jueves, 8 de octubre de 2026

Maricarmen

 Joaquín Mª Aguirre

La muerte de Maricarmen alteró los noticiarios, modificó las programaciones. Todos buscaban reacciones ante lo inesperado, su fallecimiento. Una vez más, la vida se encargó de desbaratar los planes que unos y otros tenía. Hace unos minutos les preguntaban a dos jóvenes en la Puerta del Sol si lo que se decía sobre "asesinato" debía ser considerado literalmente. Con buen criterio, hablaron de una "muerte adelantada", de ser "pacíficos", de velar por la paz y la limpieza del espacio que ocupaban. No son violentos, dijeron. Se curaban así de los intentos de desvirtuarlos, de provocarlos, de llevar al terreno que les interese lo que es una reivindicación global de la sociedad española y no el enfado de unos cuantos jóvenes.

Maricarmen le puso hechos y cara, historia, al problema general de la vivienda en España, convertida en una forma especulativa de empresa para acabar de explotar a los inquilinos. Hemos comprendido con su caso el funcionamiento de la vivienda, al menos de una parte, todo hay que decirlo, creciente.


Estamos pagando muchos el viejo consejo del invierte en casas, un valor seguro y siempre en ascenso, que no se devalúa. Lo malo es que ese "valor seguro" es inseguridad para quien lo habita, convertido en cliente y víctima, ante la inacción de los poderes públicos, muchas veces seducidos por el valor de lo turístico, de la atracción de buenos pagadores, los turistas, que se renuevan cada pocos días. Las campañas contra los llamados "mochileros" dejaba claro a quién recibimos y a quién rechazamos.

Convertir las viviendas en una especie de hoteles es más rentable en su país que se ha ido decantando con el modelo turístico, uno de los más especulativos y de los más necesarios para la gente. La casa no es como elegir tener coche, que hay alternativas. La transformación turística de España es su conversión en un espacio de explotación especulativa, de inseguridad vivencial.


Ese modelo tiene, además, una precariedad laboral (se contrata en temporadas, festivos, puentes...) muy elevada y tiende a pagar muy poco, algo que es aceptado ante la falta de otro empleo estable. Los inquilinos, cobrando menos, no pueden afrontar las subidas brutales de los alquileres, muchas veces disuasorios para que se vayan. Los pensionistas son víctimas perfectas; igualmente los jóvenes.

Maricarmen era un ejemplo de libro. Representaba para jóvenes y viejos el problema español. Como ella misma dijo, es el trato inhumano con personas inhumanas. Escondidos tras fondos, tras empresas, se encuentran personas que han invertido en el sector por lo que produce y no por lo que supone. El problema de la vivienda es considerarla como cualquier otro medio de enriquecerse. Tampoco necesita un especial trabajo o amor: es una inversión y así se ha dejado crecer. Los reclamos apara invertir de nuestros políticos locales ha hecho el resto. Han sido incapaces de ver los efectos negativos que tenían directamente sobre los inquilinos e indirectamente sobre toda la población.


Las manifestaciones en ciudades en las que no pueden vivir ya los locales, tanto por superpoblación como económicamente por la elevación constante de los precios demuestran la falta de visión (o el exceso de intereses) de nuestras autoridades responsables.

Que los empresarios salgan cantando el derecho a la "propiedad privada" es consecuente con esta sintonía con las autoridades políticas y su ceguera. El modelo del beneficio ha superado ampliamente el de la responsabilidad social, que son solo palabras bonitas útiles en campañas electorales. Muy español esto.

La muerte de Maricarmen es noticia en todos los diarios y noticiarios del mundo, como nos muestran los telediarios. Su caso es visto como parte de esa España que les viene bien criticar porque quizá sus fondos están invirtiendo en España más de lo aconsejable. El dinero no retorna; se pierde muchas veces por paraísos fiscales.

En lo que a nosotros importa, Maricarmen ha pasado de ser un referente vivo de un problema nacional, a ser un aviso de sus consecuencias y un impulso para la resistencia. Escuchando a los políticos, todos consideran a Maricarmen como partidaria de sus posiciones y enemiga de sus enemigos.

Morir es algo más que dejar de vivir cuando te has convertido en un símbolo. Y Maricarmen ya lo era, era la cabeza visible, el ejemplo perfecto de todos los males que el sistema acumula sobre la vivienda, un gasto indispensable. Lo entendieron todos. Su ánimo, entereza, capacidad de resistencia... animaba a todos.

Ahora llega el momento de los cantos y de las distorsiones, de fabricar una Maricarmen más o menos próxima a su realidad. Se repiten sus frases y se nos muestran sus imágenes. Maricarmen ya es leyenda en esta España triste, llena de complejos y desajustes, de tópicos y crueles realidades que se acaban tapando.

Lamentamos su muerte. Con ella se ahorro el lavado de cara del problema de su vivienda a cargo de los responsables dispuestos a mostrarse magnánimos. No ha hecho falta. El conflicto sigue y Maricarmen podrá ser siempre invocada como lo que fue, una resistente, una injusticia viviente, una demostración de cómo la inhumanidad es rentable, incluso prestigiosa en este extraño mundo.

Su muerte estará presente, directa o indirectamente, marcando la campaña electoral próxima, pues no puede ser ignorada por nadie. Se convertirá en objeto arrojadizo de unos contra otros. 

Descanse en paz quien tanto luchó. No pudo morir en su casa, pero eso cierra el mito.

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