sábado, 9 de diciembre de 2017

La distopía

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En la entrevista en La Vanguardia, Naomi Klein responde así a una pregunta sobre Donald Trump: "Veo a Trump como arte distópico que se ha convertido en realidad. De la misma manera que una mala película de ciencia ficción exagera lo peor de nuestro mundo, Trump es una versión exagerada de lo peor de la cultura."* 
A la entrevistadora, Ima Sanchís, le choca que Klein use la palabra "cultura", pero no creo que haya error. Trump no es un alienígena; es el resultado de un cambio social que lo ha convertido en "aceptable", una deriva histórica hacia esa "distopía" de la habla la periodista norteamericana. Para Klein, esa cultura se define como "la adicción a los medios sociales, es decir a periodos de atención muy cortos; el insulto constante, la falta de curiosidad; una lógica basada en el dominio contra las mujeres, los negros y la tierra; y la adoración a la riqueza."* No está mal la definición de esta nueva forma de cultura que eleva la ignorancia adulándola.
Cuando Donald Trump ganó las elecciones contra todo pronóstico lo que no entraba en la cabeza de las personas medianamente sensatas era cómo había sido posible. Es precisamente la pregunta que se hace una persona sensata. Pero puede ser que la sensatez haya comenzado a ser un bien escaso y que no sea precisamente a lo que una mayoría aspira. Eso convertiría su elección no en una anomalía sino en el comienzo apoteósico de la nueva anormalidad.
La ironía, resaltada por un senador demócrata que ha debido renunciar tras unos casos de acoso sexual, es que él lo haga mientras que una persona que presumía de realizar tocamientos a las mujeres ocupa hoy la Casa Blanca. Pero la vida es así de dura en un mundo cada día más duro, parecen decir sus defensores. Trump ha llegado lo suficientemente alto como para poder parapetarse. Lo que no lograron hacer cuando estaba en campaña, no van a conseguirlo en la presidencia. Uno dimite por vergüenza o por debilidad, y ninguno de los dos conceptos está presente en el cerebro de Donald Trump.


¿Qué ven en él de admirable? Es ahí cuando la descripción de la nueva normalidad de Naomi Klein encaja en el tipo. No es sorprendente que el votante de Trump se mantenga firme, resistiendo todo. Los que le han votado sabían lo que era y lo que haría. Como dijimos en su momento, Trump ha sacado lo peor de cada uno de sus votantes eliminando la idea de corrección. La gente ha dejado de querer imitar; quieren que les imiten. Es natural en una sociedad que reivindica el derecho a los defectos y al error como parte de la identidad.
Schopenhauer escribió "La ignorancia no degrada al hombre más que cuando va acompañada de la riqueza" ("Pensar y leer", en Pensamiento, palabras y música 1998, p. 51). Trump es la imagen degradada del rico ignorante.
The New York Times nos trae unas interesantes reflexiones sobre el cambio que se ha producido en la política. El artículo lo firma Greg Weiner y su título es "The Scoundrel Theory of American Politics". En él se señala:

To elect a candidate is not only to choose incorporeal policies but also the prism through which unpredictable information and events will be assessed. If it were only incorporeal policies, it would not matter who the candidate was.
Another reason the statesman’s character matters is that American notions of political representation assign statesmanship an essential role in the constitutional regime. James Madison’s Federalist 10 says the representative’s role is to “refine and enlarge,” not simply reflect, the public’s views. This is particularly true of the Senate, which Madison’s Federalist 63 says must serve as a “temperate and respectable body of citizens” that delays rather than indulges the people when they are stampeding toward error.
This requires something in the statesman’s composition, which is the quality that thinkers from Aristotle to Aquinas to Burke have called “prudence” — not mere caution but rather a deep capacity for judgment that enables one to choose the most appropriate means toward worthy ends. This capacity requires not just reacting to events but also anticipating them. It is a product of moral cultivation, broad education and political experience and as such, it is inseparable from the statesman’s character.**


Nada más alejado que la figura de Donald Trump. Nada más distante de esa colosal maquina de provocar estampidas hacia el error, por usar la expresión de Greg Wiener. Que la alternativa a esa idea inicial de personas preocupadas no solo por el bienestar material sino por la mejora de las personas —es decir dando ejemplo ético y moral de comportamiento— sea Donald Trump hace tambalearse muchos principios. Pero ha sido posible por la erosión paralela de sociedad y política. Los políticos han buscado la adulación para conseguir sus fines y eso solo ha logrado hacer aflorar lo peor. Nadie duda de que los Estados Unidos de Trump han abierto la puerta a cosas que se creían controladas: misoginia, racismo, xenofobia, destrucción del medio ambiente. Ese es el orgulloso programa de la presidencia; ese ha sido el mensaje demoledor: no necesitáis virtuosos, necesitáis ricos ignorantes que os aplaudan lo que lleváis tiempo reprimiendo: el odio a la igualdad, a los extranjeros, a los de otras religiones.
La explosión de denuncias contra los acosadores es probablemente una reacción a la presencia de Trump en la Casa Blanca. Fueron las mujeres las que salieron al día siguiente a protestar contra él. Y lo siguen haciendo. Es la forma de frenar lo que podrían quedar enterrado para siempre desde esta presidencia, consagración de un denunciado por abusador.


Los mundos que describen Naomi Klein y Greg Wiener son antagónicos. Entre la política pensada como responsabilidad y moderación hasta los provocadores de estampidas hacia el error hay una enorme distancia moral. La tentación aduladora es la base del populismo. El líder dice hacer suyas las aspiraciones populares, sus sueños y deseos. Lo malo es que esa sociedad es arrastrada cada día hacia fórmulas más egoístas e insolidarias convenciéndola que es ahí donde reside el éxito. Trump promete un mundo que le importa poco. Solo buscaba cubrir una parte insatisfecha de su ego. Ni voluntad de servicio ni deseo de moderar... Nada. Solo el poder que da el poder.
Él está allí, dice, para cumplir la voluntad del pueblo. "Dios, el pueblo y yo", les dijo tras la campaña, lo que viniendo de alguien que no cree en nada es todo un sarcasmo. Los acosadores que salen a la luz manifiestan, como lo hizo el propio Trump, la idea de que el poder implica la excepcionalidad. Es volver al ideal del libertino amoral del XVIII: el poder lo es todo, solo los débiles tienen principios.
El conflicto innecesario que ha creado ya tiene su primera sangre. Pero, ¿le importa? La soledad a una persona con el ego de Trump es un estado natural. Hoy la ONU ha condenado el error de Jerusalén, Así lo refleja El País:

Donald Trump está cada día más solo. Su explosiva decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y trasladar ahí su embajada, sometió hoy a una insólita humillación a Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ningún país salió en defensa de Washington y prácticamente todos le alertaron de que su anuncio vulneraba las resoluciones de Naciones Unidas y amenazaba con incendiar Oriente Próximo.***


El arte de Trump es convertir esa soledad y humillación en una victoria a los ojos de quienes le siguen y jalean. Tiene el sentido teatral suficiente para venderlo así. Ha podido vender xenofobia y racismo en un país de inmigrantes. Pero ahora la opinión es unánime y mundial. La soledad ya no es una figura retórica.
Trump pasará, como cualquier otro huracán. Los daños quedarán mucho tiempo, los internacionales y los morales. La distopía llegó y no es fácil el optimismo. Es necesario hacer examen de conciencia.

* "“El deliberado show de Trump nos distrae de lo esencial”" La Vanguardia 9/12/2017 http://www.lavanguardia.com/lacontra/20171209/433498956364/el-deliberado-show-de-trump-nos-distrae-de-lo-esencial.html
** Greg Weiner "The Scoundrel Theory of American Politics" The New York Times 8/12/2017 https://www.nytimes.com/2017/12/08/opinion/roy-moore-scoundrel-theory-politics.html?hpw&rref=opinion&action=click&pgtype=Homepage&module=well-region&region=bottom-well&WT.nav=bottom-well
*** "Repudio global a EE UU en la ONU por su reconocimiento de Jerusalén" El País 9/12/2017 https://elpais.com/internacional/2017/12/08/estados_unidos/1512758981_886432.html

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