lunes, 4 de julio de 2016

Tras el Brexit, xenofobia y alfileres

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea promete convertirse en una sección especial de los medios de comunicación y probablemente en una especialidad política, jurídica, económica y sociológica. Esto, que muchos votaron con alegría y otros alegremente, va a convertirse en el epicentro de la controversia y el eje sobre el que se alinearán las decisiones que han de tomarse en el Reino Unido y también en la Unión ya que decidir qué y cómo hacer este proceso nuevo llevará a posturas dispares conforme se vayan produciendo los acontecimientos.
El primer problema lo estamos viendo ya en el quién debe liderar un proceso por el que algunos aspiraban alcanzar el poder y se ha revelado como un paso hacia la ruina y el descrédito. Los aspirantes al liderazgo conservador —algunos se han retirado, como Boris Johnson, de la carrera en espera de tiempos mejores— ya discuten ante las cámaras cuál debe ser la estrategia de negociación con una Europa que han rechazado e insultado de forma variada. 


Ya surgen algunos encarnando una línea "dura" de negociación con la UE para tratar de sacar todo lo que puedan. Mal camino y argumento, pues será la UE la que decida lo que permite al Reino Unido que ha perdido la ocasión de la presión desde el momento en que tiene plazos de salida. Sabedores de eso —que irán viendo cómo se acaba lo que tenían en la UE— la discusión se basa en lo establecido en el artículo 50, la notificación de salida. En el bando conservador, la lucha es a muerte entre los partidarios del Brexit, que reclaman como triunfo lo que muchos ven como una derrota, y los que dieron la cara por la permanencia. Euronews explica esta lucha:

La favorita es la ministra de Interior, Theresa May, quien defiende esperar a finales de año para invocar el Artículo 50 del Tratado de Lisboa que da inicio al proceso. “Tenemos que establecer nuestra posición negociadora para lograr un acuerdo correcto para controlar la libre circulación y asegurarnos de que logramos el mejor trato posible en el comercio de bienes y servicios”, declaraba May, quien ha visto cómo sus rivales en la pugna por el liderazgo conservador usan en su contra la campaña que llevó a cabo a favor de la permanencia en la Unión Europea.
Es el caso de la secretaria de Estado de Energía, Andrea Leadsom, y de Michael Gove, quienes reclaman que el futuro primer ministro proceda del bando que apoyó el “brexit”.*


La cuestión es que conforme pase el tiempo y se sigan percibiendo los desastres que los partidarios del Brexit desconocían, mitigaron u ocultaron, es decir, vaya creciendo el descontento, estos sean quienes puedan liderar nada. Uno de los programas de resumen semanal de Euronews ha nombrado a Nigel Farage como figura en ascenso durante la semana, en lo que podría ser clasificado como humor realmente negro; el reverso, explicaban, se lo llevaba Boris Johnson, al que cada vez le cuesta más salir a la calle si ser increpado por los ciudadanos indignados con la salida.


Los partidarios de la salida, por el contrario, han encontrado una forma extraña pero consecuente de su victoria: las amenazas, pintadas y ataques a los extranjeros que residen en el Reino Unido. Es la vertiente xenófoba y racista que los partidarios del Brexit, lo quisieran o no realmente, han utilizado o canalizado hacia las urnas y que ahora interpretan como el derecho a expulsar a los extranjeros. Lo que se siembra se recoge.


El diario El País recoge información sobre estos movimientos xenófobos:

Un asesor polaco de programas educativos europeos que hacía cola con su hijo en un supermercado de Gloucester la noche del viernes se topó con un tipo que preguntaba a gritos, uno por uno, a quienes estaban en la fila si eran ingleses: "¡Esto ahora es Inglaterra, los extranjeros tenéis 48 horas para salir de aquí! ¿Quién es extranjero aquí? ¿Eres español? ¿Italiano? ¿Rumano?". Este asesor, Max Fras, lo ha contado escandalizado en Twitter, y no es el único que ha denunciado escenas de este tipo. El resultado del referéndum en el Reino Unido, a favor de abandonar la UE, ha desactivado algún mecanismo inhibidor de las expresiones de racismo, porque en tres días se han registrado en distintos puntos del país numerosos episodios de xenofobia. Muchos de ellos han salido a la luz en Twitter, cuando ciudadanos anónimos relataban asombrados escenas que habían sufrido o presenciado. Insultos, amenazas y bravuconadas. Hasta le intentaron quitar el turbante a un ciudadano indio.**


Son los mismos efectos de las campañas de Donald Trump en los Estados Unidos en su carrera hacia la nominación para optar a la Casa Blanca. Es la misma demagogia racista que señala a los extranjeros como los causantes de los males y desvía la atención de los propios errores. El "extranjero" es la "explicación total".


Afortunadamente la mayoría de los británicos no aprueban estas prácticas intimidatorias minoritarias. Otras informaciones hablan precisamente de los movimientos solidarios con aquellos que han sido amenazados por los xenófobos. Las manifestaciones no son meras reacciones solidarias, sino que el Reino Unido tiene cubiertos sus servicios, como la sanidad, gracias a la presencia de muchos trabajadores comunitarios y extranjeros.
Muchos británicos han decidido manifestar esta solidaridad con un símbolo: un imperdible en sus solapas. Representa que no son hostiles a los extranjeros, que son bien recibidos y no se les ve como una amenaza.


La carta publicada ayer por el embajador británico en España por el diario El País intentaba tranquilizar a los españoles en Gran Bretaña, que seguiría siendo un paraíso para los inversores —decía— y a los británicos residentes en España. ¡Tranquilos!, venía a decirles, que esto no cambia en dos años. Me imagino que el mensaje no ha tranquilizado a nadie por su falta de realidad. El "aquí no ha pasado nada" no es lo que más tranquiliza a los británicos ni a los residentes extranjeros allá.


Las interpretaciones del Brexit son interesantes y, como hemos dicho al principio, un género por derecho propio. En The Washington Post, William Davies, co-director del Political Economy Research Centre at Goldsmiths, de la Universidad de Londres, escribe:

It is a basic principle of economics that human beings choose things that benefit them. But last week, as the results of Britain’s referendum on membership in the European Union came in, it quickly became clear that this principle was being overturned. Not only had Britain as a whole voted for a course of action that would almost certainly make it collectively worse off, but individual regions had also voted against their apparent interests.
Regions such as Wales and Cornwall, relatively cut off from the prosperity of London and the Southeast, had voted strongly to leave, even though they receive more money from E.U. development funds than any other parts of Britain. Wales, for example, was due to receive nearly $3.2 billion between 2014 and 2020. Equally odd was the finding — spotted by researchers prior to the referendum — that regions that are most dependent on trade with the E.U. are also those that are most keen to leave.***


El Brexit sería un ejemplo más de cómo las naciones ricas y educadas están en franco retroceso emocional, moviéndose por la excitación de sus oscuros deseos por parte de demagogos más o menos carismáticos.
Una vez eliminadas las explicaciones racionales, quedan las otras. Estas se dividen básicamente en el voto contra la clase dirigente, a la que identifican con Europa (aunque no se sepa muy bien porqué)  y el voto contra los otros, que sería el que está aflorando en forma de sentimiento de xenofobia y racismo.


La parte positiva del Brexit es la eclosión de los sentimientos europeístas en Reino Unido. Si estaban ahí —y lo estaban— se encontraban sepultados por toneladas de discursos demagógicos expresados durante décadas por gobernantes que se veían a sí mismos como las personas capaces de frenar la invasión continental de la apacible Britania. Hoy esto ya no funciona.
Es de esperar que de esa juventud que ha votado un 75% por la permanencia —la gran perjudicada— surjan movimientos y líderes capaces de expresar un discurso europeísta sin complejos por el bien de todos. De ellos y de nosotros.


* "Lucha abierta por el liderazgo del Partido Conservador británico" Euronews 3/07/2016 http://es.euronews.com/2016/07/03/lucha-abierta-por-el-liderazgo-del-partido-conservador-britanico/
** "El ‘Brexit’ desata la rabia racista" El País  29/06/2016 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/06/27/actualidad/1467050608_961870.html

*** William Davies "Brexit will make things worse. Is that why people voted for it?" The Washington Post 01/07/2016 https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/07/01/how-despair-made-voters-opt-for-brexit-even-if-they-didnt-think-it-would-help/?hpid=hp_hp-cards_hp-card-posteverything%3Ahomepage%2Fcard






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