domingo, 24 de mayo de 2026

Muy mal ejemplo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Algo falla, algo que reduce la democracia a una mascarada, a una realidad en un doble plano, el omnipresente mediático y el que se da entre bambalinas, Este carácter doble es el que se manifiesta cuando estallan los casos de corrupción. Es entonces cuando la máscara cae y se nos revela esa penosa, artificial, burlesca realidad que se escondía tras los titulares, los discursos, los debates, etc.

Conforme se van incorporando nuevos datos, suenan las piquetas de derribo; se nos cae, golpe a golpe, el pasado y el presente. Pero esto también afecta al futuro, a las herramientas disponibles para construir un país en el que se pueda vivir confiado, en paz. Esto no lo está posibilitando la política actual, que vive de la polarización, de la controversia y de la trivialidad, una mezcla explosiva.

Quedarse sin futuro aceptable, a la vista, tiene sus peligros. Lo llevamos advirtiendo desde hace tiempo. Que los sinvergüenzas lleguen tan alto, que involucren a las instituciones en las que se instalan, que ganen en una operación lo que al honesto le cuesta años conseguir, tiene un efecto demoledor en la población, especialmente en los más jóvenes, que aprenden que con la honestidad no se llega a final de mes, ni se adquiere una vivienda, ni se conserva el puesto de trabajo.

Escuchaba ayer sobre la detención de una banda de menores dedicada a  robar los bolsos mediante el procedimiento del tirón a personas mayores. No puedo evitar ponerme en sus mentes: ¿es eso su futuro, lo que les ofrece una vía para salir? Qué ven en el robo es preguntarse qué no encuentran en la realidad que les rodea.

Comentaba el otro día con unos compañeros la trágica desaparición de una palabra que hace mucho que no escucho: "vocación". ¿Tiene sentido hoy plantear un camino hacia el futuro cuando lo que te ofrecen está limitado, cuando te repiten que no estudies más y que limites tu "perfil" a lo que te rodea? "Vocación" incluye deseo, voluntad, confianza en el futuro y en ti mismo. Por el contrario, lo que tienes por delante es limitaciones, la imposibilidad de emanciparse antes de los 30 años (como nos decía un informa hace unos días), un sueldo precario, unas contrataciones efímeras y explotadoras en profesiones que no estaban en tu lista.

La delincuencia es muchas veces la respuesta a lo que no te dan, oportunidades. Cuando ves que muchos se dirigieron hacia la política con perspectivas, no de servicio, sino de servirse de ella, las respuestas pueden ser más prácticas que otra cosa. Nada hay más absurdo hoy que la pregunta "¿qué quieres ser de mayor?". La respuesta es una mirada irónica, un silencio y un encogimiento de hombros.

La corrupción alcanza nuevos estratos. Ya no es una acción individual. Por contra, se dan grupos que van de los familiares directos a los socios políticos o comerciales. Comienzas siendo chófer de político y acabas siendo parte importante de una trama corrupta. ¡Todo un ascenso! ¿Qué sentido familiar tiene el que deja que sus hijos e hijas participen de los negocios? ¿"La familia que roba unida, permanece unida", por parafrasear el antiguo eslogan eclesial?


¿Se ha normalizado la corrupción en los entornos familiares, en los empresariales, en los políticos? Debemos responder con rapidez y sinceridad, proponer medidas que eviten que todo esto sea capitalizado por el extremismo político, que se ofrece como "remedio", como hoguera en la que quemarlo todo. Lo malo es que se queman muchas más cosas en esas hogueras.

Los noticiarios combinan sus titulares. Unos nos hablan de lo "bien que va España" y de cómo nos envidian; otros, en cambio, nos hablan de los que siguen sin empleo, de los que no llegan a fin de mes, de los que no acceden a una vivienda. Los titulares políticos son dignos de Pimpinela, unos contra otros, la elevación de la presunción de inocencia como un muro de Berlín que evite las fugas. Pero no hay medidas propias para evitar que los corruptos crezcan felices en los partidos, cuyas cumbres ocupan. Luego Ábalos se queja de que le tratan peor que a Rodríguez Zapatero. ¡Qué injusticia!

Si no vemos reacciones, siempre nos quedará el "tirón", saltarse las reglas y evitar que te pillen. Reducir la vida social, la vida política a eso, a evitar que te pillen, nos convertirá en una especie de jungla en la que se trata de robar antes que otro lo haga. El que cumple la ley se siente tonto y la tentación comienza a hacer mella.  Ha sido la base de nuestra picaresca y estamos volviendo a ella.

Nos dicen que el 87% de los menores entre 12 y 17 años no confían en los políticos. Por algo será,

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