sábado, 8 de diciembre de 2018

Diferencias o la autoridad religiosa en disputa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las diferencias entre el poder político-religioso y el religioso-político se acrecientan. El político-religioso es el Ministerio de Dotaciones Religiosas, que respalda las decisiones del gobierno y la afianza de forma religiosa; el religioso-político es la Universidad de Al-Azhar, la institución que tiene el teórico control formativo religioso, pero cuya capacidad de emitir "fatwas", es decir, interpretaciones canónicas de las leyes y principios islámicos tienen un carácter político dado la fusión de ambos elementos.
Hace tiempo que llevamos comentando el conflicto entre ambas instituciones y su lucha por el control del discurso religioso en Egipto, algo esencial dada la configuración institucional, es decir, la puesta constitucional de la política bajo la sombra de Al-Azhar y las llamadas constantes a la reforma del discurso religioso, algo que la Universidad ignora.
En síntesis, el problema estriba en el "sustrato religioso" del poder. El régimen egipcio derrocó a un presidente islamista pero no renunció (como no lo habían hecho los presidentes anteriores) al poder de control que supone la religión. Pero el hecho es que cuanto más se fundamente el poder político en el religioso, más supeditado está a la institución de Al-Azhar y más poder pierde. Se da la paradoja que otros países musulmanes no tienen en esta medida: Al-Azhar es una fuente de poder sobre el mundo islámico, regulando a los clérigos que van a formarse de todas partes del mundo musulmán, pero donde tiene, pero es también un obstáculo para la política egipcia ya que controla la última palabra en muchos aspectos, decidiendo si están de acuerdo con la ley islámica, que tienen prioridad para la interpretación de cualquier principio que se quiera imponer.


El presidente al-Sisi pudo dar un golpe de estado contra los islamistas Hermanos Musulmanes porque tras él, en la proclama que hizo a través de la televisión, estaban las autoridades religiosas del país, las musulmanas y el papa copto. Estaban los partidos políticos y el único político-religioso permitido, los salafistas, que también se han cobrado lo suyo, quedando con las manos libres aunque observados de cerca. Pero en ningún sitio es más evidente esta lucha de poder entre autoridades políticas y religiosas.
La forma de intentar contrarrestar al poder de Al-Azhar es crear una entidad religiosa que dependa directamente de los gobiernos y esa es el Ministerio de Dotaciones Religiosas.
Nos cuentan en Ahram Online el estado actual del conflicto:

Differences between Egypt’s two major Islamic institutions, Al-Azhar and the Ministry of Religious Endowments, have led to parliament’s Religious Affairs Committee suspending its discussion of a draft law regulating religious fatwas.
Osama Al-Abd, head of the committee, told the media that “if the differences between the two institutions are not settled soon parliament will intervene to give a final word on the matter.”
The law, drafted by the committee’s secretary-general, has already been discussed at length, said Al-Abd.
“One major issue remains, whether the Ministry of Religious Endowments has the right to issue fatwas. Al-Azhar wants the ministry be completely stripped of this right while the Ministry of Religious Endowments insists one of its affiliated committees has been mandated to issue fatwas since the 1980s and should continue to do so.”
The differences between Al-Azhar and the Ministry of Religious Endowments reached a crescendo last week when the representative of Al-Azhar announced he would not attend any more meetings on the law.*


El conflicto es la expresión de la contradicción entre lo nacional y lo islámico. La Universidad de Al-Azhar se presenta como una institución "universal", un faro para el islam, en donde sus fatwas tienen autoridad amplia. Pero, ¿ocurre lo mismo con las "fatwas ministeriales"? ¿Son solo para Egipto o este tiene el derecho de imponerlas en todo el islam si tienen el mismo valor? ¿Contradicción? Evidentemente, pero esto es lo que ocurre con una doctrina que se pretende universal y por encima de lo mundano cuando es encarnada en lo más mundano que existe, un ministerio.
En los años ochenta se dio la posibilidad de que el ministerio emitiera sus propias fatwas con el mismo reconocimiento que las de Al-Azhar, pero parece que se quiere borrar esa prerrogativa. Ya desde los tiempos de Nasser los enfrentamientos han sido constantes ya que el poder de Al-Azhar es enorme en una sociedad que consulta cada cosa que tiene que hacer con los clérigos por si va en contra de las leyes islámicas.
Por eso, Al-Azhar hace "política" y el Ministerio hace "religión", si es que se puede decir así, ya que ambos controlan la vida de los egipcios y más allá de las fronteras a golpe de fatwa. La ley que se está tratando —y sobre la que no hay acuerdo entre gobierno y Universidad— se vuelve conflictiva desde el momento en que unos quieren tener la exclusiva de las fatwas y los otros la ven como un contrapoder para evitar la radicalización y, especialmente, la ampliación del poder de los clérigos en un mundo en el que se les hace caso y en el que salen a la luz interpretaciones descabelladas en aplicación del Corán y sus enseñanzas según los clérigos.


Desde este punto de vista, el gobierno se ve comprometido por las fatwas, pero no presiona hasta crear un cisma pues es peligroso dividir ahora a la sociedad sobre lo que debe elegir en cuanto a fatwas.
El diario estatal recoge algunas opiniones de los parlamentarios y algunos despropósitos de fatwas:

Omar Hamroush, the independent MP who drafted the law, told Al-Ahram Weekly that members of the Religious Affairs Committee had tried to help Al-Azhar and the Ministry of Religious Endowments reach common ground in order that “the law does not face any delays given there is a pressing need to contain the current fatwa chaos”.
Hamroush says his draft will prevent extremist clerics from issuing bizarre fatwas.
“These bizarre fatwas pose a major threat to internal stability. Many of them, issued by extremist Salafi clerics, attack Christians, and hark back to a pre-modern mindset.”
Hamroush says his draft penalises anyone who issues a fatwa without being licensed by Al-Azhar or the Ministry of Religious Endowments.
“Al-Azhar insists it has the sole right to issue such licences while the Ministry of Religious Endowments says its affiliated committee has the right as well.”
“Ministry of Religious Endowments officials argue that the ministry’s affiliated committee has also been authorised since the 1980s to issue religious fatwas and its members are respected clerics who graduated from Al-Azhar.”
According to Hamroush, “fatwa chaos began when the Muslim Brotherhood and extremist Salafis came to power in Egypt in 2012.”
“Since then a huge number of bizarre fatwas have been issued, many attacking Christians and urging Muslims not to have any dealings with them. Some of these fatwas encouraged terrorist groups to bomb churches and monasteries.”
“We have ultraconservative clerics who issue rediculous fatwas on television channels. Some edicts claim citizens are forbidden by Islam from saluting the flag or singing the national anthem, that Islam demands women wear the niqab and that government schools are haram because they teach a secularist curriculum.”*

Como puede apreciarse con claridad, el conflicto está abierto. El discurso de modernidad que el gobierno egipcio pretende mostrar al mundo se encuentra entrampado con las fatwas retrógradas de la Universidad de Al-Azhar, una institución que se ampara en su independencia, pero a la que puentean a través del ministerio para contrarrestar el poder que ejerce sobre el día a día.


Los últimos ejemplos que se ponen atentan directamente contra el "nacionalismo" egipcio, una corriente que choca con la idea del gobierno. Se muestran así las contradicciones entre la versión nacionalista de la religión (la sostenida por al-Sisi) y la supranacional de un islam que no tiene demasiadas simpatías por las fronteras y ve en el poder terrenal un obstáculo para el religioso. Eso se comprueba en la acusación expresada de "secularismo", lo peor que se puede hacer contra un gobernante, ya que pueden empezar la campaña de no obediencia (o peor), acusándolos de abandonar las enseñanzas coránicas.
Desde el punto de vista del poder, volvemos al viejo conflicto: al gobernante solo se le obedece si este obedece a Dios, algo que deciden los clérigos. De esta forma, los gobernantes pueden enfrentarse, tratar de ganarse o controlar a los clérigos. La lucha con Al-Azhar no ha cesado desde la llegada al poder de al-Sisi. Más allá de la renovación del discurso religioso está lo que esto implica, el control social.
Al-Sisi ha intentado usar a los clérigos como arma contra el radicalismo, extendiendo diferentes tipos de medidas (control ministerial de los sermones, prohibición de sermones a los clérigos no reconocidos, la instalación de las "cabinas para la consulta religiosa" en el Metro de El Cairo, etc.), pero el hecho es que Al-Azhar ha seguido dando ejemplos de interpretaciones retrógradas de la religión que han causado gran controversia en la sociedad y, especialmente, le han creado tensiones internas con los sectores más laicos, por decirlo así, de las instituciones, incluida la militar.


En las declaraciones citadas se acusa directamente a los clérigos de Al-Azhar incluso de justificar el terrorismo y los ataques a los cristianos. Esa acusación es realmente crítica y sitúa a Al-Azhar en el límite. El control ministerial no es suficiente porque es precisamente lo que los clérigos cuestionan, como cuando se hizo obligatoria la supervisión de los sermones y el "sermón único" para todos, algo que causón indignación por la humillación que suponía para la institución teológica.
El final del artículo muestra el conflicto en toda su crudeza a través de un ejemplo:

Hamroush lamented that even “Al-Azhar professors” were issuing strange rulings, pointing to Said Noaman, a member of the Al-Azhar Fatwa Committee, who gained notoriety after pronouncing that girls can be married even when they are embryos in their mothers’ wombs.
“Noaman said that if ultrasound scans show an embryo is a female, then her father can decide on her marriage even if she is still in her mother’s womb.”
Noaman issued his fatwa in the course of a TV interview during which he objected to the government’s family planning and birth control campaign.*

Llamar retrógrada a esta fatwa es poco. Quizá sea algo más, una muestra de la lógica de la institución llevada a su último extremo. Partiendo del derecho absoluto del padre sobre la hija, ¿por qué no decidir por ella antes de que nazca? Son este tipo de fatwas las que descolocan los intentos del gobierno egipcio de intentar mejorar su imagen interior y exterior, esta última especialmente. Sabe el daño que le hace que cientos de periódicos lleven a los titulares casos como estos y otros peores, como el del mantenimiento de relaciones sexuales con el cadáver de la esposa, por citar alguno sonado. Últimamente, además, la Universidad parece especialmente locuaz en sus fatwas, interviniendo en casi todo, lo que es una forma de puentear al parlamento, ya que legislar contra las fatwas es complicado y significaría un enfrentamiento más abierto de lo habitual.


Eso explica la necesidad de mantener al Ministerio de Dotaciones Religiosas como fuente de legislación religiosa sobre la vida cotidiana. Ya no se trata solo de interpretar este conflicto de competencias, sino que entra la propia constitución:

Mohamed Abu Hamed, an independent MP and member of the Religious Committee, told the Weekly that Al-Azhar is resisting calls to reform religious discourse, “and in the area of religious fatwas Al-Azhar claims that it is the sole arbiter under the constitution”.
Article 7 of the constitution states that “Al-Azhar is the main reference on religious sciences and Islamic affairs”, but does not stipulate it is the sole reference.
“The article opens the door to other institutions and intellectuals to give their views on religious issues,” says Abu Hamed.
The MP revealed he is in the process of drafting amendments to the law regulating the performance of Al-Azhar (Law 103/1961), since “without legislative amendments Al-Azhar will continue resisting any calls for religious reform, particularly those voiced by President Abdel-Fattah Al-Sisi.”
Other draft laws that seek to contain extremism and push for religious reform have also been left in limbo.
“We have drafts which seek to reform the curricula in Al-Azhar’s schools, prevent Salafi clerics from preaching at Friday prayers, impose a ban on women wearing the niqab in public places, and to remove religious identification from ID cards and official documents,” says Al-Abd.
“None of them appears to be going anywhere.”*


La mención de la ley 103/1961 es volver a la maniobra que Gamal Abdel Nasser realizó para precisamente evitar que en el naciente nuevo Egipto la institución se convirtiera en una poderosa entidad autónoma y no hubiera forma de controlarla desde el estado. Nasser mantuvo el poder de Al-Azhar, pero supeditándolo a un poder por encima en lo administrativo, el Ministerio.
En el artículo "Egypt’s al-Azhar Steps Forward", publicado tras la caída del presidente islamista Mohamed Morsi, firmado por Ahmed Morsy y Nathan J. Brown, investigadores del Carnegie Endowment for International Peace, se analizaba el papel de la institución y lo que representó la ley de 1961 para ella:

Since the time of Muhammad Ali in the 1800s, Egypt’s leaders have regarded al-Azhar as an influential tool in shaping and promoting the government’s domestic and foreign policies. Accordingly, they have gradually extended their control over the institution.
Then president Gamal Abdel Nasser moved ambitiously to reorganize al-Azhar through Law 103 of 1961, which placed the entire institution and its endowments under the formal jurisdiction of the Ministry of Religious Endowments. The same law also made the appointment of the grand sheikh the prerogative of the Egyptian president, just as the appointment of any other state official. In subsequent years, the regime worked to ensure that al-Azhar would act as a strong counterbalance to the growing religious influence of both internal forces such as the Muslim Brotherhood and Salafists and external forces like Saudi Arabia’s Wahhabism.**


El artículo lleva una acertada entradilla de lo que el régimen salido del "no-coup" iba a desarrollar como política: «The downfall of Egypt’s Islamist president has not led to the separation of religion and state in the country. The reality is quite the opposite: religion is being nationalized»**. El análisis es correcto porque eso es lo que hemos estado viendo a lo largo de estos años, desde la llegada.
La política del régimen ha ido contra la "revolución", contra la Primavera Árabe, porque entendían que buscaban una separación de religión y estado, un régimen laico. La baza de salir al pueblo rodeado de partidos políticos y de autoridades religiosas en un primer momento se vio desvirtuada con el peso de la Universidad de Al-Azhar. La idea de una "religión nacional" solo es posible desde la sincronía de las instituciones e imposible con la Universidad alejándose de los objetivos del discurso reformista.
Recordar la ley de 1961 puede interpretarse de muchas maneras, desde la amenaza a la negociación. Hoy por hoy, el enfrentamiento es grande. No parece que haya acuerdo pues nadie va a retroceder en el uso del poder que tienen. El gobierno tiene medidas para presionar a Al-Azhar, pero Al-Azhar puede complicarle mucho las cosas al gobierno a través de la fatwas y transmitiendo el malestar que le merece un gobierno poco piadoso o respetuoso de las instituciones religiosas.


Egipto se metió en un callejón sin salida al intentar encontrar un punto medio en algo en lo que no es posible. El creciente conservadurismo y vigilantismo moral de la sociedad muestra que no se avanza hacia la moderación sino hacia el control social por parte de los más tradicionalistas, cuyo fin no tiene fondo. De ahí la importancia de los casos en los que se trata de silenciar a las personas que introducen algo de modernidad.
La vía piadosa de al-Sisi no lleva a la modernización, sino a un constante deslizarse hacia aquello de lo que huían, los islamistas y su control social desde el poder. Un vez más la contradicción: no se puede modernizar un país encerrando a los críticos, ofreciéndolos como trofeo a los más conservadores, como muestra de una rectitud que solo es represión retrógrada.
Al deshacerse de los demócratas y laicos, que han quedado marginados por sus críticas a los militares y a las instituciones religiosas, el régimen se ha quedado con una situación complicada pues necesita de Al-Azhar para combatir al extremismo religioso que le es contrario, pero no el extremismo religioso a secas, que sigue haciéndose con parcelas a golpe de miedo social, de denuncias (el ejemplo reciente de Rania Youssef por su vestido) contra los que demuestran que se puede ir de otra manera hacia el futuro. Aquí es esencialmente sensible el papel de las mujeres ya que en gran medida son las víctimas dobles de este sistema político y religioso, es decir, patriarcal.
Fueron las mujeres las más castigadas en la Revolución del 25 de enero cuyo aniversario se acerca de nuevo implacablemente, como un recordatorio de la ocasión perdida. Les acaban de decir que pertenecen a sus padres desde el vientre materno, que también les pertenece, que su destino se escribe antes de nacer, sin necesidad de escucharlas, acto inútil y descarado ante la autoridad que les ha llegado desde un Dios que se niega a evolucionar, según insisten sus intérpretes oficiales y oficiosos.
El conflicto seguirá. Siguen llegando avisos desde distintos puntos, la religión, la economía, la administración del estado. El intento de al-Sisi de controlar las diferentes instituciones para poder llevar al país en una dirección no se está produciendo por las resistencias. Se puede controlar al terrorismo con armas, a los críticos con la cárcel, pero ¿cómo hacerlo con una institución como Al-Azhar si esta se resiste? ¿Se atreverá, con la  ley en la mano, a desafiar la autoridad de la Universidad y correr el riesgo consiguiente? Nasser le dejó un camino abierto con la ley de 1963, pero ¿lo recorrerá? Es mucho el riesgo.


* "Differences between Egypt's Al-Azhar, endowments ministry leave religious edicts law in limbo" Ahram Online 7/12/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/319648/Egypt/Politics-/Differences-between-Egypts-AlAzhar,-endowments-min.aspx
* "Egypt’s al-Azhar Steps Forward" Carnegie Endowment for International Peace 7/11/2013 http://carnegieendowment.org/2013/11/07/egypt-s-al-azhar-steps-forward-pub-53536

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