sábado, 27 de agosto de 2016

Mujeres en la playa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La anulación por el Consejo de Estado de la prohibición municipal del burkini en algunas playas francesas es una buena mala noticia. Buena porque pone un punto de sensatez jurídica donde se había implantado el disparate político. El sistema funciona y los derechos no pueden ser enharinados por cualquier consistorio. La mala noticia es que no se cerrará el problema sino que se convertirá en campo de batalla ideológico y eso es lo que beneficia a algunos, de un bando y otro, perjudicando a las que solo quieren combatir el calor, como cualquier hijo de vecino, dándose un buen baño. 
Desgraciadamente (como señalamos ayer) todo parece dispuesto para la disputa política partidista sobre este punto, que tiene a su favor que es terriblemente concreto, casi tangible. Sin embargo sus consecuencias son grandes muy lejos de las playas francesas que se quieren normalizar a golpe de decreto.


Ayer ironizábamos al comienzo del escrito al señalar que con lo que está cayendo en Oriente Medio, la amenaza del terrorismo, etc. el destino de la República y (¿por qué no?) del mundo se juega en las playas de Francia porque unas mujeres han decidido darse un baño refrescante. ¿Han podido competir en Río pero no pueden bañarse en Francia? Televisión Española recordaba hoy la intención de la inventora de la prenda: permitir disfrutar de lo que no podían. No hay intento de polemizar, provocar o demás. Si tu ojo te escandaliza...
La única explicación es el interés económico turístico: el miedo al miedo. Después del atentado de Niza en plena celebración veraniega, los municipios que viven del turismo temen que la presencia de burkinis pueda desencadenar cierta psicosis en las playas y se desencadenen conflictos.


Le Figaro titula "La polémique française sur le burkini fascine à l'étranger"* y hace un repaso de la prensa internacional que divide en tres estados emocionales: "Entre fascination, indignation et incompréhension." Para el titular se han quedado con la fascinación, por aquello de no tirar demasiadas piedras a su tejado, pero la indignación y la incomprensión son mayoritarias en los observadores internacionales. La "fascinación" no la veo por ninguna parte.
En vez de buscar más apoyos en la comunidad islámica contra la barbarie, lo que han hecho los municipios franceses, con Manuel Valls al frente como capitán general, es dividirla y dar argumentos a los radicales, como señalábamos ayer. Lo que se requiere es más imaginación y menos discriminación.
Con prohibiciones y estigmas lo único que se consigue es apartar a la gente, dejarla en manos de los integristas con el argumento de que "os desprecian", como ha usado ya Erdogan, "porque sois musulmanes". No hay que olvidar la frase ni quién la ha dicho. Una sola frase basta para destruir muchos esfuerzos de concordia y convivencia. Es a Erdogan al que hay que contestar; no darle argumentos.


La polémica del burkini es la que se ha generado desde la frialdad absurda de un despacho. El temor a incidentes es una de las excusas más pobres jamás escuchadas, especialmente si afecta a la pérdida de derechos de otras personas, a las que se les confirma mediante esta suposición que son los causantes de los problemas. Eso es estigmatizar, precisamente, una discriminación flagrante que el Consejo de Estado no ha podido sino echar abajo.

Lo peor es la sensación de que cualquier ayuntamiento, grande o pequeño, puede incluir un tema tan serio como este, tan necesitado de profunda comprensión de detalles de muy diversa naturaleza, y resolverlo de esta manera. De lo que da muestra es precisamente del caos y falta de criterio existentes. Es comprensible que los ayuntamientos que cifran en el verano sus ingresos se muestren intranquilos, pero no más que aquellos países enteros cuyas economías se están derrumbando porque los objetivos turísticos (Túnez, Egipto...) están siendo atacados sin piedad por los terroristas fundamentalistas. París también ha sido atacado y los ciudadanos han respondido sentándose al día siguiente en las terrazas, venciendo el pánico natural para demostrar al mundo que no se dejan vencer por el terror. 


Los municipios que han prohibido el uso del burkini en sus playas, por el contrario, han dado muestras de pánico legislando a favor de su propio miedo. El miedo es lo que queda patente y muestra cómo este acaba volviéndose en contra de las libertades. Mal ejemplo.
La vida da muchas veces pequeños o grandes símbolos. Leo en Smithsonian la siguiente historia (publicada en novimbre de 2015) que, ahora que Trump quiere expulsar a los musulmanes de América y algunos municipios franceses de sus playas, me resulta ilustrativa y gratificante. Su titular es "The Statue of Liberty Was Originally a Muslim Woman":

The United States has debated immigration since the country's founding, and the Statue of Liberty—a potent symbol for immigrants—is often invoked as an argument for why we should usher in those who seek safety and opportunity with open arms. A little-known fact about Lady Liberty adds an intriguing twist to today's debate about refugees from the Muslim world: As pointed out by The Daily Beast’s Michael Daly in a recent op-ed, the statue itself was originally intended to represent a female Egyptian peasant as a Colossus of Rhodes for the Industrial Age.
That might be surprising to people more familiar with the statue’s French roots than its Arab ones. After all, the statue’s structure was designed by Alexandre-Gustave Eiffel (yes, that Eiffel), and Lady Liberty was given to the United States by France for its centennial to celebrate the alliance of the two countries formed during the French Revolution.
The statue’s designer, Frédéric-Auguste Bartholdi, was also French, but he found inspiration in a very different place: Egypt. In 1855, he visited Nubian monuments at Abu Simbel, which feature tombs guarded by gigantic colossus figures. Bartholdi became fascinated by the ancient architecture, developing what the National Park Service calls a “passion for large-scale public monuments and colossal structures.” Eventually, he channeled that passion into a proposal for the inauguration of the Suez Canal.
Bartholdi envisioned a colossal monument featuring a robe-clad woman representing Egypt to stand at Port Said, the city at the northern terminus of the canal in Egypt. To prep for this undertaking, Barry Moreno, author of multiple books about the statue, writes that Bartholdi studied art like the Colossus, honing the concept for a figure called Libertas who would stand at the canal. “Taking the form of a veiled peasant woman,” writes Moreno, “the statue was to stand 86 feet high, and its pedestal was to rise to a height of 48 feet.” Early models of the statue were called “Egypt Carrying the Light to Asia.”
Edward Berenson, author of Statue of Liberty: A Translatlantic Story, writes that Bartholdi’s concept morphed from “a gigantic female fellah, or Arab peasant” into “a colossal goddess.” But Egypt, which had invested enormous amounts of time and money into the landmark canal, was not as eager about Bartholdi’s idea. Isma’il Pasha, the reigning khedive, rejected the plan as too costly.
Eventually, a 180-foot tall lighthouse was installed at Port Said instead. But Bartholdi was not discouraged. He eventually repurposed his concept into “Liberty Enlightening the World”—the official name for the statue that has been overlooking New York Harbor since 1886.**


Al Jedive le pareció muy caro o demasiado simbólico y prefirió un faro  —bastante fálico, todo sea dicho— en vez de una gigantesca campesina iluminando el mundo hacia Oriente. Habría sido hoy gratificante mirar la estatua y recordar que los ideales de libertad deben ser para todos. Una mujer en la playa como símbolo para Egipto de la ilustración y modernidad que supuso el Canal.
La Estatua de la Libertad es algo más que un lugar y objeto turístico, un icono de los Estados Unidos. Representó y representa algo. Saber que su primera inspiración venía del mundo egipcio, que su modelo inicial era una campesina egipcia velada le añade más profundidad al símbolo, que se expande más allá de Francia y los Estados Unidos.
La diosa y la campesina son mujeres universales, representación precisamente de libertad y razón, de concordia y derechos. Representaban el hermanamiento entre países y culturas gracias a las luces del conocimiento. Hoy las mujeres son el mayor vehículo de acercamiento, como nos ha mostrado, por ejemplo, la cineasta libanesa Nadine Labaqui en su estupenda película "¿Y ahora dónde vamos?" (2011). Quizá sea porque siempre se acaban restringiendo sus libertades en todas partes y les surge la solidaridad de quienes tienen que conquistarlas una por una.
Sigue siendo una buena idea que una mujer en una playa —estatua o bañista— sea símbolo de libertad y tolerancia. En América, Francia, Egipto... o en cualquier lugar del mundo.



* "La polémique française sur le burkini fascine à l'étranger" Le Figaro 26/07/2016 http://www.lefigaro.fr/international/2016/08/26/01003-20160826ARTFIG00288-la-polemique-francaise-sur-le-burkini-fascine-a-l-etranger.php

** "The Statue of Liberty Was Originally a Muslim Woman" Smithsonian 24/11/2015 http://www.smithsonianmag.com/smart-news/statue-liberty-was-originally-muslim-woman-180957377/




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