lunes, 5 de diciembre de 2016

Trumbo, una lección que no hay que olvidar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando se ve una película como "Trumbo" (Jay Roach 2015) no puedes dejar de pensar en la realidad que estamos viviendo estos días. Esa ha sido al menos mi experiencia esta noche en que he tenido ocasión de verla. No he podido dejar, desde el principio hasta el final, de hacerlo. 
El discurso final de Dalton Trumbo cuando recibe el premio de los compañeros no es de alegría; pesa más el daño que todos se han hecho en una lucha absurda, destructiva. La gran derrotada ha sido la sociedad norteamericana en su conjunto, que ha pisoteado los valores que dice defender.
Hace unos días traíamos aquí las declaraciones de un diputado egipcio, recogidas por la prensa local, en las que afirmaba que si la constitución iba contra la decencia, la constitución estaba equivocada. Es su afirmación ya está contenida la trampa: su visión personal es a la que llama "decencia", la única honesta y piadosa. Unos pocos se apropian de la interpretación, pasando su visión a ser la única válida.
La paranoia de la pureza ideológica es de las peores que pueden atacar una sociedad. La divide y destroza; las mayores vilezas son hechas en nombre de grandes palabras. Pero las palabras no pueden esconder la mezquindad existente tras las acciones.
Desde que comenzó la batalla presidencial en los Estados Unidos, muchos se dieron cuenta que era más que una campaña. Era la confirmación de una fractura social, una fractura profunda centrada en la propia identidad. En "Trumbo" se ve esa lucha también: unos son "norteamericanos", los otros son "traidores". La lucha va más allá de los políticos y se instala entre los vecinos de una misma comunidad, en los lugares de trabajo, entre los compañeros. Es la máxima división, la que hace añicos la armonía social, destroza las familias, etc.


Los argumentos son siempre los mismos: alguien viene a destruir la perfección inmaculada en la que se vive, a destruir los sagrados valores tradicionales. Eso vale lo mismo para Oriente Medio que para el Reino Unido del Brexit; lo mismo para la caza de brujas de la época del macartismo que de la era Trump en la que la gente exhibe las misma virtudes exclusiva, las de la América blanca, la verdadera.
Los enemigos son los "comunistas" de "Trumbo" y sus espías norteamericanos en Hollywood durante la Guerra Fría; lo son los demócratas, los laicos o las feministas en Oriente Medio. Todos representan un peligro para la sociedad que ha realizado un retrato de sí misma del que no quiere desmarcarse. Somos así. Lo diferente es malo.
La publicación de espectáculos NME dice de Trumbo: "it’s still a terrific story, of an entire country swept up in such mass hysteria for so many years and Hollywood, mad at the best of times, descending into complete lunacy."* No le falta razón. Y las peores historias asustan más cuando pueden repetirse.


En estos días se teoriza mucho sobre lo que representa Donald Trump y se habla demasiado de conceptos como "supremacía blanca", "nacionalismo", etc. Se hace también por toda Europa en nombre de principios religiosos y nacionales. Muchos empiezan a invocar los designios divinos o las raíces míticas de sus naciones para justificar sus acciones o imponerlas a los demás. No reconocen las libertades de las personas o, como se dice en la película, se creen con el derecho de controlar cómo piensan o sienten.
La película tiene buenos momentos reflexivos, pero ajustados a la historia. Me gusta la  sencilla conversación con su hija, una niña todavía que apenas entiende lo que ocurre, cuando esta le pregunta si ella también es comunista. No sé si fue real o es un añadido ficticio, pero tiene la sencillez de las cosas reales. Contribuye a esa realidad el buen trabajo, elogiado por todos, del actor Bryan Cranston. Le da humanidad al personaje y su punto de ironía.


Al crítico de The New York Times le pareció demasiado obvia por momentos, como dudando de la inteligencia del espectador. Creo que no se trata de dudar de la inteligencia, sino más bien de su memoria. "Trumbo" es sobre todo una lección para que no olvidemos. Disculpemos que sea algo didáctica. Puede que los tiempos de las sutilezas hayan pasado y sea necesario dibujar con trazos más gruesos para que queden las cosas claras. Lo ocurrido con Trump y sus allegados muestra que no hay tanta distancia entre el boceto con lo esencial y la realidad bruta.
Creo que es el tiempo para una película como esta, como ha señalado el propio Cranston en las entrevistas. Quizá sea cierto lo que se dice en ella de que las películas son la más poderosa máquina de propaganda jamás creada; todavía no se habían inventado las redes sociales. Espero que no sea demasiado tarde y no estemos escribiendo hoy, de nuevo, un remake del macartismo.




* Trumbo - Film Review NME  21/01/2016 http://www.nme.com/reviews/movie/reviews-film-16374#rOQ6CDBzxG62a5mz.99


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