lunes, 25 de julio de 2016

Oriente Medio y el antiamericanismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si hay un aspecto que hemos resaltado aquí durante estos años es el desastre la política norteamericana en Oriente Medio. Puede que no sean tanto los hechos como la carencia absoluta de un guión que represente el papel de los Estados Unidos en la zona. Y lo que es peor: el guión se lo han escrito tan bien sus enemigos que hasta los amigos lo han asimilado. Hoy todos, aliados y enemigos, recurren como la forma más sencilla de comunicarse con sus pueblos, al antiamericanismo.
Es cierto que incluso los teóricos occidentales han contribuido a ello, como los que se han dedicado a profetizar el fin del la era americana. Entre críticos del "orientalismo", teóricos del "postcolonialismo" y agoreros del choque de civilizaciones, lo cierto es que el papel de Estados Unidos se ha visto reducido y, algo peor, distorsionado hasta niveles insólitos. En ocasiones, durante estos años, nos hemos referido a Barack Obama como "el presidente peor asesorado de la Historia" precisamente para tratar de expresar ese distanciamiento de la realidad que la superpotencia tenía respecto al detalle. Es sorprendente el resultado de estos años pese a las ideas y venidas del Secretario de Estado John Kerry que se ha ganado el sueldo con creces.

El presidente Obama hizo una gira por los países de Oriente Medio y dejó una gran esperanza respecto a lo que la zona podía esperar de él. Tras años de pragmatismo apoyándose en ejércitos y dictadores, ahora parecía que había esperanzas de democracia en la zona. Así lo pensaron muchos. La realidad fue otra.
Donald Trump está atacando en estos momentos a Hillary Clinton con su responsabilidad durante el tiempo en el que fue Secretaria de Estado y, por ello, responsable de la política exterior norteamericana. Todavía deben quedar restos de pancartas en ciudades como El Cairo declarándola persona non grata. Desde el punto de vista de la investigación emprendida por los republicanos con un Comité de la Cámara de Representantes, el asunto del asalto del Consulado en Bengasi (Libia) no se ha resuelto hasta hace muy pocos días. Iban buscando la cabeza de Hillary Clinton tratando de demostrar su negligencia en un caso en el que murieron cuatro ciudadanos norteamericanos, incluido el cónsul. El diario El País recogía hace unos días el resultado final del informe que era exculpatorio:

“Nadie se dirigía hacia Libia en el momento en que fallecieron dos [de los cuatro] estadounidenses, casi ocho horas después de que empezase el ataque”, dijo este martes Gowdy. El Comité sí culpa al Gobierno de la falta de una estrategia en Libia y de no reconocer la creciente amenaza a la seguridad de sus efectivos en el país.
Esta afirmación coincide con la evaluación realizada por responsables del Ejército estadounidense tras el atentado. En sus comparecencias ante el Comité, líderes militares han alegado que carecían de información exacta sobre la evolución del ataque que les hubiera permitido reaccionar inmediatamente, así como de los efectivos necesarios en alerta para desplazar hacia Bengasi.*


Acusar al gobierno de los Estados Unidos de "no tener una  estrategia", de "no estar informado" de lo que sucede en la zona y que el Ejército reconozca "carecer de información exacta", aunque se trate de un hecho concreto, dice mucho de lo que ha sido la era Obama en Oriente Medio.
Por este lado se le abre un frente débil a Hillary Clinton y que Trump aprovechara. De hecho, Trump ha asumido las teorías que hoy inundan Oriente Medio: los Estados Unidos son responsables de todo lo que ocurre, del Estado Islámico (creado para desprestigiar al islam) al golpe turco (del que las veladas alusiones de Erdogan a terceros países señalan a los Estados Unidos, lugar de exilio del clérigo Gulen, al que responsabiliza. Lo expresa con claridad: el mundo está en un estado más caótico y peligroso desde que Obama llegó a la Casa Blanca. Olvida, claro, que el mundo que Obama recibe es el que le deja George Bush Jr, incluso George Bush Sr.
Especialmente grave es la situación en la zona desde que Rusia decidió que ya había pasado el tiempo de los sueños y se lanzó a una política activa  tras los errores y carencias de la política norteamericana. Allí donde los Estados Unidos se crean problemas, desembarca Putin con lazos comerciales, turísticos y militares que debilitan las formas de presión de los poco fiables aliados que vieron desestabilizada la zona y perdido el poder tras la Primavera Árabe, eje del terremoto.


El caso es especialmente grave en los dos países con los que Estados Unidos creía tener enmarcada la zona y protegida Israel por un lado y controlada Rusia y la entrada a Asia con Turquía. Por motivos distintos, pero menos de lo que pudieran aparecer a primera vista, los dos aliados de Washington se han vuelto contra la mano que los ha armado.
The Washington Post publicó ayer un artículo de Jackson Diehl, uno de sus reputados columnistas, en el que precisamente se preocupa de esta cuestión con el título "A troubling turn for U.S. relations in the Muslim world". En él señala:

When he launched his attempt to rebuild U.S. relations with the Muslim world seven years ago, Barack Obama started with Turkey and Egypt, vital U.S. allies that seemed to be on the cusp of change. Under Recep Tayyip Erdogan, Turkey was pioneering a model of moderate, democratic Islamism. Egypt was still ruled by an aging strongman, but with prodding from the George W. Bush administration, it had allowed the flourishing of a liberal civil society and was attempting to modernize its economy.
Since then, the two countries have, indeed, transformed their political systems and their relations with the United States — and the result has been a disaster for U.S. interests. As Obama prepares to leave office, Turkey and Egypt are emerging as twin models for a 21st-century Muslim authoritarianism, one Islamist and one secular. Their regimes are far more repressive than they were in 2009 and far less open to liberal ideas. But their most distinguishing feature, compared with a decade ago, is their anti-Americanism.
Erdogan and Abdel Fatah al-Sissi, Egypt’s general-turned-president, have become certifiably paranoid in their views of the United States. They not only embrace wild anti-American conspiracy theories, but articulate them in public. They seed the media they control with propaganda that makes Vladimir Putin’s anti-U.S. diatribes look tame. They go out of their way to persecute civil society groups, politicians and journalists they perceive as having U.S. support or connections.**


Quizá un poco tarde, con Obama con un pie fuera de la Casa Blanca, hacer estar reflexiones que hoy ya son clamorosas y difíciles de erradicar. El paralelismo entre el modelo representado por ambos países es evidente por más que no les guste a ninguno de ellos la comparación. Quizá sea por eso. Sin embargo, ya en estas pocas líneas se perciben dos errores que forman parte del problema. Dejamos de lado el qué sea eso denominado "los intereses norteamericanos", fórmula retórica en la que cabe todo y de la que nunca se sabe nada, especialmente si el caso es la pérdida de rumbo internacional. Quizá si eso fuera algo más allá de la fórmula vacía no se habrían producido muchos problemas. Los interese norteamericanos, por ejemplo, han sido los que han llevado a los Estados Unidos a espiar a sus socios y aliados occidentales mientras que, de nuevo por ejemplo, desconocían lo que pasaba bajo sus narices en Libia, Egipto, Turquía o Siria. Seguro que el móvil de Angela Merkel era mucho más interesante que el de los dirigentes libios, yemeníes, egipcios, etc.


Quizá Obama cometió un error al ofrecer generosamente a Hillary Clinton, su competencia a la Casa Blanca, el puesto de Secretaria de Estado; quizá Clinton estaba más preocupada por la legislatura que le tocara a ella presentarse a la presidencia. Por eso abandonó el barco en la segunda legislatura, para distanciarse de la política de Obama y de los fracasos internacionales que ya se veían venir. John Kerry entró ya con el desastre en marcha y solo pudo correr detrás de los fuegos y aceptar las "buenas ideas" rusas que Lavrov le dejaba en el camino para evitar una intervención masiva en Siria de incalculables consecuencias a la que ya se había apuntado el cerebro inconsciente del Brexit, David Cameron.
La realidad que el artículo de The Washington Post recoge —el antiamericanismo virulento de Erdogan y El-Sisi— no es nueva, como sabe cualquier lector paciente de este blog.
En el caso Egipcio, se percibe el error ya desde la valoración del articulista sobre Hosni Mubarak —"an aging strongman" apoyado por la administración de George W. Bush, le llama—, lo que explica los errores de concepto y evaluación posteriores que llevaron al desastre actual de Egipto, su posición internacional enfrentado a todos, error tras error, y a la involución de las pocas libertades que un régimen nefasto tenía.


Barack Obama y su administración, Hillary Clinton en especial, no supieron interpretar la Primavera Árabe porque tampoco habían hecho anteriormente esfuerzos para comprender la situación social, las aspiraciones y, especialmente, los mecanismos de creación de opinión pública que se estaban manejando y que llevarían al poder a los islamistas.
La mentalidad norteamericana ha sido incapaz de comprender las tretas y argucias que utilizaban los dictadores a los que apoyaban como garantía de estabilidad. Un dictador de este tipo no tiene ideología, solo estrategias para mantenerse él y su grupo (familia, institución que le respalda) en el poder. Han dicho siempre lo que los Estados Unidos han querido escuchar y han hecho después lo que han querido sin demasiados problemas. Han vendido laicismo cuando Estados Unidos se enfrentaba al terrorismo de Al-Qaeda y los talibanes, pero han usado la religión para mantener sus propias bases como un arma de control social para evitarse conflictos y no ser llamados impíos y cuestionados.


El antiamericanismo, en suma, que tanto llama la atención, es un movimiento estratégico una vez más, fomentado desde los propios gobiernos, como señala The Washington Post. Es un discurso que les permite aunar a todos: Estados Unidos es el mal. A los islamistas les parece bien porque dicen que Occidente les impone modelos que no son suyos; a los demócratas les parece lo más normal del mundo porque han sido encerrados durante décadas en las cárceles con el consentimiento de Estados Unidos, que nunca han comprometido sus "intereses" en este sentido y a los que les aseguraban que los encarcelados no tenías apenas apoyo social. Los gobiernos acusan a los Estados Unidos de haber promovido la Primavera Árabe para hundir y dividir Oriente Medio; la oposición los acusan, en cambio, de haber apoyado a los islamistas y de no haber apoyado a los demócratas. ¡Unanimidad total! Desde la época de Vietnam no se veía algo así.


El columnista de The Washington Post se pregunta por el origen de este cambio en ambos países y encuentra una explicación: los países prefieren imitar a Vladimir Putin y a China, como modelos autoritarios que la gente acepta mientras funcione:

Putin and China’s Xi Jinping have helped to inspire the new Muslim models of authoritarianism. A decade ago, dictatorship looked untenable in a globalizing world dominated by the United States; consequently, Erdogan was pushing Turkey toward membership in the European Union, while Egyptian strongman Hosni Mubarak was allowing his son to privatize state companies and tolerating Western funding of Egyptian groups promoting democratic politics and the rule of law. Now the Chinese and Russian regimes seem to offer proof that it’s possible to exclude democratic competition, suppress civil society, censor the Internet, practice crony capitalism, defy Washington — and still flourish.
So both Muslim governments are importing those practices. Erdogan has copied Putin’s political path, shifting from prime minister to the presidency while seeking a constitutional reform that would vastly increase the powers of the executive. Since the coup, he has targeted more than 50,000 perceived opponents. Sissi is preparing a draconian law that, like those already passed in Moscow and Beijing, would shut down any NGO with foreign connections or support. Most of these are already closed; U.S. citizen Aya Hijazi, who launched an organization to help impoverished street children, has been imprisoned for two years without trial.**

De nuevo, creo que la explicación se encuentra a medias. En estos años hemos podido apreciar el acercamiento ruso a Egipto. Putin no es tanto un "modelo", en el sentido que se le da en el artículo, sino un "amigo fiable", algo que no ha ocurrido con los Estados Unidos y su política exterior en este tiempo. China tampoco es un modelo; se trata de captar inversiones allí donde los Estados Unidos se retiran, igual que hace Rusia. China está interesada en invertir fuera y lo hace. Si los norteamericanos se convierten en socios incómodos criticando la política de Derechos Humanos, pueden tener por seguro que ni Rusia ni China va a abrir la boca por menudencias.


Lo del modelo autoritario representado por Putin frente al modelo democrático representado por Obama es otra muestra más de la ingenuidad estadounidense en el análisis. ¿Necesitaba El-Sisi un "modelo autoritario" o llevaba toda la vida viviendo en él? Solo una visión benévola de la época de Mubarak puede ignorar su régimen de represión. No, Egipto ya era un modelo de negocios internacionales y represión nacional con Estados Unidos bendiciendo la unión del viejo dictador (perdón, "hombre fuerte") con las clases empresariales en medio de una corrupción que sumió al país en el abandono total.
Darse cuenta de que a la sombre de la influencia norteamericana se han generado dos sistemas autoritarios, con dos personalidades invertidas, que se alejan de ella no debe ser agradable.


Quizá la única explicación a lo ocurrido en estos años lo estemos viendo con la presencia de Donald Trump como nominado republicano a la Casa Blanca. Su nombramiento, además de un peligro por lo que presenta como programa, es la constatación de un mal general: la baja calidad de la clase política norteamericana. Las energías de los republicanos se han despilfarrado en tratar de hundir a los demócratas; las de los demócratas en tratar de compensar el peso de estos en las cámaras y defendiéndose de sus ataques continuos. Es difícil que un país con tantas responsabilidades en todo el mundo pueda tener la atención necesaria en los asuntos cuando tiene dentro tal leonera política.


Lo que ocurra en la Casa Blanca es importante para el mundo. También lo que está pasando en Egipto y Turquía. Estamos en un mundo convulso y confuso. Sea lo que sea, solo hay una certeza: la Historia no es reversible. No hay Delorean para ir y volver a arreglar los entuertos. Los problemas de hoy nacieron ayer; los de mañana los tenemos debajo de los ojos sin verlos hasta que es demasiado tarde.

Descubrir ahora que los Estados Unidos tienen un serio problema en Oriente medio es realmente sorprendente. Algunas de las interpretaciones dadas también lo son. ¿Hay esperanzas?
Entre los que consideran que Donald Trump sería un desastre peligroso, haga lo que haga (ya ha hecho bastante con sus diatribas anti musulmanas), y los que consideran que Hillary Clinton podría haber aprendido algo de sus errores anteriores, la gente sensata no tiene más remedio que apostar por la segunda opción. Y que salga lo que salga y sin garantías.



* "El informe final sobre el ataque al consulado de Estados Unidos en Bengasi exculpa a Hillary Clinton" EL País 26/06/2016 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/06/28/estados_unidos/1467132850_817239.html

** Jackson Diehl "A troubling turn for U.S. relations in the Muslim world" The Washington Post 24/07/2016 https://www.washingtonpost.com/opinions/global-opinions/a-troubling-turn-for-us-relations-in-the-muslim-world/2016/07/24/a159cfee-4f4b-11e6-a7d8-13d06b37f256_story.html

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