viernes, 24 de junio de 2016

En busca del coche perfecto o out is out

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En el día en que nos acostamos temiendo que Gran Bretaña saliera de Europa y no levantamos con la noticia de que ya ha salido, en el día en el que hay que felicitar a Nigel Farage, el admirador de Putin, por la creación pronta del Día de la Independencia, en el día en el que los mercados bajar acompañando a la libra esterlina en su viaje a ninguna parte, etc., es decir, hoy, el tema más interesante y digno de ser tratado desde mi capacidad infinita de elegir me parece que es este el diario El País nos propone con el titular "¿Comprarías un coche que elegirá matarte para salvar otras vidas?". La cuestión se me antoja harto pertinente en un día oscuro, moralmente invernal, del mes de junio:

Imagine que un coche se mueve a 80 kilómetros por hora por una carretera. En su interior viaja una niña sola, porque se trata de un vehículo inteligente, autónomo al 100%. De pronto, tres niños se abalanzan sobre la carretera por error y el coche debe elegir en milésimas de segundo: seguir hacia adelante y atropellar a tres niños o dar un volantazo y estamparse contra un muro, con su pequeña pasajera dentro. ¿Qué debería hacer el coche? Es probable que haya optado por salvar a los tres niños. Ahora, imagine que el coche es suyo y la niña, su hija. ¿Compraría para su familia un coche que va a matar a sus tripulantes para salvar otras vidas?
El bien mayor, como la ética, se desliza por una pendiente muy resbaladiza cuando se lleva a lo personal, como han mostrado unos investigadores en un estudio que publican en Science. A través de una serie de preguntas, sondearon la opinión de ciudadanos norteamericanos sobre estos dilemas. La primera conclusión es que la mayoría de los encuestados quiere que los coches autónomos tengan esta moralidad utilitarista: mejor matar a un pasajero que atropellar a 10 peatones. Sin embargo, la mayoría asegura que no compraría un coche con estos criterios en su algoritmo.
La gran paradoja de los vehículos inteligentes sería que su perfección a la hora de reducir el número de muertes provoque que los usuarios no quieran comprarlos. Y cada año que se retrasen será un año en el que no se estarán evitando accidentes debidos a errores o negligencias humanas; el 90% de los accidentes actuales, según algunos cálculos. Pero nos aterra pensar que nuestros coches estén programados para matar, para matarnos. Preferimos que ese algoritmo esté solo en los de los demás.*


El problema, como habrán observado los aficionados a la Ética o las personas insomnes, no es nuevo. Es una actualización de una cuestión ética al único comportamiento que hoy nos preocupa: las compras. El gran drama que el artículo nos presenta es que no vamos a querer comprar un vehículo perfecto porque nuestra imperfección es la que decidirá si comprarlo o no. Es decir: la inversión en ingenio, trabajo, tiempo y dinero realizada por miles de personas para la producción de un coche perfecto choca con una frase que en latín luciría más pero que los psicólogos evolutivos concretan en un "¡no me da la gana comprarlo!", acompañado probablemente con algún gesto obsceno que variará en función de la cultura en la que se haga la encuesta o pregunta aislada.
La pregunta en otros tiempos no habría sido "cómo vender un coche perfecto a personas imperfectas" sino "para qué queremos un coche perfecto (después de lo que sabemos que pasó en Babel)". Antes de que la Ética se estudiara como obstáculo al Marketing (el yin y el yang), incluso habría pasado por otra fase crítica e inquisitiva mediante la pregunta "cómo, seres imperfectos, podemos crear un coche perfecto". Algunos se sumergirían en los fondos  metafóricos del lenguaje y se preguntarían qué es "perfección" y si no encierra la pregunta un truco semántico en el que "perfecto" implica que no debe ser cuestionado.
Algunos pensarán que la pregunta se puede perfeccionar y transformarían el original "¿Comprarías un coche que elegirá matarte para salvar otras vidas?" por un más preciso "¿Comprarías a plazos un coche que elegirá matarte para salvar otras vidas?". Este argumento me parece decisivo puesto que nada daría más rabia que el que te mate después de haberlo pagado al contado. Si Dios está en los pucheros, la verdad está en los detalles. Una Ética de la Compra no debe olvidar las formas de financiación.


Estoy seguro que esa pregunta reformulada daría lugar a importantes variaciones que serían recogidas en Science y causarían asombro, reactivando la fabricación de coches perfectos que deciden por sí mismos si deben estrellarse contra un muro contigo dentro.
Después de lo ocurrido con las emisiones contaminantes y los falsos datos sobre ellas, debemos estar preparados para un desengaño, que la Ética de serie pueda venir trucada y los fabricantes nos hayan vendido un coche que dice unas cosas y luego hace otras. Puede que los grandes fabricantes pidan que los coches pasen por los talleres para reajustarles la ética que se ha detectado que tiene fallos.
La duda que subyace a todo lo dicho es ¿para qué queremos un coche perfecto en un mundo en el que todo es imperfecto, empezando por las carreteras, los peatones que cruzan por donde no deben o los conductores fumados? Y más: ¿por qué queremos que un coche tome las decisiones por nosotros si lo único que tenemos es nuestra libertad de elegir?


La pregunta que les han hecho a los británicos y que ellos han contestado hoy se parece bastante a ese "¿Comprarías un coche que elegirá matarte para salvar otras vidas?". Traducido a "brexit" sería algo así como: "¿Quiere pertenecer a un grupo en el que le perjudican para salvar a otros?". Los británicos han dicho que no, claro. "Rule Britannia!". Se concreta y acaba la peligrosa política de estar en Europa practicando una política de antieuropeísmo, de uso constante de la Unión como origen de todos los problemas. Esa ha sido la estrategia de los gobiernos conservadores de Gran Bretaña y de Cameron en particular, su patética campaña europeísta no tapa los años de amenazas y excusas tirando de la cuerda hasta que se ha roto.
Los británicos que han votado que sí a la salida son consumidores de una idea romántica de Gran Bretaña. El "antes" al que quieren volver ya no existe; el mundo ha cambiado. Han comprado su coche británico y el derecho de atropellar. Su pregunta es "¿Comprarías un coche europeo que elegirá matarte para salvar otras vidas?". Lo malo es que tendrán que hacerlo en sus propias carreteras porque para ellos las europeas se han vuelto de peaje. Como les ha advertido Juncker, "out is out".


J.K. Rowling, la autora de la serie de Harry Potter, ha dejado una gran verdad en un twit: "Scotland will seek independence now. Cameron's legacy will be breaking up two unions. Neither needed to happen."  Cameron es el hombre que se atropella a sí mismo en su regreso al futuro particular. 
Uno de los eufóricos líderes de la salida ha comparado el día con el de la caída del muro de Berlín. Sigue la línea subyacente de Boris Johnson comparando Europa con la Alemania hitleriana. Se les ha vendido a los británicos la Batalla de Inglaterra como marco conceptual: los nazis se han adueñado de Europa, recuperemos nuestra libertad. Está por ver si el muro no se les caerá encima a los que han dado el topetazo.
Lo que sí es cierto es que todos recordarán, para bien o para mal, dónde estaban ayer mientras la libra se desplomaba. Out is out.



* "¿Comprarías un coche que elegirá matarte para salvar otras vidas?" El País 24/6/2016 http://elpais.com/elpais/2016/06/22/ciencia/1466610816_591801.html



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