martes, 13 de septiembre de 2016

Las conspiraciones que no dejan ver el bosque

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La expresión "creerse el ombligo del mundo" se usa para señalar que alguien se cree el centro de todo lo que ocurre, el objeto de todas las miradas, pensamientos y acciones. Ser el ombligo del mundo es creer que todos piensan en ti de forma permanente, que no tienen otra cosa mejor que hacer.
Evidentemente, un pensamiento así conlleva una profunda distorsión en la interpretación y evaluación de lo que ocurre, siempre sepultado por nuestras enfermizas suposiciones. Es una forma de vanidad pretenciosa en las personas y de vanidad histórica —igualmente pretenciosa— cuando se desarrolla en países o culturas.
Una manifestación recurrente en los países que padecen este ombliguismo enfermizo se cristaliza en las denominadas "teorías de la conspiración", referencia constante con las que los dirigentes explican y justifican los que ocurre en sus países. Las explicaciones tienen validez en un contexto interpretativo favorable y carecen de él fuera de sus fronteras. Algunas logran universalizarse porque comparten ciertos sentimientos y actitudes por encima de fronteras.
Me imagino que a lo largo de la Historia se han manejado este tipo de recursos, pero es evidente que la extensión de las comunicaciones y la intensidad de los flujos de información convierten estos tiempos en un hervidero de este tipo de explicaciones. No se trata solo de explicar sino de un explicar convincente que debe insertarse en una narrativa mayor, una línea argumental que mantiene el hilo, de la misma forma que los guionistas de series televisivas procuran mantener la coherencia de lo que ocurre en cada capítulo con lo que ha ocurrido anteriormente y con vistas a acciones futuras. Explicar conspiraciones es todo un arte, con sus propias franquicias.


The New York Times publicaba ayer mismo un artículo de Tim Arango, con el título Turkey’s Suspicious Mind-Set Has Been a Century in the Making", en el que hacía un recorrido por las teorías de la conspiración en versión turca e indagaba en su origen. Escribe Arango en el inicio de su artículo:

Conspiracy theories about Western plots to undermine Turkey run so deep in the nation’s collective psyche that only the language of psychology is suitable to understanding them.
The phenomenon is known as the Sèvres Syndrome, harking back nearly 100 years to a treaty that was never carried out but that would have divided Anatolia, the Asian landmass that makes up the bulk of modern Turkey. The syndrome is named for the French city where Western powers, at the conclusion of World War I, signed a treaty that brought about the collapse of the Ottoman Empire.
Analysts have used the terms “phobia,” “trauma” and “syndrome” to describe the country’s mind-set, as if Turkey were a patient on a psychologist’s couch. Ever since Sèvres, they have said, Turkey as a nation has been suffering from post-traumatic stress disorder.
One way the syndrome is believed to have manifested itself is in Turkey’s denial of the Armenian genocide. More recently, Turks have blamed the United States and Western allies for huge street protests, a corruption scandal and this summer’s failed military coup.
Analysts have used the terms “phobia,” “trauma” and “syndrome” to describe the country’s mind-set, as if Turkey were a patient on a psychologist’s couch. Ever since Sèvres, they have said, Turkey as a nation has been suffering from post-traumatic stress disorder.*


Los norteamericanos están sorprendidos porque sean sus aliados quienes les consideren partes de conspiraciones. En ocasiones ocurre lo contrario, como la reciente noticia de que los familiares de las víctimas del 11/S podrían demandar compensaciones a los saudíes por el sorprendente hecho de que la mayoría de los implicados y sus apoyos fueran saudíes, un país aliado. La idea de que Arabia Saudí, aliado, tenga que compensar a la víctimas, hace ver que el mundo es cada vez más confuso o que un aliado ya no es lo que era, como demuestra Erdogan todos los días. Las palabras van por un lado y los hechos por otro. No es el único, desde luego, pero sí un ejemplo señalado de cómo los países con graves problemas —Egipto, Venezuela...— prefieren vivir de explicaciones gratificantes que de realidades problemáticas.
La narrativa general de la conspiración incluye países, culturas, personas, etc. hasta descender a momentos muy concretos en los que hay que hacer encaje de bolillos narrativos para poder encajar los acontecimientos y las explicaciones.


El autor repasa brevemente las últimas teorías conspiratorias con las que Recep Tayyip Erdogan ha explicado a los turcos lo que ocurre en Turquía, justificar su oleada de represión para deshacerse de sus rivales o críticos y, ya que estamos, intentar debilitar todo lo posible a los kurdos.
En su teoría de la conspiración explicativa de lo que es más fruto de sus propios errores, Erdogan ha acusado a los Estados Unidos de estar detrás del golpe sin aportar una sola prueba, como tampoco la ha podido aportar para la solicitud de que extraditen a su presunto cerebro, el clérigo Fethullah Gülen, antiguo amigo y aliado. Su teoría de la conspiración le ha permitido hacer muchas cosas que sin ella no habría podido hacer: la eliminación de cualquier atisbo de crítica dentro de una ley de emergencias que le permite el asalto al poder en todas las instituciones, la última de ellas nos la mostraban hace pocas horas la destitución de alcaldes kurdos por gente de su partido.


Los participantes en la teoría conspiratoria pueden ser grandes y difusos conceptos como "Occidente" (con énfasis en la cuestión musulmana distintiva, para mejor consumo interno), países como los Estados Unidos, pueblos (los kurdos) o personas, como Gülen. Desde un punto de vista de la construcción de un discurso narrativo, las funciones pueden ser cumplidas por este tipo de categorías tan distintas ya que son considerados como agentes.
Se pasa de la vaguedad de "Occidente" a la concreción de un "Fethullah Gulen", de carne y hueso, residente en Pensilvania. Para estos movimientos, el arte retórico es esencial. Han permitido convertirse en defensor de la democracia a un autoritario dirigente, al que su propio pueblo frenó en sus aspiraciones en convertirse en centro y poder del país. Fue ahí cuando Erdogan comenzó a desenterrar los grandes relatos conspiratorio, cuando le hicieron falta.
Las líneas se tienen que unir para hacer que el hilo narrativo sea creíble y fluido. Erdogan ha hecho confluir su disgusto con los Estados Unidos (realmente eran los Estados Unidos los que estaban disgustados con él por la tibia actitud ante el Estado Islámico) con su odio a Gulen. En su discurso conspiratorio "Occidente" y el "malvado Gulen" se unían para destruir la democracia turca.

“They say, well, it was the Americans who worked with Gulen to get in these positions,” said Fatma Muge Gocek, a Turkish-born sociologist at the University of Michigan. “Why? Because they are out to get us.”
She added: “When you are constantly blaming others for what happens to you, you can never, therefore, heal.”*


Lo señalado por la socióloga turca es la moraleja que las teorías de la conspiración conllevan: la negación de la realidad y su sustitución por fantasías con las que manipular a los pueblos acaban creando una dependencia porque nada se arregla.
El 16 de julio, un día después del intento de golpe, los titulares de muchos medios extranjeros señalaban la creciente idea de que el golpe era una repetición de lo hecho por Hitler, el incendio del Reichstag, para conseguir eliminar a la oposición. No sabemos si es cierto, pero la purga masiva e injustificada se ha producido en todos los niveles. Por ahora, la historia oficial la escribe Erdogan.


La atención dada a las teorías de la conspiración es cada vez mayor en más ámbitos. La cuestión problemática es que a las conspiraciones reales les gusta disfrazarse de "teorías de la conspiración". Ya sabemos aquello de que el gran éxito del diablo es convencernos de que no existe. Una vez creado un contexto de interpretaciones conspirativas, es más fácil para las conspiraciones reales camuflarse entre la multitud.
Cuando el pastor dejó de gritar que venía el lobo, fue el lobo quien lo hizo.




* "Turkey’s Suspicious Mind-Set Has Been a Century in the Making" The New York Times 12/09/2016 http://www.nytimes.com/2016/09/13/world/what-in-the-world/turkey-conspiracies-sevres-syndrome.html




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