miércoles, 4 de enero de 2017

Periodismo frente a activismo informativo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las páginas digitales de The New York Times llevan dos frases sin un énfasis especial, en un recuadro: "Journalism that matters. More essential tan ever". Tras las frases, una invitación a la suscripción al diario. Más allá de la publicidad, lo expresado pasa a ser casi un lema periodístico, una declaración de intenciones.
Las frases —las tres— sitúan en gran medida el problema del periodismo y el problema de los medios, dos cuestiones teóricamente distintas, pero que se unen en la práctica, es decir, en la respuesta del público y en la supervivencia de las empresas periodísticas.
Desde que comenzó la prensa digital a mediados de los años 90, son muchas las profecías que se han cumplido, pero no por ello el camino recorrido ha dejado de ser sorprendente para quien haya tenido por ocupación la observación de la evolución del espacio mediático. De forma general, la globalización de los medios afectó a las competencias locales poniendo al alcance de los lectores más y mejor información al permitir poder acceder a las ediciones de los mejores periódicos de cualquier parte del mundo. Eso supuso para ellos un reto, pues muchos pusieron en marcha ediciones internacionales destinadas a los lectores globales. Fue un gran esfuerzo que, sin embargo, no arregló la cuestión de la financiación de la prensa conforme las ediciones impresas competían con sus propias ediciones digitales. La competencia ya no era los otros medios, sino los otros soportes que iban ganando espacio de lectura.
Los medios se dieron cuenta pronto de este efecto de cambio en los hábitos de consumo de la información, algo que se vio radicalizado por el proceso de la convergencia digital al aumentar la velocidad de las redes. Las separaciones tradicionales entre los medios impresos y los audiovisuales se disolvían merced a la digitalización que hacía que los medios pudieran incorporar en una misma interfaz lo que antes eran radio (los podcast), televisión (piezas y canales de vídeo digital) y la prensa escrita. Las barreras entre los medios, los lenguajes diferenciados, etc. saltaban por los aires. Los "periódicos" empezaron a perder "identidad" además de "lectores". Hoy muchos columnistas graban pequeños clips de vídeo para evitar que el público tenga que leer en sus pequeñas pantallas.


Como "periódicos" muchos conservan los títulos de sus cabeceras. Sus "páginas" virtuales aquellas que comenzaron siendo facsímiles de las impresas en las primeras ediciones digitales, difícilmente se parecen a los periódicos veinte años después.
Cuando los medios pensaban que ya estaba estabilizado el cambio y podían empezar a tomar decisiones estratégicas a largo plazo, comenzaron las revoluciones de la "redes sociales" y los llamados micromedios. 
El señor Trump se comunica cada día con sus seguidores y detractores a través de tuits, que son reproducidos por el propio The New York Times como documentos. El tuit vacía de significado las posibles ruedas de prensa y altera la forma de enfocar la comunicación política descolocando a sus rivales. El que tuitea primero, tuitea dos veces.
Pero el mensaje de The New York Times tiene otro sentido más allá de la supervivencia económica de los medios o de su transformación digital. Lo que el diario trata de resaltar es lo que importa realmente del Periodismo: la calidad de la información y el compromiso profesional e institucional tras ella.


Lo ocurrido durante el último año en los Estados Unidos es preocupante en muchos sentidos, pero ha servido para revelar la importancia de la información en los sistemas democráticos. Lo que importa del Periodismo es realmente la sociedad misma y su capacidad para sobrevivir a un tiempo, llamado de la Información, en el que la comunicación ha pasado a ser un elemento esencial.
Las viejas dictaduras imponían el silencio o solo se permitía una voz autorizada, la del poder. Las demás estaban silenciadas. Los progresos en libertades siempre han venido de la capacidad de aumentar la información y, con ello, el diálogo social. La democracia se basa en el diálogo y solo se puede dialogar partiendo de un aceptable conocimiento del mundo, que es lo que los medios fueron ofreciendo. Por ello no es solo una cuestión de cantidades, sino de "calidad" de la información. El salto de los periodistas del siglo XIX a las universidades, con el principio en la de Columbia, en 1912, preconizado por Pulitzer, no era solo una cuestión de prestigio profesional sino de conciencia de la necesidad de formar mejor a los periodistas para que cumplieran mejor su función social. La universidad se entendía como una garantía que se pondrían al servicio de los lectores y ciudadanos.


Cuando The New York Times señala que el periodismo de calidad es más importante que nunca es precisamente porque nos encontramos en un umbral cuyo paso conlleva peligros para el propio sistema democrático, más allá de la cuestión informativa.
Ha tenido que suscitarse un agrio debate a lo largo de un año para que muchos profesionales sean conscientes, en medio de la impotencia, de que el sistema se puede subvertir usando los mismos medios.
Nos enfrentamos a un constante proceso de interpretación de nuestro entorno, al que solo tenemos acceso directo en una pequeña parte, siendo todo lo demás mediado. Esto significa que conocemos el mundo a través de otros o, si se prefiere, que nuestro mundo son los textos que nos hablan del mundo.
La llegada de los nuevos medios ha traído la proliferación de las voces de esa semiosfera, de la que Lotman hablaba, y la ha ampliado hasta límites insospechados. Hoy nuestro mundo es un gigantesco medio de publicación, un inmenso mural virtual en el que se reflejan las opiniones, las historias, los hechos que cada cual quiere contar o mostrar al mundo.


Las distinciones que demarcaban los medios se han difuminado. Los medios audiovisuales y los periódicos comenzaron a prestar más atención a los discursos sociales que a producir sus propios discursos. Es más barato y se sigue haciendo. Con ello, los medios perdieron su propio papel y autoridad informativa convirtiéndose en un espejo o eco de los medios sociales. De esta forma se transformaban en un nodo más dentro de la red.
La falta de seguridad de los medios en el futuro empresarial de la información ha hecho que se oriente más hacia las audiencias que hacia la calidad de la información, perdiendo lo que era su gran ventaja, la profesionalidad y el compromiso informativo. Las divisiones entre los profesionales de la información y los profesionales de los medios eran constantes. Para los primeros, la información es la base; para los segundos, el medio debe seguir los gustos sociales en busca de rentabilidad, transformándose para encontrar el favor del público, cuyo gusto informativos es cada vez más distorsionado por las avalanchas de información.
Lo ocurrido este año no es el triunfo de la "mentira" sobre la "verdad", sino algo mucho más complejo: el triunfo de un  nuevo tipo de comunicadores, expertos en las audiencias que se crean en las redes sociales. Para ello aceptan una verdad incuestionable: las redes forman ya parte de la vida de las personas. No se trata ya de sentarse a ver la televisión o a leer un periódico. Se vive en la red. Por medio de las interacciones constantes, las personas van definiendo sus propios espacios informativos en un sentido diferente al de los lectores de antaño.


No en vano, el estudio de las "redes" y de sus fenómenos está siendo una especialidad que los comunicadores tradicionales no acaban de entender al centrarse en la elaboración de las informaciones y de los mensajes. Es el funcionamiento de las redes lo que interesa. La noticia es como un barco de papel arrastrado por las corrientes.
Vivir en un espacio mediado significa aceptar un mundo que se va configurando desde las interacciones de los propios usuarios, que configuran sus redes de contactos, seleccionan sus fuentes y aceptan las recomendaciones de unos frente al rechazo de otros. Da igual que nuestra información sea "verdad", lo importante es que solo nos llegarán a través de la red en la que vivimos, nuestro ecosistema informativo.
Y surgen los activistas informativos. Sus movimientos en la red son constantes, agregando destinatarios de las informaciones que quieren hacer llegar a los suyos manteniendo un refuerzo continuo que mantiene la red unida y cada vez más aislada de otras redes, que son como universos paralelos. Mientras unos usuarios valoran la diversidad de fuentes; otros, en cambio, valoran el refuerzo constante de sus opiniones. Estos últimos son los más radicales.


Trump ha sabido aprovechar a los activistas informativos de los grupos alternativos. Han unido muchas pequeñas redes dirigiéndose a los grupos periféricos y convirtiéndolos en retuiteadores de sus mensajes. Los grupos alternativos que ha logrado poner a su servicio llevan años creando y reforzando sus propias redes. Ya no se trataba de hacer campaña en los medios, sino de aprovechar las redes creadas para difundir un mensaje determinado.
Por extraño que parezca, el aumento de informaciones no hace que se contraste más, sino que se busque la exposición a aquello que se quiere creer. The New York Times nos trae un ejemplo del propio Donald Trump y del uso de sus tuits. Sabe que a sus electores y simpatizantes les gusta creer que es China la causante de sus males laborales y económicos. Esto le lleva a convertirla en el tópico central de sus mensajes, los que son retuiteados millones de veces. Con el titular "Enough of the Tweets, China’s State Media Tells Trump",  The New York Times recoge la reacción china a los constantes tuits de Trump sobre ellos:

BEIJING — It’s become easy to imagine an aide to China’s president, Xi Jinping, knocking on his bedroom door in the middle of the night to report the latest from Trump Tower: “He’s tweeted about us again.”
China’s leaders thought they had a solution to the torrent of snark, jibes and condemnation on Twitter. They banned access to it in China. But, paradoxically, China has become the country that President-elect Donald J. Trump seems to most enjoy trolling on his open-all-hours Twitter feed.
In bursts of 140 characters or less, he has jabbed at Beijing over Taiwan, trade, the South China Sea and, most recently, North Korea. “China has been taking out massive amounts of money & wealth from the U.S. in totally one-sided trade, but won’t help with North Korea. Nice!” Mr. Trump said on Twitter on Monday.
How and when Mr. Xi reads about these broadsides remains a mystery to outsiders. Translating Mr. Trump’s sarcasm — “Nice!” — could be tricky. But Chinese officials and the state news media want Mr. Trump to know that their leaders prefer doing diplomacy the old-fashioned way, behind closed doors and muffled in platitudes.*


¿Diplomacia a la antigua usanza? Con mensajes como estos —basta con un "Nice!"—, Trump consigue hacer llegar sus ideas a sus seguidores y que la respuesta sea como la recogida por el periódico. The New York Times puede criticar el tuit, pero solo después de que este haya causado su efecto. Las quejas de los chinos convencen a Trump de que está en el buen y molesto camino. La diplomacia a la antigua usanza no quedará más que como un resto protocolario ante los mensajes de las redes, medio preferido. Los medios convencionales se los deja al enemigo.
Los medios critican a Trump, pero este lucha con los medios, matiz importante que implica unas reglas del juego distintas en cada caso. Los medios profesionales tienen por objeto informar; Trump y los suyos, por el contrario, solo ganar las elecciones, deteriorando a sus contrarios con los actos necesarios, del vergonzoso Pizzagate a los tuits sobre vacunas o China y el cambio climático. Los medios han sido parte en estas elecciones porque Trump estaba contra ellos. Era parte de su estrategia lanzar a sus seguidores contra los medios sabedor de que le seguirían acogiendo entre sus páginas dando cuenta de sus barbaridades. Con el siguiente tuit confirmaba a los seguidores la existencia de la conspiración mediática contra él.
De la misma forma, China Daily se ve obligada a contestar a los tuits de Trump amplificando los efectos:

Analysts said China, which plays a key role in stabilizing the Korean Peninsula, should not be bypassed in resolving the Democratic People's Republic of Korea nuclear issue.
"China's efforts are widely recognized, and we hope all sides will avoid remarks and actions to escalate the situation," Foreign Ministry spokesman Geng Shuang told a regular news conference.
His comment was in response to a tweet in which Trump criticized China on Monday, saying it was not being helpful in addressing the DPRK nuclear issue.**


De esta manera Donald Trump pasa a ser el "trol" mundial de mayor escala hasta el momento. Con un tuit obliga a ponerse a la defensiva a China o a desplegar los artículos de los periodistas de The New York Times o cualquier otro medio. Está donde quiere estar. No se trata de que sea verdad lo que dice, sino que de los cientos de millones de personas que lo escuchan, muchos están de acuerdo con lo que dice, sea verdad o no. Es lo que ha hecho Trump a lo largo de la campaña presidencial. No se moderó nunca, sino que. por el contrario. sabía que sus excesos le daban titulares, como bien se estudió y contabilizó en dólares, aunque nos sus efectos negativos para la candidata demócrata.
En este contexto, ¿en qué medida debemos interpretar el "Journalism that matters. More essential tan ever" con el que el periódico trata de atraer a nuevos lectores y suscriptores? En uno esencia: el mantenimiento de una sociedad que realmente pueda vivir en un entorno comprensible.


Lo que ocurre con los Estados Unidos es lo que ha ocurrido en Oriente Medio durante estos años: la incapacidad de diferenciar lo verdadero de lo falso, lo real de las "teorías de la conspiración". Los efectos son terribles porque no hay ya forma de establecer diferencias. Solo queda agarrarse a lo que se quiere creer y radicalizarse aislándose del resto.
La campa contra los medios emprendida por el nuevo inquilino de la Casa Blanca —el otro Donald— no es una casualidad, sino la otra cara de la suplantación de la información periodística profesional por el activismo informativo. El deseo de Trump es poner contra las cuerdas a los medios que le critican. 
Lo que pide The New York Times es que se valore su trabajo, sobre todo en lo que tiene de batalla en nombre de los que valoran la libertad, la diversidad y la honestidad informativa, junto a la existencia de unos estándares éticos.


No debe confundirse lo dicho hasta el momento con la capacidad social de producir su propia información. De lo que aquí hablamos es de los movimientos organizados para la lucha política que usan la información como un arma más despreciando la pluralidad y ética profesional. Hay una diferencia enorme entre opinar de forma distinta e inventar todo tipo de noticias, insinuaciones, etc. que se repartan a través de las redes en nombre de la libertad de información. Todavía estamos esperando una prueba del fraude de millones de votos que Trump escribió en uno de sus tuits.
¿Estamos condenados a la confusión y la manipulación? Depende mucho de las actitudes de apoyo al periodismo honesto frente a los ataques que sufrirá aquel que tenga el valor de enfrentarse a un poder que juega a otra cosa. Dependerá también de la propia capacidad de supervivencia de los medios: la independencia informativa es cara, como lo es el periodismo de calidad. Los rumores, las noticias falsas, en cambio, son un material barato, fácil de producir, basta con la imaginación. La rentabilidad es enorme. 
La proliferación de espacios dedicados a difundir noticias falsas, rumores, etc. en estos cinco o seis años pasados ha culminado con la llegada de un mentiroso a la Casa Blanca. Los medios prometieron intentar distinguir entre la persona y la institución, que debería ser respetada. Pero ha sido imposible: él mismo ha subvertido la institución llevándola al extremo, no respetándola.
Dudo que la petición de China a Trump de que deje de mandar tuits sobre ellos se haga realidad. Es su línea y su estrategia. Le ha funcionado. El mundo se debe empezar a acostumbrar —solo en un sentido— a estos cambios.
El futuro del Periodismo forma parte esencial del futuro de la sociedad democrática. Un periodismo de baja calidad es una merma de las posibilidades de decidir con fundamento sobre lo que queremos. La confusión, la manipulación, etc. son estrategias de acceso al poder y de acoso a los que interfieren en sus planes. La finalidad del periodismo no es el poder, sino su crítica. En este sentido, se acercan tiempos intensamente periodísticos, que exigirán altura de miras, honestidad y muchas veces sacrificios y riegos. El Periodismo importa porque importan otras muchas cosas.


  
* "Enough of the Tweets, China’s State Media Tells Trump" The New York Times 4//01/2017 http://www.nytimes.com/2017/01/04/world/asia/china-xinhua-donald-trump-twitter.html

** "Beijing's DPRK efforts 'widely recognized'" China Daily  4/01/2016http://www.chinadaily.com.cn/china/2017-01/04/content_27853310.htm



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