viernes, 19 de agosto de 2016

El enemigo total

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las palabras e imágenes del presidente Recp Tayyip Erdogan que nos ofrecían las televisiones juntando a todos sus enemigos en una sola línea de actuación, señalando que actúan coordinados y que tienen el mismo objetivo, habrá sorprendido a muchos por lo irreal y absurdo.
En la mente de Erdogan, creyéndolo o solo utilizándolo como arma política, todos sus enemigos se unen en uno solo por más que la lógica y los hechos digan lo contrario. El "enemigo total" es una construcción en la que se mete a todos los enemigos, aunque estos no tengan nada que ver unos con otros.
Erdogan ha señalado que el Estado Islámico, los gulenistas y los kurdos forman parte de una misma trama, con lo que se constituye en ese "enemigo total" sobre el que descargar sus discursos, cuya función es transmitir esa sensación de acoso que justifiquen sus acciones. Poco importa que los kurdos sean los que luchan contra el Estado Islámico antes de que Turquía moviera un dedo o de que los gulenistas no hayan dado muestras de atacar a nadie en ninguna parte del mundo. 
Hasta el momento, solo tenemos la palabra de Erdogan de que son los gulenistas los que han organizado el golpe de Estado y que todos esas decenas de miles de personas que está deteniendo, desde ejecutivos de empresa (como nos informan hoy) hasta los maestros de escuela tengan nada que ver con el golpe. No ha aportado ni una sola prueba. Solo sus discursos amenazantes. La palabra de Erdogan, para el que le valga.


En el caso de los gulenistas, se produce el típico movimiento circular: digo que son culpables de algo sin prueba alguna, luego los proscribo y finalmente los detengo porque pertenecen a una organización terrorista y digo que me limito a cumplir la ley y que Turquía es una democracia en la que se cumplen las leyes. Ridículo pero eficaz. No es el único que practica esta técnica de decretar y luego detener.

La política parece haberse contagiado de las películas de superhéroes y mutantes y necesitar de "súpervillanos". Algo de espectáculo sí tiene, de blockbuster político. Son los grandes enemigos los que permiten convertirse a un tipo autoritario como Erdogan, que ha pisoteado la libertad de expresión encarcelando periodistas y cerrando medios desde mucho antes del intento de golpe, en defensor de la democracia.
Erdogan, además, ha convertido a Occidente —la Unión Europea y Estados Unidos— en los sicarios de Fethullah Gülen, en cómplices de sus maldades, según afirma todos los días. No sé cuánto tardará en estallar alguna autoridad europea de nuevo diciéndole a Erdogan que ya está bien, que se está pasando y que debería cerrar la boca de una vez y dejarse de insultos y amenazas.


Erdogan es el típico dirigente islamista: arrogante y pedigüeño, lastimero y lleno de dobleces. Recibe todo lo que le dan, pero no por ello deja de quejarse. Representa la integridad universal frente los demás que siempre tiene doblez, que intentan engañarles y abusar de su natural bondad como piadoso musulmán. Con sus discursos vergonzosos, Erdogan va sembrando la semilla del antieuropeísmo a la vez que sigue jugando con el chantaje infame de los refugiados:

Recep Tayyip Erdogan utiliza la crisis de los refugiados para arremeter contra Europa por sus críticas a la purga que el presidente turco está realizando en el país tras el fallido golpe de Estado.
Tras afirmar que si este hubiera ocurrido en algún miembro de la UE este hubiera reaccionado con mucha más dureza, el mandatario ha dejado caer:
- “Europa tiembla de miedo por la emigración resultado de la crisis humanitaria en Siria. Nuestra nación ha acogido a unos 3 millones de estos refugiados y ellos no pueden acoger a 3.000, 5.000 o 10.000 personas. El balance de los países europeos es muy triste. Casi han suspendido los derechos humanos”.*


¡Esto lo dice la persona que está haciendo purgas de decenas de miles de personas! El discurso es infame en muchos sentidos.
El enemigo total es el requisito para poder atraer a la gente y forma parte de la estrategia del miedo. En Estados Unidos lo representa Donald Trump. Su estrategia igualmente trata de conectar a todos sus enemigos, los de dentro y los de fuera, metiéndolo en un mismo paquete. No es otra cosa la que ha hecho al decir que Barack Obama y Hillary Clinton son los "fundadores" del estado Islámico. Mediante estos juegos de ambigüedades, Trump construye sus archienemigos, su enemigo total: unos y otros buscan la destrucción de Estados Unidos y la "forma de vida americana".


Trump no puede pasar de los discursos e insinuaciones dentro de ellos, pero ya ha criminalizado, por ejemplo, a los musulmanes por el simple hecho de serlo o a los hispanos, diciendo que ellos llevan la violencia, la droga y las violaciones a los Estados Unidos. Por eso su discurso ahora es la seguridad desde el nacionalismo: hay que defender a los Estados Unidos de sus enemigos y prácticamente todos pasan a serlo. Cualquier aliado es objeto de ataques aunque sean absolutamente irracionales, como los ataques de Trump a Angela Merkel por acoger refugiados, lo que ha llevado al desbordamiento de la delincuencia. Por supuesto, donde dice "Angela", la gente debe entender "Hillary", cuyas políticas permisivas para inmigración llevarán a la destrucción de los Estados Unidos, como ya han llevado a la de Alemania, en opinión de Trump, siempre bien informado. Y la gente mueve tranquilamente la cabeza asintiendo. Todo está muy claro.


El enemigo total es una máquina absorbente, una especie de agujero negro que se traga todo: las discrepancias, diferencias, críticas, etc. Es el "todo en uno" al que la simplificación de la política, por un lado, y el autoritarismo nos llevan si no se tiene cuidado.
La política tiene que ser un campo de matices, de saber distinguir para evitar caer en terribles e injustos errores o en la más descarada demagogia. Es triste como la simplificación se apodera del discurso político.
Los países con democracias asentadas deben entender estos peligros y sus políticos saber cuáles son los límites de las discrepancias resaltando también lo que todos deben defender, las libertades constitucionales. En ocasiones, estos políticos autoritarios y excluyentes empiezan a tener admiradores o copistas de sus estrategias y estilos discursivos. La política es cada vez más a cara de perro, por lo que hay que tener cuidado de a quién se estigmatiza. Si mina la democracia misma si no se cuidan las formas, esenciales por lo que tienen de respeto.


El enemigo total representa el extremo del estigma. Se toma un núcleo—el gulenismo, antiguo amigo y compañero— y se le van sumando todo lo que haga falta: el Estado Islámico, los golpistas, Europa, Estados Unidos... hasta llegar a la conspiración universal. La fijación de Erdogan es realmente enfermiza, digna de ser estudiada desde la psiquiatría. El caso de Trump tiene sus peculiaridades psicológicas; ha sido definido por profesionales como "sociópata". Algunas personas que han trabajado con él han coincidido en el diagnóstico.
Ya sea por enfermedad, por estrategia o por ambas cosas, el deterioro que este tipo de prácticas tiene para la vida social es terrible. Trump ha dividido a la sociedad norteamericana hasta extremos nunca vistos, irreconciliables. Erdogan no solo la ha dividido, sino que la está encerrando y juzgando tras su contragolpe de Estado.


Erdogan ha situado la democracia  —ya lo hizo antes del golpe— bajo mínimos y solo está empezando. Basta con leer los titulares de los artículos de los dos meses anteriores al golpe para comprobar que la situación buscada por Erdogan era de enfrentamiento con Occidente por su "deriva autoritaria", como se suele denominar. Había sido advertido por todos los países sobre los cierres de medios y detenciones de personas de la oposición. No había entonces golpe de estado, solo un Erdogan convertido el verdad única e incuestionable. El cambio de su propio primer ministro lo confirma: nadie puede discrepar con él.


Erdogan busca un punto de no retorno en su islamización nacionalista del país, en el que será cada vez más difícil pensar de otra manera so pena de ser acusado de "gulenista" y encarcelado. Ya los kurdos, incluso los que no tienen nada que ver con la lucha del PKK, han sido apartados de la vida política, no invitándolos a los actos realizados. Se trata así de evitar que el resto de la oposición sienta la tentación de alianzas que le puedan destronar. El siguiente paso será plantear la reforma constitucional a la que antes los turcos dijeron que no como necesaria para la salvación de Turquía frente al "enemigo total", lo que significará la perpetuación de Erdogan en el poder, que es lo que quería. Por ello, lo más probable es que las siguientes purgas comiencen en su propio partido en cuanto que alguien se atreva a oponerse a sus designios.


El papel de la crítica a Trump en los medios está siendo muy importante y creciente. Los argumentos que usa le son desmontados, una mentira tras otra. Los miembros del partido republicano ya no tienen miedo de criticar públicamente a Trump o de explicar porqué no le van a votar. Una vez que las encuestas muestran cómo se va desplomando y que su estrategia es seguir en esa misma línea, se trata de salvar la cara del partido republicano, al que puede llevar a su desaparición por décadas y que necesitará, en el mejor de los casos, una renovación y lavado de cara profundos tras el paso de Trump.
En Turquía, en cambio, los medios de comunicación son cerrados y los periodistas encarcelados. Ya se producía esto antes del golpe, pero ahora forman parte del "enemigo total". Erdogan puede decir lo que dice porque no hay crítica, solo propaganda. Sus palabras son una "verdad incuestionable", ya que hacerlo es incurrir en traición. Turquía es él y él es Turquía; criticarle es alta traición.


Lo que surja después de este proceso, que a Erdogan le interesa extender todo lo que pueda usando el "enemigo total" para justificar sus medidas antidemocráticas y autoritarias. Que Fethullah Gülen se encuentre en los Estados Unidos es perfecto para él, pues le permite seguir con sus discursos antioccidentales y además, no tener que enfrentarse al problema de tener que juzgarle. Erdogan usa la petición y la amenaza de la pena de muerte como un discurso para llevar al límite las críticas de la Unión Europea. Así es él el que fija los límites mientras sigue encarcelando gente sin juicio y sin prueba alguna, solo las "listas negras" previas que su uso del aparato del estado le ha permitido para la vigilancia de los opositores. 
Mientras Gülen siga en Estados Unidos podrá quejarse, su segundo estado favorito tras el enfado. Podrá así dar lecciones de democracia al mundo y hacer que sus seguidores se sientan como defensores de Turquía y la democracia.


El "enemigo total" admite muchas variantes. En un sistema democrático no es tolerable. Su extensión hacia el exterior crea climas peligrosos, sobre todo si se juega con ellos. Se puede ir de las manos y producir efectos no deseados, en especial cuando un Erdogan mezcla al Estado Islámico con Europa o los Estados Unidos mediante conexiones sutiles pero eficaces para abrir brechas y crear malentendidos. 
Trump usa las mismas tácticas vinculando los conflictos exteriores con la presidencia actual. Su llamada a que Rusia jaqueara los correos de Clinton y los hiciera públicos es una muestra clara de la pérdida del norte político o de su estado mental. El descubrimiento de los lazos comerciales de su jefe de campaña con la Rusia de Putin a través del pro ruso Yanukóvich, expresidente ucraniano, han hecho ver que a lo mejor su petición era en serio realmente.
Desde el poder, Erdogan ha ido hundiendo la democracia turca hasta llegar al estado actual. Trump lo intenta y sus insinuaciones de que habrá fraude electoral si pierde las elecciones es absolutamente inaceptable a más de dos meses de las elecciones
Hay que tener mucho cuidado con los que se presentan como "salvadores totales" porque necesitan "enemigos totales" a su altura. Vienen ya con el súpervillano debajo del brazo.




* "Erdogan vuelve a arremeter contra la UE por sus críticas a la represión en Turquía" Euronews 16/08/2016 http://es.euronews.com/2016/08/16/erdogan-vuelve-a-arremeter-contra-la-ue-por-sus-criticas-a-la-represion-en

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