sábado, 1 de octubre de 2016

Periodismo, poder y verdad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ahram Online publica otro nuevo artículo en el que se plantea la imposibilidad de la comprensión realidad por parte de los corresponsales en Egipto (¿por qué no al contrario?), esta vez de forma más teórica, considerando el mundo como un universo de mónadas incomunicadas e incompresible unas para otras. Todas las mentes bien pensantes se ponen al servicio de una idea general: todo es cuestión de los mensajeros. Egipto es incomprensible para el mundo, se viene a decir, que mantiene así un juicio erróneo sobre sus acciones y situaciones. "Nadie me entiende", dice el adolescente régimen egipcio.
El artículo, titulado "Coverage by omission: The dilemma of foreign correspondence" , lleva la siguiente entradilla: "Does the narrative of Western media coverage of Egypt contribute to the sense that the country is being maligned intentionally? Politics aside, the answer also lies in the way foreign coverage comes to being"*. La respuesta esta vez no es tanto la "conspiración universal" como los problemas de los corresponsales, que por mucho que se esmeren nunca llegarán a comprender lo que tienen delante. No sé qué es peor, si el argumento conspirativo o este que se funda en la incapacidad de la comprensión.


La idea de una "narrativa de los medios occidentales" es una especie de excusa sacada de las propias bases teóricas occidentales pero que, lejos de universalizarse, se aplican solo a los medios ajenos, es decir, a los demás. Es la idea de la conspiración universal pero en postmoderno, la conspiración de siempre pasada por el "giro lingüístico" y por la interculturalidad. Nadie ve la viga teórica en el ojo propio. ¿Qué ocurre, por ejemplo, con la "narrativa de los medios árabes" sobre "Occidente", sea esto lo que sea?
Al-Sisi va a Naciones Unidas y nadie le entiende, pero él tiene una explicación a por qué nadie le ha entendido: no le pueden comprender. No lo hacen porque su realidad es incomprensible para todo aquel que esté fuera. Los Derechos Humanos, por ejemplo, forman parte de la visión "occidental", por eso no la comparte y no está bien que se le recuerde. La excusa es siempre la misma y aburrida.


Sin embargo, más allá de la teoría, lo que hay que comprender creo que es muy sencillo: el gobierno egipcio y los que lo celebran lo consideran una democracia porque tienen libertad de apoyar al presidente al-Sisi; se equivocan, en cambio, aquellos (los incorregibles países occidentales) que deducen que porque sean encarcelados aquellos que están en desacuerdo con el gobierno suponen  hay un gobierno autoritario en Egipto.
La periodista egipcio-americana Fatemah Farag saca su conclusión de los desacuerdos existentes con lo que cuenta The New York Times, objeto constante —junto a The Washington Post y algunos diarios británicos— de ataques debido a su prominencia.:

The point I’m trying to make here is that the “truth” of the Arab world can’t be brought down to one narrative, and may not be reduced to mere “ruin”. Not in a single image nor in one of the multitude of stories recounted in this “historic” full magazine-size feature do we glimpse the albeit short-lived moments of victory and joy, heroism and hope that were so much a feature of the Arab Spring, and at the time acknowledged with wonder by all, including NYT.
The real point I would like to make here is that stories of a globalized nature will only be true when they are executed by a new form of journalism, one that not only brings together the collaboration of journalists across countries and regions, but also ensures that the very setting of the story and the editorial process that brings it to being is made “native”.*


¿Cree la autora de la propuesta que todos los periodistas "nativos" de un país, Egipto en este caso, interpretan lo mismo? ¿Cree que existe una forma "única" de entender la realidad o de percibirla? La ingenuidad es enorme. La función del periodismo no es la creación de una "verdad" incuestionable, que difícilmente existirá en lo relacionado con lo Humano; sino la de tratar de dar forma (in formar) a la complejidad que nos rodea. La idea de "verdad" es más filosófica que periodística, lo que no significa que lo que se afirme sea "mentira", sino simplemente que es una respuesta coherente (y honesta) a lo que nos enfrentamos cada día.
Mucho me temo que su bien intencionada propuesta —no tengo por qué dudar— tenga como fondo un concepto naif de lo que es la "historia" y mucho más de lo que es "verdad". Lamentablemente los seres humanos debemos aceptar la humildad de nuestros discursos respecto a los hechos y a sus interpretaciones.
El argumento de la verdad local —los "nativos" entienden y los de fuera no— se enfrenta a un elemento difícil de contestar: periodistas egipcios son encarcelados por sostener una versión de la realidad local diferente de la que el poder y los medios oficiales sostienen. Tan egipcios son unos como otros. 

La "verdad" de la que habla Fatemah Farag no es un problema de localización sino de poder, voluntad de verdad, que no tiene que ver con "lo cierto" sino con su capacidad de ser impuesto. Eso es lo que hace el gobierno egipcio cada vez que encarcela a periodistas o ciudadanos acusándolos de "esparcir mentiras" para debilitar al régimen y hacerlo caer cuando discrepan de sus afirmaciones, que constituyen la verdad oficial. Por eso los países democráticos tienen libertad de prensa y expresión porque es la forma de asegurarse que no se impone una "historia" (narración) de la Historia (hechos). Los hechos se pierden en el flujo del tiempo y solo quedan sus huellas, los testimonios, y los discursos con los que son recreados. Es ahí donde surgen las discrepancias interpretativas. Por eso el mundo periodístico, el de la información, debe permaneces abierto, crítico y polifónico en todos los ámbitos, locales e internacionales, en contante retroalimentación unos con otros.


Si ni la Historia llega a sedimentarse nunca, a convertirse en verdad única y oficial, difícilmente podrá hacerlo el Periodismo con su trabajo día a día, teniendo que anticipar interpretaciones de flujos de acontecimientos cuyo origen no es fácil de establecer y cuyas consecuencias son muchas veces imprevisibles. Es ahí donde entra la competencia periodística, la capacidad de establecer descripciones y explicaciones coherentes.
El caso de Azza al-Hennawy, periodista y presentadora del canal oficial "Al Kahera", ha sido juzgada por decir al presidente que no había cumplido con sus promesas electorales y que no se estaba trabajando como se debía. En una democracia, cualquier ciudadano debería poder decir esto: pero no en Egipto. Allí se considera que se falta a la verdad, se pervierte la ética del periodismo, etc., una sarta de sandeces para encubrir que se censuran las críticas.


La propuesta —redacciones de periodistas nativos y extranjeros— es naif . El presidente al-Sisi está en la fase en la que lo niega todo: acusa a los medios extranjeros de no entender y a los egipcios de no representar la realidad como a él le gustaría que lo hicieran, de forma triunfalista y según los discursos oficiales de los ministerios. En su obsesión, el presidente ha llegado a pedir públicamente que solo se le escuche a él; todos los demás mienten, están mal informados o son enemigos de Egipto, un Egipto que él encarna en exclusiva porque tuvo un "sueño profético" del que, por cierto, la prensa egipcia apenas ha dudado dándolo por fuente oficial. ¿Se debe aceptar que está ahí por voluntad divina?
Quizá sí cuando la "verdad" oficial se convierte en un mezcla de política y religión. Lo que es meramente humano se trata de reforzar con un elemento que lo fortifique, en este caso, el apoyo de las instituciones religiosas.


En estos días se ha producido un hecho que cuestiona la versión oficial del gobierno sobre sus logros. Es un hecho trágico, el naufragio de un barco cargado de emigrantes que se van en busca de un futuro que no les llega. Pero el discurso oficial, el gubernamental, esa "verdad" nativa que el mundo no entiende, se lanzó a acusar a los muertes [ver entrada]: todos eran insolidarios, no creían en las promesas del gobierno de puestos de trabajo para todos, se gastaron el dinero en el viaje en vez de invertir en el país, etc. El infame diputado Elhemy Agina manifestó no sentir ninguna pena o solidaridad por sus muertes, francamente carentes de patriotismo, algo que a él le sobra.
Daily News Egypt nos trae hoy el refuerzo religioso de esa "verdad" oficial, la que denigra al que se va porque no tiene un futuro a la vista:

In this week’s Friday sermon, Minister of Religius Endowments Mohamed Mokhtar Gomaa condemned the concept of illegal immigration, describing it as un-Islamic.
He added that it is illegal on both a judicial and religious level, saying that people who practice it subject themselves into misery and humiliation by “entering a country illegally”. In the sermon, which he gave in Sinai and was aired on Egyptian state TV, he called for “patience, resilience, work”.
He justified the waiting, by saying that young people will soon have job opportunities in the new national projects created by the state.
Gomaa added that youth should take the proper legal steps if they wish to travel, and “follow the law and their guardian”.
On the celebrations of the new Islamic year, which marks the journey of the prophet Mohamed from Mekka to Medina, Gomaa said: “there was no immigration after Islam was announced.”
This comes following the capsizing of an illegal migration boat off the coast of Rashid in Beheira governorate last week. The death toll has risen to 202.**


¿Cabe manipulación más infame de los 202 dos muertos? ¿Se ha podido ver una declaración, repetida por los sermones oficiales en cada mezquita oficial del país, más cercana a la propaganda? ¿Hace falta ser nativo para darse cuenta? ¿Podemos los demás entenderlo? Me imagino que sí. Cuando los emigrantes muertos han salido desde Siria, los medios airean lo malo que es Occidente que no les acoge y la suerte que tienen los egipcios por no acabar en guerra civil como allí ocurre; cuando, en cambio, son ciudadanos egipcios que huyen de la pobreza creciente en su país, son los medios oficiales los que se ceban en ellos, los que les insultan creando uno de los mayores escándalos de falta de humanidad que he podido ver en mucho tiempo. Los jóvenes deben tener paciencia, dice, porque el estado pronto les pondrá buenos trabajos a su disposición. Infame.
Toda la maquinaria institucional para hacer que esa "verdad" del gobierno se convierta en "aceptable" dentro del marco que se le ha creado. No es la primera vez que se usa esa táctica del refuerzo religioso para potenciar los argumentos —la "narrativa"— del régimen. Se hizo en otro caso sonado, el de las islas de Tiran y Sanafir, al que también se dio respaldo desde el discurso religioso. Ahora se utiliza para reforzar la imagen del gobierno denigrando a los muertos.
¿Es esta la "verdad" que los medios de todo el mundo no entienden? ¿Es este el Egipto incomprendido?


Son muchos los problemas reales para hacer comprender lo que ocurre en los países y muchas versiones diferentes, pero sobrevivir en el enmarañado bosque de los símbolos, como nos enseñaron los teóricos hermeneutas, deben mantener coherencia. Los hechos se describen pero son interpretados y es ahí donde comienzan las discrepancias. Los 202 muertos están ahí, pero el discurso oficial los criminaliza. Los críticos, en cambio, ven en esa muerte la desesperación por la falta de oportunidades, por el deseo de salir de un país que abandonan hartos. La verdad, si es que se puede decir, así, se la llevaron al fondo.
En la entrevista titulada "Verdad y Poder", Michel Foucault señalaba:

El problema político esencial para el intelectual no es criticar los contenidos\ ideológicos que estarían ligados a la ciencia, o de hacer de tal suerte que su práctica científica esté acompañada de una ideología justa. Es saber si es posible constituir una nueva política de la verdad. El problema no es «cambiar la conciencia» de las gentes o lo que tienen en la cabeza, sino el régimen político, económico, institucional de la producción de la verdad.
No se trata de liberar la verdad de todo sistema de poder — esto sería una quimera, ya que la verdad es ella misma poder— sino de separar el poder de la verdad de las formas de hegemonía (sociales, económicas, culturales) en el interior de las cuales funciona por el momento.
La cuestión política, en suma, no es el error, la ilusión, la conciencia alienada o la ideología; es la verdad misma. (189)


Lo que está haciendo el régimen egipcio es juntar todas las formas de hegemonía (mediáticas, políticas, religiosas...) para producir una ilusión de verdad muy potente, no por ello es más verdadera que otras, sino que posee un mayor potencial de represión de quien discrepa. La verdad, como bien señala Foucault, es poder. No es la realidad sino la maquinaria que la construye, administra e impone. Pero esa verdad se va erosionando con el poder, apareciendo la crítica. Ningún régimen es hoy tan poderoso como para poder un silencio absoluto y una verdad absoluta. El egipcio lo intenta con mayor empeño, precisamente porque se le escapa el poder y necesita poner en marcha todas las instituciones capaces para sostener la verdad que los otros deben aceptar, dentro y fuera. 
La verdad es una, oficial y egipcia.



* Fatemah Farag "Coverage by omission: The dilemma of foreign correspondence" Ahram Online 1/10/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/244976/Opinion/Coverage-by-omission-The-dilemma-of-foreign-corres.aspx
** "Egypt’s Islamic institutions continue to condemn illegal immigration" Daily News Egypt 30/09/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/09/30/egypts-islamic-institutions-continue-condemn-illegal-immigration/

** Michel Foucault “Verdad y poder”, en Microfísica del poder, 1979, Madrid, Las Ediciones de La Piqueta.

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