lunes, 8 de agosto de 2016

El historiador y el analista o esta vez sí era diferente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los baños de multitudes que Recept Tayyip Erdogan se está dando cada día son formas teatrales de reafirmación. Una vez frenado el intento de golpe y de haber aprovechado el golpe de estado para hacer la purga masiva que ha realizado, el exceso de teatralidad no significa necesariamente "fuerza" y puede llegar a dar la sensación de lo contrario, que no se encuentra a gusto en la nueva situación.
Las imágenes de la gente rindiéndole apoyo van con la personalidad de Erdogan, pero políticamente actúan como un parapeto, lo único que le queda ante el rechazo internacional a una purga de corte estalinista y poco justificada más allá de sus discursos acusadores. Los países ha defendido la legalidad pero repudian sus formas y estas no son provocadas por el golpe, sino previas y constantes en los últimos tiempos. Las denuncias le han llegado de todas partes.
Erdogan ha ido eliminando enemigos pero no problemas, que son dos cosas muy diferentes. Es más, puede que sus problemas se hayan agravado y que lo que está haciendo no sea el remedio sino una huida hacia adelante sin saber muy bien adónde se dirige. ¿Prolongar periódicamente el tiempo de excepción a lo Mubarak, treinta años?


Erdogan está tratando de convertir el intento de golpe en un momento "fundacional", en un hito histórico en el que el pueblo turco quiso un cambio. El proceso de mitificación será constante. Las emociones se reafirman mitin tras mitin como en un proceso de condicionamiento. Erdogan prescinde de intermediarios y se sumerge entre ellos. Necesita reforzar el culto y hacer sentir la fusión entre él y los que corean su nombre. Unidos son Turquía; los demás, enemigos.
Es gratificante, al rebuscar en los análisis realizados con anterioridad, encontrar predicciones de que algo estaba por ocurrir. El análisis político o social no es un arte exacto y se basa más en la intuición que en los datos. La complejidad de las situaciones hace que se produzcan cambios constantes por los pequeños sucesos, pero no necesariamente se logra frenar la inercia de los movimientos de profundidad.

Me gustaría recoger (y reconocer el acierto) de Soner Cagaptay, Beyer Family Fellow y  director del Turkish Research Program at the Washington Institute, autor de la obra The Rise of Turkey: The Twenty-First Century's First Muslim Power. Cagaptay publicó en The Atlantic el 5 de octubre de 2015 el artículo titulado "Turkey Is in Serious Trouble". Al título le acompañaba una frase destacada: "The country has seen periods of turmoil before. But this time may be different". El sentido de la frase, leído hoy, se puede percibir como una advertencia.
Una de las cosas más complejas de los analistas políticos es que el resultado de los análisis implica la forma del futuro y este es cambiante con cada nueva información disponible. No sabemos lo que va a ocurrir. Lo importante aquí es el sentido que le demos a la palabra "sabemos". Al contrario del análisis del pasado, en donde el truco reside en que ya conocemos el presente—, las predicciones de futuro tienen pocos analistas que se arriesguen. Sus análisis de la situación pueden ser brillantes, pero eso no implica saber lo que realmente puede ocurrir. No hay fórmula, solo intuición, que no es ciencia infusa ni musa generosa, sino experiencia automatizada, un salto en la explicación, que es difícil de justificar más que con grandes rasgos. No es fácil comprender la forma del futuro (no digo "acertar"). Por eso los analistas se resisten, como los oráculos, a ser demasiado explícitos por más que pueden temer la ocurrencia de los acontecimientos. Ponerlo negro sobre blanco implica el prestigio, que es el principal capital del analista y lo que se pierde si no son acertados los pronósticos.
Por eso precisamente el artículo firmado en The Atlantic por Soner Cagaptay tiene un gran valor, en los dos sentidos de la palabra, por el análisis en sí y por el riesgo de hacerlo público. Este es el comienzo del artículo:

I am usually an optimist when it comes to Turkey’s future. Indeed, I wrote a whole book about The Rise of Turkey. But these days, I’m worried. The country faces a toxic combination of political polarization, government instability, economic slowdown, and threats of violence—from both inside and outside Turkey—that could soon add up to a catastrophe. The likelihood of that outcome is increasing amid Russia’s bombing raids in Syria in support of its ally, Syrian President Bashar al-Assad, which threaten to debilitate the moderate rebels and boost the extremists in Syria’s civil war, while leaving Turkey to deal with two unruly neighbors: Assad and ISIS.
Of course, Turkey has gone through periods of political and economic crisis before. During the 1970s, the country’s economy collapsed, and the instability led to fighting among right- and left-wing militant groups and security forces that killed thousands of people. Then, in the 1990s, Turkey was pummeled by triple-digit inflation and a full-blown Kurdish insurgency that killed tens of thousands. Turkey survived both those decades. The historian in me says that Turkey will be able to withstand the coming shock this time as well.
But the analyst in me says that things look different this time.*


Es realmente interesante este comienzo. Nos revela esas dos facetas, la del historiador y la del analista, como dos principios en lucha, combatiendo. El historiador sabe que Turquía ha logrado salir de situaciones difíciles, pero hay algo... La voz del analista resuena en su interior. No puede explicarlo del todo, es... una sensación, un malestar ante lo que tiene delante. No le gusta lo que ve. Percibe la llegada de una "catástrofe", no sabe en qué forma, pero la siente.
En días anteriores hemos traído informaciones previas al golpe sobre la crisis de la economía turca y cómo podría afectar su retroceso a una política, la de Erdogan y su partido, que se ha basado en el éxito económico durante su mandato. Turquía era la aspiración de muchos de los países que se levantaron durante la Primavera Árabe. Era para ellos un modelo de modernidad, de desarrollo económico y democracia; de estado laico en un país musulmán, un país integrado mediante alianzas en Occidente, etc. Pero Recep Tayyip Erdogan ha ido cerrando los caminos para emprender un regreso enterrando todo aquello que representó la modernidad turca. 
Tras analizar el agravamiento del problema con los kurdos, considerando que se ha buscado una polarización social, Soner Cagaptay escribía:

The source of Turkey’s dangerous polarization is Erdogan himself. Erdogan has won successive elections since 2002, and built a cult of personality, as a kind of authoritarian underdog, portraying himself as a victim who is forced to crack down harshly on those whose “conspiracies” undermine his authority. On this basis, he has successfully targeted and politically brutalized the secular Turkish military, businesses, liberals, the media, Jews, left-wing voters, Alevis, and now the Kurds.
Combined with the story of Turkey’s economic success, this narrative has contributed to Erdogan’s enduring, if shrinking, popularity. And though he stepped down as prime minister and AKP leader in August 2014 due to his party’s term limits, he has continued to run Turkey as president from behind the scenes. As a result, the country is on the verge of a constitutional crisis: It is a parliamentary democracy per its charter, with the prime minister as head of government responsible for running the country, but it looks more and more like a de facto presidential system, with Erdogan at the helm. The AKP won about 40 percent of the vote in the last election, and Erdogan himself retains significant support from Turks who identify with his humble roots and social conservatism. Conversely, the nearly 60 percent of the electorate that voted for anti-AKP parties in the June 7 elections, including a demonized and alienated opposition, will not support his efforts to change the constitution and give himself more power.
And violence is increasingly part of this hazardous split. The Erdoganist camp is turning to vigilantism to “defend Erdogan.” On September 7, for example, a pro-AKP mob raided the offices of Hurriyet, Turkey’s most popular and influential daily, setting it on fire in retaliation for Hurriyet’s supposedly unsympathetic coverage of the president. Though Erdogan’s opponents are divided politically among different parties, any of them could strike back in this climate—witness the worrisome rise of formerly dormant far-left militant groups and attacks by the PKK.*


Los hechos se pueden agrupar de muchas formas. Son piezas sueltas de un puzle cuya imagen, el futuro, desconocemos. Cagaptay daba una de las formas posibles a los hechos describiendo el centro del problema: Erdogan mismo. Cuando le escuchamos defender la "democracia" y preguntar "dónde está la democracia en Alemania" porque no le han dejado dirigir un mitin por videoconferencia, no podemos sino recordar lo que Erdogan ha hecho a la democracia turca con su personalismo, megalomanía y culto de sí mismo.
Erdogan es el problema. Turquía puede superar sus problemas como lo ha hecho en el pasado, pero no puede superar a Erdogan, que es el causante del desastre con sus decisiones, una tras otra.


Cagaptay habla de "the Erdoganist camp". La existencia del erdoganismo implica que la próxima purga será dentro de las filas del AKP. El último acontecimiento turco antes del golpe fue precisamente una crisis de gobierno que llevó a Erdogan al nombramiento de un primer ministro afín. Erdogan necesita enemigos. Ya lo es medio mundo. Trata de transmitir a los turcos la idea de que todos están contra Turquía (Estados Unidos, Europa... como veíamos ayer). Los necesita para justificar lo que hace y seguirá haciendo. Su mundo comenzará a llenarse de traidores a los que perseguir.
El artículo se cierra intentando dar forma a ese futuro abierto a la incertidumbre, pero lleno de miedos:

Polls show that the AKP is unlikely to win a majority of the vote in upcoming elections on November 1. In that context, and given the country’s deep divisions, Turkey’s only way out is for Erdogan to pull back to the powers defined for his office by the Turkish constitution: a non-partisan president who is not in charge of government. There is no evidence that Erdogan will accept this, or that his doing so would heal the damage he’s done, especially when it comes to Syria. Turkey will remain exposed to the civil war there, and Russian intervention will only complicate its position. But insofar as Erdogan has polarized his country, it’s ultimately up to him to tamp down tensions before they explode.*

Como sabemos ya, Erdogan tomó la segunda posibilidad, dejar que la olla que había puesto al fuego explotara. Los resultados en sus relaciones con otros países, en la población polarizada, el recorte de las libertades, etc. marcarán la historia de Turquía en adelante. La catástrofe se produjo, pero el mal originario —el autoritarismo de Erdogan—, lo que ha causado todo, sigue ahí, creciendo.
Lo hemos dicho varias veces: Recep Tayyip Erdogan pide solidaridad para la democracia turca. La democracia turca la tiene; él no. Los mítines continuos en los que se da grandes baños de multitudes tienen como fin transmitir algo que solo sus fieles se pueden creer: que él representa las libertades en Turquía. Hay una larga lista de hechos que dicen lo contrario.


Y los movimientos de Erdogan seguirán en la misma dirección: la eliminación de cualquier oposición, crítica o resistencia a su voluntad. El erdoganismo se ha constituido en un partido único.
De nuevo ponderar el trabajo de Soner Cagaptay. Es fácil hablar de crisis. El mundo siempre lo está con diferentes intensidades y causas. No lo es tanto establecer el equilibrio entre lo que el historiador ve y el analista intuye. Y tampoco lo es plasmar esas dudar anticipando la catástrofe. La explicación suele estar delante de los ojos: el 60% de los votos no eran para Erdogan y su partido. Desde ese momento, los acontecimientos en Turquía han ido en la dirección de solucionar ese problema para que Erdogan cumpla su destino.




* "Turkey Is in Serious Trouble" The Atlantic 5/10/2015 http://www.theatlantic.com/international/archive/2015/10/turkey-isis-russia-pkk/408988/


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