sábado, 30 de abril de 2016

El periodismo emocional o entre el bostezo y el llanto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario italiano La Stampa incluye en su sección de Opinión un artículo de Anna Masera —periodista, Defensora del Lector en el diario— con el título "Per un giornalismo meno emotivo e più costruttivo". Comienza recogiendo las cartas que recibe de los lectores en los que se quejan del tratamiento que se da a la información sobre la crisis de la emigración, porque, en las palabras de una lectora que la escribe, "il dolore è insopportabile"*.
La cuestión no es nueva, pero no por ello decrece. Más bien está ocurriendo lo contrario en casi todos los diarios del mundo, que avanzan por la misma senda de los elefantes. Señala Masera a los lectores varias reacciones recientes ante esta cuestión en reuniones y jornadas profesionales:

Settimana scorsa al centro di ricerca giornalistico Polis della London School of Economics si è tenuta una conferenza di un’intera giornata sul giornalismo nelle situazioni di crisi, in cui si è riflettuto proprio su questo: il rischio che a furia di dare notizie troppo negative, raccontando le infinite sciagure che ci circondano, ai lettori si indurisca il cuore per istinto di sopravvivenza e di conseguenza si chiuda la mente, anziché aprirsi.
Come si può informare senza essere respingenti? Il tema era stato trattato intensamente già al festival di giornalismo di Perugia e le risposte più frequenti sottolineano il bisogno di giornali che spieghino il contesto, più che offrire racconti e immagini di disperazione ad alta risoluzione.  
La narrativa della dura realtà può anche essere da Pulitzer, ma per essere ascoltata va affiancata da un mix di giornalismo costruttivo che metta in luce il contesto (per esempio i dati, che dimostrano che non è vero che siamo invasi dai profughi: in Italia secondo l’Unhcr dal 2015 ne abbiamo accolti 1,5 ogni mille abitanti) e, laddove ci siano, i risvolti positivi (per esempio le storie di chi ce la fa).*


Creo que el riesgo de que se le "endurezca el corazón" al lector por saturación de las informaciones emocionantes es una metáfora interesante, pero no va al centro del problema, que no es el lector, sino el "profesional" y el "medio", es decir, quien elabora la información y que primero la acepta o rechaza y después la difunde. Centrar el problema en los lectores me parece sencillamente absurdo. Es la forma en la que los responsables —los profesionales—diluyen su responsabilidad.
Lo pensado en el Festival de Perugia sobre "otra forma de hacer periodismo" igualmente afecta a los profesionales, que mejor harían en practicarlo en vez de en discutirlo. Ese "Periodismo constructivo" que equilibre contexto y hechos, como se pide, no debe tener como excusa a los lectores y su corazón endurecido. Es en la práctica profesional en donde debe concretarse para que el lector comprenda, entienda, en vez de sufrir con las noticias.
El sentimentalismo no es un descubrimiento nuevo. Es una forma eficaz de atrapar al lector. El problema es que su finalidad no es conocer, sino centrarse en los aspectos más viscerales. Nuestros telediarios abren con los muertos de cualquier lugar no porque sea una noticia sino porque enganchan a los lectores o espectadores atrapándoles en las emociones que provocan. En el año 2014 se realizó una interesante película Nightcrawler (Daniel Gilroy) que exploraba la práctica mediática de la exhibición de la muerte y el dolor en una carrera necesitada de un efectismo cada vez mayor en su lucha por competir por la atención, que es donde está el quid de la cuestión.


Hasta la aparición de la prensa digital, los periódicos competían desde los titulares, desde las portadas, que era lo que atraía. Como el periódico se vendía completo, el resto de las noticias podían ser tratadas de otra manera, identificándose perfectamente a los sensacionalistas de los que no lo eran.
Hoy en día esta división ha desaparecido por el sistema que la propia estructura de las noticias digitales conlleva. Allí donde antes uno se llevaba el periódico completo, hoy se produce el acceso a unas noticias sí y a otras no en función de la atracción que ejerzan sobre la atención del lector. Esto significa que todas las noticias compiten entre sí en el interior de un periódico. Dado que el número de lectores (algo fácil de contabilizar) es diferente para cada noticia, las noticias (y los profesionales que las realizan) compiten para atraer "visitas" que rentabilicen la publicidad que insertan.
Es la conversión de la noticia en portadora de publicidad lo que determina que el sentimentalismo haya triunfado. Hay un segundo factor que es el poder de la imagen, notablemente más barata en la prensa digital que en la prensa escrita. La imagen, con sus componentes altamente emocionales, no transmite elementos analíticos sino que refuerza la atracción hacia un texto verbal que ve reducido su componente informativo. Se busca más un efecto global que la comprensión analítica de lo que se está contando.


Este abaratamiento de las imágenes (con inclusión de vídeo añadido) hace que sea el centro de la noticia. Muchas veces es la fotografía la que determina el texto y la foto busca ya competir en expresividad e impacto con otras en un proceso selectivo.
Imagen y titulares se combinan, unas mostrando y otros ocultando. La palabra del titular puede ser impactante (intentando competir con la imagen en rotundidad) o, por el contrario, incitadora de la curiosidad mediante la conversión de la información en preguntas o en enigmas. Estos son los titulares actuales de la página de la BBC Mundo: "Cómo sacar provecho económico de la incertidumbre política", "Qué tienen que ver Cuba y Venezuela con que EE.UU. no tuviera embajador en México durante casi 1 año", "¿Por qué algunas personas conservan su aspecto juvenil más que otras?", "Qué es y para qué sirve la próstata (porque si eres hombre, es probable que no lo sepas)", "Cómo crearon por accidente una batería que dura toda una vida", "El misterio de Ángela, la niña hallada en una maleta que permaneció 13 meses en la morgue de Ciudad de México" y "La polémica medida de un juez de prohibir bailar en Buenos Aires". Todas son invitaciones a través de la insinuación para encontrar la respuesta a la pregunta que se nos propone. Lo que haya al otro lado puede ser cualquier cosa, en ocasiones interesante, otras trivial.


El problema —una vez más— no son los lectores y que el corazón se les endurezca o se les adormezca la curiosidad. El problema es la degradación profesional y su desvío hacia unos fines desviados en los que la información no es la explicación del mundo en que vivimos sino un acto de consumo.
La excusa del lector se está acabando porque los lectores que se quejan del exceso emocional irán desapareciendo en favor de los adictos emocionales, es decir, aquellos que son incapaces de integrar las informaciones que se les dan y solo quieren experimentar ese sensación intensa, como existen personas a las que les gusta llorar en películas románticas o experimentar miedo en las de terror.
Es la deriva de los medios, guiados por gurús obtusos pero con gran predicamento, cuyas enseñanzas ayudaban a conseguir más ganancias, lo que ha llevado a esta situación en la que los que buscan información real se encuentran con que cada vez es más escasa porque la reducción de lectores la encarece. La copia de estrategias de muchos medios respecto a los que ganaban más, por otro lado, ha llevado a que los lectores emocionales quedan saturados de sobresaltos y angustia, mecanismos que funcionan pero que necesitan aumentar sus dosis para que no se produzca la dureza de corazón que señalaba Anna Masera en su artículo atendiendo a los acongojados lectores.


Los estudiantes de Periodismo de todas partes reciben hoy más formación sobre cómo usar los mecanismos retóricos —es decir, cómo realizar la manipulación comunicativa del otro— que cómo elaborar una información realmente informativa. Lo segundo es mucho más complejo y requiere una gran madurez y conocimientos para analizar las situaciones y establecer diagnósticos informativos, síntesis que permitan comprender. Por el contrario, la manipulación retórico-informativa es muy fácil de aprender y de usar porque se basa en las fórmulas que salen de las ciencias aplicadas del comportamiento, el neuromárketing, la PNL, etc.
Es más fácil jugar con las emociones que con las ideas y los hechos. La cuestión requiere, en primer lugar, la reconsideración de la finalidad del Periodismo y del concepto de "información", es decir, qué sentido tiene informar en una sociedad. Medir la importancia de una noticia por el número de visitas es una grave perversión por poco que se piense. Sin embargo el predominio de la noticia rentable frente a la noticia importante es un hecho. Es un síntoma de una sociedad que cada día tiene más información pero está peor informada.


La Sociedad de la Información no es la sociedad bien informada. Solo se encuentra saturada sin criterios de calidad, sin rumbo o, lo que es peor, hacia un rumbo que apunta al beneficio pero solo lleva a la defunción. Frente a los medios estructurados, socialmente responsables de la creación de opinión, de favorecer el diálogo social y el análisis de la realidad en que vivimos, lo que emerge en un bombardeo cacofónico en el que los medios ejercen como aspersores de riego, diseminando sus gotas informativas de forma centrífuga y encharcando de emociones nuestro espacio virtual.
Hay un mundo que conocemos directamente y un mundo que construimos a través de las representaciones que nos llegan desde fuera. Los medios juegan un papel esencial en ese acercamiento y comprensión de lo que ocurre más allá de nuestra vista. Con lo que se nos dice y muestra construimos un mundo que es cada vez más desintegrado, más desestructurado, un mundo a trompicones emocionales. Es un mundo cuyas imágenes parciales se componen de zonas de las que no se habla, zonas de las que solo escuchamos desastres, de otras solo tópicos y de la mayor parte trivialidades. 


Lo que nos rodea está además distorsionado por los intereses que favorecen unas informaciones en detrimento de otras. España es un país de cocineros, futbolistas y políticos, según el tiempo y espacio que se les dedica; en el extranjero, en cambio, solo somos un país de futbolistas y existimos preferentemente los lunes.

Lo malo es ahora, con una generación público acostumbrado al consumo de la información en estos modelos, cómo rectificar esto. Si las emociones saturan el corazón y lo endurecen, las informaciones hacen bostezar ante la falta de comprensión de las mismas. El problema no es sencillo y tienen consecuencias en muchos órdenes.
"Is The News Losing Its Appeal?", se preguntaban los periodistas del programa Here & Now. La respuesta depende de lo que consideremos "noticias", "interés", "necesidad informativa" y "atractivo". Todo ello conforma un sistema de reenvíos. Como sabemos las necesidades se pueden crear y dirigir hacia lo trivial y lo importante se puede escamotear en medio de un caos atractivo. El problema real es si tenemos la información que necesitamos y de si somos capaces de reconocerla. ¿Es lo que nos interesa lo que necesitamos? No siempre. ¿Es lo que necesitamos lo que nos interesa? Tampoco. Todo va mejor si cada uno cumple su función en el sistema: los medios, como profesionales, tienen la obligación de seleccionar lo necesario y resaltar su interés. Ese es su trabajo y no otro. Que les entretengan otros, los que tengan esa función. Los medios están para otra cosa.


La emoción y la trivialidad —por paradójico que parezca— son los dos elementos ganadores en la Sociedad de la Información. Entre esos dos gigantes, lo importante queda arrinconado. Allí donde a algunos lectores de La Stampa la información emocional les produce un "dolor insoportable", a otros la trivialidad les produce un bostezo irrefrenable. Basta con ver las noticias más leídas para calibrar lo que el periódico ofrece y sus lectores consumen.  



* "Per un giornalismo meno emotivo e più costruttivo" La Stampa 26/04/2016 http://www.lastampa.it/2016/04/26/cultura/opinioni/public-editor/per-un-giornalismo-meno-emotivo-e-pi-costruttivo-RM0yd1GgZFumXfZ4oeqEoJ/pagina.html



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