lunes, 13 de junio de 2016

Orlando, odio y terror

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El asesinato de 50 homosexuales y múltiples heridos en estado crítico en Orlando a manos de un energúmeno que juró minutos antes fidelidad al Estado Islámico mediante una llamada telefónica plantea de nuevo un problema de enmarcado. El establecimiento de un marco es lo que permite la orientación interpretativa del suceso.
En Estados Unidos el problema inicial del enmarcado se produce por la distinción entre dos grandes bloques interpretativos: las matanzas y los actos terroristas. En el primer bloque se encuadran los sujetos que realizan ataques a institutos, colegios, centros comerciales, cines, etc. por motivos diversos Los actos que se enmarcan en ese campo tienden a generar los discursos sobre el control de las armas, las relaciones familiares y laborales conflictivas, las patologías, etc. Por el contrario, aquellos actos que son enmarcados como terroristas producen un tipo de interpretaciones y discursos muy diferentes, enfocados hacia el enemigo exterior. En este caso, hasta los discursos de condena se orientan en otra dirección. Las series con las que se conectan son también muy diferentes y pueden ser un indicador del enmarcado.


Las dificultades del crimen de Orlando provienen de diversos hechos y de la cuidadosa evaluación de las reacciones ante lo ocurrido. Lo más sorprendente del tratamiento mediático de este crimen masivo terrorista es su vínculo con el asesinato en la misma ciudad, Orlando, hace unos días de la concursante de The Voice, la cantante Christina Grimmie, a manos de un fan. La identidad de escenario hace que ambos acontecimientos, completamente diferentes, sin embargo se alineen en la misma serie. Esto provoca una distorsión interpretativa porque pasamos de "sujetos violentos" a "espacio de violencia" invirtiendo los elementos básicos. Muchos medios terminan sus informaciones añadiendo el crimen de la cantante. No aclara nada y, sin embargo, confunde.
El presidente Obama ha salido a condenar el crimen y lo ha hecho de forma doble, como una matanza fruto de la falta de control de las armas y del odio y como acto terrorista. "¿Es este el país en el que queremos vivir?", les ha preguntado directamente a los que le escuchaban al otro lado de las cámaras. Esa orientación va claramente hacia el peligro de las armas y del odio.
Por su parte, a Donald Trump, cuyo apoyo de la Asociación Nacional del Rifle ha sido explícita, le interesa enmarcar el suceso en otro terreno distinto al del presidente Obama. The New York Times señala:

The shooting quickly made its way into the presidential campaign. Donald J. Trump, the presumptive Republican nominee, who has accused Mr. Obama of weakness on radical Islam and has called for barring Muslim immigrants, suggested on Twitter that the president should resign.*


Trump aprovecha las "matanzas", como hizo no hace mucho, para decir que si entre las víctimas algunos hubieran llevado armas no habrían tenido el mismo resultado. De esta forma le permite mantener a su electorado dentro del discurso de las armas y atacar a sus contrincantes. La Norteamérica fundamentalista que se identifica con él interpretará de muchas maneras el crimen asociándolo, como él ha hecho, con la "debilidad" del presidente con el mundo musulmán.


El discurso de condena de Barack Obama se plantea la dificultad del enmarcado del hecho. Euronews lo recoge así:

“Es un día descorazonador para nuestros amigos, nuestros compañeros estadounidenses, ya sean lesbianas, homosexuales, bixesuales o transexuales. Debemos recordar que cualquier ataque a un estadounidense independientemente de su raza, etnia, religión u orientación sexual constituye un ataque a todo nuestro pueblo y a nuestros valores fundamentales basados en la igualdad y la dignidad que define a cada uno de los ciudadanos de este país. Ningún acto de terror o de odio podrá cambiar lo que somos ni lo valores que caracterizan a los estadounidenses.”**


La dificultad proviene de la consideración o no como "norteamericano" —Obama finalmente le retira automáticamente la nacionalidad al asesino—, algo que no hubiera podido hacer de no ser por su ascendencia afgana. El discurso se mueve entre el "odio" y el "atentado terrorista", porque, efectivamente, es ambas cosas, no la una o la otra. ¿No odia el terrorista? ¿Se excluyen el terror y el odio? No, pero sí en la consideración del crimen para su enmarcado. Habrá que modificar esta percepción con cada ampliación de los casos.
La voluntad terrorista se pone claramente sobre la mesa cuando el autor reivindicó su hecho mediante una llamada jurando su fidelidad al Estado Islámico. Una vez más se pone en marcha toda la complejidad que el Estado Islámico supone y queda en evidencia la falta de recursos para encuadrarlo como tal. Los que se empeñan en tratarlo como un grupo terrorista organizado fallan, como fallan también los que tratan de considerarlo como un ejército. El Estado Islámico es ambas cosas, pero sobre todo un canalizador, una oferta reivindicativa del que ha generado su odio hacia cualquiera de los objetos que frustren su vida.
La función psíquica del Estado Islámico es canalizar ese odio y convencerte de que le debes dar un sentido: el religioso, entendido este como yihad, es decir, como lucha. Esto quiere decir que se puede ser seguidor del Estado Islámico sin tener ningún contacto con él. La vigilancia —una vez más— falla porque se siguen buscando "conexiones" y no "actitudes". El FBI, nos dicen, había investigado dos veces al asesino sin encontrar nada "sospechoso". De nuevo, los fallos —o incomprensiones— son evidentes. Sigue sin entenderse cuál es el camino que se recorre entre la forma de percibir el mundo y el deseo de destruirlo.


Problema de enmarcado presenta también la nacionalidad del asesino. Él, se nos dice, es "norteamericano de origen afgano"; de su familia, en cambio, se nos dice que es "afgana". Es una muestra más de simplismo creer que la "nacionalidad" es lo que pone en el pasaporte ya sea porque se les ha concedido la nacionalidad o porque han nacido allí. Lo mismo ocurre con los yihadistas y terroristas europeos. Franceses, británicos, etc. se preguntan por la nacionalidad de sus propios terroristas. No es fácil entender, me imagino, que lo primero que hace el yihadismo es hacer desaparecer las diferencias nacionales, con pasaporte incluido. Da igual el pasaporte que tenga o dónde haya nacido: está haciendo la yihad y solo es un "soldado de dios". Todo el que se opone a sus designios es su enemigo, sea de su familia, pueblo o país. El yihadista que mató públicamente a su madre —tratamos aquí el caso— por decirle que abandonara es un ejemplo de ese desapego.
Enmarcarlo como "norteamericano" permite que otros países lo perciban como un asunto "interno" y no como un "atentado terrorista", lo que nos lleva a la dimensión de la "homofobia".


Si el asesino ha hecho profesión de fe yihadista jurando obediencia al Estado Islámico, tal como se ha informado, todas las dimensiones —como hemos señalado— se funden en una. No tienen ya sentido ir discriminando capas que no existen. Que su padre —simpatizante de los talibanes— diga que no tiene nada que ver con la religión es absurdo porque esa es la percepción que el propio asesino tiene: no hace nada por el mismo sino que sigue el mandato divino. Esa es su percepción errónea.


Por eso, pese a todo, los primeros que han salido a condenarlo claramente han sido los representantes de la comunidad americano islámica. Euronews recoge las declaraciones:

El secretario general del Consejo de Relaciones Americano-islámicas (CAIR) ha hablado claro: “los que hacen estos ataques no son musulmanes”, ha dicho.
Nihad Awad, Secretario General de CAIR:
“Este es un crimen odioso, punto y final. Lo condenamos en los términos más duros. Viola todos nuestros principios como estadounidenses y como musulmanes. Tenemos tolerancia cero frente a cualquier tipo de extremismo”***


Desgraciadamente, la homofobia oscurece ese discurso general porque no hace falta ser del Estado islámico para perseguir, encarcelar o ejecutar homosexuales en países islámicos. Los ejemplos los tenemos todos los días, de Marruecos o Egipto a Arabia Saudí o Irán, por lo que la condena de Nihad Awad está bien y es muy necesaria, pero también debe ser puesta en su justo punto.
Dentro de esa misma justicia hay que resaltar que el discurso del odio hacia la comunidad homosexual no es exclusivo de los países islámicos. El asesino no tenía demasiado lejos el discurso homófobo. Los propios Estados Unidos están viviendo una ola retrógrada desde el punto de vista de los derechos civiles en determinados estados que están legislando contra ellos. Aquí hemos atendido diversos casos, desde la funcionaria municipal que se negaba a extender los documentos de las bodas gais y fue convertida en heroína nacional, hasta las legislaciones que afectan, como ocurre en la actualidad, al uso de los baños públicos, una polémica abierta y candente, que ha hecho que músicos famosos, por ejemplo, se nieguen a tocar en determinados estados claramente homófobos.


Sí, también Estados Unidos tiene su homofobia propia, cada vez más virulenta, alentada por gente, entre otros, como Trump. También la tienen muchos otros países, como Rusia, con un Putin enarbolando la bandera de la discriminación como cuestión nacional, o Ucrania, donde por primera vez se ha podido celebrar el Día del Orgullo sin que sean atacados por la ultraderecha nacionalista, gracias a la protección policial.
A Trump le interesa llevar el marco hacia el campo islámico y contra Obama; a Obama, hacia el discurso contra las armas y el odio, por un lado, y también lo ha llamado también un "act of terror". A otros, en cambio, les interesa que no se interprete como un caso "terrorista" o "religioso", o la unión de ambos. Lo cierto es que este caso tiene todas las posibilidades superpuestas de enmarcado: es un crimen de odio, homófobo, fundamentalista islámico y terrorista, posibilitado por el acceso a las armas, para las que tenía todos los permisos pues trabajaba como agente de seguridad. Había estado vigilado, nos dicen, por el FBI, otro más que no les pareció sospechoso. No le falta nada.


Con la aparición de datos en las próximas horas y días, se irá perfilando con más claridad el criminal atentado. Se irá estableciendo el papel de ese padre que tiene un canal en YouTube desde el que manifiesta sus simpatías a los talibanes y llama a derrocar a los líderes afganos presentándose como presidente en el exilio; el de su ex esposa, que ya lo define como maltratador violento e inestable; etc.
La historia se repite y se repetirá. A la lucha en Siria e Iraq le complementa esa otra lucha que se da en las mentes y que lleva la muerte y el odio dentro dispuestos a salir en cuanto que haya un detonante potente o una ocasión adecuada. Es ahí donde se debe explorar. Es un terreno difícil porque estos son terroristas de usar y tirar. No es una banda que trata de cometer diferentes atentados; son personas que buscan una sola acción a sabiendas de que será la última.
El asesino, por ahora, es una interesante colección de selfies ante el espejo. En poco tiempo podremos saber lo que estaba a la vista y nadie supo ver.


El editorial de The Washington Post, acertadamente en mi opinión, elimina la ambigüedad del enmarcado ampliándolo. Ya no habla de acto de "terror o de odio", sino que lo titula "act of terror, act of hate", reconociéndole esa duplicidad al hecho y rompiendo las categorías habituales. Habrá que empezar a considerar que, desgraciadamente, se ha abierto un nuevo frente.
Nuestras condolencias y respaldo a todos los amigos, familiares y comunidad de los heridos y fallecidos en este nuevo ejemplo de barbarie criminal.



* "Orlando Gunman Attacks Gay Nightclub, Leaving 50 Dead" The New York Times 12/06/2016 http://www.nytimes.com/2016/06/13/us/orlando-nightclub-shooting.html
** "Barack Obama: es “un acto odioso de terrorismo”" Euronews 12/06/2016 http://es.euronews.com/2016/06/12/barack-obama-es-un-acto-odioso-de-terrorismo/
*** "Nihad Awad:, presidente de CAIR “ el Estado Islámico no nos representa”" Euronews13/06/2016  http://es.euronews.com/2016/06/13/nihad-awad-presidente-de-cair-el-estado-islamico-no-nos-representa/







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