sábado, 23 de julio de 2016

La estrategia del miedo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El último número de la revista Mente y cerebro (nº 79 julio-agosto 2016) recoge una breve noticia etiquetada como "Psicología social" y titulada "El alarmismo surte efecto". El origen es el Psychological Bulletin de 2015 y señala lo siguiente:

El miedo es un medio eficaz para influir en el comportamiento y las intenciones de las personas. Un metanálisis liderado por la psicóloga Dolores Albarracín, de la Universidad de Urbana-Champaign, revela que cuando se trata de modificar la conducta de alguien en una determinada y única ocasión, el miedo resulta de gran ayuda.
Los investigadores analizaron más de 100 estudios en los que habían participado más de 27.000 sujetos. Aunque el alarmismo no producía un efecto muy notable, si resultaba el doble de eficaz que los argumentos que no causaban alerta en los sujetos. No obstante, los investigadores indican que no se debe usar el miedo como estrategia general para modificar la conducta de las personas, puesto que el estudio solo se refiere a las advertencias que inducen temor. En este sentido, explicar el peligro con detalle y la alta posibilidad de que se produzca una situación resulta muy eficaz. También deberían considerarse los beneficios que comportan las contramedidas. (5)*

Lo encontrado por los psicólogos sociales en sus análisis tiene su lógica: el miedo es eficaz de forma momentánea, en un momento determinado; no lo es a largo plazo, donde es mejor utilizar estrategias menos alarmistas y más informativas. Uno puede gritar que hay fuego de forma dramática y todos saldrán corriendo, pero a la larga es mejor explicar los riesgos de incendio y las formas de prevención y evacuación. Si, además el fuego es inexistente y hemos creado interesadamente un pánico, la fábula del pastor y el lobo nos explica las consecuencias sin necesidad de metanálisis.
La otra cuestión es cuando los elementos de peligro son reales y continuados, ¿qué tipo de estrategia es la mejor? Indudablemente la mejor información: responsable, sin alarmismos, tratando que seamos capaces de enfrentarnos a los peligros reales con el menor desgaste posible, con la mayor eficacia.


El mero repaso de la prensa diario nos mostrará, en cambio, que el miedo es el resorte más usado en campos muy diferentes, desde las campañas políticas al terrorismo. Es más: el miedo parece haberse convertido en el estado ideal para la manipulación. Para que funcione bien, obviamente, ha de reforzarse de continuo y evitar que se convierta en un estado en el que vivir sin otra alternativa.
El uso estratégico del miedo en las campañas políticas implica la presentación del otro como el causante de ese miedo, como el peligro inminente del que hay que prevenirse mediante su exterminio. La estrategia del miedo necesita de dos elementos: el que se considera como el origen y el que lo manipula. Esta lo señalado como "peligro" y el que señala al peligroso. Es este último el que busca, obviamente, el rendimiento del miedo, que se traducirá en el caso de las campañas en el voto.
Se habla específicamente de una estrategia de "voto del miedo". Hoy prácticamente lo hacen todos y las campañas se han vuelto prácticamente todas "apocalípticas". Nadie reivindica la normalidad social, sino la excepcionalidad del momento, el bailar en el filo de la navaja.


Los que emplean estas estrategias usan técnica comunicativas, discursos adecuados para provocar en las personas los sentimientos encontrados de miedo y esperanza: ellos son el peligro, nosotros la solución. Es sencillo y eficaz. El problema es que todos lo hacen y, como en el circo, el "más difícil cada día" es necesario. Y en términos de angustia social y personal esto se paga. A todo el mundo se la habrán ocurrido ejemplos suficientes.
The Washington Post publicaba ayer un artículo firmado por Michael Gerson y titulado:

Far from being confused or opportunistic, Trump has a consistent, well-developed view of the universe and his (prominent) place within it. The world is in chaos. Our country is being infiltrated by child-murdering illegal immigrants and “massive . . . flows” of disloyal, unscreened refugees. American communities are overwhelmed by violence, impoverished by unfair trade and betrayed by politicians who refuse to “put America first.” The institutions that are supposed to defend us are dominated by special interests and rigged by elites.
These claims are wrong, exaggerated or cherry-picked in nearly every respect. But the message resonates. A majority of Americans regard their country as being on the “wrong track ” and have for some time. Conservative media and “breaking news”-driven cable networks reinforce this sense of decline and crisis.**


Hace tiempo que se señaló —aquí lo comentamos— que Trump era quien más atención gratis había cosechado de los medios. En este terreno, el demagogo siempre tiene las de triunfar. Solo deba graduar bien sus intervenciones para mantener a sus enemigos en el lado oscuro de las audiencias. Trump, por decirlo así, roba el plano a sus competidores; los medios lo secundan. Y la mejor forma de hacerlo es ir más lejos cada vez, en insultos, insinuaciones... y miedo. El miedo atrae morbosamente.
La estrategia de Trump es, efectivamente, el pánico. Se trata de sembrar la desconfianza absoluta en el propio sistema, cuya destrucción se ha producido por sus oponentes demócratas. El mundo, América, está peor tras Obama y Hillary. Él, en cambio, es la "ley y el orden", como ha traducido a eslogan sencillo sus propuestas.


El problema es que nada de esto es trivial. Tiene consecuencias, no solo políticas sino sociales, pues crea un clima en el que miedo hace tomar decisiones y cambia actitudes. En el mundo del miedo todos son enemigos; en un mundo mediático, el miedo es la primera página y quien lo provoca se lleva la foto.
Los que carecen de argumentos recurren cada vez más a este estado de miedo permanente en el que las amenazas reales se entrelazan con los discursos demagógicos manteniendo a la gente bajo una presión que para muchos llega a ser insoportable.


Ante la violencia emergente por todo el mundo, es fácil recurrir al miedo para cambiar las actitudes y conseguir los propios objetivos. Pero no es el miedo el que resuelve los problemas. Las soluciones de Trump para el miedo que él provoca, como las del miedo infantil, son cerrar puertas y ventanas. No son otra cosa los muros prometidos para los hispanos en la frontera con México o la prohibición de dejar entrar musulmanes en los Estados Unidos. Primero se crea o se aprovecha el miedo existente, luego se venden candados, muros y perros guardianes.
Hay que recuperar las estrategias de cordura, de argumentación racional y equilibrada, para evitar vivir bajo la presión del miedo de forma constante y que surjan estas figuras mesiánicas que prometen acabar con todos los males mientras le sacan provecho a la mayoría de ellos.



* "El alarmismo surte efecto" Mente y cerebro (nº 79 julio-agosto 2016) p. 5.

** "Trump is cultivating a state of panic" The Washington Post 22/07/2016 https://www.washingtonpost.com/opinions/trump-is-cultivating-a-state-of-panic/2016/07/22/97a7ce0e-504c-11e6-aa14-e0c1087f7583_story.html






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