jueves, 9 de junio de 2016

Elijan un problema o el mensaje de Matt Damon en el MIT

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Qué ocurriría —se preguntaba Matt Damon durante su alocución a los alumnos y profesores en el acto de graduación del prestigioso MIT hace unos días*— si este mundo no fuera real sino solo una simulación en el ordenador de una civilización superior? ¿Qué ocurriría si esto, nuestro mundo, fuera un "simulacro" del que nosotros no fuéramos conscientes, en el que actuáramos pensando hacerlo libremente pero solo respondiéramos a la lógica de nuestro programa en el que todo estuviera determinado? De todas las simulaciones posibles, ¿por qué estamos en aquella en la que Donald Trump es candidato a la presidencia? ¿Podemos cambiarnos a otro simulacro?, se pregunta ante las risas de los estudiantes y los aplausos de la mitad del cuerpo docente, en cuyo estrado algunos se mueven nerviosos en sus asientos.
Si ayer hablábamos de Meryl Streep y sus críticas a Trump desde la ironía de Cole Porter y su "Kiss Me, Kate" hoy toca hacerlo de Matt Damon, quien ha aportado su granito de arena para evitar que esta "simulación", en la que Trump es candidato a la presidencia de los Estados Unidos, sea un experimento desastroso y alguien reinicie la máquina.


Su respuesta esa la misma que muchos han dado a este filosófico y viejo problema. La respuesta es que, estemos en un simulacro o estemos en una realidad, "lo que hacemos importa". "Deben salir de aquí y hacer muchas cosas interesantes, cosas importantes, cosas ingeniosas, porque este mundo —real o imaginario— tiene problemas y necesitamos que dejen todo de lado y ayuden a resolverlos. Así que, adelante, escojan lo peor de lo peor del mundo", le ha dicho. Y le ha hablado de la desigualdad económica, de la crisis de los refugiados, la inseguridad nacional, el cambio climático, las pandemias, la estafas del sistema bancario, etc. como retos, como desafíos para que los que salgan de una de las instituciones educativas más prestigiosas del mundo pongan su inteligencia, su entusiasmo, su creatividad y cualquier otra cualidad positiva disponible para intentar resolverlo.
La mención a Trump en todo esto es circunstancial, pero solo en cierto sentido. Donald Trump forma parte de los problemas que debemos enfrentar y resolver. Pero el centro de su discurso no debe ser eclipsado por la mención al candidato que puede recalentar la máquina que gestiona nuestro mundo. El discurso de Damon va más allá; es un mensaje doble a las universidades y a los que están en ellas: lo que hacemos importa y elijamos un problema del mundo e intentemos solucionarlo.


Como tantas otras cosas, hemos pervertido el sentido de la universidad, su finalidad última. Una de las polémicas que han salpicado la campaña para la nominación republicana ha sido sobre la llamada "Trump University", unos carísimos cursos para hacer dinero creados por el magnate candidato, sobre la que penden denuncias por estafa. La NPR norteamericana incluía la historia de Bob Guillo, un jubilado que exige que le devuelvan los 35.000 dólares que le sacaron en las sesiones de la "university", cuya sesión inaugural recuerda:

The session took place at a hotel on Manhattan's East Side. Guillo remembers signs in the hotel lobby that read, "This Way to Success." Inside the auditorium was a large cardboard cutout of Trump, and attendees had their picture taken alongside it.
The people running the session were more like motivational speakers than trained real estate professionals, and they were very persuasive, Guillo says.
"The first thing they said was, 'Guys, Mr. Trump is a multibillionaire and he doesn't need your money. He's doing this to be benevolent and to allow people like you to become successful like he is,' " Guillo says.**


A diferencia de la propuesta de Matt Damon en el MIT, una verdadera universidad, la de Trump es un reflejo de los tiempos que el propio magnate ha contribuido a crear. Trump no es un elemento surgido del azar: es un signo de un estado del mundo.
Donde Damon propone elegir un problema que intentar resolver en beneficio de todos, Trump y sus secuaces instructores no repiten eso que hemos escuchado tantas veces de "cada crisis es una oportunidad", llevándolo al extremo. Hoy se provocan crisis para encontrar esas oportunidades especulativas —como recuerda Damon a los banqueros— en las que todos salen perdiendo para que unos pocos, muy pocos, se beneficien. Tanto la palabra "crisis" como "oportunidad" han sido llevadas al extremo de la perversión en la culminación de un período de pérdida de sentido de la comunidad en beneficio de un egoísmo individualista.
El centro de la argumentación del mensaje de Matt Damon es válido para casi todas las universidades del mundo, más allá del engendro de Trump. Hemos perdido unos y otros el sentido de la educación y el sentido de la universidad como espacio y finalidad. Las propias universidades han perdido la motivación para la captación de sus alumnos, considerados ahora "clientes". La concepción empresarial de las universidades va más allá de su gestión y se ha contagiado de una forma de ver el mundo que le es impropia.
"Lo que hacemos importa" es un mensaje claro. Ser universitario es entrar a formar parte de una elite social cuya función no es enriquecerse más que las otras sino ayudar a resolver los problemas del mundo, adquirir una competencia específica, desde nuestra vocación, para ayudar a resolver los problemas de la sociedad.


Hoy en muchas de nuestras universidades se enseña lo mismo que en las "Trump University": cómo sacar dinero a la gente. Se hace de forma más sutil, pero se hace. Hay programas de muchos tipos sobre cómo manipular mercados o voluntades, sobre cómo bordear las leyes para aprovechas sus lagunas, etc. Se financian proyectos cuyos objetivos son el aprovechamiento de "oportunidades" en vez de la resolución de problemas.
La claridad y rotundidad del mensaje es grande: elijan un problema. Ser realmente "universitario" implica una responsabilidad más allá del individualismo del que adquiere conocimientos con la promesa de sacar un mayor beneficio.
Sorprende la frivolidad de lo universitario en todos los ámbitos. Generaciones anteriores reflexionaron sobre el papel de la Universidad y sus elites. El mensaje actual es que estudiando invertimos en nosotros mismos y no tanto que es la sociedad la que invierte en nosotros para poder resolver sus problemas. El beneficio propio lo es todo en un mundo que se ha transformado en mercado y que actúa según su lógica. Ya nos han avisado de que esta transformación tendría sus consecuencias. Y un de ellas, desde luego, es la degradación de lo universitario. La Trump University no es una anomalía; es solo una exageración.


Si no se produce pronto una recuperación de una mentalidad universitaria que se vea a sí misma como parte responsable de lo que ocurre en el mundo, quedará reducida a un formato en el que se enseñará que nadie es responsable de lo que ocurre y nadie tiene la obligación de resolverlo.
Cuando uno accede a una universidad adquiere dos compromisos. El primero es personal: tratar de formarse lo mejor posible. Sorprende la trivialidad con la que se consideran los estudios, sorprende también el carácter exclusivo y especializado con que se consideran. Un universitario, como su nombre indica, es algo más que un "especialista" y su formación debe ser lo más completa posible en los campos necesarios para tener una visión más amplia de los problemas que tiene enfrente. El universitario actual rechaza aquello que no se atenga a su campo, cada vez más especializado, por lo que carece de una mirada integradora de los problemas. Es solo una pieza y como tal su criterio es relativo. Como universitario debería tener una perspectiva más amplia de la cultura y de la sociedad en la que vive.


El segundo compromiso es el social. El individualismo imperante nos hace tener una perspectiva egoísta de nuestra función. El mensaje de Damon es "elijan un problema", no solo una forma de "ganar dinero", que es lo que parecen recomendarnos y nos prometen desde las instituciones. Tener un formación superior significa tener una responsabilidad social compatible con nuestras aspiraciones individuales que no tienen porqué caminar en direcciones opuestas. Solo los que piensan en la formación como una inversión para obtener un beneficio posterior percibirán ese conflicto de intereses o, con más frecuencia, ni se lo plantearán.
El conocimiento tiene unas implicaciones éticas en cada campo. Muchas de las crisis a las que hace referencia Damon en su alocución son problemas creados por unas minorías que se resisten a renunciar a sus manejos en nombre de un beneficio propio. Carecen de ética. No aprendemos para manipular mejor —la información, el derecho, la economía, la salud, los fármacos, los alimentos...— a los demás; aprendemos lo que otros han creado, descubierto, inventado... para poder resolver los problemas esenciales de la mejor manera posible. Por eso la Universidad es un espacio donde se aprende lo que se sabe hasta el momento y se comprende que es insuficiente, que es un camino abierto porque el mundo y el ser humano son sus campos inagotables.


Las universidades que renuncian a estos valores se deslizan hacia la "Trump University", en las que el reclamo es hacerse rico. Lo harán de forma más o menos elegante, pero lo harán. Y el mundo no mejorará nunca si se llena de aspirantes a Trump, héroes modernos que desean compartir su "saber hacer" para enriquecerse por un nada módico precio, como saben los reclamantes en los juzgados norteamericanos.
Hay que mantener vivo ese lema: "elijan un problema". El mundo está lleno de ellos, grandes y pequeños, de todos los colores del arco iris. Háganlo para intentar solucionarlos, no para aprovecharse de ellos.


El mensaje de Matt Damon en la graduación del MIT cita a Trump como un peligro inminente, pero Trump —su mentalidad— está en nuestras sociedades, dentro de nuestras instituciones, de muchas mentes, con muchas caras, las más evidentes las de los miles de matriculados en sus cursos. Es solo la punta del iceberg.
Si el cambio no surge de las universidades se producirá su declive hasta quedar convertidas en lo contrario de lo que deberían ser. Creo que entre los parámetros para medir la calidad de las universidades, de los docentes o de los egresados no se encuentran estas cosas. No hay que preguntarse tanto qué arriba llegan nuestros antiguos alumnos, sino qué hacen allí donde llegan. ¿Arreglan algo o lo empeoran?
Elijan problema —hay para todos los gustos— porque lo que hagan sí importa. Y hay que transmitirlo.


* "Matt Damon defenestra a Donald Trump, los bancos y los medios" La Red 21 (Uruguay)  7/06/2016 http://www.lr21.com.uy/mundo/1291520-matt-damon-donald-trump-mit-massachusetts
** "Trump University Customer: 'Gold Elite' Program Nothing But Fool's Gold" NPR National Public Radio 6/06/2016 http://www.npr.org/2016/06/06/480948631/trump-university-customer-gold-elite-program-nothing-but-fools-gold


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