viernes, 22 de julio de 2016

El divorcio egipcio o esconde tu felicidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
A veces comprendemos más por los pequeños hechos que por las grandes acciones, más por lo que no se puede decir que por el sonido grandioso de las palabras. Las sociedades pueden presumir de lo que quieran, pero las carencias reales, las situaciones críticas, saltan desde el fondo en los detalles. Hay muchas palabras sobre las mujeres en Egipto, pero no pueden tapar la situación que padecen muchas de ellas y, sobre todo, los obstáculos que esa sociedad profundamente patriarcal pone a las mujeres en muchas situaciones siempre que tiene ocasión.
En Egypt Independent nos dan cuenta de los problemas de edición de un libro sobre una cuestión que no debería plantear problemas, pero sin embargo lo hace a las mujeres, el divorcio:

Earlier this year, the Layan publishing house announced a project to gather and publish the personal stories of Egyptian women who had been through divorce and managed to rebuild their lives, even finding a degree of happiness, whether alone or with a new partner.
The stories are to be published next year in a book titled "I'm Divorced and Happy", and the project is still very much on course.
However, the strong negative reactions experienced by some contributors to the project seem to highlight just how sensitive the issue of divorce is in Egypt — and the dangers of discussing it openly.
Meanwhile, ever mindful of the strong emotions involved, Layan has been careful to avoid any content that seems to promote divorce or that seeks to set men against women.
The project's key aim is to reduce the stigma associated with divorce, particularly for women in Egypt. By publishing a book of "success stories" from divorced women, Layan hopes to achieve a degree of adjustment in the largely negative way divorce is viewed here.*


Las leyes permiten el divorcio pero la mentalidad patriarcal predominante establece los límites y reacciona con el "estigma", como se señala, la marca infamante que obliga a la ocultación y el silencio. Una cosas son las leyes y otras las mentalidades. En este caso —una vez más— una situación que la ley contempla, incluso desde la perspectiva religiosa, se ve oscurecida con la forma de percibir a la mujer divorciada, que no al hombre, que puede rehacer su vida o tener varias esposas o repudiar a la que no le da hijos.
Las mismas palabras del título se consideran ya una provocación: "I'm Divorced and Happy". ¿No se tiene derecho a ser feliz —o a expresarlo— si se da el caso? Desde la perspectiva patriarcal no: la mujer debe ser infeliz y afrontar "su fracaso" en el silencio. Solo el hombre puede llevarla a la felicidad.


La superioridad del hombre sobre ella hace que una mujer divorciada se perciba como un "producto defectuoso" devuelto a la familia, retirado del mercado. Mientras el hombre puede hacer ostentación de su nuevo estado y volver a casarse, el estado de la mujer viene a ser de "segunda mano", con muchas menos posibilidades de rehacer su vida. Es la valoración social. 
Si ahora la mujer sale diciendo que es feliz tras su divorcio, esto se plantea como una especie de desacato al patriarcado. Es metafísicamente imposible, un insulto. Si ha sido rechazada es porque hay en ella algo perverso que le ha impedido disfrutar de la generosidad que el hombre que la aceptó le ofrecía.
Es falso que el problema sea el "divorcio" en Egipto. Es un problema de ego masculino y de perspectiva de las familias, que ven la "devolución" de las hijas como un fracaso grupal. Ego masculino y patriarcado familiar son los dos aspectos íntimamente ligados que tienen como víctima a la mujer y su felicidad.


Una sociedad que mutila a sus mujeres en proporciones escandalosas, que la acosa sin límite, no puede permitirse que quienes las mutilan reconozcan que el fracaso viene de otros lados, especialmente de la negativa educación del hombre en ese entorno patriarcal. La forma de mantener ese fracaso masculino, que se da en muchos hogares y acaba en divorcio, es el silencio de la mujer, su retirada a la oscuridad. Pero elevada tasa de divorcios no es más que la punta del iceberg del descontento que muchas viven con resignación y miedo.
El editor de la publicación señala su intención tras saber que Egipto era uno de los países con más divorcios del mundo y en continuo crecimiento:

It was partly in order to correct this impression that Fathy al-Mazeen, the founder of Layan, decided to publish the book. He was alarmed by the increase in divorce rates over the years, and felt that women needed a new, more positive, perspective on the situation — ideally based on real-life stories of survival and renewal.
“I recently read that Egypt is among the countries in the world with the highest number of divorces per year," says Mazeen, "and I felt that if there were so many divorcees walking around, there needs to be a change in this outlook that demonizes them so much.”
Mazeen explains that divorced women in Egypt are often seen as having a bad reputation, because without a husband, a woman is considered more prone to promiscuous activity.
“So what if she’s unmarried?” says Mazeen, angry at the thought that a woman is judged by the presence or absence of a husband in her life.*

Obsérvese que se da por descontado que una mujer divorciada no solo es promiscua al no tener un hombre que la controle sino que no puede rehacer su vida en otro matrimonio. La felicidad está en la "soltería": “So what if she’s unmarried?” Se revela así el destino marginal de la mujer divorciada. Puede vivir, pero en silencio y como si hubiera sido dejada en un guardamuebles por el ex marido.
Esta misma marginación es la que le hace sufrir el acoso que es usado en contra de ellas: como son divorciadas y no tienen "hombre", necesitarán ocasionalmente de un macho dispuesto a satisfacerlas. No pueden aspirar muchas a más si es que lo hacen.


Las explicaciones dadas por el editor, pese a su buena intención, no dejan de ser esclarecedoras:

The problem for Layan is that in putting the book together it's been necessary to avoid causing unnecessary offense, which means walking a fine line between being too bold and diluting the original message. For this reason, the stories in the book do not attack the male point of view, and any material that presents either sex in a negative light has been excluded.
“We don’t want to describe divorce as an achievement," says Mazeen. "What we’re trying to say is that divorce does not make you a good person or a bad person — it is just something that happens to people.
"What we want these stories to show are women who are happy working or happy studying, or even doing nothing at all," he continues. "But ultimately what these stories will show are women who are over their divorce and are living their lives."
Despite the care that has been taken in writing and editing the stories, there has inevitably been some negative feedback in the first few months of the project after two writers provided glimpses of their stories online.*

El "hombre" queda a salvo. Se renuncia al análisis en beneficio de una imagen acrítica en la que la mujer puede trabajar, estudiar y quedarse en casa y ser feliz sin que su ex marido se tenga que sentir ofendido, insultado por ello. Resulta sorprendente si no se conocen las bases profundas sobre la que esa condena a la mujer —por mucho que se disfrace retóricamente— supone.


Decir "soy divorciada y soy feliz" es como decir "mi matrimonio fracasó" porque era infeliz. La simple aceptación del hecho de que haya gente infeliz en su matrimonio se convierte en un ataque a la gigantesca ficción patriarcal: la felicidad de la mujer depende del hombre. Y de las otras ficciones que lo sostienen en la misma línea: a) la mujer no elige bien y ha de hacerlo su familia; b) cuanto más joven se case, mejor, etc. Todas ellas sostienen la ficción patriarcal y permiten considerar a la mujer como inferior al hombre e inferior a su propia familia, que ha de decidir lo que puede decir o no, si ha de manifestarse públicamente como divorciada o divorciada feliz, o si es mejor la discreción que ahorre la vergüenza a la familia.
Hace una semana, Al-Monitor publicaba un artículo de Safiaa Mounir con el título"How these Egyptian women want to break the taboo over divorce". En él se señalaba:

Increasing divorce rates in Egypt are accompanied by an increase in issues faced by divorced women, especially young divorcees. In this context, Nooun, a women’s magazine focused on social and humanitarian concerns as well as supporting Egyptian women, announced that it was holding the first session of a program to help divorced women in the first year following their separation. The session, “Managing psychological and social pressures for divorced women,” will open July 17 at Medrar, a nonprofit collective in Cairo.
The director of Nooun, Sandra Sleiman, told Al-Monitor, “Divorced women face many problems in Egyptian society, as they feel guilty that they failed to keep the house together and maintain its stability. Financial problems also burden them.”
Sleiman said that the idea behind holding a training program came with the continuous increase in divorce rates and the absence of an association to help divorced women adapt to their new life situation. “Most divorce cases in Egypt affect young women, who face hardships in coping with their new lives,” she added.**


Todo el sistema trabaja para su estigmatización y ocultación. Por eso, ante la magnitud de la situación, las iniciativas de apoyo se suceden. Y también, los ataques contra ellas; el sistema se defiende.
La complejidad del divorcio en Egipto es grande y, como señalan en una asesoría jurídica egipcia "First of all, it should be acknowledged that, of all lawful acts, divorce is the one most disliked in the eyes of Allah. This is the basic assumption by which Egyptian law operates..." Ya el planteamiento inicial muestra que no será la mujer la que tenga las mejores opciones para proclamar su felicidad tras el divorcio. Lo que se trata de mantener es la ficción de que nada es mejor que el matrimonio, que un mal matrimonio es mejor que un buen divorcio.


Puede que un divorcio sea un fracaso, pero no es el fin de la vida ni nadie se debería avergonzar de que las mujeres puedan proclamar su felicidad. Mucho menos sentirse ofendidos. Lo que ocurre, en cambio, es algo muy egipcio: se ocultan las cosas, se rodean de silencio para hacer creer que no existen. Es paradójico que la felicidad de unas mujeres ofenda a otros a los que ni les va ni les viene, pero es ahí donde radica el problema: en el peso social.
El ánimo del editor es que las mujeres estigmatizadas social y familiarmente y frustradas en lo personal recuperen su autoestima y salgan del encierro a través de asumir que pueden aspirar a la felicidad. Esto, parece, molesta a los que consideran que es un  desafío intolerable.
A la desigualdad del matrimonio se suma la desigualdad del divorcio, cuyas leyes benefician al hombre, como denuncian los expertos y asociaciones. Ahora también ofende que la mujer pueda decir que hay vida —feliz— tras el matrimonio.




* "Divorced and happy, but still suffering stigma" Egypt Independent  20/07/2016 http://www.egyptindependent.com//news/divorced-and-happy-still-suffering-stigma
** "How these Egyptian women want to break the taboo over divorce" Al-Monitor 15/07/2016 http://www.al-monitor.com/pulse/originals/2016/07/egypt-divorce-women-training-session-nooun.html


 

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