lunes, 21 de mayo de 2018

Las categorías y el orden del mundo


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las cuestiones más delicadas en muchos, pero especialmente en el del Periodismo, es la "categorización", es decir, el proceso que tiene como resultado la creación de unas "categorías" en las que se encuadran elementos que tienen suficientes aspectos en común. Las categorías son, pues, formas de inclusión (de lo que tiene algo en común) y de exclusión (separación de lo diferente). Un buen sistema de categorización permite, en el caso del que hablamos, encuadrar correctamente las noticias.
Las categorías no son fáciles de establecer en algo tan complejo como es la realidad. No tenemos dudas en situar la victoria de ayer de Rafael Nada en el Máster de Roma en la "categoría" o "sección" deportiva. Pero no todo admite una clasificación tan clara. Hay sucesos que no son fáciles de situar en una categoría. Cuando lo hacemos, estamos situando la noticia en una perspectiva determinada que revela nuestra forma de clasificar, es decir, en realidad de "ver el mundo" y sus conexiones. Clasificando aprendemos la nitidez de las relaciones es una operación mental que es el resultado de nuestra forma de ver. Esa forma de ver, en el medida que se crea para que los lectores pueden encontrar las noticias o, de otra forma, sepan qué tipo de noticias van a encontrar en la sección, ese esencialmente social o, si se prefiere "cultural". Clasificamos pensando en que los demás deben compartir esa forma de pensar.
Un ejemplo, la noticia que comentamos hace dos días sobre el compromiso firmado por científicos españoles para no participar en actos académicos en los que no hubiera representación de mujeres, fue clasificado por el diario El Mundo en Yo Dona y en la sección "Lyfestyle". Las dos noticias anteriores son "El príncipe Carlos será el encargado de acompañar a Meghan hasta el altar" y "Vídeo Ejercicio de 15 minutos para aclarar tu mente" y las dos posteriores "Verónica Blume y María León nos descubren la Barcelona más chic en bici" y "Esta semana, Verónica Blume en la portada de Yo Dona". No sé si "Lyfestyle" es lo más adecuado para la noticia, Yo, al menos, no la buscaría allí; pero es allí donde se encuentra.


Clasificar implica poner en marcha un sistema de valores y de conexiones. Es cierto que hay cuestiones que no son fáciles de clasificar, pero también es cierto que los errores clasificatorios tienen consecuencias: nos hacen percibir las relaciones o valoraciones del mundo de una forma sesgada o falsa. Puede parecer que lo importante es que aparezca la noticia, pero dónde la encontramos está marcando nuestra percepción valorativa.
Dejé de ir a una librería importante porque era frustrante que se mezclaran en un mismo estante los estudios sobre ciencia y los de pseudo-ciencia, los estudios sobre historia de las religiones con los escritos de los líderes de las sectas, los estudios de Psicología con los que prometían llevarte a otra dimensión, etc. No sé si era confusión o depresión lo que me producía. Quizá ambas cosas a la vez.
Una cosa es la lógica blanda, lo "fuzzy", y otra muy distinta unas clasificaciones que son en realidad la consagración de estereotipos sociales y reduccionistas. La forma de clasificar impone un orden lógico sobre la realidad, que es vista a través de él. Si lo que hacemos es clasificar a través de estereotipos, lo que estamos haciendo es reforzándolos y dándoles validez, obligando a movernos a través de ellos. Esto es especialmente importante en las cuestiones de género, raciales, xenófobas, etc. que se pueden ver transformadas en valores consagrados por la estructura de categorías.
La realidad es compleja y nosotros debemos elegir verla desde unos ángulos u otros. Pero debemos ser conscientes que esa elección tiene consecuencias al crear un determinado contexto para la propia noticia.


La clasificación de libros es un ejemplo claro. Irán a unos estantes u otros en función de nuestras decisiones. Podemos enviar "Moby Dick" a la sección de "libros infantiles y juveniles", lo que nos llevará a percibirlo de una manera u otra y pensemos que no es adecuado para nosotros.
Pensemos —otro ejemplo— en las categorías de edad con las que son clasificadas las películas. Implica tener en mente una idea de la película, pero también de cómo son las personas en cada tramo de edad. Lo que yo piense de los niños y niñas determinará si la película resulta adecuada para una edad u otra.
Constantemente estamos estableciendo categorías y clasificando la realidad a través de ellas. En la medida en que existen instituciones y agentes sociales que desempeñan esta tarea percibimos en el mundo clasificado, con límites, que son los que las propias categorías establecen.
Probablemente, uno de los campos más claros sea el del género. En este caso, la visión clasificatoria viene determinada por la visión patriarcal en la cultura. Comprendemos claramente aquí el valor de las grandes clasificaciones culturales, como pueda ser, por ejemplo, la exclusión de las mujeres de ciertas lecturas (o de la lectura en su totalidad).
La película Yentel comienza con la llegada de un carromato del librero al pueblo. Los libros de un lado son para hombres, los del lado opuesto para las mujeres. Los de las mujeres, como le dicen, a la joven aspirante a conocer el mundo, cuentan historias y tienen dibujos. Los del otro lado son los que hablan de Dios, cosa de hombres. Son muchas las culturas que tienen esas categorías.


Somos seres clasificadores porque es una forma de manejar el mundo frente a nosotros y a nosotros mismos. Por eso es importa tanto conocer el sistema clasificatorio y corregirlo, eliminar los prejuicios y estereotipos que determinan las clasificaciones o, como decíamos el otro día, la necesidad de incorporar otras miradas en la explicación y ordenación del mundo.
Más allá de la prensa, en donde es un ejercicio constante, afecta al conjunto de la cultura. La introducción de nuevas categorías o la modificación de las existentes suponen una variación en nuestra forma de ver el mundo y relacionarnos en él. Por eso, los errores y retrocesos son peligrosos. Implican cambios en la mentalidad. En el caso de los medios, la responsabilidad es grande porque ahora son una enorme maquinaria de clasificación y configuran nuestra percepción y valoración. La tentación estereotípica es grande por su comodidad. Por eso es importante que actúen en sentido contrario, mejorando el sistema.
La mejor forma de hacerlo es la revisión constante del sistema de clasificación, una revisión crítica, con miradas que aporten puntos de vista nuevos sobre el orden del mundo. Ampliar categorías para poder manejar su mayor diversidad y diferencias.


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