martes, 24 de mayo de 2016

La mutación doctrinal

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Han pasado cinco años desde las revueltas que comenzaron en Túnez y sembraron de expectativas de cambio toda la región. La decepción se produjo por cómo unos procesos así se veían aprovechados por los movimientos islamistas para intentar hacerse con el poder. La debilidad ideológica, fruto de la represión de décadas, dejaba los intentos de conseguir libertades en actos caóticos que los bien organizados movimientos religiosos sabían aprovechar.
Cada país vivió, en un sentido u otro, su propia forma de frustración viendo cómo era incapaz de controlar unos procesos que acaban trayendo violencia y represión, en muchos casos mayores que contra la que se habían rebelado.

El caso de Túnez, los que marcaron el camino y apoyaron a los siguientes —los egipcios—, pronto se convirtió en un tira y afloja entre los movimientos islamistas que querían hacerse con el poder y poner el estado a su servicio y los movimientos laicos —especialmente las mujeres— que no estaban dispuestos a ceder las pocas libertades que tenían y deseaban hacer un Túnez para todos, sin imposiciones.
Lo ocurrido en Egipto sirvió para que los islamistas tunecinos, de la misma raíz que los Hermanos Musulmanes, aprendieran lo que podría ocurrirles si intentaban acelerar los procesos de islamización en la sociedad. Lo que Egipto no pudo tener con la Hermandad, los tunecinos lo lograban en un esfuerzo histórico por evitar el desastre. 
Una vez consolidada la Constitución, pieza clave del estado, era posible ir avanzando en alguna dirección que permitiera una salida a un conflicto ideológico que parece tener difícil solución; la relación entre el islam y la democracia con sus derechos individuales .
En este contexto, la noticia que trae estos días Le Monde —recogida en la prensa mundial— de la salida del "islam político" del partido Ennahda tiene gran importancia. El propio titular de Le Monde —"La Tunisie s’interroge sur la mue du parti islamiste Ennahda"*— ya se plantea la cuestión de forma problemática lo que ha sido el congreso del partido y las dudas que suscita:

Mutation doctrinale ? Ravalement de façade ? Les avis en Tunisie sont partagés sur l’ampleur du changement à attendre du 10e congrès d’Ennahda, parti dont on ne sait s’il faut toujours l’appeler « islamiste ». Lancé vendredi 20 mai à Radès, près de Tunis, ce grand rendez-vous rassemblant 1 200 délégués se prolongera samedi 21 et dimanche 22 mai à Hammamet (côte est) avec l’ambition proclamée d’accomplir une sorte d’aggiornamento mettant Ennahda au diapason de son époque.
La révolution démocratique de 2011, l’épreuve douloureuse du pouvoir entre la fin de 2011 et le début de 2014, et le consensus national autour de la Constitution de 2014, ont lourdement pesé dans cette redéfinition de l’identité politique d’un parti né sous la dictature. Dans un entretien au Monde, le président d’Ennahda, Rached Ghannouchi, 74 ans, avait levé le voile sur la mue en cours, en affirmant que son parti allait « sortir de l’islam politique » pour entrer dans l’ère de la « démocratie musulmane ». Cette formule d’articulation entre le politique et le religieux est à ses yeux comparable à l’expérience de la démocratie chrétienne en Europe.*


No tiene nada de particular que haya escepticismo sobre ese planteamiento hasta ver los propios hechos en marcha. El historial de intransigencia, de ser los custodios del terreno de juego, además de participar en él, es característico de los partidos islamistas. Sin embargo, si existe una posibilidad de que ese cambio sea real y viable debe ser explorada —con todas las prevenciones— por el bien de esas sociedades.
Lo ocurrido con la Turquía de Recep Tayyip Erdogan, en la que la aceptación de las reglas de juego lleva al poder y una vez en él se da la transformación progresiva hacia el actual autoritarismo, con la persecución de la oposición y la conversión religiosa del estado, debería ser al menos un aviso de que con los islamistas nunca se puede bajar la guardia.
Lo que se aprueba en un congreso en 2016 puede ser cambiado en otro congreso si no sale al gusto de los islamistas. Este riesgo existirá siempre. Es la respuesta cuando se encuentran con un obstáculo. Unos lo aceptan y otros dan el salto a un estado que les permita combatir lo que no ajustó a su visión. El artículo se cierra con la declaración de un miembro de su consejo: "Seule l’histoire permettra de montrer notre sincérité".


Realmente esta suele ser la clave siempre que se trata con islamistas, la "sinceridad" de sus afirmaciones de cambio democrático. Lo habitual es la agenda propia que solo se ajusta a la general si va en la misma dirección. Lo ocurrido en Turquía cuando casi se pierde el poder es una muestra de la falta de sinceridad. Ahora los islamistas tunecinos piden que se les crea. Los tunecinos deberán decidir esto.
Le Monde analiza las posibles razones del cambio:

Deux raisons principales ont rendu possible cette « sortie de l’islam politique » évoquée par M. Ghannouchi dans son entretien au Monde. La première est l’évolution post-printemps 2011, couronnée par le consensus autour de la Constitution de 2014. Islamistes et anti-islamistes s’étaient à l’époque violemment affrontés autour de la querelle « identitaire », c’est-à-dire la définition du rapport entre nation et religion. La Constitution a finalement tracé un juste milieu. D’un côté, elle établit que l’« islam est [la] religion » de la Tunisie, stipule que l’Etat « protège la religion » et s’engage à « protéger le sacré et empêcher qu’on y porte atteinte ».
D’un autre côté, cette même loi fondamentale pose que la Tunisie est « un Etat civil fondé sur la citoyenneté », qui garantit « la liberté de conscience », et s’engage à « prohiber et empêcher les accusations d’apostasie ». Aux yeux de M. Ghannouchi, cette Constitution a ainsi « imposé des limites à l’extrémisme laïc tout comme à l’extrémisme religieux ». « Nous sommes convaincus que le conflit identitaire est révolu en Tunisie, abonde Lotfi Zitoun, le conseiller politique de M. Ghannouchi. Il y a eu une réconciliation autour de l’identité de la Tunisie ». Dès lors, le pays peut passer à autre chose, en particulier les questions économiques et sociales sur lesquelles Ennahda entend désormais montrer son expertise.
La seconde raison est qu’Ennahda veut prévenir le risque d’un retour à la bipolarisation violente qu’elle a vécue lors de son exercice du pouvoir. Accusée de laxisme, voire de complicité avec des groupes salafistes radicaux qui se sont livrés à des assassinats politiques en 2013 (les députés Chokri Belaïd et Mohamed Brahmi), le parti a été contraint de céder le pouvoir, sous la pression de la rue, au gouvernement technocrate de Mehdi Jomaa, début 2014.*

La llamada "cuestión identitaria" es, efectivamente, el eje del conflicto ya que es esa identidad la que implica la reducción de la persona ante lo que se entiende como comunitario y esencial. Lo individual no tiene cabida ante la definición global y obliga a permanecer al estado en su regulación islámica, por la que se juzga todo y a todos. En este sentido, el papel de la Constitución garantizando que se puede ser "ciudadano tunecino" sin verse obligado a asumir un credo que violente la creencia de la persona es esencial.
Lo que está en cuestión es si los islamistas dejan de considerar la "islamización" como un objetivo prioritario y respetan las creencias ajenas como parte de la "identidad" tunecina. Sobre la sinceridad de este planteamiento es sobre lo que se manifiestan dudas. Ellos se remiten al futuro como prueba venidera. El pasado, desde luego, no está a su favor.
Está por demostrarse históricamente que esta actitud es algo más que una estrategia para ir moviendo las piezas del tablero de forma  lenta pero sin pausa. Como suele ocurrir con los islamistas, siempre hay alguien más extremista que ellos que les realiza el trabajo sucio, que les elimina los obstáculos y que acepta "sacrificarse" por la "causa" islámica. Es lo que se señala en el texto cuando se habla de las acusaciones de "laxitud" contra ellos cuando han sido asesinados sus rivales laicos a manos de los extremistas. Desgraciadamente una de las formas de verificación de su sinceridad será convertirse en objetivo de los radicales, algo que ocurrirá si los consideran "traidores" a la causa islámica. Entonces comprobarán lo importante que es la "solidaridad" frente a la "laxitud".


En cualquier caso, es innegable que pese a los temores y advertencias, en estos momentos se busca un consenso social tras la aprobación de la Constitución de 2014. Si la sociedad tunecina logra alcanzar unos valores comunes y respetar los individuales —ese dejar de acusar de "apostasía" a los que no son practicantes es esencial— sería algo que celebrar por lo que de paz podría traerles a una zona en la que la intransigencia parece haberse convertido en norma.
El diario El País recogía también las afirmaciones de cambio de los líderes en el congreso del partido y señalaba:

Según los analistas, más que una ruptura con el pasado, el congreso representa otro paso en el largo camino hacia la moderación iniciado desde hace más de dos décadas, cuando este partido tunecino abrazó la democracia y los derechos humanos. De hecho, actualmente, las actividades proselitistas en el seno de Ennahda son marginales. Aunque el partido todavía forma parte de la organización internacional de los Hermanos Musulmanes, que inspiró su fundación en 1979, existen notables diferencias ideológicas entre ambos. La sociedad tunecina es la más laica de la región. Según una reciente encuesta de la fundación Konrad Adenauer, tan solo un 23% de los tunecinos apoya la preeminencia [de la] sharia, o ley islámica, en el ordenamiento jurídico, frente a un 60% de los egipcios o un 77% de los libios.**


Aquí la influencia de Francia y su educación es importante; posibilitó otras respuestas que el distanciamiento británico y sus estrategias coloniales no crearon. La evolución de la historia ha hecho el resto en cada escenario.
Es a los miembros de Ennahda a los que les compete convencer con los actos y las palabras sobre su sinceridad. El movimiento se demuestra andando, podría decirse. Esos "mutantes doctrinales" tienen que convencer a los tunecinos de que sus genes autoritarios han cambiado. No será fácil, pero si funciona será importante para la zona y su futuro. 
Hoy la etiqueta política "islamismo" no es fácil de llevar ante los brutales excesos que cada día se cometen en su nombre. Pero hay que ir algo más allá de la cuestión del etiquetado.
La hemeroteca rebosa de declaraciones contrarias a lo que hoy se defiende: radicalismo, necesidad de la sharía, "democracia islámica", etc. Son  razones para el escepticismo y mantener la vigilancia. Al menos no podrán decir que no han tenido la oportunidad que la sociedad tunecina les concede para poder avanzar. Lo que hagan con ella es otra cosa.



* "La Tunisie s’interroge sur la mue du parti islamiste Ennahda" Le Monde 21/05/2016
http://www.lemonde.fr/afrique/article/2016/05/21/la-tunisie-sceptique-sur-la-mue-du-parti-islamiste-ennahda_4923831_3212.html#0X0VrZVWgy1LKLXO.99
** "Ennahda abandona las tareas religiosas para centrarse en política" El País 22/05/2016 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/21/actualidad/1463840590_492412.html




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