martes, 11 de octubre de 2016

Segundo debate o el héroe vestía de rojo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay un tiempo medido y un tiempo experimentado, psíquico, que es el que sentimos como duración. Este es el tiempo que percibimos con mayor o menor intensidad en función de nuestro interés; es el tiempo increíblemente lento del aburrimiento, es el tiempo fugaz de lo que nos seduce.
La campaña electoral norteamericana es una experiencia increíblemente densa, penosa, interminable, como subir una cuesta eterna con el piñón incorrecto de la bicicleta. Su final es esa cima de la cuesta, cuyo remonte parece imposible cuando las piernas nos pesan como plomo.
Probablemente nada resulte tan aburrido como esta etapa final de campaña, un recorrido en el que se han establecido decenas de puntos finales, de líneas que era impensable traspasar, de imágenes que se esperaba no ver ante nosotros, pero que allí estaban. Trump no sorprende, solo confirma, en un eterno deja vu.
Si ayer decíamos que la prensa, las cadenas de televisión parecía números monográficos dedicados a Trump, hoy no deben sorprendernos las conclusiones a las que llegan medios como The New York Times:

Maybe Americans are starting to get fed up with the ugly tone of this strange presidential election. Maybe viewers are tired of R-rated video clips and scorched-earth attacks.
Or maybe people just prefer football.
Whatever the reason, the audience for Sunday night’s bout between Hillary Clinton and Donald J. Trump fell sharply from their first debate. About 66.5 million people watched on television, according to Nielsen, down 20 percent from the record 84 million who tuned in last month.
Sunday’s figure was nothing to sneeze at. It was roughly the same number of people who watched the first two debates between President Obama and Mitt Romney in 2012. And it is unusual for a second debate to draw a bigger audience than the first.*


Pese a esa bajada del 20%, las cifras siguen siendo espectaculares, superando debates anteriores, como nos señala el periódico. La carrera se hace interminable, sí, pero no se puede dejar de mirar la cima.
La conversión de las elecciones en una especie de concurso o de reality por parte de Donald Trump es responsable en gran medida de esas cifras. La rueda de prensa con las cuatro mujeres que dicen haber sido violadas o acosadas por Bill Clinton es un hecho único que resta cualquier posibilidad de "fair play" en lo que queda por delante. La incorporación de esas mujeres como invitadas al debate es una de las maniobras más burdas que se han podido hace en la política. Hillary Clinton debió mantener la concentración teniendo delante a aquellas mujeres. Pocas veces se recuerda algo tan sucio en política.


Es de esperar que Trump represente el techo de una forma de hacer política o de entrar en ella. Los sistemas democráticos no pueden permitirse este especie de payasos demagogos, de hombres espectáculo. El coste es muy alto, el riego muy peligroso.
En esta historia interminable, las barbaridades se entierran unas a otras. La canallada, la declaración absurda, el desprecio que iba a arrastrar a Trump hasta el fondo de la tumba se pierde en un pasado que no se puede olvidar. ¡Cuántas veces ha dado por muerto a Trump, cuántas veces se ha considerado que había sobrepasado las líneas rojas de la osadía!
Trump está ampliando el marco de lo político, llevándolo hacia espacios inexplorados que serán revisados meticulosamente por los estudiosos de la comunicación política. Tendrá imitadores aunque sea un fenómeno único que lleva décadas con su propio espacio en la vida pública norteamericana, preparando su sueño, una pesadilla para muchas personas repartidas por todo el mundo.


Sus apelaciones a Rusia para intervenir en la campaña mediante desestabilizaciones a su favor deben ser meditadas con meticuloso cuidado. El editorial de The Washington Post proclama "Donald Trump, Putin’s puppet" y explica:

ON FRIDAY, while much of the country was preoccupied with the latest revelations about Donald Trump, the U.S. intelligence community made an alarming and unprecedented announcement: Russia was seeking “to interfere with the U.S. election process” through the hacking of political organizations and individuals, including the Democratic National Committee. The statement rightly alarmed Democratic nominee Hillary Clinton, who said in Sunday night’s debate that “we have never in the history of our country been in a situation where an adversary, a foreign power, is working so hard to influence the outcome of the election.”
And Mr. Trump? Once again, the GOP nominee played the part of Vladi­mir Putin’s lawyer. “She doesn’t know if it’s the Russians doing the hacking,” he said of Ms. Clinton. “Maybe there is no hacking.” Mr. Trump is receiving classified intelligence briefings, so he is certainly aware of the evidence that hackers backed by Moscow have stolen email and other records from the DNC and tried to penetrate state electoral systems. So why does he deny it? Mr. Trump’s advocacy on behalf of an aggressive U.S. rival, and the opaqueness of his motivation, is one of the most troubling aspects of his thoroughly toxic campaign.
Experts differ on whether the Putin regime is trying to tip the election to Mr. Trump, as Ms. Clinton suggested, or merely to sow confusion and distrust about the integrity of U.S. democracy. But the leaks traced to Russia through the WikiLeaks website have been aimed at Ms. Clinton — most recently emails from her campaign chairman revealing excerpts from her private speeches on Wall Street. The timing of the WikiLeaks releases, clearly calculated to do maximum damage to the Democrats, confirms (again) that the website is not a crusader for transparency, but a willing political agent of the Kremlin.**


Se entiende que sea una pesadilla  para unos y un espectáculo para otros. Como pesadilla es reveladora; como espectáculo, ocultador. Es como una novela de LeCarré parodiada en Saturday Night Live. Pero queda poco espacio para la risa.
Cuando el espectáculo termine, lo que quedará es un desolador escenario que, tras la batalla, revelará las carencias del sistema y su incapacidad para ofrecer candidatos que realmente puedan ilusionar al pueblo norteamericano. Clinton no lo ha tenido muy fácil; no es una persona de grandes simpatía, incluso en el bando demócrata. Trump, en cambio, desata pasiones fervientes en los fieles que le votarán precisamente por sus excesos.
Los republicanos se van retirando dejando solo a una figura que como en las películas de mutantes se va arrancando la piel para mostrarnos lo que hay debajo. Cada nueva vergüenza de Trump les hunde más en la miseria política. ¿Cómo han dejado que esto ocurriera?, se preguntan muchos. ¿Qué consecuencias tendrá?, se preguntan otros.


Como contraste con lo que ocurría en el centro, el debate ha servido para crear un pequeño héroe, Kenneth Bone, un sencillo espectador que armado de un espectacular e intemporal jersey rojo, representó el retorno de la normalidad. Asfixiados, apenas sin poder respirar el aire del envenenado debate, la sencillez de su planteamiento, su alejamiento de cualquier pretensión sirvió para encarnar durante unos instantes lo que todos pensaban desesperadamente "America needed a hero. Kenneth Bone answered the call" es el titular de The Washington Post.

Ken Bone arrived at Sunday night’s presidential debate as an undecided voter with a question for both presidential candidates. But by the time the debate was over, he’d already become something else to the Americans watching at home: a little flame of goodness and hope, still burning despite the dark tone of the majority of the debate.
He wore a comfy, bright-red sweater, and he asked a good question about energy and jobs: “What steps will your energy policy take to meet our energy needs, while at the same time remaining environmentally friendly and minimizing job loss for fossil power plant workers?”
Bone’s presence in that debate was “like the human version of a hug,” as one early Twitter fan wrote.
“I think it’s because I’m just kinda your typical Midwestern guy,” Bone told The Washington Post on Monday in an interview at the Washington University campus. “I try to be a friendly guy and shake hands and smile and all that. And to see me try to be that huggable, likeable guy in the middle of a really nasty and divisive debate, I think, stood out to a lot of people.”
“Between that and the very bright colors, I think that drew a lot of people’s eyes.”
And, if we’re being honest, catching the Internet’s attention is easier when your last name is “Bone.”***


Si tener conocimiento alguno de que la atención se había desviado hacia él, el héroe inesperado se movía por el plató con la inocencia del que sabe que no es su lugar, haciendo sus fotos de recuerdo, estrechando manos. Su jersey chillón actuó como señal y su normalidad como atractivo espectáculo después de lo que había ocurrido ante los ojos de millones de personas. Era un respiro de normalidad.
Todo forma parte del signo de los tiempos. Kenneth Bone fue el antitrump, el "héroe que no quiere ser héroe y por eso lo es", la "estrella a su pesar". Cuenta el periódico que cuando el señor Bone abrió sus conexiones se quedó asombrado por las decenas de miles de mensajes de voz y tuits de la gente declarando su amor por la persona sin pretensiones que encarnaba. Ya le han escrito canciones, es el hombre común con el que identificarse en mitad de la batalla. Es un héroe para ellos, con su jersey rojo, con la camisa escapándose, su presencia bonachona y su pregunta sobre cómo minimizar la pérdida de empleos en el sector energético. No necesitó más mucho más. Era el antídoto.
Bone ha calificado la situación como "surreal". Tal vez lo sea, pero es lo que hay.


* "Ratings for Second Debate Dive 20 Percent" The New York Tines 10/10/2016 http://www.nytimes.com/2016/10/11/us/politics/ratings-debate.html
** "Donald Trump, Putin’s puppet" The Washington Post 10/10/2016 https://www.washingtonpost.com/opinions/global-opinions/donald-trump-putins-puppet/2016/10/10/451f099e-8f0e-11e6-a6a3-d50061aa9fae_story.html
*** "America needed a hero. Kenneth Bone answered the call." The Washington Post 10/10/2016 https://www.washingtonpost.com/news/the-intersect/wp/2016/10/10/how-kenneth-bone-became-the-surprise-hero-of-the-presidential-debates/



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