domingo, 4 de septiembre de 2016

Huntington, Brooks y los choques de civilizaciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando un astrónomo adelanta que se producirá un eclipse tiene una seguridad: ni el sol ni la luna va a leer sus predicciones para hacer que se cumplan sus cálculos o burlarse de él. No ocurre lo mismo con los sociólogos, los historiadores y otros profesionales de la cultura, cuyas predicciones, ideas, etc. son conocidas por muchos de aquellos a los que afectan. La cuestión no es nueva y nos deja la pregunta de hasta qué punto conocer las predicciones inclinan la balanza hacia su cumplimiento.
Se van a cumplir los veinte años del libro de Samuel P. Huntington "The clash of civilizations and the remaking of world order", la obra en la que amplió y explicó su artículo seminal de 1993 que puso sobre la mesa el papel de las civilizaciones en el mundo que estamos y sus conflictivas relaciones. En el prólogo del libro Huntington explicaba:

El presente libro no es, ni pretende ser, una obra de ciencias sociales. Intenta ser más bien una interpretación de la evolución de la política global tras la guerra fría. Aspira a ofrecer una estructura, un paradigma, para ver la política global, que sea válida para los estudiosos y útil para los decisores políticos. La piedra de toque de su validez y utilidad no es si da cuenta de todo lo que está aconteciendo en la política global. Evidentemente, no da cuenta de todo. Su piedra de toque es si proporciona un filtro más válido y útil que cualquier filtro paradigmático análogo a la hora de considerar las nuevas circunstancias internacionales. Además, ningún paradigma es válido eternamente. Aunque una aproximación desde el punto de vista de la civilización puede ser útil para entender la política global a finales del siglo XX y principios del XXI, esto no significa que hubiera sido igualmente útil a mediados del siglo XX ni que lo vaya a ser a mediados del XXI.*

La lectura actual de la obra de Huntington es una lectura distinta, como él mismo sabía sobradamente, de la que se pudo hacer en su momento, una década después y ahora a los veinte años del libro y veintitrés de la publicación del artículo en el que se preguntaba (Huntington hizo notar la poca atención de que el título de su artículo en la revista Foreign Policy llevara una interrogación: "The Clash of Civilizations?") por el nuevo orden del mundo.
Es un principio teórico de la hermenéutica que no podemos escapar de nuestra época. Aunque los libros sean antiguos, quienes los abren son lectores que viven su momento histórico y no pueden prescindir de lo que saben o dejan de saber. Los lectores de hoy no son los lectores de ayer o de mañana, sino del momento, categoría que afecta al presente como contendor del pasado y de las expectativas de futuro que en él se cimentan. El momento es siempre donde habitamos y, por ello, donde leemos e interpretamos.
Leer o releer hoy, con lo que está ocurriendo en el mundo cada día, el libro de Huntington es una aventura reflexiva. El libro ha navegado por la Historia con lectores que han pasado por el 11-S, la Primavera Árabe y la actual guerra de Siria, forma incorrecta, anticuada quizá, de comprender un fenómeno de enormes dimensiones históricas reduciéndolo a un pequeño espacio geográfico. Desde que Huntington escribió su artículo y después su libros han pasado los años, pero sobre todo han pasado acontecimientos que son las puntas del iceberg de ese movimiento de placas tectónicas de la cultura.
La lectura hoy de la obra es un ejercicio apasionante. La lectura actual está afectada por lo que vemos y sabemos, por lo que podemos intuir y por nuestros deseos de que los movimientos vayan en una dirección que evite la catástrofe que amenaza las próximas décadas con inestabilidad constante. La obra, como dice su autor en el fragmento citado, es un "filtro", un modelo de paradigma en el que encajar los hechos, los que conocía, pero ahora también los que hemos vivido desde entonces y estamos viviendo.
El propio Samuel Huntington se encargó de establecer los principios generales de su propuesta y de cómo sería desarrollada en cada una de las partes de la obra:

Primera parte: por primera vez en la historia, la política global es a la vez multipolar y multicivilizacional; la modernización económica y social no está produciendo ni una civilización universal en sentido significativo, ni la occidentalización de las sociedades no occidentales.
Segunda parte: el equilibrio de poder entre civilizaciones está cambiando: Occidente va perdiendo influencia relativa, las civilizaciones asiáticas están aumentando su fuerza económica, militar y política, el islam experimenta una explosión demográfica de consecuencias desestabilizadoras para los países musulmanes y sus vecinos, y las civilizaciones no occidentales reafirman por lo general el valor de sus propias culturas.
Tercera parte: está surgiendo un orden mundial basado en la civilización; las sociedades que comparten afinidades culturales cooperan entre sí; los esfuerzos por hacer pasar sociedades de una civilización a otra resultan infructuosos; y los países se agrupan en torno a los Estados dirigentes o centrales de sus civilizaciones.
Cuarta parte: las pretensiones universalistas de Occidente le hacen entrar cada vez más en conflicto con otras civilizaciones, de forma más grave con el islam y China, mientras que, en el plano local, las guerras en las líneas de fractura, sobre todo entre musulmanes y no musulmanes, generan «la solidaridad de los países afines», la amenaza de escalada y, por tanto, los esfuerzos por parte de los Estados centrales para detener dichas guerras.
Quinta parte: la supervivencia de Occidente depende de que los estadounidenses reafirmen su identidad occidental y los occidentales acepten su civilización como única y no universal, así como de que se unan para renovarla y preservarla frente a los ataques procedentes de sociedades no occidentales. Evitar una guerra mundial entre civilizaciones depende de que los líderes mundiales acepten la naturaleza de la política global, con raíces en múltiples civilizaciones, y cooperen para su mantenimiento.*


Estas son las bases, pero los detalles en su desarrollo son muy interesantes al aplicarse a países y áreas. Muchas de las afirmaciones y previsiones de Huntington en la obra son perfectamente identificables en el presente. Como él señala, eso significa que el paradigma de las "culturas" funciona en la medida en que permite interpretar los hechos del presente.
A pocos días del estallido de la Primavera Árabe, el columnista David Brooks publicó en The New York Times un artículo titulado "Huntington’s Clash Revisited". En esos momentos, algunos de los supuestos de Huntington parecían removerse y debilitar el modelo. Los pueblos árabes se estaban sublevando contra los dictadores que llevaban décadas en el poder y parecía que un modelo democrático podría a triunfar. En la obra de Huntington ya está prevista la posibilidad de un levantamiento popular basado precisamente en el estallido joven producido por la expansión demográfica y la falta de oportunidades.
Brooks reconocía la importancia de la obra de Huntington y señalaba los aspectos que le parecían relevantes:

Samuel Huntington was one of America’s greatest political scientists. In 1993, he published a sensational essay in Foreign Affairs called “The Clash of Civilizations?” The essay, which became a book, argued that the post-cold war would be marked by civilizational conflict.
Human beings, Huntington wrote, are divided along cultural lines — Western, Islamic, Hindu and so on. There is no universal civilization. Instead, there are these cultural blocks, each within its own distinct set of values.
The Islamic civilization, he wrote, is the most troublesome. People in the Arab world do not share the general suppositions of the Western world. Their primary attachment is to their religion, not to their nation-state. Their culture is inhospitable to certain liberal ideals, like pluralism, individualism and democracy.
Huntington correctly foresaw that the Arab strongman regimes were fragile and were threatened by the masses of unemployed young men. He thought these regimes could fall, but he did not believe that the nations would modernize in a Western direction. Amid the tumult of regime change, the rebels would selectively borrow tools from the West, but their borrowing would be refracted through their own beliefs. They would follow their own trajectory and not become more Western.**


En esos momentos, la observación de Brooks era relevante. La predicción de Huntington, cuyo punto fuerte era la idea de relevancia de la "cultura" y, en particular, la "religión", parecía en el aire ante lo que estaba ocurriendo. En la teoría de Huntington, en su interpretación, son los elementos de la "cultura", esencialmente las religiones las que determinarían las relaciones y los agrupamientos futuros. La geografía, las fronteras, son menos determinantes que el aquello que hace formarse alrededor de valores.

La idea expresada varias veces por Huntington y tomada del título del libro del orientalista francés Gilles Kepel, la "revancha de Dios", apuntaba a que la religión sería determinante de las relaciones conflictivas. 
Todo indicaba un resurgimiento de la religión frente a un mundo, el Occidental, que había perdido la identidad religiosa al aceptar la visión escéptica de la Ciencia con la consiguiente pérdida de valores —si Dios no existe, todo está permitido, escribió Dostoieveski en plena época nihilista— y la soledad del individualismo. Las religiones representan, por el contrario, valores, comunidad y permanencia. Huntington daba por hecho el resurgir de las religiones —la revancha de Dios— y su peso en la reordenación social y en las relaciones conflictivas con otras culturas de religiones diferentes.
Brooks criticaba este planteamiento que llamaríamos "esencialista" de las culturas:

Huntington’s thesis set off a furious debate. But with the historic changes sweeping through the Arab world, it’s illuminating to go back and read his argument today.
In retrospect, I’d say that Huntington committed the Fundamental Attribution Error. That is, he ascribed to traits qualities that are actually determined by context.
He argued that people in Arab lands are intrinsically not nationalistic. He argued that they do not hunger for pluralism and democracy in the way these things are understood in the West. But it now appears as though they were simply living in circumstances that did not allow that patriotism or those spiritual hungers to come to the surface.
It now appears that people in these nations, like people in all nations, have multiple authentic selves. In some circumstances, one set of identities manifests itself, but when those circumstances change, other equally authentic identities and desires get activated.
For most of the past few decades, people in Arab nations were living under regimes that rule by fear. In these circumstances, most people shared the conspiracy mongering and the political passivity that these regimes encouraged. But when the fear lessened, and the opportunity for change arose, different aspirations were energized. Over the past weeks, we’ve seen Arab people ferociously attached to their national identities. We’ve seen them willing to risk their lives for pluralism, openness and democracy.*

La primera crítica de Brooks a Huntington, nos explica, se debe a haber pensado que lo que era circunstancial era sustancial y formaba parte de la idiosincrasia de los pueblos árabe musulmanes. La idea occidental de "universalidad", dice Huntington, es "occidental", proyectada a todos, no asumible por otras culturas —como la islámica esencialmente—, donde la religión lo llena todo. Es el argumento en el que algunos dictadores se amparan cuando dicen que la "declaración universal de los Derechos Humanos" no es "universal" sino "occidental", una imposición que no tienen porqué respetar. Los escuchamos con cierta asiduidad en políticos de regímenes con déficit de democracia, otro invento occidental según los mismos.
La tesis de David Brooks, por el contrario, rechaza las esencias invariables y se apuntan a las identidades contextuales: los pueblos son como pueden ser en función de las circunstancias. En esos momento, la Primavera Árabe era un movimiento general que reclamaba democratización y no solo modernización. Y el modelo de democracia estaba claro. Su ausencia en los países musulmanes era prácticamente total. Y al levantar la cabeza vieron un modelo posible: Turquía, un país musulmán y democrático, perteneciente a la OTAN y aspirante a Europa. Esa era una opción; podía haber democracia en un país musulmán y laicismo en el estado.
El análisis que Samuel Huntington hace de Turquía en 1997 deja abierta como una posibilidad (entre tres) el retroceso de la democracia a la occidental y la salida de Turquía hacia el mundo islámico, algo que, llega a decir expresamente. Lo que está ocurriendo hoy, el retroceso democrático a un estado autoritario, las purgas de miles de personas y la toma de las instituciones por su partido islamista, etc. muestran que la Primavera Árabe tenía un modelo poco estable en Turquía. Y da la razón a Huntington en su posible movimiento de retroceso hacia un estado islámico.
David Brooks critica la idea de cultura de Huntington precisamente para permitir la posibilidad de cambios y no el retroceso constante hasta un grado cero de la cultura:

I’d say Huntington was also wrong in the way he defined culture.
In some ways, each of us is like every person on earth; in some ways, each of us is like the members of our culture and group; and, in some ways, each of us is unique. Huntington minimized the power of universal political values and exaggerated the influence of distinct cultural values. It’s easy to see why he did this. He was arguing against global elites who sometimes refuse to acknowledge the power of culture at all.
But it seems clear that many people in Arab nations do share a universal hunger for liberty. They feel the presence of universal human rights and feel insulted when they are not accorded them.
Culture is important, but underneath cultural differences there are these universal aspirations for dignity, for political systems that listen to, respond to and respect the will of the people.**

Eso se puede expresar cuando las calles de varios países están llenas con millones de personas reclamando libertades frente a unos sistemas corruptos. Pero qué ocurre con esas aspiraciones de "dignidad", "democracia" y respeto al deseo del pueblo cuando lo que tenemos en estos momentos es un retroceso democrático o una situación bélica con la excepción de Túnez, que ha conseguido resolver las dificultades y donde esas aspiraciones han conseguido mantenerse.
Creo que con lo que no contaban ambos, Huntington y Brooks, es con el fenómeno de la conflictividad interior de las culturas hasta niveles como los vistos en estos momentos. Me estoy refiriendo esencialmente al fenómeno del Estado islámico y lo que representa realmente dentro de la cultura.
La última crítica a Huntington por parte de Brooks es breve: «Finally, I’d say Huntington misunderstood the nature of historical change. In his book, he describes transformations that move along linear, projectable trajectories. But that’s not how things work in times of tumult.» Para el articulista de The New York Times, la Historia no se mueve como señala Huntington, sino a través de los pequeños pasos que la gente va dando. Pero lo que finalmente ha ocurrido es que los pasos que se deban comenzaron a ir en direcciones distintas, creando el conflicto que hoy tenemos, cuyas consecuencias son imprevisibles y en cadena.


Una cuestión importante: Brooks está hablando de lo que acaba de ocurrir; es más sencillo. Huntington, en cambio, está hablando de un futuro descrito en 1993 que es posible discutir en 2011, como hace en el artículo. El de Huntington puede seguirse discutiendo mucho tiempo; el descrito por Brooks ya tiene que ser interpretado de otro modo desde que el fenómeno Al-Qaeda se transformó en el Estado Islámico cuyo papel es muy diferente. Lo que era un grupo terrorista es hoy la punta del iceberg de la radicalización cultural que quiere regresar a una raíces fundamentales e imponerlas a los que considera propiedades culturales.
Parte del problema que hoy vivimos es precisamente heredero de un concepto propietario y esencialista de las "culturas": las personas son propiedades de los que se han erigido en autoridades omnipotentes. Lo que los propios musulmanes padecen tras el paso de los yihadistas no tiene precedentes en los tiempos modernos porque suponen una inversión de la Historia hacia un estado mítico, que es el de los antepasados, fuera del cual solo hay muerte.
Todo esto fue disparado por el fracaso de la Primavera Árabe o, si se prefiere, por su éxito al derribar a los dictadores. Huntington los describe como confirmación de su teoría. Todos los dictadores árabes laicos se habían vuelto religiosos para evitar ser criticados y poder continuar con sus manejos y controlar la sociedad. Todos creyeron que podrían controlar a los islamistas cuto programa parte del principio de que "El islam es la solución", cerrando cualquier esperanza evolutiva hacia modelos centrados en las libertades, al igualdad, etc.

Creo que todos estos dictadores habían leído a Huntington. ¿Por qué no hacerlo si les confirmaba que el futuro era suyo, un futuro religioso y antioccidental? Lo habían leído también los gobiernos occidentales que apostaron por partidos islamistas —por los Hermanos Musulmanes o por el de Erdogan en Turquía, por ejemplo— creyendo que, como era inevitable, mejor tener amigos conocidos que enemigos por conocer. Lo había leído cabalmente también los intelectuales árabes, que decidieron que el modelo de libertades occidental era un fracaso y que era mejor intentar encontrar uno bueno que, por cierto, todavía no han encontrado, por lo que se limitan a la crítica de Occidente.
Por mi parte solo quiero hacer una pequeña crítica a la obra de Huntington, que me parece de un enorme valor: la ausencia de las mujeres.
La obra, como tantas otras, tiene una visión masculina de la Historia y de sus motores y cambios. Carece de un elemento que me parece clave en la transformación cultural interna hacia el futuro: son las mujeres las que están manteniendo mayoritariamente el espíritu de la revolución porque la vieja cultura las deja fuera, las ignora y reprime. Las culturas que describen son masculinas, patriarcales.


La revolución de las mujeres es de otro orden y de otra visibilidad. Al igual que el Estado  Islámico es una reacción al intento de conseguir sacudirse el imperativo cultural de una generación que efectivamente —como señala Brooks— aspiraba a una universalidad de la dignidad personal y de la representación colectiva en la Historia, los ataques a las mujeres son la reacción con la que se intenta frenar su revolución en países como Pakistán, que han dado un referente como Malala.
Son las mujeres las que pueden cambiar el mundo y sus civilizaciones. Es la reclamación de la dignidad y de la igualdad femenina la que mantienen en alto el conflicto en el interior de las culturas. A Huntington (y a muchos otros analistas) les falta por comprender el papel de esa otra batalla que son las cuestiones de género, que llevan su propio ritmo según los espacios.


La incapacidad para entender hechos culturales como el del "burkini" es grave. Que las mujeres puedan participar en las olimpiadas como nadadoras, levantadoras de pesa, tenistas, vóley, etc. es una batalla que la cuestión del velo no debe hacer malinterpretarse. Es un gran logro y abre muchas puertas en sus países, las mejores defensas contra el integrismo. La tontería de Manuel Valls solo demuestra que nunca ha conversado con mujeres con velo para comprobar lo que hay debajo.
Comprender las culturas es esencial, como señalaba Huntington. Su modelo es muy válido, pero necesita de una reconsideración constante de los factores que las hacen moverse. Su idea, como expresa ya en el título, era cómo habían dejado de valer las agrupaciones producidas por la Guerra Mundial y la Guerra Fría posterior y se preparaba un nuevo orden o quizá un nuevo desorden, algo que también es visto por Huntington si las civilizaciones no consiguen tener un elemento central fuerte que controle las periferias. Los bloques, concluye, ya no funcionan y habrá que establecer otro tipo de relaciones, que consideraba que serían conflictivas durante un tiempo pero no eternamente. El mundo, al final, se reordenaría.


Cualquier visión que maneja grandes unidades corre el riesgo de perder de vista a las personas. En esto Brooks tiene razón: son los pasos de las personas las que hacen avanzar la Historia. Lo malo es cuando se tira en distintas direcciones y una de ellas es hacia un pasado imposible. Lo que en los sistemas democráticos se decide entre un partido y otro, en una cultura no democrática la pugna se eleva a niveles dramáticos. Todo está en juego.

Las relaciones interculturales son esenciales, pero también lo es entender que las culturas no pueden ser cárceles esencialistas, objetos cerrados y estáticos, en las que todo es siempre igual. 
El gran drama del mundo islámico es precisamente que a lo largo de la Historia se ha evitado su transformación y evolución. Se ha perseguido a los que abogaban por reformas capaces de hacer unas sociedades habitables en las que fuera posible vivir sin las tensiones actuales. 
Si no se cambia, algo natural en todo lo humano, la vida se vuelve trágica en todos sus momentos porque sentimos que habitamos un mundo que no es el nuestro, aquel que podemos construir para intentar ser felices. Se nos obliga a vivir en un mundo construido por otros, convertido en pesadilla.
La Primavera Árabe fue un intento, pero la persecución constante de las personas que podían haber contribuido a los cambios necesarios lo ha frustrado en muchos lugares. Pero su fuerza continúa por debajo de la superficie.
A diferencia de la Naturaleza, como decíamos al principio, la Historia es leída e interpretada, y de ella sacamos consecuencias y consejos. No es una "ley", solo un discurso que recoge nuestra comprensión de lo que hemos hecho, hacemos o podemos hacer. El libro de Huntington merece leerse no tanto por ver si acertó o no (describió bien mucho de lo que vendría) sino para evitar cometer los errores que nos llevan por los malos caminos.



* Samuel P. Huntington (1997 4ªr 2001) "El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial". Paidós, Buenos Aires.

** David Brooks  "Huntington’s Clash Revisited" The New York Times 3/03/2011 http://www.nytimes.com/2011/03/04/opinion/04brooks.html

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