jueves, 25 de agosto de 2016

Un libro: ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith. Una historia de las mujeres y la economía, de Katrine Marçal

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Un repaso a través de Google nos muestra que el libro "¿Quién le hacia la cena a Adam Smith?", de la periodista sueca, afincada en Gran Bretaña, Katrine Marçal, no ha recibido la atención española que merece. Por lo que hemos visto, La Vanguardia ha dado cuenta de su salida. Fuera ha tenido más atención, como prueba su reseña en The New York Times.
Cuando uno echa un vistazo a la sección de economía de las librerías se da cuenta que están llenos de personas que nos venden el éxito y nos explican el pasado y el futuro. El pasado suele ser fácil de explicar y el futuro también. El presente es más complicado, pero uno no sueña con el presente sino en cómo salir de él de la mejor manera posible. Un sinfín de personas nos prometen desde las portadas ser tan felices como ellos (y todos los que compren el libro). Desde la que las editoriales españolas descubrieron que los nacionales podían engañarnos lo mismo que los extranjeros, es decir, que lo foráneo había perdido glamour por aquello de viajar más, se dedicaron a promocionar autores y libros nacionales, con lo que se ahorraban un buen pico en traducciones y derechos. Si había suerte y alguno trascendía (casi ninguno lo ha hecho), hasta se podía traducir a otros idiomas.
En el caso de la sección de Economía, los géneros narrativos son claros: los que explican quién tiene la culpa de que no seas rico y los que te ofrecen la oportunidad de serlo si te llevas el libro. Es realmente increíble la cantidad de economistas capaces de dar consejos.


El libro de Katrine Marçal tiene algunas ventajas respecto a todos ellos. Ofrece un enfoque distinto: explica quien tiene la culpa pero no promete la riqueza en sus páginas. Habla de la necesidad de cambiar no solo la economía, algo sobre lo que hay mucho escrito, sino la forma de ver la economía y, a través de ella, el mundo. Esta visión es errónea y, como consecuencia, llegan muchos de nuestros problemas. En muchos sentidos, es un libro mucho más radical que los que nos venden como apocalípticos.
La cuestión es clara desde el principio, desde el mismo subtítulo: "Una historia de las mujeres y de la economía". La pregunta sobre quién le preparaba la cena al padre de la Economía, Adam Smith, no es trivial y su respuesta tampoco: su madre. Algunos lo verán como muy natural, ya que Smith no se casó nunca y su madre le cuidó siempre. Y es en esa naturalidad de lo que hace la madre de Smith (y la de todos los demás) donde radica parte del problema.
En realidad el problema no son las "mujeres" sino cómo los hombres han pensado la economía desde un supuesto: el "homo economicus", el hombre económico. Adam Smith lo definió como un hombre con "sentido común", que invierte o ahorra para conseguir un beneficio ahora o en el futuro. Y como a nadie se le ocurre querer ganar poco, hará todo lo posible porque ese beneficio sea el máximo que pueda obtener. En el mismo párrafo, Smith definía como "loco" al que no se comportara así en un espacio en el que hubiera una "seguridad razonable".
El libro de Marçal tiene dos partes diferenciadas pero confluyentes. En la primera se centra en lo que esta definición ha supuesto para el pensamiento económico al invisibilizar el trabajo de las mujeres y a las mujeres mismas. En segundo lugar se dedica a mostrar la irrealidad de ese "hombre económico". Es más, de ese "hombre " conceptual solo se puede afirma algo: que no es una "mujer".
La obra hace un recorrido sobre lo que ha supuesto para nuestro discurso económico, para la economía y para nosotros mismos esta visión del mundo. En última instancia, la transformación de nuestro mundo, que solo es visto ya a través de la Economía, es lo que ha llevado a nuestra situación actual.
Nos van a hablar de la crisis económica, sí, pero sobre todo de la crisis conceptual que ha llevado a ella, la terrible perversión de la forma de percibir el mundo y a nosotros mismos desde una óptica teórica que está profundamente distanciada de la realidad y por ello es falsa.
Al final, el hombre económico solo puede hacer una cosa: competir. Ese es su destino y su cárcel. Necesita de la competición en todas las dimensiones de su vida porque no se ha sabido establecer otra. Por más que tratemos de cambiarlo, el discurso economicista se ha apoderado de nosotros distorsionando el espejo en el que nos vemos y a través del que decidimos nuestras acciones, que son medidas y pesadas, llevadas a un libro de contabilidad. El gran libro del destino, en el que todo está escrito, es un libro contable.


La obra de Katrine Marçal necesita desmontar primero el discurso del "hombre económico" para ver que fuera de él ha quedado la mujer. Digo del "discurso" porque la mujer no ha quedado fuera de la realidad; solo del discurso que da la visibilidad y el reconocimiento.

El gran relato contemporáneo —escribe Marçal—, la historia más grande jamás contada de nuestro tiempo: quienes somos, por qué estamos aquí y por qué hacemos lo que hacemos.
¿Quién es el protagonista de dicha historia? El hombre económico, cuya característica principal es que no es una mujer. (178)

La cuestión del hombre económico —más que una descripción de lo que hay, un imperativo de lo que debe ser— y la cuestión de la invisibilidad de las mujeres en la economía no son nuevas. La obra de Marçal tiene la virtud de ir más allá de las cuestiones económicas porque redefine precisamente aquello que deba ser la Economía misma en una sociedad que está padeciendo sus estragos, especialmente morales. Lo que la teoría del "homo economicus" ha producido es un mundo que padecemos todos en la medida en que limita y evalúa algunas de nuestras capacidades pero deja fuera otras muchas que no son computable y permanecen en la oscuridad.
Es en última instancia ahí donde radica gran parte de la cuestión: la capacidad de pensar desde fuera de un sistema en la medida en que anula nuestra capacidad de percepción y valoración. El gran problema, que se señala correctamente en el texto, es que la idea de libertad, que sirve de justificación, acaba siendo falsa porque solo se puede desplegar esa dimensión. Ya se encargó Smith de llamar "loco" al que hiciera lo contrario.
Como bien señala Katrine Marçal en su libro, el discurso sobre el "hombre económico" y su racionalidad fue desmontado desde la propia ciencia económica. Sin embargo, señala, se sigue enseñando desde primer curso de carrera a todos los que entran en las Facultades de Economía. No es el único caso de persistencia del error si este beneficia a alguien.


Hoy se respira por todo el mundo un deseo de cambio, un malestar en lo que hay. No nos gusta demasiado lo que hemos hecho como sociedad. Escribe la autora: "El propósito del viaje que hacemos como sociedad podría ser otro. Podríamos pasar de intentar ser dueños del mundo a intentar sentirnos a gusto dentro de él; como en casa." (188) En un mundo lleno de ofertas y tentaciones, intentar vivir a gusto es una aspiración que a muchos les puede parecer satisfecha. No sucede así con los que ven que lo que le venden como "felicidad" es algo muy distinto. El producto "felicidad" no funciona, el fabricante no se hace responsable y, por supuesto, no le devuelven lo invertido.
Que la teoría del hombre económico no sea verdadera no significa que alguien no le saque provecho y bueno, por cierto. Igualmente, que las mujeres no aparezcan en los libros de Economía tampoco significa que no existan. El libro no reivindica un pedazo del pastel; pide que se cambie el pastel, por decirlo así, que se adopte una visión del ser humano atendiendo a su realidad, hecha de sueños y sentimientos, de valores y de sentido de la comunidad, todo más allá de la "competencia".
Si desea adentrarse en estas cuestiones, el libro de Katrine Marçal es una buena ocasión de hacerlo, un viaje interesante por ideas y acontecimientos, por espacios reales y mundo teóricos. No le venden riqueza, éxito ni felicidad, solo sensatez y una visión distinta.
   

Marçal, Katrine (2016) ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía. Trad. de Elda García-Posada. Barcelona, Debate. 220 pp.



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