domingo, 3 de septiembre de 2017

Vidas después del odio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La BBC publicó el 29 de agosto el reportaje titulado "I was a neo-Nazi. Then I fell in love with a black woman"* en el que se nos cuenta la historia de Angela King, una violenta neonazi, una supremacista blanca, que fue a parar pronto a la cárcel. King había cubierto ya su cuerpo de tatuajes con los que  expresaba su ideología y mostraba su desprecio a los demás. Llena de rabia, su entretenimiento era idear formas de acabar con los que molestaban a la raza blanca. Su vida giraba sobre el antisemitismo, el odio a la gente de color, la homofobia. En este clima, Angela King mantenía en secreto la atracción sexual que sentía por personas de su mismo sexo. «My mother used to say to me, 'I will never stop loving you... except you better never bring home a black person or a woman», cuenta en el reportaje. En su vida pasó de ser una adolecente punk a ser una skinhead y finalmente una neonazi con una sencilla teoría para el funcionamiento del mundo: la violencia contra los que no fueran blancos estaba justificada.


Fue cuestión de tiempo que acabara en la cárcel, algo que ocurrió tras el asalto a un videoclub en 1998. Angela King llegó dispuesta a pasar una temporada complicada en una cárcel, llena de gente de todo tipo, y en la que sus tatuajes eran una señal de llamada. Nos cuenta la BBC:

It was the first time she had lived in close quarters with people from different cultures and backgrounds.
"People knew why I was in there and I got dirty looks and comments. I assumed I would spend my time with my back to the wall, fighting," King says.
What King did not expect was the hand of friendship - especially from a black woman.
"I was in the recreation area smoking when a Jamaican woman said to me, 'Hey, do you know how to play cribbage?'" King had no idea what it was and was taught to play.
It was the start of an unlikely friendship and King found her racist belief system crumbling as a result. Her friendship circle widened as she was taken under the wing of a wider group of Jamaican women, some of whom had been convicted for carrying drugs into the US.
"I hadn't really known any people of colour before, but here were these women who asked me difficult questions but treated me with compassion," King says.*


No hace mucho tiempo, tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, antes de los sucesos de Charlottesville, dimos cuenta aquí de la publicación de un artículo de un ex supremacista blanco. En él contaba cómo se había criado en un entorno racista —como el caso de Angela King— y cómo para él la normalidad era el odio hacia todo lo diferente. Su mundo era cerrado y lleno de ideas negativas que se recargaban en sus interacciones con un entorno.
Fue la llegada a la universidad lo que hizo derrumbarse sus prejuicios e ideas de odio. En vez de aislarle, sus compañeros le sometían a constantes ejercicios de explicación hasta que se fue dando cuenta de sus propias carencias, de la debilidad de sus argumentos. Como en cualquier otro tipo de secta, salir del entorno es esencial. El aislamiento de las personas hace acaban absorbiendo las ideas del grupo. En encontrarse fuera de ese entorno de odio hizo que fuera consciente de su propia situación.
A Angela King le pasó lo mismo. Cuando esperaba reforzar sus esquemas de odio enfrentándose a batallas sin fin en la cárcel, conflictos que confirmarían sus prejuicios y estereotipos, se encontró con una situación totalmente nueva que, de alguna forma, la liberó de sí misma derribando las barreras que la habían mantenido cercada.


King fue aceptando el cambio, empezando por su sexualidad. Se fue acercando a todos aquellos a los que había odiado y fue explicándoles su vida. Recibió el perdón de los que había atacado en otros tiempos. Se integró en la comunidad gay, aceptando su sexualidad; sus prejuicios raciales se habían desvanecido en la cárcel.

While there she made contact with the local Holocaust Centre, and sat down with a Holocaust survivor in 2004 to share her life story.
"She was very stern, but afterwards she looked me in the eye and said 'I forgive you,'" King says.*

Angela King fue realizando el viaje saliendo de su propia cárcel, sin prescindir de ninguna parada, para poder liberar sus demonios. En cada etapa, se fue encontrando a sí misma. Más allá de su experiencia personal, se matriculó en la universidad en las carreras de Psicología y Sociología para tratar de enmarcar, comprender teóricamente, el proceso propio y el de otras muchas personas que seguían enganchadas a las ideologías de odio. Y trató de contar su historia para utilidad de otros.

She has been doing public speaking for the centre ever since. Then in 2011 she went to an international conference where she met other former extremists.
"I was excited to meet other people who had got involved in violent extremism and then got out. I wasn't alone," King says.
She met two Americans who had founded a blog called Life After Hate, in which they shared their stories. They agreed to work together to create a non-profit organisation to help other people leave the far right community.*

Life After Hate sigue siendo una realidad necesaria en un mundo que tiende a usar el odio como forma de vínculo motivacional para diversos objetivos. Ellos se describen así en su sitio web: «LIFE AFTER HATE is dedicated to inspiring individuals to a place of compassion and forgiveness for everyone, including themselves».**
Ayer hablábamos de la sociabilidad y de cómo se van creando grupos cada vez más diferenciados que usan el odio para crear sus identidades. El odio es un motor poderoso que conlleva grandes riesgo para el equilibrio del conjunto. Cualquier grupo puede canalizar sus diferencias con otros basándolas en el odio. Pensemos incluso en el deporte, convertido muchas veces en campo de batalla de grupos irreconciliables.
En estos momentos, los Estados Unidos se ve sometido a las mayores campañas de odio de las últimas décadas gracias a las intervenciones de un presidente divisor, como han mostrado hasta la encuestas de la Fox, cuyas opiniones justifican en gran medida las intervenciones del presidente.
Nos preguntamos qué lleva a la radicalización y cómo se canaliza ese odio hacia personas en cuyo entorno has vivido o, por el contrario, a los que ni siquiera conoces. El odio es un sentimiento con el que convivimos diariamente en distintos tipos de fobias.


El odio se ha utilizado en la campaña del Brexit cuando se canaliza la frustración hacia personas que no tienen la culpa de nada pero a los que presentas culpables de tu situación. El nacionalismo, los separatismos, etc. abundan en el uso del odio como un sentimiento identitario. Es lo que llevó a Amin Maalouf, el novelista y sociólogo, a escribir su obra "Identidades asesinas", analizando el fenómeno del extremismo violento.
El odio surge en entornos muchas veces tranquilos. Surge en la madre de Angela King diciéndola que la querrá siempre, pero que no le lleve nunca a casa gente de color o una lesbiana. Y tú no quieres enfadar a tu madre. El racismo, la xenofobia, la homofobia... surgen de simples comentarios dichos frente al televisor cuando la familia está reunida. No hace falta que se grite o gesticule. Los mensajes se comprenden rápido y los valores aceptados se reajustan pronto. Angela King pudo aceptar su sexualidad cuando estaba en la cárcel, más liberadora para ella que su propio entorno familiar y de amistades. ¡Enorme paradoja!, pero que revela hasta qué punto el odio es una forma encarcelada de vida.
«Life After Hate works to counter the seeds of hate we once planted.» Hoy se siembran muchas semillas de odio de muchos tipos. Las redes sociales se han convertido en escenario de intransigencia al mezclar amplificación y el anonimato. Hay que combatirlo allí donde crece. Crear espacios de libertad y de tolerancia para evitar que los que más gritan sean los más escuchados.


Life After Hate usa como idea el "vida después de la muerte" concentrándose en la igualdad "odio=muerte". El que odia no tiene una vida plena. Todo se enfoca hacia el objeto de su odio que le obsesiona y domina.
Hace dos días escribimos el texto titulado "La más odiada" en el que se recogía la historia de una chica egipcia que tuvo la osadía de manifestar su alegría porque su padre la había deseado felicidad al tener una pareja homosexual. El odio homofóbico se desencadenó contra ella, su familia y la comunidad gay. Ella asumió, como si fuera un título nobiliario, ese odio desencadenado contra ella: "I'm most hated lesbian in Egypt". Ella no odia a nadie.
Las palabras son engañosas y muchas veces nos desvían de lo que unen muchas cosas. Las distintas formas de radicalismo suelen tener un discurso que encarna el odio hacia los que son diferentes, de otra manera o sencillamente se niegan a seguir nuestras doctrinas.


Decía Albert Camus en una entrevista que le realizaron en 1951: «No se puede odiar sin mentir. Y, a la inversa, no se puede decir la verdad sin reemplazar el odio por la comprensión, que no tiene nada que ver con la neutralidad.»
Hemos creado mentiras y mitos para ocultar la única verdad, que somos iguales en nuestra condición humana y deberíamos serlo en nuestros derechos; que teniendo una misma condición, somos todos diferentes y ese es también nuestro derecho. El odio busca crear diferencias, levantar muros engrandeciendo los meros detalles, las circunstancias para justificar su deseo de poder, de privilegio, de imposición, de voluntad de verdad.
Hay odios que viven ocultos y salen de forma intensa, como estallidos. Hay otros odios que se convierten en cotidianos. Lo primero que vi esta mañana fue un hermoso vídeo****, recogido por el HuffPost conteniendo un poema dedicado a la gente indocumentada, sin papeles, a los que se levantan cada día para recibir su ración de odio en sus trabajos, en los periódicos, en los canales de televisión, etc. en donde se habla de ellos, de todos, como criminales, como responsables de los males. Es el odio más duro, el que se disfraza de normalidad, de patriotismo incluso. De ese es difícil redimirse si se convierte en epidemia colectiva. "Cada día, nos despertamos en un país que nos odia", se dice.  Un día es por el color de tu piel, otro por tu sexualidad, otro porque fabricas más barato, otro porque no cumples tu religión como debes o porque no tienes ninguna... cada día se hace más difícil el despertar en esta era de odios mediatizados. Odia global, discrimina local.
La historia de Angela King y los demás miembros de Life After Hate nos enseña de que siempre se está a tiempo para recuperar la vida propia y a trabajar para que otros la recuperen. Hoy en el centro indagan, investigan sobre el odio; acogen a los que quieren salir de esa muerte en vida y extienden su mensaje para evitar que el mundo en el que vivimos sea peor cada día.





* "I was a neo-Nazi. Then I fell in love with a black woman" BBC 29/08/2017 http://www.bbc.com/news/magazine-40779377
** Life After Hate https://www.lifeafterhate.org/
*** Albert Camus "El odio y la mentira: entrevista a Albert Camus. (1951) Entrevista a Albert Camus. Le progés de Lyon." Red Filosófica del Uruguay 26/98/2012 https://redfilosoficadeluruguay.wordpress.com/2012/08/26/el-odio-y-la-mentiraentrevista-a-albert-camus/
**** "This Spoken Word Poem Is A Beautiful Love Letter To ‘Undocumented People’" Huffpost 02/09/2017 http://www.huffingtonpost.com/entry/undocujoy-poem-for-undocumented-immigrants_us_59ab392ae4b0dfaafcf0ddb3







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