lunes, 5 de septiembre de 2016

La angustia educativa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The Washington Post ha publicado un artículo con el título "Meet the parents who won’t let their children study literature", firmado por Steven Pearlstein, profesor de la universidad de Madison y colaborador del periódico en temas de Economía.
Pearlstein manifiesta su inquietud por las respuestas que recibe de sus alumnos recién llegados cuando les pregunta sobre sus verdaderos intereses. No son los que han hecho que acaben matriculados en sus carreras.
El tremendo coste de la educación en Estados Unidos y su concepción competitiva implica que la decisión no se deje siempre en manos de los hijos y sea asumida por los padres. Estos no encuentran atractivo invertir en el futuro de sus hijos e hijas en las Humanidades:

Parents are becoming more deeply engaged in nearly every aspect of their children’s lives, and it’s carrying over even to their choice of major. “A lot of our students feel parental pressure to go into business, economics, medicine,” says Christy Buchanan, who heads the office of academic advising at North Carolina’s Wake Forest University, a traditional liberal arts college that recently announced new programs in biomedical sciences and engineering. Buchanan, a psychology professor who studies the role of families in adolescent development, says this is what “helicopter parenting” has come to.*


En artículo acumula en estos momentos, dos días después de su publicación más de 1.700 comentarios, señal de que el tema afecta a muchas personas, como era de esperar en una cuestión que afecta a padres e hijos, a unos como financiadores y a otros como financiados.
¿Que es eso de los "padres helicóptero"? La publicación "Parents" nos explica el sentido del concepto y su origen:

The term "helicopter parent" was first used in Dr. Haim Ginott's 1969 book Parents & Teenagers by teens who said their parents would hover over them like a helicopter; the term became popular enough to become a dictionary entry in 2011. Similar terms include "lawnmower parenting," "cosseting parent," or "bulldoze parenting." Helicopter parenting refers to "a style of parents who are over focused on their children," says Carolyn Daitch, Ph.D., director of the Center for the Treatment of Anxiety Disorders near Detroit and author of Anxiety Disorders: The Go-To Guide. "They typically take too much responsibility for their children's experiences and, specifically, their successes or failures," Dr. Daitch says. Ann Dunnewold, Ph. D., a licensed psychologist and author of Even June Cleaver Would Forget the Juice Box, calls it "overparenting." "It means being involved in a child's life in a way that is overcontrolling, overprotecting, and overperfecting, in a way that is in excess of responsible parenting," Dr. Dunnewold explains.**


Hay muchas cuestiones implicadas en esta decisión de la elección de los padres, pero básicamente responde a una percepción de lo que la persona va a necesitar para su desarrollo en la sociedad que la está esperando al final del sistema educativo. Los padres helicópteros son representados siempre vigilantes encima de sus hijos, pendientes de sus necesidades y resolviendo sus problemas. Pero hay algo más que "ayudas".
Vivimos en un mundo de angustia y ansiedades y estas se reflejan en padres inquietos por el futuro de sus hijos y de hijos angustiados por no defraudar las expectativas que las familias depositan en ellos, a lo que hay que añadir la que la propia sociedad genera como incertidumbre laboral. Un mundo angustiado cuyo punto más débil son los alumnos.


No todo el mundo lo vive de esta manera, desde luego, pero muchos, padres e hijos, viven en ese estado angustiado permanente en lo relacionado con la educación en la que no ven algo de hoy sino algo para mañana, un mañana laboral imaginado que se vive angustiosamente. 
Muchas veces el propio sistema educativo ha escogido la angustia como estado, algo muy negativo, pues mata el placer de descubrir, que debe ser connatural a la educación, y lo centra todo en la evaluación. Conozco muchas personas para las que el paso por las carreras es una auténtica tortura porque no piensan en lo que hacen sino en lo que les espera y en lo que se espera de ellos, llegando a sufrir enfermedades por el estrés constante del que no consiguen escapar. Todos los años suelo detectar varias personas así. Es difícil convencerlas de que pueden disfrutar aprendiendo. El estómago se les encoge y así están todas sus carreras.
The Washington Post señala que el temor de los padres a que sus hijas e hijos estudien Humanidades es precisamente que acaben como "profesores", un destino que les debe de parecer oscuro y deleznable. Es una muestra más de la incomprensión del valor y función reales de la educación en el sistema social.
La obsesión de los padres por el control acaba generando ansiedad en sus hijos por el exceso de responsabilidad, por temor a fallar. Les aterroriza expresarles que les gustaría que su futuro fuera otro. Su vida pasa a ser una condena en la que todos dicen actuar guiados por su bien.

Hoy se nos pide que sigamos las pistas de nuestros egresados durante años para saber dónde acaban con lo que les enseñamos; sus jefes y responsables deben informarnos de su comportamiento y eficiencia productiva para poder establecer las clasificaciones de las universidades al evaluar los resultados de los programas educativos. Cuanto más alto llegan, mejor se valora la universidad de procedencia. Sencillo. Vigilados por los padres, profesores y jefes, la vida no parece muy disfrutable. No es el mejor escenario para ser feliz.
En el Hannah Arendt Center hay publicado un breve artículo dedicado a Martin Luther King y su visión del propósito de la educación. Su autor, Roger Berkowitz, recoge las ideas de King sobre las diferencias en los objetivos de la educación respecto a las personas:

To think for oneself is not the same as critical thinking. Against the common assumption that college should teach “critical reasoning,” King argues that critical thinking alone is insufficient and even dangerous: “Education which stops with efficiency may prove the greatest menace to society. The most dangerous criminal may be the man gifted with reason, but with no morals.” The example King offers is that of Eugene Talmadge, who had been governor of Georgia. Talmadge “possessed one of the better minds of Georgia, or even America.” He was Phi Beta Kappa. He excelled at critical thinking. And yet, Talmadge believed that King and all black people were inferior beings. For King, we cannot call such men well educated.***


El "éxito" necesita ser redefinido en términos distintos, tanto en lo personal como en lo social. Cuando esto se haga, se comprenderá que la vocación de las personas es importante para su felicidad, que implica satisfacción con la vida que elegimos y con la que nos comprometemos, algo diferente al éxito que tanto nos importa y con el que presionamos exigiendo más y más. 
La elección está entre educar para hacer un mundo mejor o educar para sobrevivir en un mundo cada día peor. Solo mejores personas pueden hacer un mundo mejor. Y la angustia constante no ayuda.


* "Meet the parents who won’t let their children study literature" The Washington Post 2/09/2016 https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/09/02/meet-the-parents-who-wont-let-their-children-study-literature/?hpid=hp_no-name_opinion-card-b%3Ahomepage%2Fstory&utm_term=.6c56d9f5565e
** "What Is Helicopter Parenting?" Parents 2013 http://www.parents.com/parenting/better-parenting/what-is-helicopter-parenting/
*** Roger Berkowitz "MLK and the Purpose of Education" Hannah Arendt Center 08/02/2016 http://www.hannaharendtcenter.org/mlk-and-the-purpose-of-education/

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