miércoles, 7 de diciembre de 2016

El nuevo traje del emperador Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se avecinan tiempos complicados. La presidencia de Donald Trump, antes de comenzar, ya está creando quebraderos de cabeza a más de uno y, especialmente, en las cuestiones internacionales está empezando a sembrar alarmas. El hecho de que haya que enterarse de sus políticas e ideas a través de sus tuits ya nos deja una primera sensación extraña.
El protocolo mínimo, que exige no ignorar que en la Casa Blanca hay todavía un inquilino, está siendo ignorado. Pero más allá de los protocolos hay cosas más importantes que siembran las alarmas en esta especie de ensayo general que está realizando con sus tres escenarios: las visitas a la Torre Trump, las llamadas telefónicas y los tuits que lanza. Con esas tres armas teatrales, Trump ya crea problemas.
Las visitas sirven para especular quiénes estarán en los puestos claves de su administración. Es un continuo ir y venir, un trasiego de ilusiones y vanidades. Con ellas, Trump juega a mostrar a los que le niegan que siempre habrá ambiciosos que besen por donde pisa.
Con las llamadas, como ha ocurrido con la realizada a la presidenta de Taiwán, está advirtiendo que es capaz de cambiar todo lo que ha costado décadas construir. Así satisface de nuevo el ego. Pese a no estar en la presidencia, ya ha mantenido encuentros y llamadas con líderes mundiales para que no cojan por sorpresa los cambios. Recibió a Nigel Farage para humillar a la primera ministra británica y, especialmente, a Europa, con la que le esperan relaciones tensas y ambiguas.


Finalmente los tuits le dan un toque populista frente al glamur de la Torre y lo personal de las llamadas telefónicas. Los tuits son la forma de mantener el contacto con los millones de seguidores y calentar los canales que ha tejido de redes dispuestas a lanzarse como carroñeros sobre quien el jefe apunte el dedo de su verborrea. Ha sido un tuit con el que ha respondido a las peticiones de recuento de los votos en algunos estados. Fue un tuit bomba: la afirmación de que millones de votantes demócratas lo habrían hecho ilegalmente. Sin pruebas, sin datos... solo un tuit, como un niño acosador en la escuela para dirigir las iras de los compañeros hacia otro alumno, en este caso, Hillary Clinton.
Dijimos hace días que el tema del voto popular, el hecho de que Hillary Clinton obtuviera 2.300.000 votos más que él, le descolocaba. Los analistas tienden a decir que el voto popular no es "importante" y que el importante es el del colegio electoral, que es quien decide quién es el presidente. Ha habido casos como el de Trump, personas elegidas con menos votos que su rival. Pero no eran Trump.


Desde el principio dio signos de que para él era importante ganarlo. ¿Cómo no va a serlo para un populista que dice de sí mismo que es el "pueblo" frente al "sistema"? Esos más de dos millones de votos son una pesadilla para él porque le dejan en evidencia y rompen su argumentación y, en especial, su ego y le cierran su discurso favorito, que queda inutilizado: que él es el pueblo.
No es fácil ver un editorial de un periódico como The New York Times en el que se llame directamente y sin juegos atenuadores "mentiroso" al presidente de los Estados Unidos. No desde Nixon, no desde Bill Clinton. El titular del periódico es "Why Does Donald Trump Lie About Voter Fraud?" y además de llamarle "mentiroso" —algo que han hecho muchos durante la campaña infame— tratan de explicarlo:

The long-running Republican war against the right to vote has now gone national at the instigation of President-elect Donald Trump, who has promoted the lie that millions of illegal votes were cast in the presidential election.
There is not a scintilla of evidence for this claim, and Mr. Trump’s own lawyers have admitted as much, stating in a court filing opposing a recount in Michigan that “all available evidence suggests that the 2016 general election was not tainted by fraud or mistake.”
Yet one after the next, leading Republicans are spreading this slander of American democracy, smoothing the way to restrict voting rights across the country.
On Sunday, Vice President-elect Mike Pence told ABC’s George Stephanopoulos that it was Mr. Trump’s “right to express his opinion as president-elect.” When pushed to admit that the illegal-voting claim was not true, Mr. Pence shifted the burden of proof away from Mr. Trump, even though Mr. Trump has accused millions of Americans of committing a crime. “Look,” Mr. Pence said, “I don’t know that that’s a false statement, George, and neither do you.”
Paul Ryan, speaker of the House, told CBS’s “60 Minutes,” “I have no knowledge of such things,” before defending Mr. Trump’s claims as “giving voice to a lot of people who have felt that they were voiceless.” (As recently as October, Mr. Ryan’s spokeswoman noted that “our democracy relies on confidence in election results” and that Mr. Ryan was “fully confident the states will carry out this election with integrity.”)*


Recordemos que antes de que se produjera la elección, Donald Trump —con todas las encuestas en contra— seguía diciendo que no reconocería los resultados a menos que él ganara. No daba garantías a nadie sobre su aceptación de los resultados. Bien, ganó. Eso debería haberle tapado la bica, pero es difícil hacerlo cuando se tiene una boca del tamaño de Donald Trump. Hasta ese momento, Trump era "el candidato" y sus asesores de campaña solo tenían eso que les había funcionado, es decir, la insinuación, las mentiras, las afirmaciones sin pruebas, etc.
Pero, ¿piensa Donald Trump "el presidente" seguir comportándose como Trump "el candidato"? Es posible que no disponga de las habilidades sociales suficientes como para entender lo que son las maneras a las que un cargo como el que va a ocupar le obligan. Quizá piense que él no está obligado por nada. ¿Habrá alguien que se atreva en su entorne a decirle que en algún momento debe asumir que es el "presidente"? Es más fácil decirle al emperador que va desnudo que decirle a Trump que se debe quitar el disfraz grotesco. ¿Pero es un disfraz o no hay más? WYSIWYG, decían los informáticos.

La tesis de The New York Times es que estas insinuaciones van en la misma dirección que los intentos de los republicanos para limitar el voto, para el que en Estados Unidos hay que registrarse. Tenemos imágenes documentales de las dificultades que se les ponían en muchas localidades republicanas a los afroamericanos para que entraran a registrarse. Los matones les esperaban en la puerta para disuadirles. ¿Esperan algo así los republicanos? ¿Habrá que hacer otra vez marchas por los derechos civiles? Sabemos que Estados Unidos ha retrocedido, pero lo que no sabemos es hasta dónde lo ha hecho. ¿Hasta los 50, hasta 1861?
El diario El País nos cuenta que la cantante Madonna** ha decidido plantar cara al presidente y poner sus imágenes en los conciertos, fotos con narices de Pinocho y demás lindeces, reproduciendo sus frases más afortunadas. No será la única que lo haga. La de Trump va a ser la presidencia más complicada de la historia de los Estados Unidos, una verdadera guerra de opiniones y expresiones, una fractura del país por la mitad. No le va a ser fácil revocar derechos o imponer ciertas medidas que ha anunciado.
En el panorama internacional también le están advirtiendo que hay compromisos que Estados Unidos está obligado a respetar. Por eso el respaldo del voto popular le es esencial y lo ataca señalando que ha habido un fraude de millones, que él ha ganado por una aplastante mayoría. No haberlo hecho le pone nervioso, le descoloca. Siembra las dudas sobre su omnipotencia, especialmente ante el espejo de su ego.
El editorial de The New York Times concluye diciendo:

Undermining the integrity of the electoral process and making it harder to vote is threatening to all Americans, regardless of party. The cynical Republicans now in power figure that all they have to do is fool the public long enough to win the next election. It’s outrageous, but it’s hard to see why they would stop when lying has gotten them this far.*

Todas sus maniobras van a ser vistas con lupa. Ya están surgiendo líderes que se opondrán a cualquiera de estas maniobras. Servirá a los demócratas para volver a las políticas que les renueven. El trabajo va a ser diario y duro. 



* Editorial "Why Does Donald Trump Lie About Voter Fraud?" The New York Times 5/12/2016 http://www.nytimes.com/2016/12/05/opinion/why-does-donald-trump-lie-about-voter-fraud.html
** "Madonna toma la iniciativa de los artistas contra Trump" El País 6/12/2016  http://elpais.com/elpais/2016/12/05/viva_la_diva/1480970218_712153.html


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