martes, 13 de diciembre de 2016

Una mentira es una mentira es una mentira...

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La campaña presidencial norteamericana sigue teniendo sus reacciones. Una esencial está siendo la de la prensa. La cuestión de la denominada "posverdad", que en término reales supone para algunos vivir instalados en una duda guiada, más que por el método, por la Ley del Embudo, que en este caso significa afirmar sin prueba alguna lo que más perjudique al adversario mientras que se exigen cinco notarios para todo aquello que nos afecte.
El enfado de los medios va creciendo conforme se van dando cuenta del papel que han ido jugando en manos de mentirosos profesionales, maestros de la difamación, fabricantes de bulos y caraduras capaces de sostener las mayores patrañas sin un pestañeo. Los periodistas que mantienen el sentido crítico están empezando a entender el papel que han jugado en esta gigantesca mentira que ha sido la estrategia de Trump y sus manipuladores en una campaña en la que han recurrido a todo sabedores del cada vez más paradójico comportamiento de la gente, que prefiere creer lo que refuerza sus ideas a someterlas a revisión crítica y verse en el espejo.
The New York Times, firmado por Jim Rutenberg, publica un interesante artículo titulado "In Trump Era, Uncompromising TV News Should Be the Norm, Not the Exception"*. Hasta el momento hemos aceptado que eran los periodistas quienes guiaban la entrevista mediante sus preguntas. El periodista era el miembro de los medios y el entrevistado quien respondía a lo que se le preguntaba. ¿Pero qué ocurre cuando son los entrevistados los que son expertos en control de los medios (y de los periodistas), cuando están entrenados en la comunicación para conseguir que los profesionales y los propios medios queden desbordados ante las estrategias seguidas? El manejo que Trump ha hecho de los medios mostró pronto que quien los "controlaba" era él y no al contrario. Su capacidad para usarlos sin que los periodistas pudieran responder y acabaran aceptando sus respuestas, invirtiendo el control, está haciendo cuestionarse el papel de los medios. Escribe Rutenberg —de la sección mediática, no de la política— en el artículo:

Too often television news, especially on cable, serves as a megaphone for politicians who use it to forward lies and propaganda while so effortlessly ignoring questions they’re supposedly there to answer.*

Quizá a algunos les parezca ingenua la postura de los medios. ¿Creían ser ellos los que tenían el control? Hace mucho tiempo que todas las instituciones poseen sus propios directores de comunicación. No se trata de un encuentro naif entre un profesional que pregunta en nombre de sus lectores, oyentes o espectadores. Se trata de un combate entre dos profesionales de la comunicación —Trump es un experto entrenado durante años ante las cámaras— frente a frente en una lucha en la que el periodista trata de no ser utilizado por el entrevistado.


Siempre ha habido políticos mediáticos que han tratado de hacer esto, pero hasta el momento eran los medios los que aplicaban su "agenda". Hoy todos pueden tener sus medios y sus redes de medios a través de las redes sociales, blogs, YouTubers, etc. Es un ejército de creadores de noticias que dejarían en pañales a las grandes potencias durante la Guerra Fría. Son maquinarias colosales de difamación, de expansión sin pudor —desde la cita del que cita al que cita, etc.— en la que cualquier rumor infundado se convierte en una férrea "pseudoverdad" en cuestión de segundos, en lo que se tarda en un retuiteo. Los millones de seguidores de Trump están conectados a él como —señalaría MacLuhan— extensiones de su cerebro maligno y narcisista. ¿Para qué ruedas de prensa, para que notas y explicaciones? Basta un tuit y el tsunami se produce.
El artículo de Jim Rutenberg constata la necesidad de que la mentalidad del profesional varíe y deje de ser manipulado a través de la contribución involuntaria en la expansión de noticias y sobre todo que tenga la capacidad de reacción para evitar que el político mentiroso se escurra de entre los dedos mediante tácticas esquivas en las respuestas. No lo sueltes hasta que conteste a lo que le has preguntado, nos viene a decir. Señala los casos en que algunos de estos mentirosos se han escapado por debilidad entrevistadora  y algunos ejemplos de cómo han acorralado al que falta a la verdad.
El articulista señala, como ejemplo de esto último, lo ocurrido en la entrevista producida en la CNN con el próximo vicepresidente, Mike Pence. El entrevistador Jake Trapper se dirigió directamente a Pence con una cuestión muy clara:

That was when the CNN anchor Jake Tapper began asking Vice President-elect Mike Pence about connections between the Trump transition team and Michael G. Flynn, the son of the incoming national security adviser, Lt. Gen. Michael T. Flynn.
The younger Mr. Flynn had recently used Twitter to legitimize the false story that the Clintons and their allies were running a child sex trafficking ring out of the Comet Ping Pong pizza parlor in Washington. He did so hours after a man stormed the place with an AR-15 assault rifle in search of the nonexistent sex ring. (A week later I still have to ask, did I really just write that sentence?)*


La última frase del articulista representa el hastío ante tener que seguir diciendo que una mentira es una mentira es una mentira... Lo que sale de un tuit necesita años, décadas, pues sigue emergiendo como cita, da igual que sea mentira. Cualquier afirmación puede —como ha hecho Trump en su campaña— convertirse en "insinuación" o puede resolverse diciendo que era un "chiste" o que "estaba siendo irónico", acusando al que critica de no tener sentido del humor o de captar una ironía. ¿Cuántas veces ha hecho esto Trump?
Pero esta vez el señor Pence no se pudo escapar tan fácilmente ante una cuestión tan directa:

And so it went eight times, as Mr. Tapper repeated the question and Mr. Pence accused him of pursuing “a distraction” and tried to change the subject. “I want to move on to other issues,” Mr. Tapper told him, “but I’m afraid I just didn’t get an answer.”
Mr. Tapper called it an example of how he had been trying to “draw basic lines about truth and decency and trying to get answers to questions.”*

"Verdad y decencia" contra las insinuaciones más infames por parte de Trump y sus seguidores. Las primeras víctimas fueron los propios políticos conservadores que se le enfrentaron en las primarias. También lo fueron los periodistas que osaron presionarle o preguntarle cosas que no le gustaban. En muchos casos se escapaba, pero en otros —como ocurrió con la periodista de Fox News Megyn Kelly— la agresividad, la ridiculización dentro y fuera de los platós televisivos era su respuesta.


Pero además de los principios debe haber una estrategia. Esta consiste en evitar por todos los medios que el mentiroso se escape. La ignorancia de la pregunta que se va perdiendo en las respuestas es una táctica habitual. Por eso, señala el articulista, Tapper, el entrevistador de la CNN siguió preguntando, ¡hasta ocho veces! sobre lo que no se le respondía. Las excusas de Pene para no contestar son las habituales: atacar al medio declarándolo "hostil" e "interesado". Equivale a crearle un "marcador" de tal manera que los seguidores lo bloqueen y acosen. Con este marcado del medio, se inician las campañas de descrédito. Queda etiquetado como un "medio liberal" o "anti patriótico" o "partidista" ante los ojos de los seguidores, que en cambio se ven reforzados directamente por el sistema de los tuits.
Quizá una parte de los medios se haya dado cuenta de hasta qué punto han sido manipulados o anulados como fruto de las estrategias de la mentira y las falsas noticias. Esto preocupa de manera intensa a los periodistas con conciencia profesional. Se trata ahora de comprender los mecanismos y tener la capacidad de resistencia para no dejarse amilanar por los entrevistados hasta obtener las repuestas a las preguntas formuladas. Esta cuestión no es única de Trump y los suyos. Recuerdo una rueda de prensa en una legislatura española anterior en la que los periodistas en La Moncloa, tras un consejo de ministros, se iban relevando en la misma pregunta, que la persona que debía responder escamoteaba a unos y a otros. La respuesta de los periodistas era repetir la misma pregunta ante aquel experto en fugas.


No es casual que sean las televisiones las mayores víctimas de este tipo de maniobras. El directo favorece al entrevistado que puede utilizarlo para difundir en unos segundos cualquier teoría por absurda que parezca. El entrevistador queda desbordado ante la incapacidad de responder al tema que se ha introducido. Cuando hayan reaccionado, el entrevistado puede introducir  otro giro y así sucesivamente. Por eso lo importante es que no se escape hasta responder a lo que se le ha preguntado directamente:

As such, it was an object lesson in what doing it right looks like. At the same time, it was all very basic, what reporters are supposed to do: Ask questions of people in power and insist on answers.
But it bounced around the internet as a shining example of stand-up journalism, because, unfortunately, such moments now seem so rare — especially in a year marked by Matt Lauer’s soft interview of Mr. Trump at NBC’s “Commander in Chief” forum in September, and CNN’s own lapses with hires like the Trump aide Corey Lewandowski.
If only such moments could stop being so special and start being normal.
Television news is going to have to do its part should Mr. Trump and his administration try to make policy based on false assertions, the same way he used them on the campaign trail. (And, yes, television will have to be just as vigilant should Mr. Trump’s opponents use falsehoods to fight him, too.)
The same holds for all of the news media, of course. But live television can be a safe harbor for falsehood and deflection.
It’s easy for me to criticize as a columnist who has time to analyze and fact-check before writing. On television, in real time, even the best-prepared interviewers may have neither the time nor the facts to catch a lie and call it out. Even when they do, their attempts to call foul can turn into stalemates if the interviewee insists on continuing to forward something that’s false or unsubstantiated, which seems to be the latest craze (see Reince Priebus, millions of illegal votes, “Face the Nation”).
But, as Mr. Tapper told me, in this “year in which basic facts and basic decency are at risk, persistence is important at the end of the day.”*

Pero la necesaria reflexión de los medios y los profesionales, sus demandas de honestidad y la exigencia de fidelidad a los hechos, no puede dejar de lado la idea más amplia de lo que ocurre socialmente, de las consecuencias sociales de la mentira y el bulo, de la insinuación como formas de comunicación.
Vivimos en una sociedad hiperconectada. Los medios tradicionales ven reducida su acción ante la explosión de los micromedios digitales, de los sitios de noticias creados para la contrainformación o directamente la difamación. Es el periodismo profesional el que se ve afectado y con él la sociedad misma que deja de tener acceso a información con garantías —esa honestidad y ceñirse a los hechos de la que hablan—  y pasa a depender la opinión de profesionales de la manipulación, es decir, el reverso de la profesión periodísticas. La información pasa a ser también la conversión de la guerra a otros medios, un escenario de lucha y conflictos en el que vale todo con tal de conseguir el objetivo final, el poder, la destrucción del otro.


Se tarda unos segundos en contar una mentira; se tardan años en desmontarla, con el riesgo de que vuelva a salir a flote en cualquier momento. La sociedad norteamericana —el mundo entero, en realidad— va a tener la ocasión de ver lo que ha elegido desde el poder, no ya desde la oposición. El manejo que Trump sigue haciendo de Twitter, lanzando a los seguidores contra aquellos que le critican tendrá consecuencias en algún momento.
El llamado "Pizzagate" se saldó con un loco entrando en la pizzería armado con un rifle y disparando.
 
Earlier this month, that fake story led to the firing of real bullets, when a gunman showed up at Comet Ping Pong, saying he had come to “self-investigate” the claims, and fired shots inside, terrifying the entire neighborhood. No one was injured, and the police arrested Edgar M. Welch of Salisbury, N.C., who remains in jail. The episode drew new attention to the Twitter habits of Lt. Gen. Michael T. Flynn, Mr. Trump’s pick for national security adviser, who has used social media to spread fake news stories.**


Los vecinos de la zona, en la que el vicepresidente electo había alquilado un apartamento, le han invitado a que acuda a la pizzería a comprobar la falsedad de las noticias que han estado esparciendo. Cuenta The New York Times que todavía no han tenido respuesta.

“Now, your neighbors are hurting,” the coalition, calling itself NOPE — Neighbors Organizing for Power and Equality — wrote in the letter. “Parents and grandparents are left struggling to explain to our traumatized children why a man would fire a gun in a family gathering place in the heart of the community.”**

La noticia falsa produce desgraciadas noticias reales, tiene consecuencias en la vida de la gente. Podría haber causado muertes. Las mentiras actúan sobre el mundo y pueden llevar a alguien a la Casa Blanca.


* Jim Rutenberg "In Trump Era, Uncompromising TV News Should Be the Norm, Not the Exception" The New York Times 11/12/2016 http://www.nytimes.com/2016/12/11/business/media/rutenberg-donald-trump-tv-news-propaganda.html

* "Mike Pence Is Invited to Dine at Pizzeria at Center of Fake News Barrage" The New York Times 13/12/2016 http://www.nytimes.com/2016/12/13/us/pizzagate-comet-ping-pong-pizza-mike-pence.html

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