martes, 26 de diciembre de 2017

A la caza del ateo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los temores a la radicalización institucional de Egipto son cada vez más fundados. El gobierno, en plena campaña electoral para la presidencia, además de descalificar o detener a las alternativas propuestas, parece empeñado en la realización de cruzadas morales con las que enfrentarse a sus opositores.
Esta tendencia está en el gobierno de al-Sisi desde que se produjo la fractura de las fuerzas que respaldaron la salida de Morsi del poder. El argumento para el golpe era que los islamistas habían asaltado el poder y estaban transformando Egipto controlándolo desde la religión. La promesa que atrajo a los disidentes fue precisamente la de cambiar la constitución sectaria que los islamistas habían hecho durante su año escaso en el poder. A ella había que añadir una serie de iniciativas sociales retrógradas que afectaban especialmente a las mujeres y a los cristianos. La reducción de las edades matrimoniales, la financiación de créditos favorables para segundas o terceras esposas, además de las censuras o los recortes en cultura, etc. hicieron saltar la paciencia de muchos egipcios.
La constitución se reformó y quedó liberal. Sin embargo, desde que los grupos que habían apoyado el golpe se asustaron por el uso desproporcionado de la fuerza, con más de mil muertos, para desmantelar las sentadas de los que protestaban, el régimen inició una deriva que aquí hemos calificado de "piadosa", entendiendo que el gobierno de al-Sisi intentaba una síntesis imposible de nacionalismo y regresión religiosa. Lejos de instalar un régimen liberal, el gobierno se ha cerrado en el empeño de perseguir a las minorías para tratar de evitar que se le escape el apoyo de la reaccionaria mayoría de la sociedad egipcia.


El presidente se ha hartado de reclamar de las instituciones la "reforma del discurso religioso", especialmente a la Universidad de Al-Azhar, pero sin conseguir avanzar en ese sendero. Pero este discurso se queda en nada. Cada vez parece más evidente que su estrategia es exclusivamente para dejar fuera de juego a los grupos más radicales, pero no para un reformismo que abra la sociedad egipcia liberándola del control religioso y haciéndola más permisiva.
Lo que ha ocurrido durante el mandato de al-Sisi, por el contrario, ha sido un ataque a todos aquellos que preconizan una sociedad abierta, más laica, en la que aquellos no creyentes puedan desarrollar su vida sin necesidad de ocultación ante la vigilancia férrea de un estado religioso.
En ningún momento se ha perseguido tanto a los partidarios de una sociedad con libertad de creencia como bajo el mando férreo de al-Sisi. Esta circunstancia ya no puede ser obviada después de las campañas contra las personas ateas, de diferente orientación sexual o contra las propias mujeres, que se ven sometidas a duras campañas contra ellas y sus derechos.
La única explicación de este "populismo nacionalista-religioso" es que le sirve a al-Sisi para atacar en todos los frentes: a los terroristas del Estado Islámico y sus franquicias por radicales (lo que puede vender en Occidente) y a la oposición democrática de los partidos liberales, izquierdistas, activistas de causas sociales, etc. La religión sigue siendo una de las más eficaces herramientas de control social y al-Sisi no la va a dejar a sus rivales.

2015

Los dirigentes islamistas salieron huyendo de Egipto ante el temor a desaparecer. Los políticos que han quedado se han visto atacados desde ángulos diferentes, como se puede comprobar con los casos de los candidatos presidenciales, han sido acusados de traidores a la patria, como en el caso de Mohamed Anwar El-Sadat. Muchos han abandonado los partidos políticos ante la perspectiva de ser difamados, acusados de cualquier ocurrencia, como Khaled Ali, por atentar con su dedo contra las instituciones.
Esta vez, de cara a la próxima campaña electoral, el despreciado Parlamento egipcio ha vuelto a tomar la iniciativa. Nos cuentan en Egyptian Streets:

The Egyptian parliament’s committee on religion, headed by Amro Hamroush, discusses plans to make atheism a crime in Egypt to fall under the category of ‘contempt of religion’.
Hamroush said that this “phenomenon” -referring to atheism- is widely spreading among youth claiming that it falls under the right of freedom of belief. He further asserted it is important to confront the phenomenon in society especially that many atheists are open about presenting their beliefs in society, according to a report by Youm7.
He pointed out that there will be a great tole on Al-Azhar and the Church, as religious institutions, to confront the spread of this phenomenon.
In 2014, shortly after Egypt’s presidential elections naming Abdel Fattah al-Sisi the president of Egypt, the government released a national plan to stand against the phenomenon of atheism in a backlash against atheists who are open about it.
Similar reactions happened in cases related to the LGBT community in Egypt.
Egyptian authorities have arrested up to 57 people in a campaign against the LGBT community after rainbow flags were raised at the concert of Mashrou’ Leila whose vocalist, Hamed Sinno, is openly gay and stands for the rights of homosexuals.
The number stands now at 54 arrested according to the Egyptian Initiative for Personal Rights (EIPR). “A number of these individuals have already been found guilty of charges and 10 defendants in 9 cases have received harsh prison sentences, ranging from one to six years,” states EIPR.*


 A la vez que se habla de poner un satélite en órbita, el gobierno egipcio está modelando y adulando a una sociedad cada vez más retrógrada. Mientras Arabia Saudí, de donde provenía el wahabismo que hizo radicalizarse de los ochenta en adelante, es saludada por ir admitiendo novedades modernizadoras impensables, Egipto camina por el sendero "fundamentalista" encerrado a ateos y homosexuales, censurando novelas y encerrando a sus autores, etc. en nombre de una sacrosanta moral del pueblo egipcio.
Los peores niveles en derechos humanos, en Periodismo (el tercer peor país para los profesionales) y medios (cierres y bloqueos), hostil a las mujeres a las que se trata de mantener en la senda de la virtud, condenado a cárcel por gastar una broma sobre las aguas del Nilo (la cantante Sherine) o por lamentar el sacrificio de los corderos. La lista podría ser interminable. La sociedad egipcia ya no tiene límites en sus exigencias de represión y cualquiera puede salir en un canal televisivo diciendo que es un deber nacional violar a las mujeres que lleven pantalones vaqueros rasgados, como ha ocurrido recientemente.


Ahora le vuelve a tocar de nuevo a los "ateos". Lejos de avanzar en los derechos individuales, el Egipto de al-Sisi es cada vez más controlador, más intransigente ante cualquier diferencia ideológica, religiosa o sexual. Egipto es ahora mismo un cuartel en el que se pretende mantener de forma autoritaria el control del país.
Tras las protestas sociales por la entrega a los saudíes de las islas de Tiran y Sanafir, consideradas como atentados contra el estado o expandir noticias falsas, ocurrió el incidente de las banderas irisadas durante el concierto del grupo musical libanés, que se resolvió con decenas de encierros contra la comunidad gay. Son el otro campo que el gobierno castiga para evitar ser considerado como alejado de la fe coránica.
Los tres males que "asolan" a Egipto provienen de Occidente: el ateísmo, la homosexualidad y el feminismo. Para la mentalidad retrógrada de una parte importante de la sociedad, los tres son resultado de una conspiración para destruir el islam y a Egipto como su faro.
Con la excusa del terrorismo y la seguridad, el gobierno ha orquestado la mayor campaña de represión orquestada hasta el momento. Lo sorprendente es que cuando los medios e instituciones, los países, denuncian esta situación, Egipto se rasga las vestiduras y habla de no ser entendido. Todo está clarísimo.


La represión es el síntoma de la impotencia para controlar sociedad y territorio. Pero son estas detenciones las que le reportan una especie de recubrimiento piadoso. Todo este radicalismo retrógrado que se vive con propuestas como la que el parlamento inicia ahora muestra un avance cada vez más complicado hacia un estado represor. El gobierno de al-Sisi ha enterrado definitivamente la Revolución del 25 de enero de 2011 y se dirige hacia un islamismo de estado, en el que se supone que quiere controlar a toda posible discrepancia con la etiqueta de ataques a la religión. Como se hace girar todo alrededor de lo religioso, nadie puede escapar.
Lo que hemos visto estos últimos días contra los coptos es un ejemplo más de la intransigencia social que se está generando. No son ya los terroristas, sino los piadosos ciudadanos que se levantan contra todo aquello que es diferente.
El mayor absurdo de la historia egipcia de estos años es la condena a la cantante Sherine por hacer un chiste sobre beber agua del Nilo. Después de eso, todo es posible. Puedes mandar satélites al espacio, navegar nuevos canales, sacarle su jugo al átomo, etc. Pero nada de eso habrá logrado modernizar las mentes retrógradas. Muy mal año 2017 para los que esperan libertades. 2018 puede ser peor.



* "Egyptian Parliament Discusses Plans to Criminalise Atheism" Egyptian Streets 24/12/2017 https://egyptianstreets.com/2017/12/24/egyptian-parliament-discusses-plans-to-criminalise-atheism/

2013




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