero receptor de las prédicas incendiarias de salafistas e islamistas políticos que han calentado a las poblaciones por las bases prometiéndoles el triunfo final del Islam porque Dios lo dejó dicho y no se puede ir contra los designios que ellos puntual y cuidadosamente interpretan.


Egyptian Streets presenta hoy dos interesantes artículos en los que se enfrenta el debate de forma clara. El primero de ellos está firmado por Ayman S. Ashour, un emprendedor egipcio norteamericano, asentado en los Estados Unidos, que expresa su visión en un artículo titulado "Islam: The Truth, Not The Facts"*. En él señala la crisis personal que ha supuesto para muchos musulmanes lo que ha estado ocurriendo tras los atentados del 11-S:
Those who attributed the problem primarily to the anti-Muslim backlash in the West would benefit from looking at Egypt where youth sentiments of depression and dissatisfaction with life are rampant. Young Muslims in the West and elsewhere are looking at the horrors committed in the name of their religion and are unable to reconcile the Islam they thought they belonged to and believed in with the various texts and citations offered by multitudes of sources from ISIS to various television sheikhs, Imams and Mullahs.
I’m often challenged by both Muslims and Islamophobes to explain how I reconcile my belief in Islam with numerous stories in Islam’s sacred texts that condone violence and discrimination. Much of the inter-Muslim discourse focuses on citations: the prowess in finding citations that would help a point of view prevail over others. Ping pong of citations is what most discussions on Islam rapidly descend into.**


La conclusión de Ashour es que es necesario desprenderse de la guerra de la erudición en la citas y entender de forma más amplia, no literal, el mensaje del Islam, que él hace suyo junto a millones de personas que no comparten la violencia:

For me, the truth of Islam is in its simplicity, its humanity, in its compassion and in its mercy. Derivatives of the compassion and mercy happen to be the two most repeated words in the Quran. The truth of Islam is in the equality of all human beings before God, in the freedom of human beings to pursue their path to God.**

Ashour vive su fe musulmana sin necesidad de tener que ir contra nadie y sin tener que hacerse seguidor de grupo, secta o tendencia. Usa su razón y su sentido común para definir lo que es bueno. Puede hacerlo porque se encuentra en un entorno en el que se respeta su religión y su forma de entenderla, como ocurre on las demás. No ve a nadie como enemigo y si tiene enfrentarse a alguien será a aquellos que pretenden cambiar su forma de entenderla imponiéndole formas que no acepta. "Compassion" y "mercy", nos dice, son el mensaje principal.


Pero Ayman S. Ashour no tiene millones de dólares para invertir en difundir su mensaje pacífico. Sí lo tienen, en cambio, algunos que reinvierten el dinero que les llega desde Occidente en difundir el odio, la intolerancia y la violencia. Pretenden con ello que nadie les mueva la silla del poder en la que se encuentran por generaciones. Redirigen la frustración y la convierten en odio, extendiendo el mensaje de que el Occidente cristiano está interesado en hundir su mundo, en hacerlo desaparecer. Algunos pueden redirigir su ira contra los niños que cruzan la calle, como nos contaba Ahram Online, atacando a los coptos y quemando sus casas; otros lo harán haciendo estallar bombas, cortando cuellos, quemando vivos en jaulas o llevándose por delante a los que puedan por cualquier procedimiento.
Tras señalar cómo los cristianos no tienen la necesidad de creer literalmente los hechos que los libros transmitidos cuentan y que no tiene porqué afectar a la base de su fe, el artículo de Ashour se cierra con una conclusión poco esperanzadora:

It’s hard to be optimistic about a reform movement coming to Islam from the majority Muslim countries where religion remains a tool of authoritarian governments and closed societies. Some of the best writings on Islam are coming out of US Muslim scholars. These scholars remain engaged in the battle of citations and using traditional Islamic jurisprudence methods to push back against authoritarian interpretations of Islam. Future generations of scholars may look beyond texts and citations and may one day offer a way for the truth unencumbered by debates over facts.**

Esperemos que esas generaciones se alejan de los métodos tradicionales que han imposibilitado la reforma necesaria para que la religión sea humana y no produzca esos conflictos graves que está causando, según el diagnóstico del autor, en una juventud enfrentada a que lo que cree es responsable de un horror continuado que no diferencia víctimas y que todos padecen, musulmanes y cristianos, en todas partes del mundo.


El segundo de los artículos —publicado el 5 de julio en Egyptian Streets— tiene un tono y objeto muy distinto. Ya no se refiere a las ideas de una persona que vive fuera del entorno musulmán, sino que está escrito desde el centro de la vida política egipcia. Está escrito por la prestigiosa periodista Shahira Amin, galardonada en España con el premio de Periodismo "Juan Anguita Parrado" en 2012. El título del artículo, de gran interés en su totalidad, es directo: " President Sisi’s Promise of Religious Revolution Remains Unfulfilled". En él se hace referencia a algunas de las cuestiones plantadas ayer en nuestro blog: el reformismo fracasado del presidente El-Sisi frente al conservadurismo de la Universidad de Al-Azhar.
Shahira Amin escribe tras el mensaje dado por el presidente El-Sisi tras el final del Ramadán sobre la necesidad de reformar el islam. Conecta este discurso con el dado en 2015 con motivo del año nuevo. Amin, tras explicar las expectativas que aquel discurso levantó, se centra en los resultados y en el eco del nuevo:

In contrast, there were no plaudits for Sisi’s latest speech, which was ignored by major news networks. The subdued reaction is understandable given the recent developments and current circumstances in Egypt. Tens of thousands of Sisi’s Islamist opponents languish behind bars as part of a security crackdown that has also targeted secular activists, human rights defenders, journalists and dissenters of all stripes.
The clampdown has led skeptics to doubt Sisi‘s sincerity in pursuing his declared goal of countering extremism. They argue that the president’s heavy-handed policies are fueling the radicalization of his political opponents and shutting down avenues for peaceful political dissent. Meanwhile, conservative Islamist opponents have gone further, denouncing Sisi’s calls for reformation of Islam as “an attempt to corrupt the religion,” secular critics (who would normally welcome attempts to dilute religious norms) have downplayed the significance of his remarks, interpreting his statements as “an attempt to strengthen his administration’s statist aims” by means of exercising control over Sunni Islam’s highest religious authority. In her column published in the generally pro-government Al-Watan newspaper shortly after Sisi’s speech last year at Al-Azhar, liberal columnist Amina Khairy charged that Sisi had really meant “a state-approved revolution.”
Those expecting dramatic change in religious discourse after Sisi’s January 1, 2015 speech calling for a reformation of Islam were quickly disappointed. In April 2015, just three months after the “historic” speech, a similar call for “reforms of traditional Islamic discourse” by Islamic scholar Islam El Beheiry sparked outrage in religious circles. After tackling such thorny issues as punishment of apostates, child marriages and interpretations of Hadiths or sayings of Prophet Mohamed on his TV show “With Islam” broadcast on the privately-owned Al Qahera Wal Nas, El Beheiry was accused by Al-Azhar (the very institution that Sisi had tasked with reforming the religious discourse) of “ launching a fierce campaign against the foundational texts of Islam and Islamic heritage.”***


El caso de El-Beheiry ha sido comentado y recordado con frecuencia ya que, como bien señala Shahira Amin, supone una clara dirección en contra de lo dicho por la persona que tiene el poder en Egipto. No es el único, como recuerda la articulista que comenta el caso de Fátima Naoot, condenada por apiadarse de los corderos en la fiesta del Eid o del Sacrificio.

Que los intentos de establecer un discurso moderado se hayan frustrado es una muestra precisamente de que la cuestión social no está en los llamados grupos radicales, sino en los ultraconservadores, que son los que se apropian del discurso frente a los radicales. Lo que se llama "moderación", en realidad, no es más que una facción que desea controlar el poder en la sociedad a través del control religioso. Como señalábamos ayer, es la lucha entre facciones por hacerse con el discurso islámico central, una especie de "centro" que defina a los otros como periféricos o radicales. Si pensamos que Arabia Saudí se considera ella misma una versión "moderada" del islam, como veíamos hace unos días a través de The New York Times —negando la existencia de algo como el wahabismo —, vemos que dentro del terreno de juego actual es difícil que pueda surgir ese "reformismo" real, pedido en su artículo por Ayman S. Ashour, o demandado por el presidente El-Sisi.


Está bien que Amin señale a la Universidad de Al-Azhar como responsable de las persecuciones a los verdaderamente reformistas porque es desde allí desde donde se quiere controlar el poder real, el social. Mientras se controlen las mentalidades y se fijen los límites, se mantendrá el control y con ello el poder. Son los eruditos de Al-Azhar los que ejemplifican esa guerra de las citas coránicas para justificar lo que se puede o no se puede. El texto es su campo de juego el que controla e interpreta.
Ayer veíamos las resistencias de Al-Azhar y su amenaza de desobediencia a los sermones de los viernes preparados desde el Ministerio de Dotaciones Religiosas. Las acusaciones de ultraconservadurismo de la institución se justifican solas por sus ataques a los reformistas en los que ven el peligro de la disolución del islam o, para ser más precisos, la pérdida de su propia influencia. Esta influencia es la que está en juego en su disputa con el gobierno.


La parte final del artículo de Shahira Amin se centra en uno de los aspectos básicos de la cuestión, la clave que frena las reformas: las normas sobre la blasfemia. El hecho de que cualquier afirmación contraria a la doctrina oficialista sea llevada por los juristas especializados en esto bajo la acusación de blasfemia es un arma terrible que ha llevado a la cárcel o al exilio a los que han querido reformar el islam proponiendo debates sociales, ya que con los eruditos es difícil hacerlo por los motivos señalados por los autores, les interesas más las citas que justifican su actitud que variar de mentalidad.

The recent rise in blasphemy accusations has aroused significant debate in Egypt on the stifling of free speech and the need for the annulment of the controversial law, Article 98 (f), of the penal code used to prosecute offenders. The unprecedented attention to – and scathing criticism of – the recent rulings by international rights groups has piled pressure on the country’s legislative authority, resulting in a review of the law by parliament. One hundred out of the total 596 lawmakers in parliament have expressed their support for a proposed bill to repeal the restrictive law described by Christian parliamentarian Emad Gad as “harmful to the Islamic faith.” Still, there are the hardliners like ultra-conservative Deputy Mohamed Ismail who hails from the Salafi Al Noor Party and who has warned that “annulment of the law would lead to chaos.”***


La palabra "caos" representa el conjunto de temores de una sociedad convencida por los discursos de siglos que modificar lo existente solo lleva a la disolución social, a ese "caos" previsto por el salafista del partido Al Nour. Si se permite la discrepancia, entonces llega el caos, la destrucción, el desastre. Se le ha fallado a Dios una vez más en la Historia; el mensaje final habría sido inútil. De nuevo, la caída. Ese es el aspecto social más duro y es la base del ultraconservadurismo y el literalismo que lo fundamenta. Es lo que manipulado convenientemente plantea el pensamiento individual como un pensamiento contra Dios y, por ello, una blasfemia que debe ser castigada y eliminada. Todo el que quiera obtener poder debe presentarse como intérprete de lo que no puede ser cambiado.
De ahí se desprende el problema de los discursos del presidente El-Sisi cuando habla de reformas. La palabra misma está maldita e implica que hay algo que corregir, lo que entra en contradicción con la de "perfección", que es la que justifica todo. La palabra "cambio" no tiene sentido; solo hay que hacer lo que está dicho.


El planteamiento de la modificación de la ley antiblasfemia en el parlamento egipcio será una prueba, pero no el final de nada. También hay leyes contra el matrimonio infantil o contra la ablación desde hace años. Por el contrario —y este es el temor— servirá para ayudar a los ultraconservadores a construir su discurso condenatorio de las autoridades, servirá para dar más sentido a cualquier fatwa lanzada desde cualquier mezquita por cualquier predicador y que declarará faraónicos a los gobernantes.
Shahira Amin señala finalmente:

It is yet uncertain whether the blasphemy law will be repealed altogether, or even amended. What is certain is that, so far, Sisi has done little more than pay lip service to the reformation of religious discourse that he himself called for. Although he, unlike his predecessors has taken some plausible steps such as paying visits to the Coptic Cathedral to greet Christians celebrating Orthodox Christmas Mass, a lot more needs to be done if he is to keep his promise of “building a New Egypt.”
Addressing the 69th United Nations General Assembly in 2014, he pledged “to build a state that respects the rights and freedoms, honors the duties and ensures the coexistence of its citizens without exclusion or discrimination. A state that respects and enforces the rule of law, guarantees freedom of opinion for all and ensures freedom of belief and worship to its people.” These promises can only come to fruition if repressive laws that stifle free speech or suppress peaceful dissent become a thing of the past.
Radical reforms and modernization of Al-Azhar’s educational curriculum are also needed. This would include the purging of textbooks of any content that fosters violence or promotes extremist ideas. Last but not least, the culture of criminalizing apostasy must end. Instead of facing punishment for questioning deep-rooted views, people should be encouraged to challenge and debate ideas without fear.
Change takes time but first, the political will must be there to see these changes through.***

Que Egipto o los demás países modifiquen sus legislaciones, que persigan a los radicales, etc. es solo una parte del problema. La cuestión es cómo cambiar las mentalidades a una gente que consideran que el intento mismo de cambiarlas ya es una agresión, que modernizarse y hacerse compatible con la mayoría de la humanidad es una traición a Dios, que intentar mejorar la situación de mujeres y niños es ir contra la ley divina. El terrorismo y la violencia se convierte así en una huida haca adelante, en una huida del mundo y de la Historia.


Cuando hablamos de países, también es relativo. Los propios radicales piensan en términos de "comunidad religiosa" más que en términos nacionales, por lo que el traslado es fácil de un lugar a otro. Las leyes son de los países; las leyes religiosas, universales y eternas. Sobre ese principio se asienta su retroceso medievalista que les vale para negar la autoridad a quienes les conviene considerándolo traidor y jurando obediencia al califato del Estado Islámico. No otra cosa supone ese juramento, sino la negación de las autoridades locales en beneficio de lo que encarna el reino de Dios, el califato.

Efectivamente, los cambios llevan tiempo. Pero también algo muy importante: que se hagan en la dirección correcta, algo de lo que no tenemos ninguna seguridad que se este haciendo entre otras cosas porque no existe el debate donde debería producirse, algo imposible encarcelando o prohibiendo la discrepancia, secuestrando libros y encerrado a autores, lanzando contra ellos amenazas de muerte cuando no gusta lo que dicen. Los dictadores han usado la religión como control y no quieren dejar de hacerlo; quizá ponerla a su servicio, controlar los sermones para que sigan siendo obedientes a otras reglas.

Ninguno de los dos articulistas es optimista. Saben que no se puede serlo. Solo los ingenuos pueden pensar que esto es solo una cuestión de poderío militar o económico. Se puede causar dolor a muy bajo precio, con un simple cuchillo. Uno y otro saben que se trata de cambiar las bases del sistema, de dejar entrar lo que siempre se evitado: la historia como presente. Hay muchos millones de personas que no escuchan los llamamientos de muerte y odio. No lo sienten así. Su voz interior les lleva más a las formas de entender su fe de Ayman S. Ashour, sin odio contra nadie. El peligro ha surgido de las corrientes que han tomado la palabra para desencadenar la violencia, que han tenido medios y ocasión para hacerlo ante la indiferencia interesada o irresponsable de muchos. Unos creían poder controlarlo; otros que no pasaría de sus fronteras. Hoy es incontrolable y se reparte por todo el mundo.


Una cosa debe quedar clara: se puede bombardear al Estado Islámico y condenar a los terroristas, encerrarlos de por vida, pero la reforma del Islam solo la pueden hacer los musulmanes, sin complejos, con valor, depurando la Historia para llegar al presente, de lo que es sentido común y lo que es incitación a la violencia en un mundo blanco o negro; enfrentándose a sus propios demonios y traumas. De no hacerlo así, las consecuencias son imprevisibles en todos los planos: culturales, políticos, sociales.
Se abren tiempos de profundo desasosiego. No se debe perder la cordura, sino buscarla allí donde se encuentre. Los dos articulistas plantean su necesidad y su dificultad. Se deben escuchar estas voces para que no se piense que solo tiene voz la locura y el extremismo. Cordura es cordura, ideas, sensatez, no sembrar solo represión porque así solo se recogerá más violencia.



* "Sectarian violence kills 1, wounds 3 in Egypt's Minya: Coptic bishop" Ahram Online http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/233471/Egypt/Politics-/Sectarian-violence-kills-,-wounds--in-Egypts-Minya.aspx18/07/2016 
** Ayman S. Ashour "Islam: The Truth, Not the Facts" Egyptian Streets 24/07/2016 http://egyptianstreets.com/2016/07/24/islam-the-truth-not-the-facts/ 
*** Shahira Amin "President Sisi’s Promise of Religious Revolution Remains Unfulfilled" Egyptian Streets 5/07/2016 http://egyptianstreets.com/2016/07/05/president-sisis-promise-of-religious-revolution-remains-unfulfilled/


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