domingo, 3 de enero de 2021

La triste realidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El titular de La Vanguardia es como un latigazo: "Grecia, Portugal y Polonia superan a España en I+D y la hunden en la cola europea". En un bosque de lamentos por la vieja "normalidad", el titular nos habla de lo que nadie parece echar en falta en este país solar, "solar de "suelo· y "solar" de "suelo". La combinación de suelo y sol es la que mejor describe nuestra posición y el constante retroceso de nuestras aspiraciones como país. El país del chiringuito, la cervecita y la terracita; es el país de un bar por cada 170 habitantes y que necesita de 40 millones de turistas para que la "economía" funcione. Nos salva lo de siempre, la agricultura, que exporta. Lo demás es heroísmo, melancolía y emigración de los mejores en busca de unas condiciones en las que se les ofrezca algo más que precariedad y contratos en constante renovación.

Formamos a ingenieros, médicos, etc. que se tienen que ir de España a lugares donde no se les explote, se les pague mal y vivan en la cuerda floja años y años. Somos el país en el que tiene un sueño emigra o se autoemplea. Nuestra empresas son pequeñas, nano empresas, con algunas excepciones, pocas. Nos gusta decir la palabra "autónomos" como si eso nos diera libertad y lo único que nos da es una tabla de salvación en una economía cuyos últimos y benévolos datos hablan de un 25% sumergida. Estamos a la cabeza del paro europeo, disfrazamos el empleo como becarios, para ahorrarse unos el escándalo de los números y otros crear puestos fijos. Así se tiene un trabajador más dócil y a la baja, cobrando cada vez menos porque hay una enorme bolsa de desempleo.


Las mismas pregunta 8/01/2019

Con este panorama, el abandono escolar crece, el mayor de Europa. ¿Estudiar? ¿Para qué? Antes se hablaba de "mileuristas"; hoy parece un sueño para muchos cobrar "mil euros" y se conforman con lo que les dan, que saben que será por poco tiempo y con tendencia a la baja.

Nos dicen que vamos a ser la economía que más vamos a sufrir con la cuestión del coronavirus, que tardaremos más que los demás; nos dicen también que vamos a ser los más afectados por el Brexit, tanto por las exportaciones como por la pesca y por el turismo británico.

Nos lo dicen cada día ¡y seguimos pidiendo que todo vuelva a ser como antes! ¿Antes de qué? ¿De la burbuja inmobiliaria constante, del ladrillo? ¿Antes de que nos desindustrializaran? ¿Antes de que el país decidieras desequilibrarse hacia el turismo y los ayuntamientos se financiaran con el suelo? ¿Volver a lo de antes?

Nos dicen en el diario barcelonés:

 

Los datos hablan por sí solos. La inversión en innovación y desarrollo (I+D) española aumenta en los presupuestos de manera sostenida durante los últimos años. Es más, el ministerio de Ciencia e Innovación que lidera Pedro Duque ha anunciado la mayor cifra de la historia para el 2021. Pero a la espera de que se lleven a cabo las cuentas públicas, lo que queda es una realidad bien diversa. España ya va por detrás incluso de algunos de los países con menor esfuerzo inversor histórico en I+D europeos como Grecia, Polonia y Portugal. Y por si esto fuera poco el Ejecutivo deja sobre la mitad de lo presupuestado sin ejecutar. 

España, quinta economía europea, se sitúa en la posición 18 de los 28 estados miembros de la UE (incluyendo al Reino Unido) en el 2019 en inversión en I+D respecto al PIB, último dato conocido. Y de las últimas en la eurozona. Destinó el 1,25% según el INE. El 1,14% según la estimación de Eurostat. En uno u otro caso por debajo de los niveles medios europeos, que se sitúan en el 2,13%. España desciende y desciende en la clasificación hasta quedar a la cola del ya de por sí renqueante bloque mediterráneo. A distancia de Rumanía, última de toda la Unión, pero por primera vez superada por Grecia y Polonia. Eslovenia, Estonia, Grecia, Hungría, Polonia, Portugal y la República Checa, a su vez, con menor renta por habitante que España, realizan un mayor esfuerzo inversor en este ámbito que ella.*

 


A la "cola mediterránea". Se dice pronto entre los eslóganes con los que se trata de salvar algo de esta desastrosa economía que hemos creado, de este monstruo económico, una especie de falla condenada a la quema.

España se ha creído su propio tópico de la pandereta y lo lleva adelante como un futuro deseable, como un horizonte hacia el que se dirige al ritmo de la canción del verano, del concurso televisivo, de grito de gol llevado hasta el delirio.

Hace muchos años califique la economía española como la casa del primer cerdito, a la que le basta un soplo para volar por los aires. La primera crisis lo demostró. También España era la más débil. Ha tenido que llegar una pandemia para que se nos vean las arrugas, las cicatrices de la cirugía estética que se realiza con el dinero turístico, con convertir el país en un solárium en el que estar tumbado mientras el reloj de la historia sigue avanzando.


EOM 26/05/2019


España no ha sabido o no ha querido cambiar de modelo, adelantarse a sí misma al modelo que le sirvió para dar el salto de desarrollo. El turismo nos ha convertido en chiringuito. Esto se ha visto intensificado —hay que decirlo—  por el modelo autonómico, que ha buscado el atractivo regional antes que la creación de riqueza industrial y exportadora, solo sostenida por la agricultura allí donde no se ha vaciado.

Está de moda hablar de la "España vaciada" sin entrar más en las causas. Las diferencias entre las ciudades y sus servicios y el campo se fueron haciendo gigantescas y se abandonaron muchos espacios que se convirtieron en reductos turísticos.

El modelo turístico no es muy complicado de desarrollar si se tienen condiciones naturales y tranquilidad, si es eso lo que buscas. El llamado "turismo de exceso" nos ha mostrado, una vez más, la dependencia de tener que aceptar cualquier cosa cuando los tiempos aprietan.

El modelo turístico es engañoso y España ha tenido "suerte". Desde hace diez años, las revueltas han destruido la tranquilidad del norte de África y Oriente Medio, algunos de cuyos países apostaron por la fórmula turística, como sucedió con Túnez, con asesinos ametrallando turistas en sus playas. Eso cortó en seco el turismo hacia la zona y una parte importante nos tocó a nosotros, una vez superados los tiempos en que ETA ponía bombas en las playas para espantar el turismo extranjeros, asegurarse notoriedad mediática y hacer daño a la economía española.


8/07/2018

Nuestra división autonómica —lo hemos visto con la pandemia— se disputa los turistas que llegan a España. La obsesión con temporadas, puentes y festivos es escandalosa. La economía solo se mueve si vamos de festejo en festejo, de bar en bar de comida en comida. ¿A esto es lo que llamamos "normalidad", a esto hay que volver? Las patronales así lo ordenan y son cada vez más exigentes, como hemos podido apreciar en autonomías en las que tienen gran fuerza porque los políticos dependen de ellos, de sus créditos e inversiones, de sus creaciones de empleos precarios que les permitan dar la cara ante sus votantes.

Pero la realidad de la que nos habla La Vanguardia es todavía más dura: la inversión en investigación, en I+D, no se ejecuta, ya sea por desidia administrativa o, lo que sería peor, por la falta de interés en el sector, por falta de investigadores que, hartos de la situación, se dedican a otras cosas o sencillamente se van.

Hay países que cambiaron de modelo económico equilibrándose con los sectores digitales en los que han llegado a ser punteros en menos de una década. Otros rebuscaron en los cajones de las oportunidades, de los huecos industriales. Nosotros no.  Los apoyos y ayudas son populistas, buscan aplauso fácil e inmediatez. Son "pan para hoy, hambre para mañana". Desgraciadamente, el modelo político nos condena a esta disgregación de objetivos en una España capaz de disputar por cualquier cosa. Pero el mañana del hambre ha llegado para muchos en una España desigual, donde las distancias económicas se agrandan de forma insolidaria, en permanente disputa. El gráfico siguiente nos muestra la triste realidad española: la caída de los salarios españoles un 0,3% entre 2008 y 2017. ¡Y los hay que no solo presumen de ello sino que quieren perpetuar esta situación que ha enriquecido a unos cuantos!


EOM 26/05/2019


No se trata de repetir un modelo que ha ido bien solo a algunos. No podemos seguir creyendo que el modelo español sea una bicoca con la precariedad existente, con la economía sumergida, con el enorme paro y con sueldos a la baja. Es indecente solo pensarlo; el problema es que es el modelo que los políticos han aceptado, aunque sea por omisión de cualquier otro modelo diferente. Ese es el gran escándalo, la incapacidad con toques de indiferencia de una clase cuya única función es pelearse, decir lo contrario de lo que expresa el rival para acabar no haciendo nada. La retórica hueca se hunde ante los hechos, ante la realidad de los datos. Estos muestran nuestra enorme dependencia, nuestra fragilidad, nuestra falta de decisión, nuestra petición de ayuda para seguir igual y no para cambiar.


EOM 26/05/2019


Hace años escribimos aquí sobre los informes de La Caixa sobre el problema del empresariado español, de empresas de poca gente, mínimas y muchos autónomos. Esta atomización, nos decían los economistas, impedía que España progresase, que las empresas no se hundieran por los pecados de su pequeño tamaño y la falta de preparación empresarial. Todo es ladrillo, todo es turismo. Lo demás depende del azar y de la confianza de los impulsores de ideas, cuya mejor idea acaba siendo irse con la idea a otro sitio.

Tras la constatación de la dependencia tecnológica europea, que ha dejado la producción a terceros, nos dice el articulista:

 

[...] cada vez es mayor la distancia con las principales economías del Viejo Continente, que ven un gasto-inversión en su I+D superior al 2%, incluso el 3%. Alemania o Francia lo cumplen a rajatabla. E Italia, a la que España recurre habitualmente como objetivo, da hoy pasos adelante y se distancia de España pese a verse superada por esta entre el 2004 y 2014. Porque el máximo histórico español es siempre de antes de la crisis financiera. Está en el 1,25% del PIB según el INE. Estuvo en el 1,35% en el 2008. Esperaba llegar al 2% este año y al 2,12% en el 2027 según se señala en la Estrategia Española de Ciencia, Tecnología e Innovación. No ha ocurrido. Y todo ello tiene graves consecuencias, sobre todo de futuro. 

“Los países que generen tecnología generarán también prosperidad y empleos de calidad y los que no están condenados a la precariedad. La futura división es entre países-líderes y seguidores no será Norte-Sur ni Este-Oeste, será de Tecnología-No Tecnología. Seguir como estamos significa salarios precarios, inestabilidad laboral, desmantelamiento del estado del bienestar y emergencia del populismo”, concluye a su vez Xavier Ferràs, profesor del departamento de Operaciones, Innovación y Data Science de Esade Business and Law School, experto en el ecosistema de las I+D. 

Porque incluso viéndolo por comunidades autónomas en un país descentralizado como España, tampoco cambia nada. Ninguna de ellas alcanza el esperado 2% si bien el País Vasco se queda muy cerca, en el 1,97%. Madrid destina el 1,71%; Navarra, el 1,67%; Catalunya, el 1,52%. Y Canarias y Baleares cierran el ranking, con el 0,47% y 0,40%, respectivamente. Aquellos territorios más apegados a los servicios, la construcción y el turismo de masas que tantos éxitos dieron en el pasado pero muy afectados por la crisis de la Covid, son precisamente los más rezagados en I+D.**

 


No se puede decir más claro. Si seguimos apostando por este "añorado modelo" que solo nos crea dependencia, inestabilidad, debilidad y precariedad, nuestro futuro está echado: perder lo mejor, ser débiles, inestables.

España tiene un enorme potencial que se pierde sin remedio. No entro ya en consideraciones sobre la epidemia de incultura que nos sacude, de pérdida del tejido intelectual y cultural, sometidos a lo chabacano y trivial, a la mediocridad ostentosa y triunfante, objeto de aplauso constante y celebración mediática. El entorno cultural que hemos creado es chabacano, un vacío compartido que resalta en estos días de pandemia en donde se ven los efectos.

España tiene que cambiar de modelo, no solo para no depender tanto de otros, sino para recuperar una imagen de sí misma que podamos mirar sin sonrojo. Pero esta mediocridad favorece a muchos, especialmente nos hace fácil de gobernar a golpe de emociones, de insultos y de proclamas vacías. La baja categoría de nuestra clase política (con las excepciones que quieran) le hace incapaces de proyectar modelos más allá de lo inmediato, lo que haga ganar las próximas elecciones y seguir en el poder. El espectáculo parlamentario sonroja mientras los problemas se acumulan y sube el tono de las disputas. No hay ideas ni sitio para ellas.

No soy optimista. Los carreteros y los bueyes están de acuerdo, cada uno a lo suyo, rumiando por el camino, en la misma dirección. Hay que hacer un alto en cada posada para que la economía funcione.

 


* Alexis Rodríguez-Rata "Grecia, Portugal y Polonia superan a España en I+D y la hunden en la cola europea" La Vanguardia 3/01/2021 https://www.lavanguardia.com/economia/20210103/6131625/grecia-portugal-polonia-superan-espana-inversion-i-d-hunden-cola-europea.html




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