viernes, 1 de abril de 2016

Luchando contra la intransigencia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las circunstancias de estos días han hecho que fuera postergando el comentario de la entrevista realizada para el diario El País por Ana Carbajosa a Hocine Benabderrahmane, un imam de Bruselas. 
No quiero dejar que se pase la ocasión porque creo que contiene elementos de interés sobre la cuestión de la islamización y la radicalización que son pertinentes —en un sentido o en otro— para intentar comprender unos procesos que son cruciales para el presente y futuro. Solo tratando de entender los distintos mensajes que surgen de los distintos agentes de las comunidades podremos llegar a comprender un fenómeno complejo que, pese a la proximidad física —ocurre en nuestro propio entorno— se encuentra a otra distancia interpretativa. La proximidad espacial es engañosa y es precisamente esa situación de distancia simbólica en un mismo espacio la que hace que el conflicto se vuelva más complejo.
Muchas de las preguntas que nos asaltan o que nos llegan desde los medios parten de esa premisa de la proximidad que supone que los habitantes de un mismo espacio —un mismo barrio, una misma escuela, una misma familia...— tienen experiencias similares y se deben comportar de una manera similar. Nada más alejado de la realidad, como comprobamos cada día. 

La experiencia no es lo que ocurre, sino cómo lo procesamos desde nuestra propia subjetividad, en la que se entremezclan los factores emocionales, históricos (nuestras experiencias anteriores) y racionales (que se reajustan a los dos anteriores). La islamización (como otros procesos similares) es la alteración o manipulación de la base interpretativa o hermenéutica de los sujetos. Le da un código diferente para interpretar lo que tiene delante. No es necesaria una experiencia traumática, sino simplemente alterar la forma de interpretar lo mismo que otros ven de forma distinta. Esto evidentemente no es único del islam sino de cualquier proceso de radicalización que exige respuestas distintas a las de la comunidad interpretativa.
Al ser su aspiración la totalidad, el proselitismo es la forma activa de tratar de modificar los esquemas de interpretación en busca de reacciones específicas en las personas a las que se quiere atraer a los nuevos supuestos hermenéuticos. Es a través de la legitimación y deslegitimación de los discursos donde se da la batalla inicial que lleva a que una persona cambie su forma de ver el mundo y acepte otra que pasa a ser su verdad y que contempla con total desprecio la de los demás. Nos cuenta Carbajosa en El País:

Hocine Benabderrahmane es un conocido imán reformista de Bruselas que se siente derrotado. Historiador, de origen argelino, piensa que los salafistas están ganando la batalla, que si el islam no se reforma se estrellará contra un muro y que hace falta deconstruir el discurso extremista con argumentos teológicos. Benabderrahmane dirige un centro de reflexión islámica y da cursos para jóvenes en las mezquitas de todo Bélgica. “Todos los días veo chicos radicalizados que creen que solo hay una versión del islam”, se lamenta en una entrevista celebrada allí.*


El sentimiento de enfrentarse contra un muro es precisamente el de intentar dialogar con la persona que se ha encerrado en sí misma y pertenece ya a una comunidad interpretativa distinta. Lo que las caracteriza es tener su propia lógica, su propia forma de razonar partiendo de unos elementos fijos que son los que se han blindado contra la crítica.

Los movimientos de tipo salafista parten del intento de reconstruir unas situaciones en las que supuestamente se alcanzó la perfección, la primera comunidad. La idea de que la perfección se encuentra en el pasado se refuerza con la idea de literalidad del mensaje. Lo primero que se excluye es la adaptabilidad a los tiempos en que se viven. Son los tiempos los que se deben adaptar al mensaje y no, al contrario, el mensaje a los tiempos. A estos últimos se les considera destructores, pervertidores de un mensaje claro, cerrado e incuestionable. De esta forma el conflicto es la lucha por la palabra original que caracteriza a todas las religiones de un texto revelado. El centro del debate es pues interpretativo. El egipcio Nasr Hamid Abu Zayd, perseguido como hereje, no era más que un hermeneuta, alguien que explicaba lo mismo que cualquier otro profesor que tratara sobre textos. Su peligrosidad consistía precisamente en considerar que los textos coránicos pueden ser interpretados conforme a los nuevos tiempos. Para los salafistas esto es la mayor herejía y contra él arremetieron con toda contundencia y al amparo de las propias leyes egipcias. La diferente lectura se paga.
Ante un texto revelado tenemos 1) la respuesta del ateo: no es verdadero y no merece la pena discutir sobre ello. Puede ser valioso socialmente en la medida en que la comunidad lo ha aceptado y se ha organizado conforme a él. 2) la respuesta del reformista es que los textos se deben adaptar a los tiempos y, por tanto, pueden ser interpretados de formas diferentes, dentro de ciertos límites que son los de la coherencia doctrinal. De sus conflictos interpretativos surgen las diferentes ramificaciones de las religiones, que acaban creando respuestas diferentes. 3) El "salafismo", por centrarlo, que teoriza una "pureza" pervertida por los cambios en el tiempo y exige la vuelta a los orígenes sosteniendo su propia versión, que considera única y verdadera.


La particular estructura del Islam, por la insistencia de muchos en una lectura única, verdadera, inamovible, ha favorecido que las divisiones se conviertan en asuntos violentos que imposibiliten el diálogo, ya que sostener una visión distinta del "libro" es considerado como una gigantesca mentira, una perversión incalculable. Así se produce ese conflicto irresoluble que hace que se esté en constante choque con los que tienen otra lectura.
Esto implica que la forma de hacer proselitismo es convencer de la criminalidad de los otros. Los otros son el peligro de la destrucción del mensaje verdadero dado a los hombres y que los hombres hemos ido pervirtiendo después de cada entrega. La entrega última es dada a Mahoma. Judíos y cristianos han pervertido los mensajes dados por los profetas anteriores y viven en el error.
Los salafistas consiguen su fuerza de convencer de que el error va ganando terreno en el mundo y que es necesario volver a las raíces esenciales. En esta forma, todo el mundo pasa a ser enemigo y opuesto a la "verdad" y a "Dios". La yihad, tal como la entienden, es el movimiento para restituir la verdad y el orden perdidos. Es la fuerza que dará forma al mundo.
Lo que hemos escuchado a los que escapan de los territorios controlados por el Estado Islámico es más que suficiente para saber cómo han interpretado la forma de vida y lo que hacen con quien no la comparte. La "utopía salafista" tiene su versión idílica en la mentes pero transforma el mundo en un infierno. Cualquier disidencia o síntoma de malestar es considerado un ataque a Dios y su Ley, por lo que deben ser eliminados. De esta forma se asegura el reino de Dios en la tierra, que todo sea acorde con sus leyes.


Una vez que se considera uno como poseedor de la verdad y que los otros viven en la mentira y transmite el error, cualquier acción —la más criminal y sangrienta— se convierte en un paso necesario, en una acción positiva, para traer el orden divino y mantenerlo. Los seres humanos tienden al error y deben ser constantemente advertidos primero y castigados después si se alejan de la doctrina que los "sabios", los eruditos, conocen por haber dedicado su vida al estudio, la acción más piadosa.
Se señala en la entrevista con el imam Benabderrahmane:

P. ¿Qué hace que den el paso de la ideología salafista al terrorismo?
R. Ahí es donde entra en juego el reclutamiento que se hace en familia, entre amigos o a través de Internet. Es cuando empiezan a considerar el discurso de las mezquitas y de las instituciones ilegítimo. La mayoría son jóvenes ignorantes, que no conocen el islam.
P. ¿Cómo se les puede frenar?
R. Hay que hacer una deconstrucción de sus ideas con argumentos teológicos. Hay que hacer un trabajo de fondo para desmontar las ideas de la yihad, del martirio. La familia de Bilal Hadfi [uno de los terroristas suicidas de París] me vino a ver después de los atentados de París y me preguntó si su hijo era un mártir. Les dije que ni hablar, que era un criminal y punto.*

No se nos cuenta la reacción de los padres, pero es de esperar que fuera áspera y que se fueran en busca de otro imam que les confirmara que su hijo era un "martir" y no un "criminal". Es cuestión de tiempo.
La deslegitimación del discurso oficial de las mezquitas en favor de los salafistas es parte de esa lucha por la interpretación y que lleva a establecer la cadena de responsabilidades ante la situación del mundo. La manipulación se produce después en función de las propias frustraciones de cada uno. La astucia del reclutador es precisamente reconocer los puntos sensibles de la persona para convencer a cada uno de que lo que le ocurre es a causa de la perversión del mensaje y de la vida que lleva fuera del orden divino dado a los hombres. Chocan los pasados de algunos yihadistas en los que se produce una transformación, un paso de una situación a otra muy distante. La conexión es precisamente la conversión de la culpa en redención. Son muchas veces las propias familias, como se señala en las familias, las que redirigen a los elementos descarriados hacia estos imames terapéuticos, capaces de corregir la trayectoria equivocada. La pregunta que le hace los padres a Hocine Benabderrahmane es reveladora de su preocupación por que su hijo viviera en la ortodoxia. Muchos tienen pasados como delincuentes, rateros, narcotraficantes, matones, etc. Las familias han visto con alegría su nuevo estado piadoso.



El proceso de deslegitimación de los discursos de las mezquitas es precisamente la forma de hacerse con el control de las interpretaciones, convertirse en portadores únicos del texto y su mensaje. El hecho de que sean "ignorantes, como señala el imam hace que busquen la fuente de interpretación fuera, en los eruditos, que serán quienes les convenzan de que su interpretación es la correcta y que la demostración de que los otros están equivocados es el estado caótico del mundo, de las mujeres, de los medios, etc. y que la fuente de la perversión se llama Occidente, que es quien tiene la intención de destruir el verdadero islam con la complicidad de los dirigentes "faraónicos", poder sin Dios, corrompidos y corruptores de las costumbres.
Cuando los jóvenes ignorantes son adoctrinados, en su nueva visión del mundo, los ignorantes son ahora los otros, que son vistos como un obstáculo en la instauración de la verdad y del mundo tal como debe ser.
Se señala en la entrevista:

P. ¿Están los imanes europeos en condiciones de hacer ese trabajo?
R. La mayoría de los imanes no se enfrentan ni conocen la realidad social. Para empezar porque no son europeos y porque importan fatuas de otros países, a miles de kilómetros de distancia y con una realidad social totalmente diferente.
P. Ustedes, los reformistas, ¿están perdiendo la batalla?
R. Sí. El discurso salafista ha conseguido deslegitimar a los imanes de las mezquitas. Hay que restablecer la confianza de los jóvenes, pero para eso, los imanes tienen que tener más nivel.
P. ¿Es necesaria una reforma del islam?
R. Es inevitable. Sin una reforma jurídica, de interpretación de los textos, nos estamparemos contra un muro. Tenemos que evolucionar al ritmo del resto de la humanidad. En el islam hay muchas voces progresistas, pero están dispersas. El islam tradicional está ganando la batalla y cada vez tiene más fuerza.
P. Los extremistas se alimentan de la confrontación y la creciente separación entre musulmanes y no musulmanes.
R. Ese es el gran caballo de batalla. Los salafistas no tienen un discurso de cohesión social, al contrario. Tratan de enfrentar a los musulmanes con el resto de la sociedad y eso no tiene ningún fundamento teológico. El discurso salafista ha lanzado una OPA sobre el islam.*

Muchos de los musulmanes que viven en Europa han adaptado sus discursos y creencias al espacio y tiempo en el que viven. Pero otros han vivido en un discurso de la diferencia, como han reflejado escritores a través de sus trabajos de ficción —Tahar Ben Jelloun, por ejemplo, en El regreso— en donde se nos muestra cómo a través de las propias mezquitas (no necesariamente salafistas) se les ha recordado que estaban en "tierra de infieles" y que no era ese su sitio más que circunstancialmente. Este factor es de los más importantes porque no se considera como "salafismo", sino que puede aparecer en discursos aparentemente más moderados, pero que están sembrando las condiciones para que en el futuro se pueda dar el salto. En efecto, hace falta reconstruir las historias de esos jóvenes y de su sentimiento de pertenencia fomentando desde las propias familias muchas veces o establecido indirectamente por condiciones externas de rechazo. Puede que una parte importante de ese yihadismo que tiene su origen en suelo europeo provenga de la combinación de ambos factores, de sentirse en tierra de nadie, que han hecho que la recuperación de la raíz religiosa antes que la política (entendida como la del lugar en que se vive, Francia o Bélgica, por ejemplo) acabe llevando a la inmersión en las doctrinas salafistas como recuperación total del origen perdido.



En este sentido se confirmaría que las discriminaciones, segregaciones, xenofobia, etc. son los mejores semilleros de terroristas pues generan esa incapacidad de identificación política, ciudadana, etc. con el espacio en el que se vive. Es desde luego, el sentimiento más rentable en el que escarbar para sacar a la luz la violencia, reprimida como indignación en el tiempo. No necesita, por mucho que se crea, de grandes afrentas, sino simplemente del sutil rechazo que hace que las personas mantengan dentro el rencor que les dure toda la vida. La apariencia de vidas normales esconde resentimientos que según las personalidades desembocan en unas acciones u otras. Nos faltan buenos estudios de estas vidas interiores (son las que el arte, el cine o la literatura, nos pueden dar) para comprender sus mecanismos profundos, sus motivaciones. Es más una cuestión cualitativa que de grandes números, de señales interiores que de factores externos.
El problema de la dispersión de las voces progresistas y reformistas en el islam es una de las claves. Desde aquí hemos insistido en la necesidad de dar salida y reconocimiento a esas voces. Son las que sufren los ataques en sus propias comunidades porque son el peligro real en el combate por el control social. Por eso se les condena al silencio y se les persigue en sus propios países acusándolos de difamar al islam, de occidentalistas, apóstatas, etc.

Hoy mismo, las noticias que nos llegan de Egipto es la ratificación de la condena a tres años de cárcel a la profesora y escritora Fátima Naoot por sus comentarios sobre los corderos y su sacrificio por la celebración del Eid. Es un ejemplo —junto con el del erudito reformista Islam Behery— de cómo se favorece el integrismo al establecer la intransigencia social. El camino de Egipto, lo hemos criticado muchas veces, no es la liberalización de la sociedad para favorecer la convivencia, haciendo disminuir el radicalismo, sino crear un "radicalismo moderado" u "radicalismo oficialista", que es el controlado desde Al-Azhar y que se cree que servirá para contener tanto a los yihadistas como a los reformistas. Evidentemente estos últimos no suponen un peligro más que para su control social. Esta fórmula lo que garantiza es que siempre existirán las bases de la intransigencia; si esta es "moderada" o no es una cuestión intrascendente porque da igual que te ataquen unos u otros, el efecto es el mismo: acabas viviendo en una cárcel.
Lo señalado por el imam reformista tiene también su aspecto problemático. Se parte del discurso de que son los imames los que deben decir a la sociedad qué es verdadero. Eso pude tener sentido en unas sociedades cerradas —es lo que se acaba tratando de hacer, cerrando todas la vías hacia el exterior: libros, prensa, internet...—, pero en un mundo global no puede funcionar así más que provisionalmente. Lo que se consigue es que el problema se traslade a otros lugares, que es lo que ocurre en el momento actual.



Lo que hay que transmitir no son "verdades" que compiten, sino el sentido de la convivencia social. Pero esto es algo mucho más complejo que no sé si las sociedades están dispuestas a llevar a la práctica o si van a recibir su apoyo. Es más fácil transmitir "verdades" rotundas que convivencia y moderación, que son los valores positivos. Convencer a los demás de que cada uno tiene derecho a sus creencias, pero no a imponerlas es muy complicado. Y la atracción del fanatismo no es desdeñable.
Por eso la educación —no nuevo adoctrinamiento— es esencial, la educación en valores de convivencia y diálogo, dejar de enseñar que el infierno son los otros. Reducir las discriminaciones y posibilitar bases adecuadas de diálogo desde el respeto a los demás. Pero eso supone una pérdida importante del control social en la medida en que forja individuos con criterio, capaces de pensar por ellos mismos y no depender del imam o asesore espiritual de turno que nos convenza de que estamos más cerca de Dios si seguimos sus consejos.

La prensa británica nos trae información sobre la organización Madres sin fronteras (Mothers Without Borders, MWB) que está instruyendo a madres musulmanas en la detección de los síntomas de esos jóvenes que son reclutados en las mezquitas y acaban como terroristas. La organización, fundada en Viena, tiene el apoyo de la OSCE, la Unión Europea y la Secretaría de Estado de los Estados Unidos. Trabajan por todo el mundo apoyando a las madres con sus experiencias y el consejo de expertos en lucha antiterrorista:

"Women are so well placed to work in the security arena because this is a mission about safeguarding their families," WWB founder Edit Schlaffer told AFP.
"They are in direct competition with recruiters, those toxic influences from mosques who step in when children reach adolescence and tell them: 'You're wonderful, glory is waiting for you, join us in building the caliphate.'"
Although there are other female-run programmes targeting radicalisation in various countries, the WWB project is the only truly global one.
The first school opened in 2012 in Tajikistan -- an Islamist breeding ground next to Afghanistan -- before branches were rolled out in other nations plagued by violence, such as Pakistan and Nigeria.
In February, WWB organised its first training session for the new initiative in Indonesia, home to the world's largest Muslim population.
Although most practise a moderate form of faith in this southeast Asian country, the Islamic State (IS) has provided a potent rallying cry for radicals. Hundreds are thought to have joined the militant group in Syria and Iraq.
"We heard from other mothers whose children were recruited by extremists. We could see what their strategies are, which is very relevant," Mother School participant Khotimun Susanti told AFP in Jakarta.
"Indonesian women are not used to speaking out... so we learnt that we need to develop this culture of openness."**


Es un paso importante en una competición que consiste precisamente en alejarlos de sus propias casas y familias en muchas ocasiones. Muchos de los terroristas que han actuado en estos últimos meses han sido hermanos, lo que da una idea de la proximidad y del papel de las familias. En cualquier caso, será una fuente importante de recolección de información para entender mejor este complejo proceso.
La entrevista aporta un aspecto importante relacionado con las familias:

P. Se habla mucho de que los padres han perdido el control de sus hijos.
R. Es verdad. Hay una ausencia de autoridad parental. Cuando cumplen 12 o 13 años, ya hacen lo que quieren. Para ellos sus padres no saben nada, que no se enteran. Ellos [los jóvenes] han nacido aquí, conocen la lengua, las instituciones.*

La idea es compleja y tiene muchas consideraciones. La educación en la obediencia como valor es característica de una sociedad patriarcal en la que la autoridad reposa en el padre, presuponiendo que es responsable del control y de lo que hagan los hijos e hijas. Es ese mismo espíritu de obediencia es el que es aprovechado en un sentido u otros en función de quien lo ejerza. La cultura de la sumisión tiene siempre el mismo peligro: se discute a quién hay que obedecer, pero no se discute la obediencia, es decir, el derecho a prescribir las conductas ajenas. En esa idea se corre el peligro, como en el  caso egipcio, de que se consideré que es la obediencia el valor fundamental de una persona y de la sociedad cuando no es así.
La verdadera forma de liberar una sociedad es la formación de la persona en sus criterios y en el ejercicio de la libertad responsable, no de la sumisión ni en la vigilancia. Las dictaduras bienintencionadas no dejan de ser dictaduras.


La entrevista con el imam Hocine Benabderrahmane es valiosa. Nos deja información sobre ese conflicto que reformistas y moderados tienen en primera instancia con un mundo de intransigencia, pureza doctrinal y verdad absoluta, pero que después tenemos todos y al que no podemos ser ajenos. No es una cosa de "ellos", sino de todos. El mundo es pequeño. 
La entrevista nos muestra la dificultad que tiene educar en un mundo cuyos valores se dejan en el aire. Nadie nace con los valores de la tolerancia y el diálogo, del respeto y la exigencia de respeto. Es un complicado proceso en el que no se nos dan demasiado buenos ejemplos. Si todos caminamos hacia la intransigencia el futuro que nos espera cada vez merecerá menos es nombre.
Hay que decirle al imam que no se sienta derrotado, que todo esfuerzo realizado para la convivencia y la paz es siempre importante. Las personas pacíficas son, por definición, menos ruidosas que las violentas. Pero son las que construyen futuros.
Hay que apoyar los esfuerzos hacia la convivencia y hablar y apoyar a aquellos que realmente están comprometidos con ella, no solo los que dicen hacerlo. El mundo ya no es el que era y la esperanza de tranquilidad se tiene que construir activamente. Hacen falta nuevas estrategias y valores firmes de libertad, no de sumisión. Hay que intentar crear sociedades más abiertas y más justas, no cárceles.



* "“Si no reformamos el islam nos estamparemos contra un muro”" El País 28/03/2016 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/28/actualidad/1459154249_420976.html
** "Muslim mothers fight 'toxic' merchants of terror" Daily Mail 1/04/2016 http://www.dailymail.co.uk/wires/afp/article-3518585/Muslim-mothers-fight-toxic-merchants-terror.html

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