jueves, 1 de diciembre de 2016

El trol jefe

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La futura presidencia norteamericana será una continuación de lo ocurrido en las primarias republicanas y la posterior campaña. No parece que se vaya a cerrar el modelo instaurado por Trump de la provocación y la reacción. La diplomacia o la mesura son estrategias que buscan el apaciguamiento, la relajación de la tensión, mientras que Donald Trump necesita de un clima diferente: el de la crispación. Y se consigue con la provocación constante que hace levantar las voces. Esta reacción refuerza su unión con los que le siguen.
La desesperación expresada desde los medios por su incapacidad de entender el sentido de la constitución norteamericana en cada uno de sus puntos continúa. Donald Trump ha manifestado en repetidas ocasiones (y le funciona) comentarios e ideas que han hecho llevarse las manos a la cabeza, esbozar sonrisas, etc. a los juristas o a las personas medianamente formadas. Pero Trump no se dirige a ellas ni emplea su lógica. La posición que busca es otra.
El editorial de The New York Times, titulado Mr. Trump, Meet the Constitution" parte de ese principio de la ignorancia:

When Donald Trump, hand on the Bible on Jan. 20, swears to preserve, protect and defend the Constitution of the United States, we the people will have good reason to doubt he knows what he’s talking about. Consider what he tweeted out on Tuesday:
“Nobody should be allowed to burn the American flag - if they do, there must be consequences - perhaps loss of citizenship or year in jail!”*

No seré yo quien niegue que Donald Trump sea un ignorante, pero creo que ya hay casos suficientes como para ver cuál es su estrategia o el patrón que se revela en sus actuaciones. Sabiendo que tiene a la mayoría de los medios en su contra, su pretensión es poner en contra de ellos a los ciudadanos. El tuit anterior es un ejemplo de ello.


El diario hace una exposición razonada de cómo "quemar una bandera" está amparado por la primera enmienda. Señala el editorialista "Here’s where we explain what shouldn’t need explaining. Flag-burning is constitutionally protected speech." Pero no es eso lo que le importa a Trump, sino obligar a que sus oponente se encuentren defendiendo "causas impopulares". Defender a los que queman las banderas de su propio país es un ejercicio mental que lleva a considerar lo racional por encima de lo emocional, como lo es oponerse la pena de muerte para un asesino en serie o un terrorista. Es un ejercicio intelectual que es lo opuesto a lo que Trump busca proponer.
Con casos como este o como la expulsión de personas por su religión, Donald Trump se ha limitado a dar voz a lo que muchas personas, que no hacen esa abstracción necesaria, desean. La aparición de Trump ha puesto de manifiesto que la constitución americana, por ejemplo, con sus valores y equilibrios, con sus principios jurídicos, etc. está por debajo de las formas intuitivas con las que mucha gente encuadra a su propio país.
La América de la Constitución representa una forma de pensamiento y de identificación diferente a la que Trump encarna y a la que apela. La bandera representa a los Estados Unidos, la Constitución, en cambio, le da sentido. La bandera es emocional; la constitución es racional. Estamos asistiendo al ascenso de los valores emocionales frente a los racionales. Lo inteligente es evitar la disolución del vínculo, es decir, que lo emocional surja precisamente al lado de lo racional. Es la diferencia entre el amor a la patria (emocional) y el estar orgulloso (racionalmente) de tu país por lo que hace (que implica por dejar de estarlo). El primero se basa en lo puramente emocional, acrítico, mientras que el segundo centra el orgullo en los valores que el país representa a través, entre otras cosas, de su constitución, que es contrato de convivencia. La ceguera emocional nacionalista disculpa los excesos, justifica todo en ese "amor" patriotero. La idea de "hacer a América grande nuevo" no explica demasiado; apela a un sentimiento y después señala con el dedo a los enemigos: los inmigrantes, la globalización, los tratados, etc. Y eso es lo único que necesita porque no tiene que explicar, solo señalar. Eso es lo que ha hecho Trump con su tuit, señalar. Ha encontrado en su caza un nuevo objetivo: los quemadores de banderas. Se suman a los inmigrantes, a los de otras religiones, etc., igualmente señalados.


Con estas acciones, Donald Trump no pretende tener la razón, sino tener a más personas a su lado manteniendo el vínculo que les identifica como "neoamericanos", como americanos emocionales surgidos del populismo nacionalista que Trump ha unificado. Necesita mantener abiertos los canales y hacer circular por ellos este tipo de mensajes con la doble función de alimentar a sus seguidores y de mantener la brecha con los medios que le atacan, verdadera fuerza de Trump. De esta forma redirige las iras hacia los medios que le critican. Sus seguidores se mantienen activos en la idea de que su ira es necesaria contra los "falsos americanos", es decir, los que sostienen posturas contrarias a ellos y defienden a inmigrantes, musulmanes (de cualquier religión no "cristiana"), minorías étnicas, delincuentes, etc.
El editorial se cierra con una serie de observaciones sobre su propia actitud ante el futuro presidente, pero también señalando el papel que este está jugando:

But we don’t have the luxury of merely mocking someone who is now as powerful as Mr. Trump. Before you tune him out, remember what the right-wing propaganda site Breitbart was celebrating on Tuesday — that Mr. Trump’s social-media presence allows him to get his message to millions, bypassing “corporate media.” He has more than 16 million Twitter followers. With Twitter, Facebook and Instagram, he can feed lies and ignorance directly to 36 million people.
He tweets, he posts, he incites. He trolls. He commands a global platform and will soon be America’s commander in chief. But it has to be said, and said again: This is not normal. It demeans the presidency.*


Combatir a Trump requiere de nuevas estrategias que anulen los elementos emocionales. No será fácil. Tiene razón el diario en la cuestión final, la degradación de la presidencia. La presidencia es un elemento más de la racionalidad que Trump necesita convertir en emocional. Eso es lo que The New York Times ha percibido. Pero si la estrategia sigue en la misma dirección, Trump —del que siempre se esperaba tras cada victoria se racionalizara y equilibrara— no hará tal cosa nunca. Y eso es lo que muestran sus conductas tras la elección.
" But it has to be said, and said again: This is not normal", señala el editorialista. Es un buen comienzo para empezar a contrarrestar los esfuerzos de Trump por llevar al país hacia un hundimiento de los que han sido sus valores constitucionales en nombre del país. Uno puede envolverse en la bandera, pero no en la Constitución; la bandera sale en las fotos, la Constitución hay leerla y razonar desde ella.
Probablemente pueda hacerlo, pero no le interesa. Le favorece actuar de trol en la transformación de un "país" en una "red social". Es su terreno.




* "Mr. Trump, Meet the Constitution" The New York Times 29/11/2016 http://www.nytimes.com/2016/11/29/opinion/mr-trump-meet-the-constitution.html


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