martes, 9 de mayo de 2017

La vacuna informativa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las elecciones francesas han estado también amenazadas por el peligro de la influencia desestabilizadora de las filtraciones. Todavía se sigue debatiendo el efecto en la campaña norteamericana de las filtraciones sobre Hillary Clinton. "I love Wikileaks!" proclamó el transparente Trump, el hombre que no tenía nada que ocultar. De forma natural para los amantes de la justicia y la claridad, las filtraciones siempre favorecen a los mismos tipos de candidatos (Trump, Le Pen...). La novedad parace estar en que ya son solo los rusos, sino que sus discípulos norteamericanos también se dedican al exterior.
Pero esta vez no les ha funcionado porque la preparación de la prensa francesa ha sabido resistir el ataque que se produjo pocas horas antes del día de la elecciones, tal como fue denunciado por el equipo del hoy ya electo Emmanuel Macron. La mentalización para la resistencia de la mezcla de falsas informaciones, filtraciones, etc. ha servido para que los medios no se dejaran llevar por la precipitación y comenzaran a publicar cosas que debilitaran al candidato afectado.
En Estados Unidos están realmente preocupados por la debilidad mostrada por su propio sistema (en todos los órdenes) para frenar las manipulaciones a las que han sido sometidas las instituciones, del Director del FBI a los medios más serios, dejándose arrastrar, sin saber muy bien qué hacer.
The New York Times publicó ayer un artículo titulado "Why the Macron Hacking Attack Landed With a Thud in France, firmado por Rachel Donadio:

PARIS — Maybe it was the suspect timing of the leaked documents. Or the staggering amount and possibility that some were fake. Or a feeling among the French that, having witnessed how hacking may have altered the American election, they would not fall for the same ploy.
Whatever the reasons, newspapers and broadcasters in France have so far conspicuously avoided reporting any details of what was described on Friday night as a “massive” pre-election hacking attack on Emmanuel Macron’s campaign.
The bereft coverage extended into Monday night, well after a 44-hour legal ban on election reporting surrounding the Sunday vote had lifted.
By then it was clear that the hacked material — regardless of what it might contain — had caused no ill effects on the campaign of Mr. Macron, who won decisively over the far-right candidate Marine Le Pen.
The contrast with the United States presidential campaign was sharp: Hacking of Hillary Clinton that was traced to Russia may have played a role in her defeat by Donald J. Trump, but news of the hacking in France was met with silence, disdain and scorn.
The contrast may have been amplified further by the absence of a French equivalent to the thriving tabloid culture in Britain or the robust right-wing broadcast media in the United States, where the Clinton hacking attack generated enormous negative coverage.*


Muchas personas cuestionan que no haya en Francia un equivalente a la "Fox", pero no se trata tanto de que no existan como de la brutal influencia que la Fox tiene en el ámbito nacional, incluido el propio Donald Trump, un consumidor habitual de sus noticias, que retuitea para ser reproducidas finalmente por la cadena que las originó reafirmándose mutuamente.
La posibilidad de interferencia en las elecciones de otro país parece ser el resultado de la existencia y debilidad de medios y opinión pública, que se acostumbra a los sobresaltos de este tipo de maniobras.
Cualquier acontecimiento realizado en el umbral de las 48 horas anteriores a la realización de una elección tiene algún tipo de efecto sobre ella. Por eso se va apurando el tiempo para aproximarse al momento electoral. El máximo miedo en este sentido es el de los atentados (como bien sabemos en España). Un atentado en el umbral de las 48 horas no deja tiempo para una reacción más pausada y puede producir un cambio, más en elecciones como las actuales en las que la "seguridad" está encima de la mesa como un tema prioritario.


En otras ocasiones es un interminable reguero de noticias que van erosionando las posibilidades de un candidato, como ocurrió con François Fillon, empeñado en no retirarse. Si lo hubiera hecho, probablemente el resultado habría sido otro y Le Pen puede que no hubiera pasado a la segunda vuelta al haber un candidato más sólido en la derecha.
Rachel Donadio explora la cuestión de la estructura de los medios norteamericana y la compara con la francesa:

“We don’t have a Fox News in France,” said Johan Hufnagel, managing editor of the leftist daily Libération. “There’s no broadcaster with a wide audience and personalities who build this up and try to use it for their own agendas.”*

El poder de los medios, en este caso, se manifiesta como su capacidad de dar forma a las audiencias, a la opinión pública. Eso hace que los medios se conviertan abiertamente en participantes en las elecciones a través de su propia agenda. Esto ha ocurrido siempre. La novedad proviene del empleo sistemático y global de las filtraciones para desestabilizar las elecciones. Lo que antes era local, por decirlo así, ha pasado a ser global ya que no se trata de las luchas políticas interiores sino de una guerra mucho más amplia en la que las fuentes desestabilizadoras tienen un origen claro, Rusia, el único país donde no se producen filtraciones.


Quizá haya que acostumbrarse a este tipo de acciones como parte de esa guerra informativa. Los nuevos medios de comunicación y el aumento de la información en el mundo hacen que el flujo pueda ser fácilmente captado y que lo privado pase a ser fácilmente convertido en público de forma instantánea. La inmediatez hace que no sea fácil parar lo que sale a la luz o lo que se inventa. Las fake news son una que ha ganado en intensidad y presencia. La llegada al poder de Donald Trump lo ha puesto en boca de todos, especialmente en la suya.
Una vez que se demuestra que el periodismo, la información, es un contrato de confianza, la credibilidad pasa a ser un elemento esencial. Una mentira necesita de una voz solvente, de una cara fiable, de una reputación sólida:

The National Front does not have the equivalent of a Bill O’Reilly or a Sean Hannity, the right-wing commentators who helped shore up Mr. Trump’s presidential bid. While French commentators such as Éric Zemmour, a regular on radio and television who has a column in Le Figaro, have fed into a sense of decline and insecurity that the National Front tried to capitalize on politically, neither he nor other so-called neo-reactionary commentators endorsed the far-right party.
In the United States, reaction to the Macron leaks was more animated, and Hillary Clinton took to Twitter to comment. “Victory for Macron, for France, the EU, & the world. Defeat to those interfering w/democracy. (But the media says I can’t talk about that).”*

La caída de Bill O'Reilly por escándalos continuados de acoso sexual es un momento extrañamente solemne en el mundo de las comunicaciones. El cabeza visible de la Fox, la mente que iluminaba a otras mentes con sus comentarios, ha caído precisamente por la falsedad de su figura, amparada por la propia Fox, a la que ahora hacen responsable de sus desmanes por ocultarlos y no sancionar a O'Reilly en lo que parece ser el próximo gran culebrón.


En un mundo en el que la información ha pasado a ser esencial, la credibilidad gana terreno. No tenemos en nuestras manos la posibilidad de verificar las informaciones. Esa es una tarea que lleva tiempo y necesita de profesionalidad. El artículo de The New York Times alaba y envidia la situación francesa en el que la responsabilidad de los profesionales y los medios ha podido bloquear los intentos de desestabilizar las elecciones.
Emmanuel Macron y la mayor parte de la prensa francesa han manejado a Marine Le Pen mejor que Hillary Clinton y la prensa norteamericana han manejado a Donald Trump. La campaña de las primarias y la presidencial después mostraron claramente que los medios se dejaban arrastrar por Trump y su capacidad de producir mentiras. Al final, estas solo parecían importar a lo que no le iban a votar y a los encargados del "Fact check". Pero con eso no convencían a los que le han votado, ansiosos por recibir más falsas noticias de su amado candidato.


La prensa francesa, por el contrario, está habituada a tratar con Le Pen (con los Le Pen) y Macron se reservó el momento de darle una única estocada durante el debate televisivo, considerado un desastre la candidata del Frente Nacional. Las medidas legales son también importantes para frenar estos intentos desestabilizadores, así las reglas quedan claras.
Todos los países, especialmente en Europa, deberían irse mentalizando sobre los elementos de desestabilización usados en cada momento. Vendría bien algún tipo de vacuna informativa para prevenir los virus de la mala información. Saldremos ganando todos, los medios en credibilidad y los electores en seguridad de que no somos manipulados más allá de lo razonable.

* "Why the Macron Hacking Attack Landed With a Thud in France" The New York Times 8/05/2017 https://www.nytimes.com/2017/05/08/world/europe/macron-hacking-attack-france.html




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