martes, 1 de mayo de 2018

La metedura de Catalá o la política de la confusión


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El ministro Catalá se ha equivocado o, si lo prefieren, ha metido la pata. Su misión clara era reavivar la confianza en las instituciones y lo que ha hecho ha sido empantanarlas creando un conflicto nuevo. Ha hablado de más y de lo que no debía, cuando precisamente lo que necesitaban las instituciones judiciales era demostrar que podían resolver un caso evidente con tacto e inteligencia. Si había "un juez con un problema" ahora tenemos un problema con todos los jueces, tras haber declarado que se sentían atacados. El ministro Catalá no llegó a saber separar el problema del "problema". Catalá ha echado más leña al fuego en vez de coger el extintor, que habría sido mostrar la confianza en las instituciones por encima de las personas. Todos se lo habrían agradecido.
Los motivos eran muy evidentes. Ya señalamos que en estos momentos los jueces son blanco de ataques por motivos más allá de "La manada". Catalá ha cometido el error estratégico que algunos querían que cometiera. Parece mentira que los políticos sean tan ingenuos en algunos momentos.
Una de las artes de la manipulación es saber entremezclar las cosas para que unas sean vistas a la luz de otras. No han tardado mucho en darse cuenta de adónde llevaban las palabras de Rafael Catalá. El editorial de El Mundo señala:

Las palabras pronunciadas ayer por Rafael Catalá poniendo en duda la capacidad del magistrado Ricardo González, autor del voto particular del juicio a La Manada, constituyen un insólito ejercicio de irresponsabilidad y una flagrante intromisión en las funciones del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Todo ello erosiona gravemente la credibilidad del Estado de derecho justo cuando el sistema judicial está siendo objeto de un despiadado e injustificado ataque por parte del independentismo. Resulta inaudito que un ministro de Justicia ponga en duda la actuación de un magistrado a cuenta de su actuación en un caso sub iúdice. Se trata de una reacción impropia de un Gobierno respetuoso con la separación de poderes que, entre otras consecuencias, inflama el descrédito general de la Justicia azuzado en la calle. Catalá está obligado a rectificar sus declaraciones o, en caso contrario, concretar de manera fehaciente el "problema singular" que achaca al juez señalado. Lo que resulta inadmisible es que el titular de Justicia se permita deslizar la idea de que un magistrado está incapacitado para impartir justicia.*


La conexión entre ambos casos es denunciada con claridad en El Mundo. Por su parte, el diario El País no establece la conexión de ambos casos como un ataque a la judicatura en estos momentos y se centra exclusivamente en la injerencia de Catalá y la poca fortuna de sus palabras:

[...] Catalá ha caído en la frivolidad, en la irresponsabilidad y en la burla a la separación de poderes, intentando apuntarse un tanto en lugar de cumplir con el escrupuloso respeto a los jueces. El Gobierno es responsable de gobernar para que las leyes que los jueces aplican respondan al sentido de la justicia que le hemos de exigir. Lo demás, sobra.**


No sabemos la intención de Catalá, pero sí los efectos, que son mucho más importantes desde el punto de vista político. Desde el principio del caso de la sentencia hemos insistido en la necesidad de separar la acción de un juez de la judicatura misma señalando que la vía del recurso debería devolver la confianza en lo que ha sido un caso que ha indignado con razón a la sociedad española, que no entiende que se considere los actos en los términos señalado en la sentencia y, mucho menos, en el voto particular.
Ahora algunos tratan de canalizar la ira en varios sentidos. El más preocupante es el que trata de descalificar a la justicia española en relación con el "procés". Todo esto era absolutamente previsible y es sorprendente cómo Rafael Catalá ha podido caer en una trampa tan burda, de principiante.
Los efectos han sido inmediatos. La Vanguardia, entre otros, da cuenta del despido de la encargada de prensa de los Mossos:

La jefatura de los Mossos d’Esquadra comunicó el viernes el cese al frente del departamento de comunicación de la policía catalana de Patricia Plaja por un mensaje tras el veredicto de la sentencia de La Manada.
La periodista colgó en su cuenta personal de Twitter un tuit en el que pedía ir más allá de la sentencia, y advertía que lo que fallaba era “el poder judicial, una vez más”. El tuit, que apenas tuvo repercusión porque no sumó ni una decena de interacciones entre me gustas y retuits, ya no aparece en la red social de Plaja.
Desde la jefatura de los Mossos, un portavoz explicó que los mandos “hemos perdido la confianza en Plaja por haber puesto en duda el poder judicial español”. Plaja era “un cargo de confianza que no puede opinar en un momento en el que se están rehaciendo las relaciones entre Mossos y Poder Judicial”, han señalado fuentes de Interior de la Generalitat.***


El tuit es solo una pequeña muestra de la conexión para tratar de descalificar a la justicia española en el momento en que está interviene en el "procés". Patricia Plaja se ha dedicado a encender mechas con su tuit. Pese al corto alcance señalado por La Vanguardia —sorprendente en una jefa de prensa de una institución—, lo importante es que es una muestra del uso de la conexión.

El tuit, como puede apreciarse, desdice al titular de La Vanguardia. No es sobre La manada por mucho que se ampare en los "#noesno" y "#Lamanada". Es un caso claro de aprovechamiento para llevar a la opinión en un camino determinado: contra el "poder judicial", "una vez más".
Más claro es el editorial de La Vanguardia, que sí hace un "delicado" encaje de bolillos para juntar ambos conflictos. El texto es una cuidadosa forma de entretejer ambos casos, esta vez, poniendo especial énfasis en las "protestas ciudadanas". Tras destacar las rápidas respuestas de las asociaciones de jueces, el editorialista entra en su interpretación de la cuestión:

Todo ello pone de manifiesto la existencia de un pulso entre poderes, en este caso entre el ejecutivo y el judicial. Sorprenden las declaraciones del ministro, que hasta ahora se había caracterizado por mantener las distancias, ­como miembro del Gobierno, respecto a las decisiones judiciales. Si ante el gran clamor social suscitado, era un intento de descargar responsabilidades políticas por la polémica sentencia de Pamplona en los autores de esta, lo único que ha logrado es abrir una crisis con el poder judicial. Otra prueba evidente de este choque es la pugna entre el ministro Cristóbal Montoro y el juez Pablo Llarena respecto a la existencia de pruebas que acrediten una supuesta malversación de fondos públicos por la Generalitat para organizar el referéndum del 1-O. Una pugna en la que el perdedor puede salir malparado.
Es una situación preocupante. El Estado de derecho tiene entre sus fundamentos la separación de poderes, y las intromisiones de unos en las competencias y atribuciones de otros no benefician a ninguno de ellos. En este país, desgraciadamente, en los últimos tiempos se han judicializado temas políticos y se han politizado temas judiciales. Repetimos, no es bueno que la justicia sea el centro de atención política, pues ello puede distraer su trabajo, y no es bueno que la política derive a los tribunales asuntos que deben solucionarse por la vía de la negociación y el diálogo.
La justicia española se halla en el punto de mira de la sociedad, que muchas veces ve con sorpresa –e incluso estupor e indignación– sentencias judiciales que crean una brecha de desconfianza entre el poder judicial y la ciudadanía. Respetar las resoluciones de los tribunales, aunque no se compartan, no es óbice para que el ciudadano pueda expresar su crítica constructiva y razonada, deseable incluso en el marco de una sociedad libre. La justicia no puede arreglar todos los problemas de la sociedad, pero cuando esta no entiende las razones por las que los tribunales toman determinadas decisiones estamos ante un grave problema. El ciudadano quiere y necesita creer que quien imparte justicia lo hace de modo imparcial, por encima de presiones y creencias personales, y que por tanto puede confiar en él.
La pugna entre el poder ejecutivo y el judicial es ciertamente preocupante y obliga a una profunda reflexión a todos los actores implicados. El choque institucional entre el Gobierno y los jueces debilita el Estado de derecho y aleja al ciudadano de las instituciones.****


Como puede apreciarse, la lectura paralela de lo ocurrido se centra en la parte final en la que se habla de "por encima de presiones y creencias personales". El editorial de La Vanguardia resulta interesante juego retórico en donde te van llevando poco a poco de un lugar a otro, de La Manada a Cataluña, de "jueces presionados" a "jueces con prejuicios", ambos alejados de esas manifestaciones populares que se quieren identificar.  El enemigo  —"La justicia española se halla en el punto de mira de la sociedad"****— está claro para una sociedad que siente "sorpresa", "estupor" e "indignación". El editorial consigue un doble objeto: mientras que otros piden la cabeza de Rafael Catalá, La Vanguardia pide la cabeza de todos —Catalá, los jueces, la Justicia— en una maniobra envolvente de confusión de quien lee, que ya no sabe porqué se protesta, si por la actuación de los jueces en el caso de la Manada o en el "procés". No se habla de la "Justicia" sino de la "Justicia española" en otro intento de juego de distancias.
Hay un párrafo en el que concentra todo el peso de la argumentación y adquiere la forma de "advertencia":  «En este país, desgraciadamente, en los últimos tiempos se han judicializado temas políticos y se han politizado temas judiciales. Repetimos, no es bueno que la justicia sea el centro de atención política, pues ello puede distraer su trabajo, y no es bueno que la política derive a los tribunales asuntos que deben solucionarse por la vía de la negociación y el diálogo.»*** Las tesis nos suenan. Cada cual que lo lea como quiera.


El amplio despliegue mediático internacional concedido al caso de La Manada es usado como una cuña para mostrar la idea principal desarrollada por el separatismo desde el inicio (o antes) del "procés": España es un estado fascista, dictatorial, patriarcal frente a la moderna y democrática Cataluña, la víctima de su opresión. El resultado: España es "La manada" y Cataluña, la víctima indefensa, arrinconada y violada con la complicidad de los jueces. Los jueces son los "mismos". Así funciona el mecanismo de asociación mental, de conexión de hechos, para dirigir hacia una percepción distinta.
No sorprende el amplísimo grupo de sitios de noticias desde Cataluña, publicadas en inglés, que se centran en los jueces que llevan el proceso por el referéndum ilegal y la proclamación de la república instantánea catalana. El tuit de Patricia Plaja es un acto reflejo, una manifestación rápida que hace establecer las conexiones.
En abril, el diario El País publicaba el amplio respaldo dado por las asociaciones internacionales a los jueces españoles por los ataques producidos desde el "procés":

Los jueces españoles que están desarrollando un papel clave en esta fase crítica del proceso independentista en Cataluña, con ataques y presiones cada vez más evidentes, no están solos. Colegas agrupados en las principales asociaciones internacionales han expresado en los últimos días en comunicados oficiales su respaldo a su actuación y su condena por ese tipo de coacciones incompatibles con un Estado democrático. El pronunciamiento más relevante y contundente lo expresó la Unión Internacional de Magistrados (UIM), profesional y apolítica, fundada en 1953 y en la que están representadas asociaciones de jueces de 73 países en cinco continentes. El comunicado de la UIM empieza por destacar que su comité presidencial fue informado de los "actos de vandalismo y violencia perpetrados en diferentes tribunales de la región de Cataluña y también cerca de la casa de un magistrado del Tribunal Supremo" y recuerda que el pilar esencial de la independencia judicial en un Estado de derecho debe poder desempeñarse "sin presiones indebidas o sin cualquier coacción o amenaza, explícita o implícita".****


Ahora los interesados en el descrédito internacional de la justicia española tienen nuevas municiones para que los apoyos sean más tibios, menos manifiestos. Por más que ocurran muchas cosas en escenarios separados, los que quieren crear conexiones y utilizarlas para sus fines, lo hacen. La indignación contra la sentencia se ha convertido en una lucha contra el sistema judicial, el mismo que juzga el "procés", en una especie de inhabilitación popular. Se trata de debilitar el respaldo, por un lado, pero por otro para forzar la teoría de lo político del caso, la mantenida por el secesionismo. No es otra que la que aparece en el editorial de La Vanguardia. "Jueces presionados" o "incompetentes" es su teoría.
La gente que salió a la calle para respaldar la acción de la justicia y su derecho a no ser españoles de segunda o catalanes obligados es la más perjudicada. Su confianza en la justicia va a ser atacada por las maniobras de manipulación de los dos casos conjuntamente. Así se les aísla más.
Rafael Catalá se ha equivocado. En vez de cargar contra un juez y reabrir la veda, lo que tendría que haber hecho es manifestar su confianza en la Justicia, en los recursos, y restablecer la conexión con la sociedad. No se trataba de respaldar la sentencia, algo que nadie ha hecho por su contenido; pero las formas son esenciales en una democracia y más entre instituciones. El que quiera ser un ciudadano más, que deje el puesto. Ser ministro de Justicia impone unos límites y unas responsabilidades. Por eso todos piden su dimisión. Desacreditando o dudando del juez, si se prefiere, se tiraba piedras a su propio tejado.
La política de la confusión interesa a muchos. 



* Editorial "La temeridad de Catalá erosiona el Poder Judicial" El Mundo 1/05/2018 http://www.elmundo.es/opinion/2018/05/01/5ae74f0f468aebd52f8b4602.html
** Editorial "Injerencia inadmisible" El País 1/05/2018 https://elpais.com/elpais/2018/04/30/opinion/1525100465_655177.html
*** "Mossos cesa a su jefa de comunicación por un tuit personal sobre la sentencia de ‘La Manada’" La Vanguardia 28/04/2018 act. 29/04 http://www.lavanguardia.com/politica/20180428/443100433002/mossos-cesa-jefa-prensa-patricia-plaja.html
**** Editorial "Un conflicto por resolver" La Vanguardia 30/04/2018 http://www.lavanguardia.com/opinion/20180430/443161824647/un-conflicto-por-resolver.html
***** "Respaldo internacional a los jueces ante los ataques en Cataluña" El País 2/04/2018 https://politica.elpais.com/politica/2018/04/01/actualidad/1522581900_940032.html




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