domingo, 13 de noviembre de 2016

Las tripas del profesor Lichtman

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Más allá de las urnas y los votos, la elección de Donald Trump es un doble mensaje: para unos positivo y para otros negativo. Las esperanzas de que la sensatez finalmente prevaleciera, con una ventaja de más de diez puntos a apenas unos días de la elección, se vieron truncadas —en la visión de muchos— por el papel que el director del FBI ha tenido en ellas. Hay muchas cosas sorprendentes en estas elecciones y esta es solo una de ellas. La prensa norteamericana recoge hoy las afirmaciones de Hillary Clinton en este sentido, dando por cierto el papel decisivo de James Cowley en las elecciones. Siempre es arriesgado afirmarlo porque es una cuestión indemostrable de una forma fehaciente, pero todo cuenta para dejar a un votante en su casa o para cambiar el voto.
Pero eso —salvo que ocurra algo sorprendente— es agua pasada y el pragmatismo de los norteamericanos se dirige a mirar lo que ahora realmente les preocupa: el equipo de Trump. The New York Times advierte:

Rarely in the history of the American presidency has the exercise of choosing people to fill jobs had such a far-reaching impact on the nature and priorities of an incoming administration. Unlike most new presidents, Mr. Trump comes into office with no elective-office experience, no coherent political agenda and no bulging binder of policy proposals. And he has left a trail of inflammatory, often contradictory, statements on issues from immigration and race to terrorism and geopolitics.
In such a chaotic environment, serving a president who is in many ways a tabula rasa, the appointees to key White House jobs like chief of staff and cabinet posts like secretary of state, defense secretary and Treasury secretary could wield outsize influence. Their selection will help determine whether the Trump administration governs like the firebrand Mr. Trump was on the campaign trail or the pragmatist he often appears to be behind closed doors.*


La situación es realmente nueva. Trump carece de experiencia política y su estilo —que comentábamos hace un par de días— es tener personas de fidelidad absoluta probada en décadas. Pero ese equipo, que ha podido llevarle a la Casa Blanca —y del que se desprendió de diversas piezas en la campaña— no es el que tiene la experiencia política necesaria para poder confrontar los problemas con los que se van a encontrar él, los Estados Unidos y el mundo entero cuando tome posesión.

No es ya lo caótico y negativo del programa, del que ya está haciendo renuncias cuando es preguntado directamente. Es la forma en que se tomarán decisiones importantes por parte de una persona que desconoce su propia constitución, como se mostró en la campaña. Muchos van a vivir en un constante sobresalto.
La preocupación de los analistas es precisamente que una persona que no tiene partido —por más que haya salido de las primarias republicanas y contra el que se manifestaron muchos sectores importantes— es presa fácil para la entrada de los lobbies y todo tipo de influencias interesadas. En realidad, Trump es un enigma porque su programa real también lo es. Lo único realmente cierto es que quería ser presidente; todo lo demás puede ser una estrategia, el camino para llegar a serlo. Su siguiente paso es mantenerse, para lo que necesitará otra estrategia distinta.


La elección de Trump no ha gustado más que a quienes le han votado. Esto quiere decir que el que se ha presentado como un outsider tiene muchos elementos en contra. Sabe que los republicanos estuvieron barajando un candidato alternativo hasta el último momento. Muchos no presionaron más ante la certeza de que se estrellaría en las urnas, pero Trump sobrevivió y ganó. Nadie le puede negar esa capacidad de supervivencia frente a las críticas externas y sus propios errores, que andan a la par. Y nunca ha habido un candidato tan sometido a una avalancha de críticas como este. Sin embargo, se ha alimentado de ellas para mantenerse, como esos monstruos de película que se alimentan de la energía que se lanza contra ellos. Trump ha crecido con las críticas.
Por el contrario, Hillary Clinton ha sido hipersensible a las críticas. El tema de los correos privados ha estado causando un gran daño en todos los momentos de la carrera electoral hasta que con el golpe final no hubo tiempo de recuperarse. Ya no daba tiempo a que una Michelle Obama echara una mano y encendiera los ánimos. Hillary ha sido una candidata frágil dentro del propio voto demócrata y eso ha sido así desde el principio. Puede cuestionarse el papel del FBI, puede cuestionarse el papel de los hackers rusos y de Julian Assange con Wikileaks (habrá que hacerlo en algún momento), pero tampoco puede cuestionarse su fragilidad. Las reacciones antitrump no eran signo de su fortaleza sino del temor a que se produjera lo que finalmente ha ocurrido.


Los analistas que todavía se preguntan por qué han fallado tan estrepitosamente los cálculos de las encuestas se vuelven de nuevo hacia el profesor Allan Lichtman, del que hablamos no hace mucho tiempo contando su sistema antiestadístico, basado en trece preguntas sobre el estado de la cuestión.
Lichtman no cree demasiado en el poder predictivo de las encuestas y cree más en los movimientos subyacentes como forma de determinar las elecciones. The Washington Post le entrevista de nuevo:

Few prognosticators predicted a Donald Trump victory ahead of Tuesday night. Polls showed Hillary Clinton comfortably ahead, and much of America (chiefly the media) failed to anticipate the wave of pro-Trump support that propelled him to victory. But a Washington, D.C.-based professor insisted that Trump was lined up for a win — based on the idea that elections are “primarily a reflection on the performance of the party in power.”
Allan Lichtman uses a historically based system of what he calls “keys” to predict election results ahead of time. The keys are explained in-depth in Lichtman’s book, “Predicting the Next President: The Keys to the White House 2016.” In our conversations in September and October, he outlined how President Obama's second term set the Democrats up for a tight race, and his keys tipped the balance in Trump's favor, even if just barely.
At the end of our September conversation, Lichtman made another call: that if elected, Trump would eventually be impeached by a Republican Congress that would prefer a President Mike Pence — someone whom establishment Republicans know and trust.
“I'm going to make another prediction,” he said. “This one is not based on a system; it's just my gut. They don't want Trump as president, because they can't control him. He's unpredictable. They'd love to have Pence — an absolutely down-the-line, conservative, controllable Republican. And I'm quite certain Trump will give someone grounds for impeachment, either by doing something that endangers national security or because it helps his pocketbook.”
So while Republican voters clearly came home before Nov. 8 — network exit polls show 90 percent of GOP voters cast ballots for Trump — it's less clear that the party leadership is on board. (Lichtman actually isn't the only person to predict a Trump impeachment; this morning, the New York Times's David Brooks suggested that a Trump impeachment or resignation was “probably” in the cards sometime within the next year.)**


Se puede discutir durante años los beneficios de cada uno de los métodos, pero creo que la interpretación de Lichtman es correcta más allá de las 13 preguntas de su método histórico.
El segundo mandato de Obama ha debilitado a los demócratas por muchos motivos. Obama ha hecho lo que se había comprometido a hacer, pero dejar para el final de su mandato cuestiones como Cuba o Irán, ha complicado la carrera dando argumentos y descontento a Trump y sus insatisfechos seguidores. La "América débil" que había que hacer grande se ha nutrido en muchos sentidos de los pasos dados por Obama. Su estrategia era salvar la primera elección y llegara a la segunda, en la que haría lo que no se arriesgo a hacer en la primera. Los resultados, evidentemente, pasan al siguiente, en este caso, a Hillary Clinton.
Hillary Clinton había abandonado el equipo de Obama dejando de ser Secretaria de Estado precisamente para poder pasar lo más limpia posible a la fase de candidata presidencial. Los correos pertenecen precisamente a su fase primera y se le han sacado en la segunda a la que se ha juntado el descontento de muchos por las medidas sobre Cuba e Irán, que no todos comparten. Responsabilizarla de la situación de Oriente Medio ha sido otra estrategia que no ha podido frenar. Mientras Trump recibía toneladas de críticas, las de Clinton iban a los puntos precisos y hacían mucho daño. La dureza de la nominación en la campaña contra Bernie Sanders ya daba muestras del problema al que se tendría que enfrentar.


Lo que llama la atención en las "predicciones" de Lichtman —que escruta el futuro basándose en el pasado, como buen historiador— es que finalmente acaba hablando de "impeachment". Ya dimos cuenta aquí del enigmático último párrafo del artículo de David Brooks al que se refiere el artículo de The Washington Post. [ver entrada "La Casa (más) Blanca"]
El que haya gente que ya está hablando de "impeachment" es sorprendente. No habían pasado unas horas y ya estaba circulando la idea. Esta vez el historiador recurre a sus "tripas", a su intuición, y no a las 13 preguntas esclarecedoras. El sistema no está hecho para establecer predicciones.
Las "13 preguntas" se basan en lo hecho durante la presidencia saliente (“primarily a reflection on the performance of the party in power.”), es decir en el descontento. Es probable que el horror causado por la candidatura y la campaña de Donald Trump haya escamoteado muchas de las críticas a Barack Obama y a su "legado", con un congreso en contra y limitado en sus acciones. Sea real o ficticia la impresión, su tiempo ha sido percibido por muchos como de debilidad y ha generado descontento en distintos campos, incluido el propio bando demócrata, que le acusó de no meter en cintura a Wall Street.
La diferencia de talla humana entre el presidente saliente y el que llega a ocupar la Casa Blanca es tan enorme que Donald Trump está condenado al silencio como mejor forma de que sus carencias no sea tan espectaculares.  La lucha porque deje de ser "Trump" ha comenzado para el que será su equipo. ¿Podrá conseguirlo? ¿Es un imposible?
Sin embargo, lo más terrible de la elección de Trump es cómo puede —ya lo han hecho— ser manipulada para convertirse en un apoyo para el respaldo de lo peor en cada país. El triunfo de Trump en la primera democracia del mundo es un duro golpe a las aspiraciones de democracia de muchos países y es también un elemento de desestabilización ante las expectativas de evolución en otros países.


Si el "populismo" funciona como lo hizo en el "Brexit" y ahora en la presidencia de los Estados Unidos, el mundo se volverá más demagógico y peligroso.  Políticos irresponsables que buscan atraer de cualquier forma la atención de la gente para conseguir sus votos. Una política sin sensatez, visceral, que llama a la empatía y no a la racionalidad puede empezar a ganar terreno en diferentes países con el respaldo de lo ocurrido con Trump.
La mayor parte practica el programa del deshacer. Y eso incluye a la propia Unión Europea, que se enfrenta a un destino complicado si siguen cogiendo fuerza los populistas de diverso signo empeñados en su destrucción. Con Trump debilitando la OTAN y los populistas locales debilitando la unión, Europa es la víctima perfecta.
Mientras los expertos se preguntan por qué han fallado las encuestas, las personas sensatas se preguntas qué esperan los votantes de Trump, incluso qué cree Trump que esperan sus votantes que haga.


El problema real no son las encuestas sino por qué tomamos las decisiones que tomamos. Si el sistema del profesor Lichtman se basa en tratar de establecer el descontento, habrá muchas más sorpresas en el futuro. Nunca ha habido tantos medios para influir en la opinión pública, para sembrar el descontento. 
Las tripas de Lichtman se han retorcido, como las de medio mundo, al ver a Trump camino de la Casa Blanca. No sabemos si sus tripas son tan fiables como su método histórico de las 13 preguntas. Habrá que esperar. 
Mientras tanto las manifestaciones anti Trump siguen por las ciudades norteamericanas. Nunca la elección de un presidente ha causado tanta desesperanza, mayor sensación de impotencia. Es la que se desprende del descubrimiento de que un candidato no necesita esconder sus defectos para poder ganar; que puede, por el contrario, exhibirlos sin pudor como grandes virtudes. La ignorancia, el racismo, la xenofobia, el autoritarismo, la misoginia... ya no son carencias que ocultar. Eso el lo más demoledor. 
En efecto, se revuelven las tripas.



* "Trump’s Hires Will Set Course of His Presidency" The New York Times 13/11/2016 http://www.nytimes.com/2016/11/13/us/politics/donald-trump-administration-appointments.html
** "‘Prediction professor’ who called Trump’s big win also made another forecast: Trump will be impeached" The Washington Post 11/11/2016 https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2016/11/11/prediction-professor-who-called-trumps-big-win-also-made-another-forecast-trump-will-be-impeached/ 



  

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