sábado, 22 de octubre de 2016

Los ojos cerrados o datos frente a propaganda

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La preocupación por la imagen que Egipto tiene debería ser sustituida por una mayor preocupación por la realidad en la que vive. Es de la realidad cotidiana de donde sale proyectada esa imagen muy alejada de la que se quiere construir a través de técnicas de propaganda, carisma personal o el silenciamiento de los críticos, que son los tres puntales sobre los que se descarga la tarea promocional. Mada Masr se hace eco del informe de "World Justice Project" mediante el cual se establecen los índices de países sobre el imperio de la ley. El proyecto mide los indicadores de la vida de los ciudadanos de cada país en sus relaciones con los estados y establece los índices mundiales. El titular de Mada Masr ya nos advierte: "Egypt ranks last in region for rule of law: World Justice Project index":

Egypt ranked last in the Middle East and North Africa and 110 globally in the Rule of Law Index prepared by the World Justice Project, released on Wednesday.
The United Arab Emirates came first in the region for rule of law, followed by Jordan, according to the index.
The data was collected through 100,000 global surveys pertaining to people’s perceptions of: state power, corruption, the transparency of government, fundamental rights, security, law enforcement, civil justice and criminal justice.
In terms of the power of the Egyptian state, the index showed a perceived decrease in the limitations imposed on government, a decrease in judicial and legislative oversight, as well as a decline in the monitoring of auditing agencies and civil society.
Regarding civil rights, the index showed Egyptians generally feel their rights to freedom of expression and privacy have decreased, along with their safety and security, labor rights and due process of law.
The surveys indicated Egyptians feel the highest levels of corruption are within the executive and legislative branches of the state, and the lowest within the military.
As for security and order, Egyptians generally cited low levels of crime, followed by civil violence.
Citizens rated the nation poorly in terms of transparency over new laws and government data, as well as the right to information and civic participation.
Denmark, Norway and Finland topped the index, with Afghanistan, Cambodia and Venezuela ranking last.*


Los datos son preocupantes por sí mismos, pero lo son todavía más si consideramos que son el resultado tras una "hoja de ruta democrática", según la propia definición del gobierno y su presidente. Es decir, oficialmente Egipto cree vivir en un sistema democrático y haber acabado sus reformas en este sentido. Pese a los indicadores y a los hechos mismos, por ejemplo, el presidente sigue sosteniendo interna y exteriormente que existe libertad de expresión. Da igual que hayan sido despedidos o apartados, encarcelados incluso periodistas por sostener opiniones diferentes a las del régimen.
La condena, expresada hace unos días, de la Comisión Internacional de Juristas a la forma de actuar los jueces en Egipto es un dato más que concuerda con lo dicho ahora por el Índex. Pese a todo ello, el discurso oficial sigue siendo el mismo: todo es conspiración y el estado y gobierno egipcio funciona bien bajo el mandato del electo y elegido Abdel Fatah al-Sisi.
La Ley anti protestas, como ocurrió en la época de Mubarak, sirve para acallar de cualquier tipo de situación, como hemos tenido ocasión de ver esta misma semana con las protestas ciudadanas ante la subida abusiva del precio de las viviendas oficiales en Port Said. Los propios diputados de la zona tuvieron que asegurar que "nos se habían producido cantos contra el gobierno o el Ejército", una explicación que merece detallado análisis. Lo vimos en su momento.


El estado general que se describe es el lógico con la trayectoria seguida, que trataba de salvar el mismo régimen que se decía haber superado. La gran contradicción egipcia y la causa de sus males es haber hecho dos "revoluciones" para que nada cambie. Todo contra lo que los egipcios se sublevaron en 2011 sigue en el mismo sitio: la judicatura, la administración, la Policía, el Ejército, el empresariado corrupto. A aquellos a los que se detuvo en su momento se les liberó en un lento goteo para evitar que el pueblo se sintiera estafado. Hasta las condenas contra Hosni Mubarak se han ido desmoronando por falta de pruebas. ¡Ironías de la vida!
Los policías que matan manifestantes, como Shaimaa al-Sabbagh, son condenados cuando las pruebas son apabullantes para salir con reducidas condenas al poco tiempo. Hay justificación para todos. Los jueces viven este proceso como parte activa, ayudando a mantener el sistema: condenan a los que son molestos y absuelven a los que actúan para el mantenimiento del orden. Hasta los reformistas religiosos se han visto encarcelados por opiniones expresadas en artículos o programas de televisión. Los artistas han sido censurados y algunos encarcelados. Los libros ya no pasan la frontera como antes, como ocurrió con las obras que recogían los grafitis de la revolución de 2011. Se han cerrado espacios culturales y editoriales que llevaban desde la época de Mubarak.
La propaganda oficial y paralela se ha encargado de denigrar la revolución de 2011 haciendo creer a los más crédulos que es la responsable de la inestabilidad de Egipto. Según esta teoría extendida y aceptada por muchos, los revolucionarios eran una mezcla de agentes al servicio de Occidente y de islamistas, empeñados todos en la destrucción de Egipto. Es el golpe de estado —el no-coup— el que trae la rectificación de la revolución a petición del pueblo.


Lo que muestra el Índex no se aleja de la realidad. Refleja incluso una contradicción, el límite final: el Ejército. La forma en que los egipcios han disociado en sus mentes el hecho de que el Ejercito está al frente del país desde 1952 —que es el responsable de lo para bien o para mal, de todo lo que ocurre allí— y la realidad en la que viven es el resultado de un proceso único en el mundo.
Tras décadas, el Ejército es como las pirámides: siempre ha estado allí. Causaría una distorsión terrible de la realidad su falta de presencia, un estado de orfandad.


El Ejército es la señal de estabilidad para ellos, pero también el responsable de la continuidad de los regímenes sucesivos. Para bien y para mal, el Ejército es la columna vertebral del país. Está por encima de cualquier vigilancia y es el factor determinante en la economía del país, ya que la controla a través de múltiples empresas. El Estado, a demás, controla la vida de millones de personas a través de los subsidios, algo que ha sido fuente de dependencia y control social.
En Egyptian Streets se recogen los problemas económicos y políticos que van a causar en la sociedad egipcia la necesidad de recortar los subsidios. Aquí hemos analizado la angustia y desesperación de la clase media que ve cómo el Estado se lanza sobre ella para intentar sacar fondos para mantener el funcionamiento del aparato. La clase media es la principal afectada por la inflación, que se come todo a través de subidas de precios como la energía eléctrica, que se cobra por zonas (barrios más ricos o más pobres) e ingresos (mayores o menores). Se trata de evitar así que se produzca un estallido social que será difícil de evitar dado la magnitud de la crisis por la acumulación de problemas dado el inmovilismo egipcio, la falta absoluta de reformas y factores como la corrupción, que se alimenta de las subvenciones, como ha ocurrido con el gigantesco fraude del trigo. Se señala en Egyptian Streets:

Inflation in Egypt has been on the rise in recent years, as the country continues to struggle with difficult economic conditions, particularly a hard currency crisis compounded by the waning of the tourism industry.
However, the government has been working towards policy reforms – most notably slashing and reforming subsidies – in efforts to remedy the problems crippling the country’s economy.
In 2014, President Abdel Fattah Al-Sisi made the controversial decision to slash energy subsidies overnight, leading to drastically higher prices of fuel, angering several segments of the population, including taxi drivers and transport workers, as well as regular consumers. Defending the move, Sisi said the subsidies had failed to reach the people who they were aimed to help and instead mainly benefited the rich.
Former president Hosni Mubarak was careful not to touch the subsidies, being acutely aware of the potential danger such a move could pose to the stability of his regime.
In 1977, president Anwar Sadat slashed subsidies on basic foodstuffs, sparking a massive “bread uprising”, which was only ended with the deployment of security forces to the streets and the reenactment of the subsidy regime. Since then, Egypt’s leaders have been wary to raise prices on staples.**


El gobierno egipcio quiere evitar que la carga caiga sobre los subsidios, es decir, sobre aquellos que ya han dado muestras de ira en el pasado. Pero pueden ocurrir muchas cosas en ese intento. La maniobra puede no ser sencilla y los préstamos tienen sus condiciones económicas, por más que el gobierno las quiera traducir a políticas. Un préstamo de FMI no es un regalo. Los economistas ya advierten que si Egipto lo pide no tiene sentido responsabilizar a terceros. Pero se hará, se desviará la responsabilidad con ayuda de la propaganda. Pero todo tiene un límite.

La crisis egipcia parece imparable ante la ausencia continuada de reformas y, en especial, de autocrítica. No hay peor asesor que el adulador. Egipto expulsa a los críticos, insultándolos y considerándolos enemigos. No es más que una maniobra para evitar reformar lo que se ha creado por un régimen, el de Hosni Mubarak, al que ahora se le pide disculpas. La corrupción no comenzó con Mubarak, pero sí el periodo más largo en el que se fueron asentando los negocios oscuros y las distancias entre unas élites que podían vivir bien y un pueblo al que se le mantenía contento con subsidios.
Los avisos que le llegan de todas partes, de dentro y de fuera, sobre la necesidad de reformar la educación, la judicatura, la administración, la seguridad, etc. chocan con el inmovilismo del propio aparato que se ha hecho ineficaz para su propia reforma. La revolución de 2011 fue una oportunidad fallida pues pronto se ocupó de apartar a los que querían un cambio real.
El sistema se volvió a encargar de hacerse con el timón del país y fabricó un nuevo "líder" para satisfacer la mitomanía popular y su gusto por los uniformes. Apenas ha cambiado algo en Egipto. Muchas personas se han dado cuenta del funcionamiento del sistema y han decidido crear sus propios caminos para cambiar las cosas, aunque sea en pequeñas parcelas. Son pocos. Muchos están encarcelados o amenazados porque el propio sistema no permite que nadie demuestre que es mejor que él.


En mayo de 2014, la revista Report, del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales, publicó el artículo "Myths and Legends: Modern History and Nationalistic Propaganda in Egyptian Textbooks", firmado por la investigadora Patrycja Sasnal. En sus conclusiones  finales se llegaba a lo siguiente:

“Education and power are terms of an indissoluble couplet. It is at times of social upheaval that this relationship between education and power becomes most visible.” [M.W. Apple, L.K. Christian-Smith (eds.), The Politics of the Textbook 1991] This is strikingly visible in Egypt today. If, as a result of what is dubbed a revolution, only insignificant changes are made in history textbooks—one of the most accurate barometers of systemic change—then the revolution has not happened yet. There does not seem to exist an institutional (and perhaps overall) awareness of deep systemic change in Egypt. The institutions that are responsible for school syllabi—from the prime ministerial and ministerial levels to clerks, consultants and authors of textbooks—seem convinced that mere references to the Mubaraks were the greatest problem in history textbooks, neglecting the nationalistic and militaristic propaganda.
The current situation is a result of a sort of vicious circle: the institutions and the people who create them—taught a nationalistic, biased, divorced-from-reality version of history and worldview, unaccustomed to criticising authority, rewarded for obedience—cannot conceive of a different educational system. How could they? Real change can either come via an order from the very top or when the people in the lower echelons are replaced. Neither has happened in Egypt and, by that token, it proves the existence of a natural but unrealised auto-censorship—the fruit of decades of propaganda.
Among the reasons for this continued mythological take on history is first and foremost a certain negligence throughout the post-1952 decades. In 1952, the new authorities recognised the need to create a sense of national pride, to give Egypt back to Egyptians after centuries of colonialism and clientelism. But the exaggeration in propaganda did not fade with time—reality has changed but the tone in the curriculum has remained. Nationalistic feelings have created a certain inferiority complex, diminished critical thinking, and distorted Egyptian history. The authoritarian system bred authoritarian institutions, such as the ones responsible for curricula, and in time morphed into a bureaucratic behemoth preoccupied with its own survival, divorced from the changing realities, and neglecting the sense of service for which it had been created in the first place. Corroborating that possibility, a former ministerial advisor, when asked if there was a specific message about modern history in Egyptian textbooks, answered: “I would appreciate if there was a message because that would mean that there is a vision. But there is none.”***


El sistema es el mensaje. Los que protestaban patrióticamente contra la entrega a Arabia Saudí esgrimían sus libros de texto, en los que se daba por sentado su pertenencia a Egipto. 
El autoritarismo genera autoritarismo. El análisis de Patrycja Sasnal llega a conclusiones parecidas a las que hemos indicado sobre el problema. Nada ha cambiado y el sistema sigue reproduciéndose a sí mismo con solo algunos cambios cosméticos que tratan de ocultar que el poder siempre ha estado, como las pirámides, en el mismo sitio. Poder de la eternidad, eternidad del poder. Incapaz de construir una realidad mejor con este aparato institucional, el sistema trata de frenar con propaganda su deriva y los problemas que no resuelve.
Se avecinan tiempos muy duros para Egipto. La capacidad del sistema de ofrecer una solución más allá de la fórmula habitual de propaganda y represión parece limitada. La mirada se aleja de los problemas reales, problemas que cuesta mirar en su origen, en su incapacidad de resolverlos por los responsables. La revolución no cambio nada; se evitó que una generación nueva pudiera hacerse, con manos limpias, con el control del país, algo necesario para vaciar las maletas llenas de vicios y mentiras. Pero todo quedó en las mismas manos.


En el momento en que termino de escribir estas líneas, las primeras páginas de los periódicos egipcios dan cuenta del asesinato por unos desconocidos, de un militar de alta graduación, el Brigadier General Adel Raga'ai, responsable de la importante 9ª Brigada. Le han disparado en la cabeza al salir de su casa. Un atentado que siempre hay que condenar como hay que condenar la violencia institucional.
El drama egipcio sigue en todos sus niveles, de la lucha armada a las crisis económicas y políticas. El asesinato traerá más represión. Se seguirán cerrando las puertas a la modernización del país y los recursos se escaparán entre subsidios, burocracia, corrupción y gasto militar.
Llegará una crisis cuyos datos no se puedan tapar con propaganda, con marchas militares o inauguraciones faraónicas. Entonces habrá que asumir la realidad de los datos.



* "Egypt ranks last in region for rule of law: World Justice Project index" Mada Masr 20/10/2016 http://www.madamasr.com/en/2016/10/20/news/u/egypt-ranks-last-in-region-for-rule-of-law-world-justice-project-index/
** "Egypt to Consider Boosting Subsidies to Shield Low-Income Citizens from Hardships of Economic Reform" Egyptian Streets 19/10/2016 http://egyptianstreets.com/2016/10/19/egypt-to-consider-boosting-subsidies-to-shield-low-income-citizens-from-hardships-of-economic-reform/

*** Patrycja Sasnal "Myths and Legends: Modern History and Nationalistic Propaganda in Egyptian Textbooks" Report. Instituto Polaco de Asuntos Internacionales, Varsovia mayo-2014 https://www.pism.pl/files/?id_plik=17465



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