jueves, 22 de diciembre de 2016

La percepción del terrorismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Un titular de The Washington Post señala una gran verdad: "All terrorism attacks are not connected. But terrorists want you to think that they are"*. El artículo lo firma Natasha Ezrow y el diario lo reproduce de The Conversation.
Acostumbramos a establecer vínculos y secuencias con unos efectos desastrosos. Las informaciones que estos días han estado dando algunos medios españoles (no solo ellos) han sido realmente como para que el Estado Islámico iniciara recortes en sus medios ya que se les hace el trabajo mucho más fácil cuando no inexistente. La tendencia mediática a rellenar espacio con cada acontecimientos y establecer conexiones lleva a ofrecer series que reviven los acontecimientos hacia el pasado estableciendo una suerte de vínculo histórico y conectan en paralelo los que se producen en el momento, lo esté o no lo estén.
Es muy claro que el atentado de Berlín no tiene nada que ver con el asesinato del embajador ruso en Ankara, pero el hecho de que se piense que sí por lo que llamaríamos la ley de contigüidad tiene un efecto negativo sobre la percepción que solo favorece al terrorismo al concederle una capacidad operativa y organizativa que no tiene.
Parece que todavía no se ha entendido por los medios qué es el Estado Islámico y qué significa actuar en su nombre. Muchos piensan que es como una especie de organización, con carnet de socio, a la que la gente se afilia, se entrena en Siria, vuelve y atenta. Sin embargo nada más alejado de la realidad. No es siquiera Al-Qaeda, que ya era diferente a los grupos anteriores.
Nos distorsiona la percepción nuestro sentido de la "corrección" y el interés de los "islamistas políticos" en que no se les considere como "religiosos" para no estropearles la presencia pacifista allí donde les valga o se les acepte como interlocutores. Eso que llamamos "radicalización", que vale lo mismo cualquier organización terrorista mundial sea cual sea su tendencia, en el caso que vemos es una "radicalización religiosa que conlleva una interpretación literal, si se prefiere, literalizada del Corán a manos de grupos que defienden la pureza de su interpretación. Por lo tanto, el grito final de "¡Dios es grande!" implica convertirse en mano de Dios en el mundo. No tiene que haber una organización detrás de nada, sino solo el deseo de seguir una interpretación que valore suficientemente la muerte del obstáculo para que tome forma el reino de Dios en la tierra al seguir los hombres sus leyes, dadas muy claritas, pero que todos incumplen.
La "radicalización" no se da por entrar en una "organización", sino que se va a ella cuando se ha llegado a la radicalización. No hay necesidad de que exista un vínculo entre un imam radical y una organización radical. Ya se encargará el discípulo radicalizado de encontrar la que más le apetezca para dar salida a su "dos más dos": si el mundo está mal, vamos a arreglarlo. Una vez que se ha aceptado que hay un plan de Dios y que hay obstáculos mundanos para el cumplimiento del plan la respuesta lógica es quitarlos. Las semillas se sembraron en los ochenta y llevamos años recogiendo el resultado.


Adscribirse al Estado Islámico o poner un mensaje en las redes sociales, etc. no es más que una estrategia que es la que muchos medios occidentales, educados en la causalidad, en diacronías y sincronías, no acaban de entender en ocasiones. Como cualquier grupo enfrascado en un conflicto, siempre se trata de dar una impresión de un tamaño, organización y poderío mayor del que se tiene.
Muchos de los casos de terrorismo que se dan son manifestaciones finales de esa radicalización que se ha ido dando en el tiempo en procesos muy diferentes. Se habla de las cárceles, pero hay muchos otros lugares porque se trata simplemente de lo señalábamos antes, convencer del incumplimiento y obstaculización de los planes divinos para que se ponga en marcha el proceso.
Ha habido momentos en los que aparecían jóvenes con una vida disipada, occidentalizada, metidos en todo de líos, A estos bastaba con hacerles sentir culpables, convencerles del daño que hacían a sus familias y de la necesidad de dar sentido a sus vidas saltando por los aires junto con unas decenas de personas. Niñas y niños, personas con baja autoestima, personas en fases críticas en la vida... y también fanáticos, que los hay. No se debe pensar siempre que los enemigos son todos seres débiles. Hay personas que no coinciden con nuestros patrones de "normalidad", pero encajan en aquellos en los que han sido formados. Erdogan ya ha etiquetado al policía que ha asesinado a embajador ruso como "gulenista" y desde el Kremlin ya le han dicho que no corra tanto. Pero a Erdogan le interesa que sea un "gulenista" —independientemente que lo sea o no— para seguir descargando sus iras contra su antiguo amigo y hoy fijación obsesiva.
La forma de agrupar, presentar, serializar, etc. los actos terroristas crean una determinada imagen del terrorismo en sí y de los grupos. Muchas veces te sorprendes por el poco sentido común que se demuestra y, pese a los años, las deficiencias en tratar los fenómenos terroristas. Se siguen produciendo las asimetrías y los olvidos, los excesos morbosos, etc.


El artículo de Natasha Ezrow señala precisamente que uno de los factores importantes es precisamente el atribuir una conexión a lo disperso, atentados que no tienen vínculo pero que son asociados.

Whenever terrorist attacks have taken place, it’s tempting to jump to the conclusion that there is a pattern or connection. There may be an overwhelming feeling that terrorist attacks are taking place everywhere, and that a terrorism epidemic is turning into a pandemic. But although the number of attacks is high, the global death toll tells a different story.*

No es lo mismo un imitador que una organización. Puede que no haya vínculo real entre Niza y Berlín, aunque sí una advertencia para las autoridades respecto a las medidas que se pueden tomar. Muchas veces, las medidas se toman de forma espectacular porque interesa que la gente vea militares por las calles, como ocurrió en Francia y otros países como signo que los políticos ofrecen de estar haciendo algo. Sin embargo, eso suele ser más psicológico que eficaz. Las medidas de seguridad, como han señalado en Ankara o como denunciaron los coptos en su atentado reciente en la catedral o el atentado contra el avión ruso también en Egipto muestran gigantescos agujeros de seguridad. Nada hay más fácil que sacar soldados. Pero esto no funciona así.
También esto les sirve a los terroristas para sus objetivos ya que se muestran ante el mundo como más temibles. La imagen más poderosa contra el terrorismo es la de su debilidad: mostrarlo en su fallos, exhibir sus carencias y debilidades, sus traiciones y delaciones, etc. Es lo que debilita la fe de sus seguidores. Pero eso no siempre es fácil hacerlo. Ellos lo hacen con la propaganda de sus ejecuciones públicas, humillaciones, etc. Por eso matan y destruyen y después lo muestran al mundo. Y nosotros lo repetimos por hacerles un favor.


Esto crea una imagen distorsionada del fenómeno terrorista y de su alcance  desde el punto de vista de los receptores de la información.

It’s true that the number of deaths attributable to terrorism spiked dramatically in 2014 (particularly in Organization for Economic Cooperation and Development countries), but it declined in 2015 and 2016. At the time of this writing, 15,320 people are known to have been killed in terrorist attacks since the start of 2016 — sharply down from 28,328 deaths in 2015 and 32,763 in 2014. Most of these people were killed in countries that are unstable and troubled by war or insurgency — Iraq, Afghanistan, Nigeria, Pakistan, Syria. These five countries constitute 72 percent of all deaths from terrorism. But these numbers are decreasing, with Nigeria and Iraq having 5,556 fewer deaths, and Pakistan also seeing a decline in its overall death toll.
Many in the West cite terrorism as a top domestic worry, but that’s perhaps because they underestimate just how deadly other forms of violence are. From 2001 to 2013, 406,496 people on American soil were killed by firearms, while during the same period 3,030 died because of a terrorist attack — the bulk of them thanks to the events of 9/11. In 2011, when 12,533 people around the world died because of terrorist attacks, Mexico saw more than 27,000 people die because of gun violence alone. In the United States, about 13,000 people in 2015 were lost to gun violence, or about 2,000 fewer than the global terrorism death toll.*


La observación de Natasha Ezrow es cierta, pero difícil de llevar a la práctica. No somos seres más que relativamente racionales. El miedo amplifica unas cosas y disminuye otras. La comparación con el número de muertes en Estados Unidos por armas puede ser espectacular pero no está categorizada de la misma manera en la mente. No vamos a relativizar el "terrorismo" por las muertes por armas de fuego en USA o los accidentes de tráfico. Lo mismo podría decirse de cualquier otro caso de violencia en nuestras sociedades. En cualquier caso sí sería bueno ser conscientes de que el número de atentados disminuye gracias a los avances en información e infiltración, sobre todo, que es lo que más eficacia  demuestra. Allí donde realmente se ha tomado en serio en el sentido de disponer de fondos especial, formar personas especializadas, aumentar las dotaciones, etc. las mejoras se deben notar. Lo malo es donde todo esto no se hace y se trata de aparentar eficacia más que tenerla.
Los medios, se ha dicho siempre, pero se ignora cada vez más, son esenciales. Tiene razón Ezrow cuando señala que los efectos psicológicos son más buscados que los físicos, aunque esto tiene matices importantes en la selección de la víctimas, como ha ocurrido con los coptos, los mercadillos navideños o la discoteca homosexual de Orlando:

Terrorism’s preeminent effects are psychological rather than physical; it has a way of skewing our perceptions, meaning that we perceive a bigger menace than actually exists. To fight it, we need to fight back against these psychological tricks. So long as we go on assuming that terrorist attacks are connected and trying to link them to a global extremist threat looming on our doorstep, we misunderstand the unique problems facing each country — and what’s needed to defang them.*

Pero de lo que no hay duda es que hay que evitar convertir el terrorismo en lo que no es en ningún sentido del término. Hay que definirlo correctamente si se quiere actuar con eficacia. Debería haber más encuentros entre expertos de diversos campos relacionados e informadores para saber los efectos que tiene la comunicación en los dos sentidos: tanto sobre la población atacada como en la formación del proselitismo. Es difícil controlar la información en un mundo de redes, pero los medios tradicionales siguen siendo una referencia importante y deben mostrar su profesionalismo en este tipo de acciones, no tratar de hacer populismo informativo o sensacionalismo para tratar de parecerse a las redes que les hacen la competencia, contra las que perderán sus propios lectores cuando no haya diferencias.
No se trata de reducir el tamaño del Estado Islámico, sino de comprender las diferencias existentes para evitar avaluar conjuntamente lo que sigue procesos distintos. De no ser así, contantenmente se tomarán decisiones equivocadas y no se resolverá nada.


El Estado Islámico tiene facetas diferentes y un buen manejo de la información. Sabe que la propaganda es un arma importante y ofrece la ocasión de actuar en su nombre mientras ese nombre les reporte una ampliación de su imagen. Nuestra obsesión con las reivindicaciones hacen que nos den lo que queremos escuchar. Nuestros medios rápidamente analizaban si habían ido a Siria o no hasta que van entendiendo que eso que llaman la radicalización (que tenga un nombre no significa que se entienda el proceso) se puede producir solo en casa, o que no solo había que temer a los que regresaban entrenados del combate, sino que basta con saber conducir un camión.
El fenómeno tiene dimensiones muy distintas, de lo militar a lo policial, de lo educativo a lo económico, de los mediático a lo cultural. Los primeros parecen muy evidentes, pero los otros son aspectos a medio y largo plazo. A lo mejor hay que revisar también la lista de amigos y exigir que actúen de forma diferente.


Un vídeo de la CNN titulado "ISIS Fast Facts"** nos resume en 2016 algunos datos interesantes, que no siempre atendemos, que la mayor parte de las víctimas del Estado Islámico son otros musulmanes. Es 2,6% de las víctimas son occidentales. Estamos mucho mejor protegidos que aquellos que cada día vagan por escenarios inciertos en los que la muerte transita con demasiada frecuencia. Que sus objetivos —nos dice la CNN— son otros grupos musulmanes, mujeres, grupos LGTB, etc. que pagan su visión del paraíso en la tierra. Lo que se ayude allí, en vez de estigmatizar —el verdadero causante del antioccidentalismo es la islamofobia, que los terroristas aprovechan y agradecen también— deberíamos tratar de comprender y estrechar otro tipo de conexiones favorables a los derechos humanos, la cultura y la convivencia. Aunque en ocasiones haya que acercarse a la sociedad civil por lo poco dispuestos que están algunos de nuestros aliados a aceptar la mejora de sus pueblos.


* Natasha Ezrow "All terrorism attacks are not connected. But terrorists want you to think that they are" The Washington Post 21/12/2016 https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/12/21/all-terror-attacks-are-not-connected-but-terrorists-want-you-to-think-that-they-are/?hpid=hp_hp-cards_hp-card-posteverything%3Ahomepage%2Fcard&utm_term=.840f8dd780f4

 ** Vídeo "ISIS Fast Facts" CNN Updated 1/12/2016 http://edition.cnn.com/2014/08/08/world/isis-fast-facts/



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