jueves, 28 de abril de 2016

Polvo, ceniza y nada o las estrellas del mal

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con Francia sacudida por la llegada del terrorista extraditado, Salah Abdeslam, Le Figaro recupera y actualiza un texto de Gaspard Koenig, publicado en diciembre de 2015 con el titular "Et si on arrêtait de transformer les terroristes en stars?". Y lo hace como cuarta noticia, tras tres grandes titulares concedidos al terrorista en su edición digital.
La pregunta que salta desde el titular tiene su continuidad en las que el texto se plantea desde el absurdo de la realidad que lo envuelve. ¿Podemos dejar de convertirlos en "estrellas"? Escribe Koenig:

Impossible de ne pas connaître leurs noms, leurs visages, leurs adresses, leurs habitudes, leurs vacances, les moindres méandres de leurs vies misérables. Les journaux leur consacrent des portraits à longueur de pages, avec interviews de la grand-mère et de l'ami d'enfance. On cite des textos de leur épouse restée en Syrie, toute fière de cette gloire soudaine. Les terroristes sont devenus des stars. Des stars du mal, mais des stars quand même. Malgré le travail de mémoire des réseaux sociaux, malgré la litanie du Président de la République dans la cour des Invalides, qui connaît l'identité de leurs victimes?
En nommant les assassins, nous leur avons offert une triste victoire. La même que celle d'Erostrate, ce citoyen Grec du 4e siècle avant notre ère qui avait incendié le temple d'Artémis à Ephèse, une des sept merveilles du monde, dans le seul but de devenir célèbre. La postérité a oublié le nom de l'architecte du temple, celui des prêtres et des fidèles, et même celui de la déesse; mais on a retenu celui de l'incendiaire.*


Las sociedades mediáticas como la nuestra son escenarios y víctimas perfectas para el terrorismo. Matan dos veces. Lo hacen en el atentado en sí y lo hacen en la explosión mediática que reproduce su acto en una imparable onda expansiva. Cada atentado es el centro de esa explosión mediática que sacude globalmente el planeta. No hay lugar en el mundo en el que no se escuche esa explosión, la diferencia es el dolor, el júbilo o la indiferencia con la que se recibe.

El texto mismo de Gaspard Koenig, joven filósofo liberal, participa de esa explosión mediática que repite como un eco el nombre del terrorista. Sí, el terrorista es la estrella. En algunos de los atentados que se han producido desde que nacieron estos "charcos" hemos descrito el proceso de construcción mediático y discursivo del terrorista, el ritual de su escritura, su conversión al género del horror y sus rutinas.
El terrorista es estrella, sí. Es un punto del que parten, como las ondas del estanque al caer la piedra sobre las aguas, los nuevos textos que indagarán, criticarán, ensalzarán, reconstruirán... su figura. Es una emergencia desde el horror.
No sabemos cuántos terroristas llegan a cometer sus crímenes guiados por esa gloria mediática, por el deseo de notoriedad. Lo cubren las capas del dogma, de la ideología, del fanatismo. ¿Por qué no la gloria mediática, ver tu nombre cantado como el de los héroes? Es una heroicidad por relevos, hasta que llega el siguiente que ocupa el foco mediático. Después la gloria tranquila del precedente, de ser invocado como el que causó aquel horror.


Las preguntas de Koenig no son irrelevantes, aunque las respuestas sean inútiles en una sociedad que coloca tres grandes titulares antes de proponer el silencio como premio al que mata de esta manera.

La meilleure manière de punir les Erostrate, les Paul Hilbert, les djihadistes de notre monde, serait de leur refuser un nom. De les enterrer dans l'anonymat.
C'est d'ailleurs ce qu'avaient voulu faire les Ephésiens pour Erostrate. “Ils avaient eu la sagesse, nous dit l'historien Valère Maxime, d'abolir par décret la mémoire d'un homme si exécrable; mais l'éloquent Théopompe l'a nommé dans ses livres d'histoire.” Chers amis journalistes, blogueurs, twittos, citoyens curieux: apprenons de nos erreurs. Cessons de glorifier nos ennemis. Appelons-les Terroriste 1, 2, 3, 10. Donnons-leur des surnoms ridicules. Ne leur faisons pas l'honneur de la postérité.*

¿Podemos hoy "abolir por decreto" el nombre del terrorista? Mucho me temo que no. Más que condenar al silencio y el anonimato, premiamos con el nombre, glorificamos con el eco mediático a los asesinos. Y lo hacemos ante los ojos de los futuros asesinos, muchos de los cuales buscan que su nombre sea repetido. Y si no es el suyo, será el de su causa.

Nuestro deseo de consumir información es insaciable y con ello aseguramos la eficacia de los crímenes terroristas, cuyo objetivo es siempre doble, la muerte y la publicidad de su causa.
Quizá la propuesta de numerarlos —el "751", la "327"...— o ponerles nombres ridículos —el Caramemo, el Patizambo, el Canijo... — o simplemente el silencio fueran eficaces para muchos. Pero, como concluye Koenig, les hacemos el honor de la posteridad con nuestro llevarles a las posiciones de privilegio. No hemos conseguido llegar a un pacto de silencio. Antes de debatían estas cosas, pero después se dejaron de discutir por imposibles.
Convertir en estrella al terrorista tras su detención precipitó la realización de los atentados de Bruselas. No son solo los terroristas los que tienen ansias mediáticas. Debemos aprender. La mitad de las fotos de la portada de Le Figaro muestran personas armadas de megáfonos intentando hacer llegar sus mensajes a la sociedad. Nosotros le regalamos el megáfono al terrorista, le damos la amplificación que desean.


Olvidemos a los terroristas, sus caras sus nombres. Recordemos a sus víctimas, que quede constancia de que son los criminales los devorados por el olvido. Las estrellas del mal no deben brillar demasiado. Polvo, ceniza y nada.
 
"Hic iacet pulvis, cinis et nihil" 


* "Et si on arrêtait de transformer les terroristes en stars?" Le Figaró 27/04/2016 http://www.lefigaro.fr/vox/societe/2015/12/03/31003-20151203ARTFIG00307-gaspard-koenig-et-si-on-arretait-de-transformer-les-terroristes-en-star.php

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